ABRE TUS OJOS

Emmanuel Kant escribió que “vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros”. Este pensamiento, calcado del

Talmud que cientos de años antes decía “no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos”, está cuestionando

algo tan esencial como nuestra capacidad de ver la realidad al desnudo. ¿Para qué hemos de abrir los ojos?

 

 

En el tratado de Berajoth (55 b), en una página que habla sobre los sueños, Rabbí Samuel ben Najmani decía:

“No vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos”.

 

Podemos preguntarnos por qué no vemos las cosas como son, y la respuesta, una de las respuestas que nos da la Torah es que tenemos los ojos cerrados. Dicho de otro modo: vivimos como en un sueño.

Esta idea puede asociarse a Salmos CXIX-18 que dice:

 

גל-עיני ואביטה- נפלאות, מתורתך

“Abre mis ojos para que pueda contemplar las maravillas de tu Torah”.

Un versículo que podemos relacionar con Proverbios (XX-13).

פקח עיניך שבע-לחם.

“Abre tus ojos y te saciarás de pan”.

¿Por qué? Porque cuando en la Torah se habla de “pan”, se está hablando de Torah, como aprendemos de Zohar (III-271 b):

“Venid, comed mi pan, y bebed del vino que yo he templado” (Proverbios IX-5). El pan es la Torah Escrita, y el vino la Torah Oral”.

 

Leer la Torah con los ojos cerrados, es decir interpretándola a partir de nuestra inteligencia caída, es comparable a tomar un veneno, un Sam Mot (סם מות). Hacerlo con los ojos abiertos es como absorber un elixir de vida, un Sam haJaim (סם החיים).

Cuando calculamos la guematria de Gal Einai (גל-עיני), “abre mis ojos”, vemos que es 173. Si calculamos la de Sam haJaim (סם החיים), descubrimos que es la misma.

 

גל = 33

עיני = 140

—————

173

 

סם = 100

החיים = 73

—————-

173

 

Con los ojos cerrados no podemos contemplar las maravillas de la Torah, tampoco podemos ver las cosas como son. Quizá porque la maravilla más extraordinaria de la Torah es que nos permite ver las cosas como son, no como somos.

 

JULI PERADEJORDI

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DESPRECIAR ES PARTIR EL CORAZÓN

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Una antiquísima ley de la magia nos enseña que todo aquello que despreciamos nos lo ponemos en contra. Despreciar un

regalo, despreciar a un enemigo, despreciar cualquier cosa puede satisfacer mucho a nuestro ego, pero al final nos pasa

factura. Veamos cómo se plantea esta idea en la Torah.

 

 

El verbo que en hebreo se utiliza para decir “despreciar” es Bizah (בזה) y procede de una raíz que significa “romper”, “devastar”. ¿Qué es lo que despreciamos? En nuestra ignorancia creemos que despreciamos un objeto o a una persona, incluso hay quien desprecia la vida: nos sentimos superiores o por encima de ellos. Sin embargo, no es así. Sin ser conscientes de ello, lo que estamos despreciando es lo más sagrado que hay en los seres y las cosas, lo que tradicionalmente se conoce como “corazón”. No estamos considerando el corazón.

 

Leemos en Proverbios (XI-12):

 

בז-לרעהו חסר-לב

“Al que desprecia a su prójimo le falta corazón”.

 

¿Qué es lo que hace que despreciemos? La Mala Inclinación, lo que en hebreo se conoce como el Ietzer (יצר), inclinación. Cuando calculamos la guematria de Ietzer, descubrimos que es 300:

 

י = 10

צ = 90

ר = 200

————-

300

 

Cuando calculamos la guematria de Jeser Lev (חסר-לב), “le falta corazón”, nos encontramos con que también es 300:

 

חסר = 268

לב = 32

————–

300

 

Curiosamente, la palabra que quiere decir “prójimo” en hebreo, Ra (רע), también quiere decir “amigo”, con lo que podríamos leer el proverbio como “el que desprecia a un amigo no tiene corazón”.

Pero podemos profundizar más: Reehu (רעהו) “su prójimo”, es un anagrama de Roeh (רועה), “pastor”. Así, despreciando a nuestro prójimo estamos despreciando a nuestro verdadero maestro, el maestro interior.

Vimos que la raíz Bizah (בזה) significaba “romper”, “devastar”. Despejar al prójimo es como romperle, partirle el corazón.

Por todo ello, Louis Cattiaux escribía:

 

“No despreciemos nada ni a nadie, pues todo lo que despreciamos ya nada de bueno nos aporta e incluso acaba por volverse contra nosotros”.

 

JULI PERADEJORDI

LA ESPADA FLAMÍGERA

La primera alusión que aparece a una espada en la Torah la encontramos cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso,

y se encuentran ante cierta espada de fuego que da vueltas y que les barra el camino de regreso. Sin embargo,

no hemos de ver la espada únicamente como un obstáculo o un problema porque no nos permite volver a casa,

también es una oportunidad ya que, entre otras cosas, nos está indicando cuál es el camino de vuelta.

 

 

 

Los alquimistas dedicaban la mayor parte de sus afanes a identificar y descubrir qué es la denominada “primera materia”. A partir de ella podían confeccionar una medicina capaz de regenerar al hombre, de extirpar de su sangre el veneno que arrastra desde la caída de Adán. En hebreo, “primera materia” se dice Reshit Jomer (ראשית חומר) y su guematria es 1165. A veces llamaban a esta primera materia Rebis, literalmente “cosa doble”. Para Dom Pernety, Rebis era la fusión del principio masculino y el principio femenino reunidos en el vaso alquímico. También la espada del Génesis es una “cosa doble”, pues según la tradición es una espada de doble filo.

Veamos en Génesis (III-24) cómo empezó todo:

 

ויגרש, את-האדם; וישכן מקדם לגן-עדן את-הכרבים, ואת להט החרב המתהפכת, לשמר, את-דרך עץ החיים

“Y al expulsar al hombre, colocó al este del jardín de Edén los querubines y el filo de la espada flamígera que da vueltas para guardar el camino del árbol de vida”.

 

Si acudimos al Zohar (II-27 b), descubrimos que “Binah es el filo de la espada flamígera” y también que “Maljut es el filo de la espada flamígera”. ¿En qué quedamos? Se trataba, como hemos visto, de una espada de doble filo. Uno corresponde a Binah y otro a Maljut.

