EL MISTERIO DE LA VIDA

Hablábamos la semana pasada del Misterio de la Muerte (https://elzoharesplendor.wordpress.com/2022/07/29/el-misterio-de-la-muerte/) apoyándonos en las enseñanzas cabalísticas de un texto de 1839. Vamos ahora a ver su contrapartida, el misterio de la Vida, apoyándonos en las del cabalista catalanoaragonés del siglo XIII, Abraham Abulafia.

Harto conocido es el cuento jasídico en el que un difunto llama a las puertas del cielo y cuando es preguntado por quién es, contesta “soy fulanito”, y no se le permite la entrada. La respuesta, la sabia respuesta, acaso se encuentre en la expresión Ani Hu (אני הוא), “yo soy Él”. En estas palabras se halla sin duda el misterio de la vida que, como veremos, no es distinto de la sabiduría, en hebreo Jojmah (חכמה).

En el libro Sefer haOlam haBa (p.112) de Abraham Abulafia podemos leer:

החיים . עולה בגימטריא חכמה . כי החיים הם חכמה . ובתי של האדם לעשות מלחמה עם הדימיונות הבטלות הנןלדות מרוח הרע שמקיפים את הנשמה הקדושה כמו רוצחים ומבלבלים דעת בני האדם השפל בעוון אדם וחוהת ואעפי»כ יש לאדם תקנה אם ישוב ויאכל את הפרי המחיהו היוצא מעץ החייםת כי החיים הם חכמה

La Vida, haJaim (החיים). Su valor en gematría es Jojmah (חכמה). Porque la vida es Jojmah (חכמה). Es un deber del hombre luchar contra las imaginaciones ociosas nacidas del espíritu maligno que envuelven el alma santa como homicidas y confunden al Daat (דעת) de la gente con el descenso debido al pecado de Adán y Eva. Sin embargo, hay una corrección para el hombre si regresa y come del fruto de vida que proviene del árbol de la vida porque la vida, haJaim (החיים), es sabiduría Jojmah (חכמה).

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Esta enseñanza de uno de los mayores cabalistas de todos los tiempos coincide así exactamente con las palabras de Louis Cattiaux, que decía:

“El pecado y la caída es haber comido el fruto envenenado del árbol doble, es haber absorbido la substancia viva con la mugre muerta y es seguir haciéndolo. La regeneración y la redención es descubrir y comer el fruto puro del árbol único que expulsará de nosotros el hedor, la oscuridad y la inercia fatal de la muerte”.

Como nos descubría Abulafia, la guematria de haJaim (החיים), es la misma que la de Jojmah (חכמה), 73, pero también es la de Ani Hu (אני הוא).

61 = אני

12 = הוא

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73

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Cuando el Ani (אני), o sea el yo, está unido al Hu (הוא), o sea a Él, cuando no hay separación entre Dios y nosotros, participamos a la vez milagrosamente de la sabiduría y de la vida. Porque,como nos enseña Abulafia, la sabiduría es la vida.

EL MISTERIO DE LA MUERTE

luz |

A raíz del post de la semana pasada (https://elzoharesplendor.wordpress.com/2022/07/22/el-hombre-no-soporta-la-verdad/) un lector habitual me ha pedido que ahondara en el tema de la muerte a la luz de la guematria, por lo que intentaré resumir y compartir una sorprendente enseñanza extraída de un importante texto cabalístico publicado en el año 1839.

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En el libro Sefer Maor veShemesh (ספר מאור ושמש), su autor, el Rabbí Kalonimous Kalman Halevi Epstein nos enseña que el Millui de las letras de Mavet (מות), “muerte”, deletreado de este modo:

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מ»ם וי»ו תי»ו

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Suma 72 y es la guematria de Hessed (חסד).

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El texto dice así:

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אותיות מות כזה מ»ם וי»ו תי»ו הם עולים ע»ב שהוא בגימ’ חסד

“Las letras de Mavet dispuestas de este modo suman 72 que es en guematria Hessed”.