Los cabalistas nos enseñan que tanto la sefirah Binah como la sefirah Maljut representan a la Shekinah (שכינה). Ambas corresponden a las dos letras He del Tetragrama, el Nombre. Si calculamos la guematria de Shekinah (שכינה), descubrimos que se trata de la misma que la guematria atbash de Derej Ets haJaiim (דרך עץ החיים), “el camino del árbol de vida”: 385:

 

ש = 300

כ = 20

י = 10

נ = 50

ה = 5

————-

385

 

דרך = 133

עץ = 12

החיים = 240

————–

385

 

Pero hay algo aún más sorprendente, la guematria de haJerev haMithapejet (החרב המתהפכת), “la espada que da vueltas”, es 1165, como la de primera materia, Reshit Jomer (ראשית חומר):

 

ראשית = 911

חומר = 254

——————

1165

 

החרב = 216

המתהפכת = 950

——————–

1165

 

Para Pernety la espada era el fuego de los filósofos, para otros autores el disolvente universal, pero como ya sugería un coleccionista de espadas, Juan Eduardo Cirlot, hay que ver una relación entre sword, espada en inglés y word, palabra en este idioma. El Zohar (III-272 a) nos descubre que:

“Vav, guematria seis, del Tetragrama, es el cuerpo de la espada, y Iod la empuñadura de la espada. Las dos He son los dos filos de la espada. La vaina de la espada es Adonai”.

 

Pero lo cierto es que el Tetragrama es la Palabra…

 

 

 

JULI PERADEJORDI

 

PONERSE EN MANOS DE DIOS

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Existe entre los sabios la idea de que hemos de ir por la vida movidos por la mano de Dios, pero prácticamente nadie sabe

qué pueda ser. Por lo general quien nos mueve es la mano del destino, y así nos va.

 

Considerar que Dios tiene manos es una aberración antropomórfica. Es confundir el símbolo con la cosa y, sobre todo, desconocer que la palabra Iad (יד), “mano” en sentido figurado significa “fuerza”, “poder”. ¿Cuál es la mano de Dios? El poder de Dios.

En el Zohar (III-273 b) aparece una curiosa definición de la mano de Dios. El texto dice:

 

יד יי דא מים דאוריתא

Iad haShem Da Maim deOraita

“La mano de Iod He Vav He es el agua de la Torah”.

 

Si calculamos la guematria de Iad haShem (יד יהוה), la mano del Eterno, vemos que es 40:

 

יד = 14

יהוה = 26

————

40

 

Esto nos permite leer esta frase como 40 es el agua de la Torah. ¿Por qué cuarenta? Sabemos (Génesis VII-4) que en la historia de Noé, la lluvia cayó durante 40 días, lo cual nos sugiere ya una relación entre el número 40 y el agua. Pero 40 es el valor numérico de la letra Mem (מ), que es la inicial de Maim (מים), “aguas”. Según el Talmud, en feto está dentro del vientre de la madre durante 40 semanas antes de “romper aguas”.

Antes de recibir la Torah el pueblo vagó por el desierto durante 40 años. Moisés estuvo 40 días con sus noches en el Sinaí para recibir la Torah. Por otra parte, si multiplicamos entre sí las dos letras que componen la palabra Iad (יד), Iod, 10 y Dalet, 4, de nuevo obtenemos 40.

Los cabalistas nos enseñan que el Satán tiene poder sobre el hombre y puede acusarlo todos los días del año excepto uno, el día de Iom Kippur. Se apoyan en el Talmud (tratado de Nedarim 32 b) que nos explica que la guematria de haSatan (השטן) es 364, o sea 365 menos uno:

 

ה = 5

ש = 300

ט = 9

ן = 50

————

364

 

¿Cómo escapar al poder del Satán? Muy sencillo: poniéndonos en manos de Dios.

Vimos que la guematria de Iad (יד), mano, es 14. La del Nombre de Dios (יהוה) es 26. Cuando multiplicamos 14 por 26 obtenemos exactamente 364. Por eso es el contrario y el antídoto del Satán.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

HACER LA COLADA

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Entre los comentarios que he recibido al post de la semana pasa, Benditos chafarderos (https://wp.me/p2Xmky-Ml),

quisiera destacar uno de Esteve C., que nos regala una sorprendente asociación: el lavandero con el arquetipo del rey.

 

 

El comentario de Esteve dice así:

“En sánscrito Iha Rajakah puede leerse como “aquí hay un lavandero” o “aquí hay un rey” dependiendo de que utilicemos una vocal larga o corta”.

 

¿Qué relación hay entre alguien que lava y alguien que gobierna?

Es el misterio de la bendición, Berajah (ברכה), del que hablábamos en el post anterior. Quien lava es la lluvia y el que hace que llueva es el rey.  El lavandero, que es como un rey de abajo, lava las ropas (en hebreo Begadim (בגדים). El rey hace bajar la bendición que lava las almas. Como nos enseña el Zohar (III-271 b):

 

Melej, rey, es llamado “rey” sólo cuando estos se acercan a él para ser bendecidos”.

 

Cuando nuestros primeros padres pecaron, de alguna manera traicionaron a Dios, traicionaron la confianza que había puesto en ellos. Como estaban desnudos tuvieron que vestirse. En hebreo traicionar es Bagad (בגד) y vestido Begued (בגד). La guematria de Begadim (בגדים) “vestidos” es 59, como la de Niddah (נדה), palabra que podemos traducir tanto como “impureza” como por “expulsar”:

ב = 2

ג = 3

ד = 4

י = 10

ם = 40

———-

59

 

נ = 50

ד = 4

ה = 5

———-

59

 

Por eso, vestidos y bien vestidos, Adán y Eva fueron expulsados del paraíso. Pero sus ropas eran ropas mugrientas que apestaban a pecado y que tenían de ser lavadas para poder asistir a las bodas del rey, y el único jabón capaz de lavarlas es la Berajah (ברכה) del rey, del rey Mesías. Al fin y al cabo la guematria de Mashiaj (משיח), 358 hace que sea el antídoto de la serpiente, Najash (נחש), 358.

Por eso lavar la ropa, Begued (בגד), se dice en catalán “fer la bugada”, hacer la colada.

 

JULI PERADEJORDI

 

BENDITOS CHAFARDEROS

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A los verdaderos buscadores algunas veces se los ha tachado, (¿por

ignorancia o por envidia?) de “chafarderos”, aunque ignorando qué

significa en realidad este término. El verbo “chafardear”, que no se

empleó en castellano hasta el año 1888, es la traducción literal del

xafardejar catalán, que a su vez deriva de safareig. Ningún erudito,

hasta la fecha, ha sido capaz de encontrar una etimología aceptable de

esta palabra.

 

 

Sin duda nuestros modernos eruditos son poco chafarderos. El Gran Diccionari de la Llengua Catalana dice que esta palabra “probablemente deriva del árabe”, aunque es poco creíble que una palabra vaya del árabe al catalán y no la encontremos ni en el castellano ni en el francés. En el Primer Diccionario General etimológico de Roque Barcia, ni siquiera aparece: es del año 1880.

Dejando para más adelante cualquier posible hipótesis a propósito de cuál pueda ser la etimología correcta, vayamos en primer lugar a una de las palabras que en hebreo significaría safareig, “lavadero”: Brejah (ברכה).

La Brejah, que en hebreo moderno significa “piscina”, procede de la raíz Brj (ברך), y está relacionada con la bendición, Berajah (ברכה). De Brejah (ברכה) procede el término castellano “alberca” que en catalán es safareig.

No olvidemos la importancia que los alquimistas otorgaban a “los lavaderos”. Flamel dedica todo un tratado a “les laveures”: Le livre del Laveures, y Louis Cattiaux un precioso cuadro.

Con estos antecedentes, nos atreveríamos a aventurar una posible etimología. Safareig, por su parte, bien podría derivar de Sefer, “libro”. ¿No será “chafardear” hurgar en los libros? Cattiaux sostenía que “hay muchas cosas ocultas en el Libro para aquel que reflexiona”.

Sin duda también hay muchos secretos inscritos en él para el chafardero, para el bendito chafardero.

 

JULI PERADEJORDI

LA FRUTA DE LA BENDICIÓN

Si bien hay numerosas discusiones talmúdicas a propósito de cuál fue la fruta del paraíso que causó la caída de nuestros

primeros padres, no hemos sido capaces de encontrar ninguna que identificara cuál es la fruta de la bendición. Y,

ciertamente, no es un tema menor. ¿Se tratará de la misma?

 

 

 

Una falsa, aunque deliciosa, etimología hace derivar la palabra “albaricoque” de Al Barak, en árabe “la bendición”. Por su sabor, por su textura, no parece desencaminado. Pero lo cierto es que “albaricoque” en árabe es Mushmash (مشمش) y concide con el hebreo Mishmesh (משמש), que procede de una raíz, Mishmesh (משמש), que significa “tocar”, “tentar”.

Esta idea de “tocar” ligada a la de “tentación” nos lleva a un pasaje de Génesis (III-3):

אמר אלהים לא תאכלו ממנו, ולא תגעו בו: פן-תמתון

“Dios ha dicho: “No comeréis de él y no lo tocaréis, para que no muráis”.

A partir de aquí aprendemos que lo que introdujo la muerte en el mundo no fue únicamente comer del fruto prohibido sino también tocarlo. Existe una tradición que afirma que aquello que nos hizo caer es lo mismo que nos puede restaurar, por lo cual los sabios del Talmud se enzarzan en complejas discusiones sobre cuál fue el árbol o la fruta que hicieron pecar a Adán y Eva. En ninguna de ellas hablan del albaricoque. En el tratado de Berajoth (40 a), Rabbí Nehemías sostiene que era:

“Una higuera, porque con lo mismo que se perdieron repararon el pecado. Así lo dice lo escrito: “Entonces cosieron hojas de higuera” (Génesis III-21)”.

“Higuera en hebreo es Etz Taanah (עץ תאנה). La raíz Taan (תאן) significa “lamentarse” y Taanah (תאנה), a parte de “higo” también significa “apetito carnal”.

La guematria de Etz Taanah (עץ תאנה) es 616:

עץ = 160

תאנה = 456

—————

616

 

Se trata de la guematria de haTorah (התורה). De esto aprendemos que si lo que nos mató fue la higuera, Etz Taanah (עץ תאנה), guematria 616, lo que nos devolverá la vida será la Torah, haTorah (התורה), guematria 616.:

ה = 5

ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

————

616

 

Pero no sólo hemos de tocarla, también hemos de ser capaces de saborearla.

 

JULI PERADEJORDI

 

PERROS POLÍTICOS

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A nivel simbólico hay muy poca diferencia entre dos cuestiones que normalmente no solemos asociar: política y

pornografía. Ambas están regidas por el Ietzer haRa. El Zohar compara el Ietzer haRa, la Mala Inclinación, con los perros.

Que cada cual extraiga sus conclusiones.

 

 

 

Si bien se define a la política como “el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”, basta con echar un vistazo a las noticias de los diarios para ver que se ha convertido una cosa muy distinta: peleas, mentiras, traiciones, insultos, descalificaciones. Si algo caracteriza a los políticos actuales es la falta de principios, la hipocresía y la corrupción. Estas características se encarnan en un personaje bíblico: Amalek. Amalek es el eterno enemigo de Israel, que se asocia con la verdad (Miqueas VII-20)  hasta tal punto que (Éxodo 17:16):

 

מדר, דר מלחמה ליהוה, בעמלק

“El Eterno tendrá guerra con Amalek de generación en generación”.

 

Curiosamente, la palabra Amaleki significa “perro de caza” y en algunos diccionarios se traduce Amalek como “perro perdiguero”. El Zohar (III-281 b) nos dice, a propósito de este personaje que:

 

“Hay cuatro facetas de Amalek, que son adivinación, encantamiento, iniquidad y perversidad. Las letras Alef Mem de Amal, iniquidad, están presentes en Amalek”.

 

Y muchos de nuestros políticos son terriblemente encantadores y perversos y, sobre todo, actúan como Amalek: por detrás. Estas cuatro facetas de Amalek están en contraposición, según vemos en esta misma página del Zohar con Jacob, Israel, Raquel y Leah, o sea con la esencia de Israel.

Amalek (עמלק) es el Ietzer haRa, la Mala Inclinación, que el Zohar, en la parashah de Pinjas, localiza en el hígado. Así leemos en el Zohar (III-121 b) que Amalek es el hígado o (III-224 b) que es la serpiente. Sabemos que el cansancio está relacionado con el hígado y que Amal (עמל), en hebreo significa “cansancio”. Pero no existe únicamente el cansancio físico, también hay una forma de cansancio mental, de hartazgo, que está relacionado con la duda, ese es al que nos conducen nuestros políticos.

Los cabalistas relacionan a Amalek con la duda, basándose en que la guematria de Amalek (עמלק) es 240 y la de Safek (ספק), “duda” también es 240. Cuando sumamos estos dos números obtenemos 480. ¿Cuál es, pues, el medio para luchar contra Amalek (עמלק) y Safek (ספק)?

 

ע = 70

מ = 40

ל = 30

ק = 100

———-

240

ס = 60

פ = 80

ק = 100

———-

240

 

Apoyándose de nuevo en la guematria, los Sabios nos enseñan que hay un antídoto contra la duda: el estudio, ya que Talmud (תלמוד) tiene también guematria 480.

 

ת = 400

ל = 30

מ = 40

ו = 6

ד = 4

———–

480

 

Por esta razón, como nos enseña el Talmud (Kiddushin 30 a) Dios creó el Ietzer haRa, pero también creó su antídoto, que es la Torah.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

BRUJAS

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La Inquisición Española parecía estar obsesionada por dos comunidades, dos colectividades que no tienen nada que ver

entre sí, pero que los inquisidores se empeñaron en relacionar: los judíos y las brujas. Les convenía.