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40 = ם (מ)

16 = יו (ו)

16 = יו (ת)

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72

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La enseñanza que nos propone nuestro autor es la siguiente:

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ויש לרמז בזה כי עונש המות שהוטל על האדם הראשון הוא חסד גדול שכן על ידו אפשר להפוך כתנות עור לכתנות אור  דהיינו את גוף הבשר בעוה»ז לחלוקא דרבנן בעוה»ב

“Y cabe insinuar que la pena de muerte impuesta al primer hombre es un gran Hessed porque por ella es posible convertir las túnicas de piel en túnicas de luz, es decir el cuerpo de carne de este mundo en Jaluka dRabbanan en el mundo venidero”.

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Jaluka dRabbanan (חלוקא דרבנן) o “túnica de los sabios” es un concepto que aparece, por ejemplo, en el capítulo primero de Las Puertas de la Santidad de Jaim Vital (Ediciones Obelisco, Rubí, 2022) y en el Zohar (I-66a), y Zohar (II-210a) que nos dice:

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“En esa vestimenta fueron grabadas todas las buenas obras que hizo la persona en este mundo”.

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Es lo que se conoce tradicionalmente como “cuerpo de luz”. Si calculamos su guematria vemos que es 451:

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145 = חלוקא

306 = דרבנן

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451

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Si calculamos ahora la guematria de haMavet (המות), “la muerte”, descubrimos que es exactamente la misma:

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5 = ה

40 = מ

6 = ו

400 = ת

———–

451

De este modo, los sabios no nos presentan a la muerte como un final horroroso, sino como el principio de una nueva vida revestidos de este cuerpo de luz que le fue arrebatado a Adán. La muerte no es el problema, es la gran oportunidad. Porque, como escribía Cattiaux:

“Lo que nos parece oscuro al comienzo es sin duda lo que nos iluminará al final”.

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JULI PERADEJORDI

EL HOMBRE NO SOPORTA LA VERDAD

Torah | GRACE in TORAH

La idea de escribir este post me la sugirió un Tik Tok que recibí la semana pasada. Pertenece a esos mensajes que van directamente a la basura, pero al ver que quien aparecía era mi buen amigo Mario Sabán, decidí amnistiar el Tik Tok en cuestión y escucharlo. Apasionante. Comparto algunas reflexiones que me sugirió.

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Así como los humanos, cuando cerramos los ojos, no somos capaces de soportar toda la luz que hay en nosotros porque nos cegaría, cuando los abrimos tampoco podemos soportar la realidad en la que vivimos inmersos porque por lo general nos dejaría totalmente deprimidos. Por eso nos autoengañamos. Una página absolutamente brillante del Talmud (Niddah 30b) nos habla de esa luz, a la que compara con una lámpara, a la que renunciamos cuando nacemos. Es lo que Louis Cattiaux llamaba “la lámpara del Perfecto”.

Mario Sabán tiene mucha razón cuando dice  en su Tik Tok que “el ser humano no puede soportar tanta verdad”. Y al no soportar la verdad, el hombre tampoco la busca. Y al no buscarla se condena a sí mismo a vivir en la mentira. En su brillante intervención, Mario (https://www.tiktok.com/@alquimiamariel/video/7120063528786070790) declara también que “la gente necesita autoengañarse para seguir viviendo”. Bueno, si llamamos “vivir” a eso que más bien deberíamos denominar “pasar años”.

Para la cábala el Olam haBa o mundo venidero se considera el mundo de la verdad y este mundo, el Olam haZe, el mundo de la mentira (véase Zohar I-192b), Alma deShikra (עלמא דשיקרא). Cuando don Quijote decía que buscaba “la verdad en la mentira”, Cervantes nos está revelando que buscaba el Olam haBa, el mundo venidero, en el Olam haZe, en este mundo. A lo largo de toda su intervención, Mario parece estar hablando de los que somos como don Quijote.

Cuando calculamos la guematria de Alma deShikra (עלמא דשיקרא), vemos que es 756:

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עלמא = 141

דשיקרא = 615

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756

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Curiosamente se trata de la misma que la de Shanot (שנות), “años”.

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ש = 300

נ = 50

ו = 6

ת = 400

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756

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Las reflexiones de Mario me recordaron un par de ideas de Louis Cattiaux que me gustaría desarrollar. Helas aquí:

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“La verdad escandaliza a los ignorantes y por eso permanece velada en el mundo y únicamente es mostrada a aquel que ha renunciado a toda pasión y a todo juicio humanos”.