 

 

Fundada en el año 1184 para combatir la herejía albigense, la Santa Inquisición no se conformó con erradicar el catarismo o combatir a la Orden del Temple hasta desposeerla de sus cuantiosos bienes. En el año 1478 aparece la Inquisición Española con el fin declarado de mantener la ortodoxia católica en los reinos de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, y con otros fines menos confesables.

El verdadero fundador de la inquisición moderna fue sin duda el entonces arzobispo de Sevilla, Pedro González de Mendoza; su labor esencial: “perseguir y juzgar a los falsos conversos”. Leído entre líneas: ir contra los judíos que aún permanecieran en tierras del Imperio. Sin embargo, muy pronto los inquisidores trataron de extender su jurisdicción a otras causas.

Las primeras medidas represivas contra la brujería en España datan precisamente de esa época. Se creía que las brujas realizaban en sus sesiones rituales nocturnas sacrificios humanos, especialmente de niños, invocaciones a los muertos, orgías que incluían la cópula carnal con el mismo demonio, quien solía ser representado en forma de un chivo.

Relacionar el judaísmo con la brujería el un acto de mucha mala fe y de mucha más ignorancia, ya que en el judaísmo la brujería está prohibida y castigada con la pena máxima. El libro del Éxodo (XXII-17) es harto explícito:

 

מכשפה, לא תחיה

“No dejarás con vida a la hechicera”.

 

La palabra “bruja” es típicamente española, y nada tiene que ver etimológicamente con la “sorcière” francesa, la “strega” italiana o la “witch” inglesa. Hacer derivar “bruja” del verbo “brujir”, que significa “igualar los bordes de los vidrios”, como hacen los diccionarios de etimología, no tiene ningún sentido. Tampoco relacionarla con “burujo”, “orujo”. Más verosímil es la hipótesis que afirma que “bruja” viene del euskera “buru utza”, “cabeza vacía”, de la que derivaría “burutxa”, “mazorca desgranada”, pero tampoco resulta demasiado convincente.

Existe, sin embargo, una etimología posible para bruja en la que, creemos, nadie ha reparado. Esta etimología habría que buscarla en el judaísmo y estaría apoyada en un malentendido, en una confusión por parte de los inquisidores que torturaron a mujeres judías o conversas que durante la tortura decían Baruj haShem, o sea “bendito sea Dios”. Es fácil que para los verdugos y los inquisidores “Baruj ha…” se haya convertido en “bruja”. El concepto del famoso Sabat de las brujas también podría ser una mala comprensión de la palabra hebrea Shabbat.

 

JULI PERADEJORDI

 

LLETRAFERIT

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La procedencia del término “lletraferit”, que en castellano se acostumbra a traducir como ser “muy leído”, es incierta y se

suele adjudicar a Michel de Montaigne, autor bordelés del siglo XVI, que habla de “lettre-férus”, pero sin duda alguna su

origen es más antiguo y realmente sorprendente.

 

 

Coromines, en su Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana, sostiene que Lletraferit “ja devia estar en ús en el segle XVI, i no sols en terres occitanes”. Sin duda estaba aludiendo a Montaigne.

Michel de Montaigne, de ascendencia judía, escribía que:

 

“Mon vulgaire périgourdin appelle plaisamment Lettreferits ces savanteaux, comme si vous disiez lettre-férus, auxquels les lettres ont donné un coup de marteau, comme on dit”.

 

El adjetivo féru, procede del verbo férir, “herir”, con lo cual el “lettre-féru” o el “lletraferit” sería alguien que ha sido herido por una letra. ¿A qué letra nos estamos refiriendo? Obviamente no a una letra profana, sino a una letra sagrada.

La clave nos la va a proporcionar un refrán catalán que encontramos en la Paremiología catalana comparada de Sebastià Farnés i Badó, que dice que “la lletra amb sang entra”. Este mismo refrán lo hallaremos en boca de la duquesa diciéndole a Sancho Panza que “la letra con sangre entra” (Quijote, 2ª Parte cap. XXXVI).

Los lettre-férus, en la edad media, eran los que sabían leer, o sea los judíos, y eran lettre-férus a causa de una herida muy concreta: la de la circuncisión, la letra Iod.

El Zohar (I-56 a) nos explica que esta letra corresponde al pacto que transgredió Adán y que provocó que el Nombre de Dios se escindiera, algo que remediaría Abraham, el primer circunciso de la historia. En este mismo libro (I-95 a) se nos explica que, después de la circuncisión, los circuncisos “se separan de las coronas inferiores” y:

 

“entran bajo las alas de la Presencia Divina, y se revela en ellos la letra Iod, la señal del pacto completa”.

 

Y más adelante (I-95 b) podemos leer:

 

“Circuncídate y complétate con la inscripción de la Iod

 

 

En otro volumen del Zohar (I-214 b) leemos:

 

“Vino Abraham, amó al Santo, Bendito Sea, y éste le dijo: a través de ti se completará el Nombre, y se circuncidó y se completó el Nombre a través de la letra Iod que se encuentra en el pacto de la circuncisión”.

 

También en el Zohar (III-215 b) podemos leer:

 

“Ven y ve: el secreto de la alianza santa es la letra Iod”.

 

Ésta es la letra sagrada que entra con sangre y que “hiere” con una herida sagrada. No olvidemos que en griego Hyeros (ἱερός) significa “sagrado” y que la letra Iod es la inicial del Nombre de Dios. Por otra parte, la palabra hebrea Jaburah (חבורה) significa indistintamente “herida” o “grupo de compañeros”, en alusión a los cabalistas, los verdaderos lletraferits.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

FILAR PRIM

Después de pasar unos días de Pesaj comiendo pan sin levadura en recuerdo de la apresurada salida de Egipto, se

imponen unas reflexiones a propósito del Jametz (חמץ), la levadura. En el Zohar (Raia Mehemna) el Jametz (חמץ) se

asocia con la Mala Inclinación.

Sostenía Louis Cattiaux que “Hay dos maneras de salirse de toda cosa, o bien por arriba o bien por abajo. Quien sale del mundo por arriba es santo y salvado. Quien sale por abajo está loco y condenado”.

Que el Jametz (חמץ) es la Mala Inclinación, la idolatría o Samael, lo sabemos por el Zohar (II-182 a). Curiosamente el antagonista de este Jametz (חמץ) lo conforman las mismas letras, escritas en orden inverso: Tzemaj (צמח), palabra que literalmente significa “brote” y que se aplica al Mesías. La guematria de ambas palabras es la misma, 138.

La palabra Jametz (חמץ), “levadura”, “fermento” puede deconstruirse como Jam (חם) Tzadi (צ). Jam (חם) significa “calor”, “caliente” y la letra Tzadi (צ) es la inicial de Tzadik (צדיק), “Justo”. De este modo podríamos decir que el Jametz (חמץ) es lo que “calienta” al justo, que como es sabido corresponde a la sefirah de Iesod, ya que como sabemos por Proverbios (X-25):

וצדיק, יסוד עולם

VeTzadik Iesod Olam”.