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Así como que:

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“Aquellos que son capaces de escrutar la verdad de Dios, incluso a través del horror de la muerte, son los únicos que merecen ver brillar la lámpara del Perfecto”.

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En su intervención, Mario hacía hincapié que la raíz del autoengaño es la mente. Si volvemos a la guematria de Alma deShikra (עלמא דשיקרא), 756, vemos que es la misma que la de Majshavoth (מחשבות), “pensamientos”, palabra en la que nos encontramos precisamente con Moaj (מח), “cerebro”:

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40 = מ

8 = ח

300 = ש

2 = ב

6 = ו

400 = ת

————–

756

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El tejido del de Alma deShikra (עלמא דשיקרא) lo conforman precisamente los pensamientos.

Pero lo más sorprendente es cuando Cattiaux asocia a la verdad con la muerte. Entonces saltan todas las alarmas, ya que la guematria de haEmet (האמת), “la verdad” es 406, igual que la de Mavet (מות), “muerte”.

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ה = 5

א = 1

מ = 40

ת = 400

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406

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מ = 40

ו = 6

ת = 400

———–

406

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Inconscientemente, el hombre tiene miedo de la verdad porque tiene miedo de la muerte. Se autoengaña movido por ese miedo.

Y, para concluir, hay una evidencia irrefutable de que el hombre no soporta la verdad: no sólo se cree lo que le dicen sus pensamientos, cree a pies juntillas en lo que cuentan los periódicos, la televisión y las redes sociales.

JULI PERADEJORDI

AGRICULTURA DEL ALMA

פרשת בשלח: נמשיך להחזיק כל איש בדעותיו, אך נהיה אחים | מעריב

La raíz indoeuropea Leg es rica en curiosas vinculaciones que se extienden a través de múltiples idiomas. Sus principales significados son “elegir”, “escoger”, “recolectar”, y van a ayudarnos a relacionar una actividad tan ancestral como es la agricultura con la lectura. Pero, ¿acaso la lectura no es imprescindible para cultivarse? ¿No decimos que es “culta” una persona que ha leído mucho?

Louis Cattiaux se preguntaba “¿Dónde está el inteligente que espera todo de Dios y nada del mundo? ¿Dónde está el labrador?”. A primera vista no resulta tan obvio relacionar la inteligencia con la agricultura, pero veremos, gracias a la etimología, que ambas son como ramas de una misma raíz. La inteligencia, eso es leer entre líneas, no es distinta del trabajo del labrador que surca la tierra.

La raíz indoeuropea Leg significaría, según Julius Pokorny (Indogermanishes Etymologisches Woerterbuch, Franke Verlag, Munich, 1949), “ligar”, en el sentido de “atar”, como podemos consultar en (https://indo-european.info/pokorny-etymological-dictionary/whnjs.htm).

Sabemos que los textos más antiguos que se conocen, las tablillas cuneiformes sumerias, por ejemplo, se escribían en tablillas de arcilla. A partir de Leg también llegamos a “légamo”, eso es cierto tipo de arcilla de algunos campos de cultivo, o a “legón”, una especie de azadón de pala rectangular.

También podemos relacionar a Leg con el Logos griego, o sea con la palabra, lo cual nos abre infinitas perspectivas, sobre todo si nos vamos al latín. ¿Acaso no se habla de “sembrar la palabra”?

En latín legere era tanto “escoger”, “elegir” como “leer”. De esta raíz derivarán palabras como “legajo”, un montón de papeles sueltos ligados por una cuerda o lía, “sortilegio”, palabra derivada de sortis y legere, e incluso “inteligencia”, de inter y legere. Una “legadura” es una cuerda o cualquier cosa que sirva para atar, y una “elegía” un poema lírico. De todo ello deducimos que leer es ante todo elegir, pero también ligar, atar cabos. La inteligencia de lo leído, muchas veces nos la proporciona el contexto, el terreno, si somos capaces de “atar cabos” y de “leer entre líneas”.

La idea tradicional de “leer el Libro” adquiere así una dimensión nueva: leer es removerlo como se remueve la tierra y dejar aflorar sus tesoros, un verdadero trabajo de agricultura.

“Leer” en hebreo es Karo (קרא) y la guematria de esta palabra es 301:

ק = 100

ר = 200

א = 1

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301

Este número es también la guematria de Artzi (ארצי), “relativo a la tierra”.

א = 1

ר = 200

צ = 90

י = 10

———-

301

Leer no es, pues, sencillo; ni tampoco descansado, porque leer es como labrar, como darle la vuelta al texto, a las palabras, para oxigenarlos, para vivificarlos y regalarles la magia del sentido. Sólo así la lectura se convierte en algo fértil, que produce frutos.

Leer es como ligar, eso es unir, atar, vincular, para sacar a la luz nuevos significados, nuevos sentidos, que se esconden más allá de la dualidad, para descubrir la unidad. Si no trabajamos la tierra no podremos alimentar a nuestros cuerpos; si no leemos como es debido, no alimentaremos nuestras almas. La lectura, en su sentido más arcaico y primigenio es la agricultura del alma.

JULI PERADEJORDI

EL PADRE NUESTRO, EL TALMUD Y EL KADDISH

Cuando un cabalista se encuentra con la expresión “Padre nuestro que estás en los cielos” no puede menos que sonreír y pensar en un número muy especial, el 390. También le viene a la memoria otra oración acaso menos conocida, pero no menos poderosa, el Kaddish.

Todo el pensamiento cabalístico parece oscilar en torno a una eterna dualidad: este mundo y el mundo venidero, nuestra voluntad y la voluntad divina, la Buena Inclinación y la Mala Inclinación, etc. Cuando decimos “venga a nosotros tu reino», por ejemplo, estamos refiriéndonos al mundo venidero, el Olam haBa en oposición al Olam haZe, “este mundo”. Cuando hablamos de un padre “que está en los cielos”, es en oposición a un padre que está (o ya no) en la Tierra. En numerosos lugares, el Talmud se dirige concretamente a él. En el tratado de Berajoth (30b), por ejemplo, se enseña que los primeros piadosos “enfocaban su corazón hacia su padre que está en los cielos” antes de rezar.  

La guematria de Abba Shelanu (אבא שלנו), “padre nuestro” es 390:

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אבא = 4

שלנו = 386

————-

390

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Este “padre nuestro” estaría en los “cielos”, en hebreo Shamaim (שמים), palabra cuya guematria también es 390.

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ש = 300

מ = 40

י = 10

ם = 40

———-

390

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Ya hemos visto que “padre nuestro” es Abba Shelanu (אבא שלנו), pero también puede decirse Abinu (אבינו), con lo cual la expresión “Padre nuestro que estás en los cielos” es Abinu shebaShamaim (אבינו שבשמים). Esta expresión aparece en el Talmud (Sotah 49b), donde podemos encontrar algunos de los conceptos principales del Padrenuestro, aunque muchos proceden en realidad del Kaddish. Así el “santificado sea tu nombre” que aparece al principio lo encontraremos al principio del Kaddish cuando dice:

יתגדל ויתקדש שמיה רבא

Itgadal veItkaddash Shme Rabbah

“Exaltado y santificado sea su gran nombre”.

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“Venga a nosotros tu reino” aparecerá en el Kaddish como:

וימליך מלכותה

«llegue su reino pronto»

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Este versículo comportaría una referencia velada al misterio de la circuncisión, haBrit (הברית), cuya guematria es 617 como la de Veiamlij Malkuteh (ימליך מלכותה), así como a la sefirah Maljut, “reino”.

“Hágase tu voluntad en la Tierra como en el cielo” sería como decir que este mundo sea como el mundo venidero. Los cabalistas ya han señalado que Ratzon (רצון), “voluntad” tiene la misma guematria que Kol haAretz (כל-הארץ), “toda la Tierra”, así como lo coincidencia de las letras Resh y Tzadi en Ratzon (רצון) y en Aretz (ארץ), “Tierra”. Por otra parte, que la voluntad de la Tierra sea como la del Cielo, trasladado a la persona, a cada uno de nosotros, coincide con la enseñanza talmúdica que encontramos en los Pirkei Avoth (II-4):

“Haz Su voluntad como tu voluntad, para que Él haga tu voluntad como si fuera Su voluntad. Anula tu voluntad frente a Su voluntad, para que Él anule la voluntad de otros frente a tu voluntad”.