“El Justo es el fundamento del mundo”.

Jametz (חמץ), “levadura”, también puede ser deconstruido como Jam Etz (חם עץ), “árbol caliente”. ¿A qué árbol nos estamos refiriendo?

Como escribe el cabalista Ione Szalay:

“Iesod contiene todo el árbol de la vida”.

 

Justo y árbol son lo mismo. Al margen de consideraciones espirituales y cabalísticas, lo cierto es que consumir Jametz (חמץ), levadura, hincha, engorda al que lo come y mucha gente pierde unos cuantos kilos y se deshincha sorprendentemente después de Pesaj. Todo esto puede relacionarse con la vieja idea de que para entrar en el reino de los cielos hay que estar delgado.

En el momento del paso final, del verdadero Pesaj, no podremos llevarnos ni todos los kilos de más, ni tampoco nuestras preciadas pertenencias. En el tratado talmúdico de Baba Mezia (38b), podemos encontrar una discusión entre rabinos a propósito de la transmisión de bienes y pertenencias, donde uno interpela al otro diciéndole:

?דלמא מפומבדיתא את, דמעיילין פילא בקופא דמחטא

¿Acaso eres de Pumbedita, donde un elefante pasa por el ojo de una aguja?

 

Que un elefante pase por el ojo de una aguja es, ciertamente, tan improbable como que un gordo (o un rico, pues simbólicamente es lo mismo), entre en el reino de los cielos. ¿Por qué? A causa del Jametz (חמץ). Los cabalistas (notablemente Moisés Cordovero en su Palmera de Deborah) nos han descrito a la letra He (ה) como las dos posibilidades que le esperan al hombre en el momento del paso difícil. Puede dirigirse hacia abajo, hacia el Gehenom, los infiernos, por una puerta ancha y accesible. O puede encaramarse y escurrirse por la puerta estrecha que se encuentra arriba a la izquierda, y acceder al reino de los cielos. Pero si está muy gordo, si está muy cargado, no logrará ni llegar hasta ella ni mucho menos pasar por ella.

 

La guematria de Jametz (חמץ) es 138, un número estrechamente relacionado con el simbolismo de la puerta. Jaim Moshé Luzzatto habla precisamente de Kalaj Pishkei Jojmah, 138 puertas de la sabiduría.

ח = 8

מ = 40

ץ = 90

———

138

 

Pumbedita (פומבדיתא) era una ciudad caldea a orillas del Éufrates y se decía que su gente era muy sutil en las interpretaciones de la Torah, o sea que dominaban a Torah Oral, la Torah SheBealPeh (תורה שבעל פה), la “Torah en a boca”. Pum (פומ), en arameo, significa “boca”, “orificio”. Por otra parte, la palabra aramea Pili (פילי) significa “puerta”, pero se relaciona con Pil (פיל), en hebreo “elefante”. Señalemos la semejanza de Pil (פיל) con Fil, en francés “hilo”. Así no sería un elefante sino un hilo el que pasa por el ojo de una aguja, en fin, un ingenioso juego de palabras. Esta etimología podría parecer un poco fantasiosa, pero no deja de ser curioso que el más genial de los etimologistas, Isidoro de Sevilla, sostuviera que filum, en latín “hilo” deriva de pilum, en latín “pelo”. Al fin y al cabo, Pe (פ) y Fe (פ) son intercambiables.

En otro tratado talmúdico, Eruvin (119b-120a) podemos leer:

“Los corazones de los primeros sabios eran tan grandes como el pórtico del Templo. Los de los sabios que vinieron después fueron tan grandes como las puertas del Templo. Pero nuestros corazones son tan pequeños como el ojo de aguja”.

 

De este modo los sabios talmúdicos nos están revelando algo tan sorprendente como que la puerta estrecha o el ojo de la aguja no son sino el corazón, y para pasar por él hay que ser sutil como los sabios de Pumbedita, que sabían filar prim, hilar fino.

 

JULI PERADEJORDI

 

ERRE QUE ERRE

“Erre que erre” ocupa un lugar privilegiado entre las expresiones que denotan reiteración u obcecación. Curiosamente

aparece como una expresión a suprimir en las pragmáticas y los manuales de los censores inquisitoriales. ¿Por qué? ¿Por

qué es tan molesta?

 

La explicación más aceptada es que “Erre que Erre” es una mala traducción del “Ferra que Ferra” catalán, y como catalanismo había que suprimirla. ¿Por qué? Probablemente porque en la época se tradujeron del catalán al castellano muchos libros ocultando o suplantando la identidad de sus verdaderos autores, y cualquier catalanismo alertaría al lector de que le estaban dando gato por liebre. También hay quien lo relaciona con una soez imprecación en árabe que alude a ciertas partes de nuestra madre. Sin embargo, creemos que lo que nos va a aclarar de verdad el tema va a ser una expresión menos conocida, aquella que dice “Estorbarle a uno las erres” y que significa no saber leer ni escribir.

En el siglo XVI cualquiera que supiera leer o escribir (y no fuera un clérigo) era judío o descendiente de judíos. Si la “erre” resulta tan molesta es porque la “erre”, en hebreo Resh (ר), es Rosh (ראש), “cabeza”. “Erre” es pensar con la cabeza, es cuestionar, es opinar, es leer, es escribir, es dialogar, y eso “estorba”. Pero esta letra es particularmente molesta porque es la letra fuerte de dos palabras íntimamente relacionadas: “Israel” (ישראל), donde podemos encontrar las tres letras que componen Rosh (ראש), “cabeza”, y “libro”. Por eso la “erre” y lo que ésta representa estorbaba tanto a los inquisidores.

JULI PERADEJORDI

ABRIR LA MANO

Nos enseña el Talmud que el hombre llega a este mundo con las manos vacías y que se va de este mundo con las manos

vacías. Sin embargo, hay una sutil diferencia en la que mucha gente no ha reparado: cuando nacemos lo hacemos

ciertamente con las manos vacías, pero cerradas, como si intentáramos retener algo. Cuando morimos lo hacemos con las

manos abiertas.

 

 

Cuando llega a este mundo el bebé suele tener los puños cerrados como si intentara traerse algo del otro mundo. Algunos sabios han aventurado que podría tratarse de la luz, otros de la Torah y otros de un regalo para agradecer a sus padres que lo hayan traído a este mundo. Es difícil saberlo…

Ante tantos libros de autoayuda que nos exhortan a creer en nosotros mismos, el Talmud parece propone nos exactamente lo contrario cuando nos dice:

אל תאמן בעצמך עד יום מותך

“No creas en ti mismo hasta el día en que mueras” (Mishnah, Masejet Avoth 2:4).

 

Vamos a centrarnos en estas dos últimas palabras, “el día en que mueras”, en hebreo Iom Moteja (יום מותך). Si calculamos su guematria, vemos que es 522:

יום = 56

מותך = 466

————–

522

 

Curiosamente este número también es la guematria de Pataj Iad (פתח ידך), “abre la mano”:

פתח = 488

ידך = 34

—————-

522

¿Por qué esta coincidencia? Probablemente porque el día en que abandonemos este mundo tendremos que abrir las manos para dejarlo todo. Entonces, con las manos abierta, sí podremos creer en nosotros mismos.

 

JULI PERADEJORDI

 

PESAJ, LA FIESTA DE LA VICTORIA

Pesach in Russia 1850

La festividad de Pesaj representa la victoria del pueblo de Israel sobre sus esclavizadores, los egipcios, y particularmente

sobre el Faraón, encarnación de la Mala Inclinación. Sin embargo, podemos ver un paralelismo oculto entre la noche de

Pesaj y la noche que Jacob pasó luchando con el ángel. Veamos cómo podemos llegar a todo esto por medio de la

guematria.

 

 

El libro de Génesis (XXVIII 10 a 19) nos describe la lucha que mantuvo Jacob con el ángel, y los sabios cabalistas nos descubren que se trata de la lucha contra la Mala Inclinación, y que después de vencerla Jacob pasa a llamarse Israel. Esta victoria queda reflejada en el número 729, que es la suma de la guematria de Jacob y la de Israel:

 

יעקב = 182

ישראל = 541

—————

729

 

Jacob ha vencido a la Mala Inclinación, al Satán, realizando lo que se conoce como Kera Satan (קרע שטן), “destruir al Satán”. La guematria de esta expresión es de nuevo 729.

 

קרע = 370

שטן = 359

————–

729

 

La salida de Egipto representa la salida de este bajo mundo para entrar en la eternidad. Es la salid de la noche, que según nos enseña el Zohar representa a este mundo, para entrar en el día, que representa al mundo venidero. Ésta es la verdadera victoria. En hebreo se utiliza la misma palabra para “victoria” que para “eternidad”: Netzaj (נצח).

Cuando calculamos la guematria de esta palabra vemos que es 148, o sea la misma que la de Pesaj (פסח):

 

נ = 50

צ = 90

ח = 8

———

148

פ = 80

ס = 60

ח = 8

———-

148

 

Egipto fue una verdadera prisión para el pueblo de Israel. Una manera de decir “prisión” en hebreo es Beit Asurim (בית אסורים), “casa de grilletes”. La guematria de esta expresión es, de nuevo, 729:

 

בית = 412

אסורים = 317

—————-

729

 

Afirman los cabalistas que tres mitzvot son obligatorias en Pesaj: Pesaj (פסח), Matzah (מצה) y Maror (מרור). Si sumamos las guematrias de estas tres palabras obtenemos:

 

פסח = 148

מצה = 135

מרור = 446

—————

729

 

Realizando estas mitzvot se obtiene el Kera Satan (קרע שטן), “destruir al Satán”, cuya guematria es, como ya vimos, 729.

 

 

Un conocido pasaje del Talmud (Shabbat 87 a) nos explica que:

 

“Moisés rompió las tablas”. ¿Cómo supo que debía hacer esto? Él razonó así: si la Torah dice a propósito del sacrificio de Pesaj, que es sólo una de las 613 mitzvot, “Ningún hijo de un extranjero puede comer de él” (Éxodo XII-43), entonces ciertamente estas tablas, que abarcan toda la Torah, no pueden estar en manos de los israelitas cuando hay extranjeros entre ellos. “Extranjeros” se refiere a los israelitas que adoraban al becerro de oro”.

 

El sacrifico de Pesaj es, pues únicamente una de las 613 mitzvot, pero como dicen los sabios en cada mitzvah están contenidas las 613. Quizá por esto la guematria Shemi o completa de Pesaj es precisamente 613:

פ = 85

ס = 120

ח = 408

———–

613

JULI PERADEJORDI

 

LA FUERZA MÁGICA DE LA PALABRA

L'Uomo Albero

“El hombre árbol” de Massimiliano Frezzato (Ediciones Obelisco, 2019)

 

Se dice que a raíz de la caída el hombre fue desposeído de la fuerza de la palabra,

una fuerza mágica que hacía que sus

deseos devinieran realidad. Adán “creaba” cosas con sólo decirlas,

mientras que nosotros hemos de trabajar duro para

conseguir migajas. ¿Por qué?

 

Sostenía Louis Cattiaux que “las palabras dicen la cosa, pero la cosa no es dicha por las palabras”. Tras esta aparente contradicción se encuentra una alusión al misterio de la Palabra, en hebreo Dabar (דבר) y de la cosa, en hebreo también Dabar (דבר). La guematria de esta palabra, 206, coincide con la de Itzum (עצום), “esencia”, “substancia”.

 

ד = 4

ב = 2

ר = 200

———–

206

 

ע = 70

צ = 90

ו = 6

ם = 40

———–

206

 

No deja de ser curioso que 206 sea también la guematria de Vehaiah KeEtz (והיה כעץ), “y será como árbol”, expresión que aparece al principio de los Salmos (I-3) dado que Itzum (עצום), “esencia”, procede precisamente de Etz (עץ), “árbol”.

Nos encontramos en el Talmud (Berajoth 58 a) con la historia de un saduceo que intenta poner a prueba a Rabbí Sheshet, que era ciego. ¿Qué hizo este rabino?:

 

“Lo miró y (el saduceo) se convirtió en un montón de huesos”.

 

Lo primero que sorprende de este texto es que un rabino que es ciego pueda mirar a alguien y además fulminarlo con la mirada. El hecho de que sea ciego sin duda nos está enseñando que la mirada con la que Rabbí Sheshet fulminó al saduceo no era la mirada física, exterior, de los ojos exteriores, sino otro tipo de mirada.

El sabio rabino Jaim Vital, en sus Shaarei Kedushah (cap. IV), nos ha dejado un lúcido comentario a este pasaje del Talmud. Dice así:

 

“Has de saber que debido a que los Tzadikim se aferran a la realidad de Arriba, todo lo que piensan o contemplan sucede, sea bueno o malo. Esto es lo que los sabios querían decir cuando escribieron: “Lo miró y (el saduceo) se convirtió en un montón de huesos”.

 

También de estas palabras podemos extraer una importante conclusión: para aquel que está unido a su raíz, a su esencia, aquel que “se aferra a la realidad de Arriba”, no hay diferencia entre sus deseos y lo que le sucede. Posee el don de la Palabra. Por esta razón a medida que nos vamos acercando a nuestra esencia debemos cuidar más lo que pensamos, lo que deseamos y lo que decimos. ¡Hay más probabilidades de que se cumpla!