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“Nuestro pan de cada día dánoslo hoy” también procedería del Talmud (Sotah 48b), donde podemos leer:

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“Rabbí Eliezer el Grande dijo que cualquiera que tenga pan en su canasta para comer hoy y diga: ¿qué comeré mañana, no es más que de los de poca fe”.

El “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, merece que nos detengamos en la idea, pues en muchas traducciones no se habla de ofensas, sino de deudas.

Comentando Miqueas (VII-18) que dice:

מי-אל כמוך, נשא עון ועבר על-פשע

¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado?

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El Talmud (Rosh haShannah 17a) nos explica que:

“Rabba dijo: aquel que renuncia a sus cuentas, renuncia al castigo por todos sus pecados”.

Lo que de alguna manera nos está diciendo que aquel que perdona las deudas es a su vez perdonado, o que la manera de ser perdonado es precisamente perdonar.

El “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”, es en realidad “no nos dejes caer en manos del Ietzer haRa, la Mala Inclinación, y libéranos de él”.

Esta idea aparece en muchos lugares, pero quizás también sea en el Talmud (Kiddushin 81 b) donde se vea más clara:

“Rabbí Jía bar Ashi solía decir, cada vez que se arrodillaba: “Que el Misericordioso nos salve de la Mala Inclinación”.

Y ambas plegarias, el Padrenuestro y el Kaddish acaban con la misma palabra, Amén (אמן).

Amén

JULI PERADEJORDI

UN REY EN QUIEN SE PUEDE CONFIAR

Una fiel lectora particularmente interesada en el Amén me ha pedido por favor que ampliara el tema. Ciertamente el tema es inagotable y va adquiriendo nuevas dimensiones a medida que se profundiza en él. Veamos hoy, apoyándonos en el Talmud y la guematria, un nuevo enfoque de esta palabra.

Una conocida página del Talmud (Sanhedrín 111a) nos ha dejado una definición de Amén que han retomado los cabalistas para desarrollarla a través de sus métodos hermenéuticos, particularmente el que se conoce como Notarikon, eso es un acróstico.

El texto es el siguiente:

מאי אמן אמר רבי חנינא אל מלך נאמן

“¿Cuál (es el significado de) Amén? Rabbí Janina dijo: El Melej Neeman.”.

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El Melej Neeman significa “Dios, rey confiable”.

(א(ל) מ(לך) נ(אמן

Tomando las letras iniciales de esta expresión, obtenemos Amén (אמן). Cuando calculamos la guematria de esta frase nos llevamos la sorpresa de que es 262, o sea 26, la guematria del Tetragrama y su número espejo, el 62. De este modo podemos ver en el Amén (אמן) una especie de fijación del Nombre de Dios.

אל = 31

מלך = 90

נאמן = 141

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262

Pero no es sólo esto, los cabalistas nos enseñan que la famosa oración Avinu Malkeinu, que muchos conocemos gracias a Barbara Streisand (https://visavis.com.ar/2018/09/28/el-dia-que-barbara-streisand-le-canto-avinu-malkeinu-a-shimon-peres-en-jerusalen/), está atribuida a Rabbí Akiva y que la guematria de Akiva Iasdo (עקיבא יסדה), “Akiva estableció” también es 262.

עקיבא = 183

יסדה = 79

—————–

262

Rabbí Akiva estableció esta oración, como ha sido enseñado (Taanit 25b):

«Un día Rabbí Eliezer recitó veinticuatro bendiciones delante del arca, pero aún así no logró que lloviera… Rabbí Akiva se puso delante del arca y oró: Avinu Malkeinu e inmediatamente se le respondió y la lluvia cayó».

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Cuando tomamos las iniciales de (אבינו מלכנו אין לנו מלך) “Padre nuestro, rey nuestro, no tenemos otro rey” del Avinu Malkeinu y las sumamos, obtenemos 112, que es la suma de la guematria del Tetragrama, 26 y Elohim, 86.