 

 

JULI PERADEJORDI

 

BORRAR EL EGOÍSMO

Probablemente toda la Torah esté hablándole del alma al alma de un modo encubierto, a fin de avivar el recuerdo.

Pero hay un libro en el que esto es particularmente evidente: el libro de Jonás.

 

Para situarnos, echemos un vistazo al nombre de Jonás, Ionah (יונה), palabra compuesta por la letras Iod, Vav, Nun y He. Lo sabios ya han señalado que comparte tres letras con el Tetragrama y que su guematria reducida, 17, es la misma.

Si tomamos las tres primeras letras y en vez de la Nun (נ) colocamos la Nun Sofit (ן), obligatoria al final de una palabra, tenemos lo siguiente:

 

יון

 

Gráficamente podemos ver una letra Iod (י) que está cayendo o alargándose. ¿Dónde caerá? En la letra He (ה), cuya guematria es 5 y representa a los cinco sentidos, o sea el cuerpo. La guematria de Iod, Vav, Nun es 10 + 6 + 50 = 66.

Como nos enseña el sabio Gaón de Vilna, en la historia de Jonás este curioso personaje representa al alma, Neshamah, que se encarna en este mundo. El tema central del libro serían las reencarnaciones, Gilgulim, del hebreo Galgal (גלגל), “rueda”, guematria 66:

 

ג = 3

ל = 30

ג = 3

ל = 30

———

66

 

También e Zohar (II-199 a) nos enseña que:

 

“Jonás, que bajó a un barco, Aniah: se refiere al alma de la persona…”.

 

Dios envía a Jonás a Nínive a cumplir una misión, pero éste hace caso omiso al mandato divino. Esta desobediencia presenta una cierta semejanza con el pecado de Adán y Eva, que tampoco obedecieron al mandato de Dios. En vez de hacerle caso a Dios, Jonás se dirige a Iafo (יפו), la actual Jaifa, palabra que significa “hermoso”, “de aspecto agradable”. En ambos casos nos hallamos ante una caída, y ante la aparición del egoísmo, que es la separación de la consciencia del hombre de la consciencia de Dios.

Veamos qué nos dice el libro del Génesis (III-6) a propósito de Eva:

תרא האשה כי טוב העץ למאכל וכי תאוה-הוא לעינים

“Vio la mujer que el árbol era bueno para comer y agradable a la vista”.

 

Aniah (אניה), “barco”, significa también “lloro”, “tristeza”. La guematria de esta palabra es de nuevo 66:

א = 1

נ = 50

י = 10

ה = 5

————

66

 

Pero el plural Aniot (אניות) significa precisamente “egoísmo”. El recuerdo de Amalek, que según la Torah hemos de borrar (Deuteronomio XXV-19), es en hebreo Tzejer Amalek (זכר עמלק). Su guematria es 467:

זכר = 227

עמלק = 240

————–

467

 

La guematria de Aniot (אניות) “egoísmo” también es 467:

 

א = 1

נ = 50

י = 10

ו = 6

ת = 400

————-

467

 

Con esto vemos que borrar el recuerdo de Amalek es la misión para la cual el alma se encarna en este bajo mundo y que se trata de lo mismo que borrar el egoísmo.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

LA MESA, EL TEMPLO

Resultado de imagen de torah table

El Talmud nos enseña que “Cuando existía el Templo, el altar expiaba por Israel; ahora es la mesa del hombre la que expía

por él”. ¿Cómo va a sustituir una comida, aunque sea la de Shabbat, a los trabajos de expiación que tenían lugar en el

Templo? ¿Realmente estamos entendiendo de qué se nos está hablando?

 

 

Acudamos al Talmud, en el tratado de Berajoth (55 a):

 

“Comienza con “altar” y termina con “mesa”. Los rabbís Iojanán y Eleazar dijeron los dos: “Cuando existía el Templo, el altar expiaba por Israel; ahora es la mesa del hombre la que expía por él”.

 

Leemos en Ezequiel (XLI-42):

La altura del altar de madera era de tres codos … “

 

y más delante:

“Ésta es la mesa que está delante del Eterno”.

 

Los comentaristas tradicionales asocian el concepto de “la mesa” con la mesa de Shabbat. Sin embargo, a la luz de la guematria, quisiéramos aventurar otra interpretación. Cuando se habla de “la mesa” se está aludiendo a la mesa de Shabbat, ciertamente, pero también a la mesa de estudio, y sería el estudio (acompañado de bendiciones y oración) el que vendría a sustituir a los sacrificios que se hacían en el templo. Un ejemplo bien conocido de esta sustitución lo tenemos en el Pitum haKetoret, la lectura de la sección del incienso. El Zohar (II-218 b), por ejemplo, nos dice que:

 

“… este asunto es un pacto ante el Santo, bendito sea, pues todo el que observa y lee todos los días la composición del incienso, se salva de todo lo malo, y de las brujerías del mundo, de todas las malas afecciones, de los malos pensamientos, del mal juicio y de la mortandad. Y no es dañado durante todo ese día pues el Sitra Ajra, el Otro Lado, no puede ejercer dominio sobre él”.

 

Cuando calculamos la guematria de Pitum haKetoret (פטום הקטורת), obtenemos 855. Si le añadimos 1 por el Kollel, obtenemos 856, la guematria de Beit Mikdash (בית מקדש), templo:

 

פטום = 135

הקטורת = 720

——————–

855

 

בית = 412

מקדש = 444

——————–

856

 

Por otra parte, la guematria de Shuljan (שלחן), “mesa” es 388 como la de Japash (חפש), “buscar”, “investigar”.

 

ש = 300

ל = 30

ח = 8

ן = 50

————–

388

 

ח = 8

פ = 80

ש = 300

—————

388

 

La mesa, pues, no es únicamente el lugar donde se come, es también, y sobre todo, el lugar donde se estudia, donde se busca. Por otra parte, la guematria Shemi o completa de Shuljan (שלחן), “mesa” es 958:

ש = 360

ל = 74

ח = 418

ן = 1060

———–

958

 

Se trata de la guematria de Beit Midrash (בית מדרש), “casa de estudio” y de beSefer haTorah (בספר התורה), “en el libro de la Torah”.

 

בית = 412

מדרש = 544

——————

958

 

בספר = 342

התורה = 616

——————

958

 

JULI PERADEJORDI

AL ENEMIGO NI AGUA

Afirma el dicho popular que “al enemigo ni agua”, pero este modo de actuar, a pesar de estar tomado de Proverbios

(XXV-21) como veremos a continuación, está totalmente en contradicción con las enseñanzas de la Torah.

 

 

Shnajá (שנאך), “tu enemigo”, procede del verbo Shané (שנא), “odiar”, “detestar”, “ser enemigo”. Su guematria es 371 y coincide con la de Shmol (שמול), “izquierda”:

 

ש = 300

נ = 50

א = 1

ך = 20

———–

371

ש = 300

צ = 90

ו = 6

ל = 30

———–

371

 

Leemos en el libro de Proverbios (XXV-21):

ים-רעב שנאך, האכלהו לחם; ואם-צמא, השקהו מים

“Si el tu enemigo tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed,

dale de beber agua”.