Sin embargo, lo más increíble sucede cuando vemos que el Avinu Malkeinu está compuesto por exactamente 262 palabras. Amén.

JULI PERADEJORDI

AMÉN, LA LLAVE DE LAS PUERTAS DEL PARAÍSO

Vimos la semana pasada la importancia de los pensamientos (https://elzoharesplendor.wordpress.com/2022/06/17/los-pensamientos-no-son-cosas-son-angeles/). Concentrémonos ahora en un pensamiento que hay que expresar en voz alta para que se concreten las bendiciones y las peticiones: Amén (אמן). Declaran los sabios que la Emunah (אמונה) es el fundamento de la Torah, y ésta es la razón por la cual después de las bendiciones de la comida, de las oraciones y el Kaddish, se dice Amén (אמן). Como veremos a continuación, el poder de esta pequeña palabra de apenas tres letras es muy grande.

Nos enseñan los sabios que decir Amén (אמן), es mucho más que estar de acuerdo o desear “que así sea”. Cerrar una afirmación o una oración con Amén (אמן), es aceptarla y ser consciente de que tiene la fuerza y el valor de un juramento, como se deduce de las palabras de Rabbí Iosi en el Talmud (Shavuoth 36a):

בו שבועה דכתיב ואמרה האשה אמן אמן

“En él hay un juramento, según está escrito: y dirá la mujer Amén, Amén”.

Nos encontramos aquí con una curiosidad: quien dice Amén (אמן), y además dos veces, es la mujer. ¿Por qué? Una explicación sería que la mujer enciende las dos velas justo antes de Shabbat, abriendo en cierto modo sus puertas, y que recitando dos veces Amén (אמן) se abren las puertas del Gan Eden, el Paraíso, simbolizado por el Shabbat. Curiosamente, la guematria de Gan haEden (גן העדן), el Paraíso, es 182, o sea dos veces la de Amén (אמן), que es 91.

גן = 53

העדן = 129

——————

182

La guematria de 91 que es la misma que la de Malaj (מלאך), “ángel” porque con cada Amén (אמן) que decimos creamos un ángel que hablará a favor nuestro para que tengamos una vida larga y buena.

Los sabios han relacionado Amén (אמן) con la larga vida apoyándose en el ejemplo de Abraham. La Torah dice de Abraham que era Zaken ba baIamim (זקן בא בימים) o sea “anciano, entrado en años” (Génesis XXIV-1). Los cabalistas toman las últimas letras de estas tres palabras, Nun (ן), Alef (א) y Mem (מ) y forman Amén (אמן).

Rabbeinu Bejaie nos recuerda que la palabra Amén (אמן) viene de Emunah (אמונה) y que cuando alguien responde Amén (אמן), abre torrentes de bondad, de forma similar a una fuente que da agua a los que la necesitan. Así como abrió la bondad (sobre sí mismo y sobre el mundo), las puertas del Gan Eden se abrirán para él, medida por medida.

 Por otra parte, decir Amén es como fijar o anclar la bendición que se acaba de pronunciar, es la manera de completarla según nos enseña el Zohar (III-271a):

“¿Qué es una bendición completa? Una a la que se dijo Amén. Porque cada bendición a la que fue dicho Amén es considerada apropiada y completa”.

 Y más adelante, en el mismo folio:

“Amén es el secreto de la conexión que se encuentra dentro de cada unificación y santificación”.

¿De qué unificaciones estamos hablando? Quizá la respuesta se encuentre en los Tikkunei haZohar (71b) donde se asocia a Amén (אמן), guematria 91, con la unión de los nombres de Dios Adonai (אדני), guematria 65 y IHVH (יהוה), guematria 26.

El Talmud, en el tratado de Berajoth (53b) nos enseña que:

«El que responde amén es mayor que el que pronuncia la bendición”.

Con todo, los rabinos puntualizan que no es que sea mayor, sino que su recompensa es mayor que la del que pronunció la bendición. ¿Cuál es esta recompensa?

Sostienen los comentaristas clásicos que un Amén (אמן) dicho de corazón tendrá el poder de sacar a los impíos del infierno y llevarlos al cielo.

El Talmud (Shabbat 119b), nos enseña:

«Aquel que responda a Amén con todas sus fuerzas, se le abrirán las puertas del Jardín del Edén».

Todo esto para explicar que Amén (אמן) es un secreto maravilloso, Sod Nifla (סוד נפלא). La guematria de esta expresión es 231:

סוד = 70

נפלא = 161

—————

231

Cuando tomamos Amén (אמן) y hacemos el siguiente cálculo, también obtenemos 231:

אמן  = 91

מן  = 90

ן = 50

—————-

231

Ya hemos visto que «Aquel que responda a Amén con todas sus fuerzas, se le abrirán las puertas del Jardín del Edén». ¿De qué puertas estamos hablando?

La respuesta se halla en el Sefer Ietzirah (II-4):

“22 letras de fundamento fijadas en una rueda como una muralla con 231 puertas”.

JULI PERADEJORDI

LOS PENSAMIENTOS NO SON COSAS: SON ÁNGELES

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Un conocido libro de autoayuda de los años 60 sostenía que “los pensamientos son cosas”, idea bastante cercana al concepto cabalístico de que las palabras, Dvarim (דברים) son cosas, Dvarim (דברים). Pero sería más exacto decir que los pensamientos son ángeles, eso es, enviados.

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Mucha gente tiene una idea equivocada de qué son los ángeles: los ven como seres alados y sin pies que se desplazan por los planos superiores, a pesar de que es un concepto mucho más amplio. “Ángel”, Malaj (מלאך), significa “enviado”, “mensajero” y este término también puede aplicarse, por ejemplo, a los pensamientos. Como los pensamientos son silenciosos, creemos que empiezan y acaban en nosotros, pero no es exactamente así. Lo que pensamos se propaga por el aire y puede llegar a otras personas y afectarlas. Con todo, a quien más afectan, para bien o para mal, es a nosotros mismos, de ahí la importancia de tener cuidado con lo que pensamos. Podemos leer en el Zohar (III-6a):

“Pues el pensamiento es la cabeza de todo”.

La palabra que se utiliza para “cabeza” significa también “principio” e incluso “jefe”. Lo que se nos está enseñando es que el pensamiento precede a la palabra y al acto. También en el Zohar (II-262b), podemos leer:

“Hay aquí un misterio para los compañeros, para que anden por un camino recto: pensamiento, voluntad, voz, palabra…”.

Una verdadera clase de magia práctica…

En hebreo, “pensamientos” se dice Majshavoth (מחשבות) y el singular es Majshavah (מחשבה). “Ángeles”, es Melajim (מלאכים) y el singular es Malaj (מלאך).

Si calculamos la guematria ordinal o Siduri de Malaj (מלאך), vemos que es 49.

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מ = 13

ל = 12

א = 1

ך = 23

———-

49

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Si calculamos la guematria ordinal o Siduri de Majshavah (מחשבה), “pensamiento”, vemos que también es 49.

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מ = 13

ח = 8

ש = 21

ב = 2

ה = 5

———-

49

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De este modo vemos que un pensamiento y un ángel son una misma energía. Si deconstruimos la palabra Malaj (מלאך), vemos que comienza por una letra Mem (מ), que representa al cerebro, Moaj (מח), que es precisamente el órgano donde se genera el pensamiento.

Le sigue una letra Lamed (ל), que indica dirección, elevación.

Le sigue una letra Alef (א), que representa al Avir (אויר), el aire, que por donde se propagan los pensamientos.

Y acaba por una letra Jaf (כ), que representa a la palma de la mano que recibe al pensamiento, o sea al receptor del pensamiento.

De este modo vemos cómo el pensamiento surge en el cerebro Moaj (מח), sale de él llevado por el Avir, el aire, hasta posarse en la palma de la mano, la Jaf.