 

El enemigo que, como hemos deducido de su guematria, corresponde a la izquierda puede ser visto como un obstáculo, etimológicamente “algo que está delante”, algo que no nos permite avanzar. Para los cabalistas se asocia con el rigor, la ira, y con el nombre de Dios Elohim. El enemigo es, pues, el dios enfadado que está en nuestro interior y que en su prisión padece hambre y sed. El pan, nos explica el Zohar,  es la Torah escrita, y el agua la Torah oral, que viene a esclarecer y ablandar a la Torah escrita. De este modo la Torah se transforma en un Sam Jaim (סם חיים), un elixir de vida.

Cuando calculamos la etimología de Sam Jaim (סם חיים), vemos que es 168, o sea la suma de la guematria de Lejem (לחם), “pan” y Maim (מים), “agua.

 

סם = 100

חיים = 68

————

168

 

לחם = 78

מים = 90

————

168

 

JULI PERADEJORDI

 

BEURE’S L’ENTENIMENT – BEBERSE EL ENTENDIMIENTO

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Existe en catalán una expresión cabalística muy curiosa y llena de sabiduría: “beure’s l’enteniment”, “beberse el

entendimiento”, que quizá merezca una aclaración a la luz de la Torah y la Guematria. ¿Acaso el entendimiento es algo

que se pueda comer o beber?

 

 

En el árbol sefirótico nos encontramos con dos sefirot “femeninas” que se asocian con el acto de recibir: Binah que recibe de Jojmah y Maljut que recibe de las sefirot anteriores. Para los cabalistas, Binah se relaciona con el corazón y Maljut con la boca. Si bien el paladar se asocia tradicionalmente con Jojmah, la garganta por la que pasan la bebida y el alimento es Binah.

La guematria de Lev (לב), “corazón” es 32 y se relaciona con los 32 dientes, que sirven para masticar. Pero el corazón como símbolo es equivalente a la copa.

 

ל = 30

ב = 2

———-

32

 

Leemos en Génesis (III-6) que:

ותרא האשה כי טוב העץ למאכל וכי תאוה-הוא לעינים, ונחמד העץ להשכיל, ותקח מפריו, ותאכל; ותתן גם-לאישה עמה, ויאכל

“Y la mujer percibió que el árbol era bueno como alimento, y que era un deleite para los ojos, y que el árbol era deseable como un medio para alcanzar el intelecto, y ella tomó de su fruto y comió; y también le dio a su marido junto a ella y él comió”.

La guematria de Binah (בינה), “entendimiento” es 67 y coincide con la de Vaiojel (ויאכל) “Y comió”.

 

ב = 2

י = 10

נ = 50

ה = 5

———-

67

ו = 6

י = 10

א = 1

כ = 20

ל = 30

———-

67

 

Comiendo del fruto del árbol del conocimiento, lo que hizo el primer hombre fue “beberse entendimiento”, Binah (בינה) y así nos hemos quedado: seres humanos que nos distinguimos de los animales porque andamos con dos piernas, pero sin entendimiento.

¿Cómo podemos recuperarlo?

Estudiando.

¿Estudiando qué?

Estudiando la Torah, ha Torah (התורה), expresión cuya guematria reducida es precisamente 22:

 

ה = 5

ת = 4

ו = 6

ר = 2

ה = 5

———

22

 

 

La guematria de Adam, hombre es 45, y le falta exactamente 22 para llegar a 67 la guematria de Binah (בינה). 22 es el número de letras del alfabeto y simbolizan el estudio.

Algunos cabalistas entienden el Tikún como la reunificación de los nombres de Dios Tetragrama y Elohim. Si sumamos la guematria del primero, 26 a la del segundo, 86, obtenemos 112.

Cuando sumamos la guematria de Adam, hombre, 45 a la de Binah, entendimiento, 67, también obtenemos 112.

Quizá el Tikún se realice cuando el hombre recupere el entendimiento que se bebió…

 

JULI PERADEJORDI

 

 

CON EL LIRIO EN LAS MANOS

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Los alquimistas tenían una especie de fórmula arquetípica que podemos aplicar a casi todo: Solve et coagula. Esta idea se

encuentra también en el Talmud. En el libro del Cantar de los cantares tenemos ejemplos maravillosos de ella. Vamos a ver

uno de ellos aclarado por los sabios del Talmud y por la guematria.

 

Leemos en el Cantar de los Cantares (V-13):

שפתותיו, שושנים-נטפות, מור עבר

“Sus labios son lirios, que gotean mirra liquida”.

Podemos hacer, siguiendo las enseñanzas de los sabios, un juego de palabras entre Shoshanim (שושנים), “lirios” y Sheshonim (ששונים), “aquellos que estudian”. ¿Por qué? El  alumno que realmente desea aprender se ha de parecer a un lirio, ha de ir “con el lirio en la mano”, expresión que significa comportarse sin dobleces, con honestidad, con limpieza, con candidez.

Un alquimista contemporáneo, Louis Cattiaux, sostenía que:

“Hay que embeber y disolver antes de secar y cocer, ya que el que empieza por cocer fija la mugre del pecado en vez de eliminarla”.

 

La guematria de Shoshanim (שושנים), “lirios”, es la misma que la de Sheshonim (ששונים), “aquellos que estudian”, 706:

ש = 300

ו = 6

ש = 300

נ = 50

י = 10

ם = 40

————

706

ש = 300

ש = 300

ו = 6

נ = 50

י = 10

ם = 40

————-

706

En hebreo, la expresión “mirra líquida” aparece como mor over (מור עבר), que literalmente quiere decir, “amargura líquida”. Su guematria, 518, coincide curiosamente con la de Jiej (חיך), “sonreír”.

 

מור = 246

עבר = 272

————-

518

ח = 8

י = 1

ך = 1

——-

518

Los sabios del Talmud (Tratado de Shabbat 30 a) nos enseñan que los labios de aquellos que estudian Torah, deben de despedir la amargura del temor. Para iniciar el estudio hay que abandonar el temor y la amargura, y abrirse a la dulzura de la Torah.

También nos enseñan que:

“Alguien que estudia Torah debe de sentir alegría antes de empezar a enseñar una Halajah, pero el alumno debe de escuchar a su maestro con temor y reverencia”.

 

Raba, sabio donde los haya, es un buen ejemplo de esto: antes de empezar a enseñar a sus estudiantes, contaba un chiste y todos sus alumnos reían. Después se sentaba con temor y comenzaba a enseñar. Sus alumnos lo recibían con una sonrisa, con un lirio en la mano.

 

JULI PERADEJORDI