JULI PERADEJORDI

CONÓCETE A TI MISMO

Los Sabios (Midrash Rabbah, Eija, 2:13) nos enseñan que si nos dicen que hay sabiduría entre las naciones, podemos creerlo, pero que si nos dicen que hay Torah entre las naciones, no lo creamos. El problema con el que nos encontramos es que a veces la línea que separa a la sabiduría, de las naciones o no, de la Torah es una línea muy sutil y difícil de detectar, y que a fin de cuentas “las naciones” están tan poco interesadas en la sabiduría como en la Torah.

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Es obvio que sería absurdo considerar a “las naciones” únicamente desde un punto de vista geográfico o histórico, o sea puramente exterior. Sabemos, por ejemplo, que ha habido grandes sabios judíos en la diáspora que nunca pisaron la tierra de Israel. En cuanto a Israel, también sería un error limitar este concepto al pequeño país de Oriente Medio que todos conocemos o a siete millones de personas concretas. Sabemos a partir de los trabajos de E. Gottlieb, M. Idel o Ch. Mopsik que gran parte de las doctrinas y concepciones de la cábala, sin duda lo más profundo de la Torah, proceden del Neoplatonismo, o sea de Grecia, una de las naciones.

Un caso particularmente interesante de “sabiduría entre las naciones” lo encontramos en las palabras atribuidas a Sócrates, “Conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses”, auténticas palabras de sabiduría que, siguiendo el destino que ha sufrido la cultura de Grecia, han quedado en la actualidad relegadas al campo de la psicología.

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Γνῶθι σ’αυτόν

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El sentido de este aforismo es obvio:

En primer lugar, conociéndonos a nosotros mismos (microcosmos), podemos conocer el universo (macrocosmos).

En segundo lugar, conociéndonos a nosotros mismos conoceremos a los dioses.

La primera afirmación es casi universal. El microcosmos es una suerte de espejo del macrocosmos y el conocimiento de ambos es sabiduría.

La segunda afirmación, según cómo se interprete, puede resultar engañosa y hacernos creer que a partir del conocimiento de nosotros mismos alcanzaremos el conocimiento de Dios. No es así: los griegos son muy claros al respecto, pues se refieren a “los dioses”, en plural. Y cuando hablamos de “dioses” no hablamos de Dios. Estamos en el terreno del politeísmo y la idolatría, no el de la Torah.

Estos “dioses” pueden asociarse fácilmente con nuestras pasiones o, si lo preferimos, con las fuerzas astrales, con los planetas. Si concebimos al hombre como un ser prisionero de sus pasiones o encadenado por el determinismo de los astros, el conocimiento que se nos propone es muy interesante, pero no sirve para liberarnos de nuestra prisión ni de nuestras cadenas. Es, en el mejor de los casos, una detallada descripción de la cárcel en la que vivimos, pero no la llave que nos permitiría escaparnos.

Un prisionero no se libera a sí mismo, nos enseña también el Talmud en el tratado de Berajoth. Aunque sepamos todo acerca de la cárcel en la que vivimos, necesitamos que venga alguien de afuera a liberarnos.

Volviendo a la cita del Midrash Rabbah que encabezaba estas reflexiones, señalaremos que la guematria de Torah es 611:

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ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

———–

611

.

Si consideramos que “las naciones” son 70 y que la guematria de Israel (ישראל) es 541:

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י = 10

ש = 300

ר = 200

א = 1

ל = 30

————-

541

Sumando 70 y 541 obtenemos 611, la guematria de Torah. Esto nos enseña que de algún modo la Torah incluye tanto a Israel como a las naciones, sólo que entre éstas está únicamente de un modo “residual”. Veámoslo a partir del libro del Eclesiastés (I-3):

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מה-יתרון, לאדם: בכל-עמלו-שיעמל, תחת השמש

“¿Qué provecho saca el hombre de todo por cuanto se afana debajo del Sol?

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“Debajo del Sol” es el mundo de los astros, de los falsos dioses, que “no aprovecha” y es “vanidad de vanidades”. Los comentaristas nos enseñan que la única actividad que no es vanidad es el estudio de la Torah. Y si “no hay nada nuevo bajo el Sol” (Eclesiastés I-9) es porque sólo la Torah es siempre nueva y está por encima de los astros.

De algún modo “las naciones” corresponden a lo que está “debajo del Sol” e Israel a lo que está por encima de éste. De este modo las naciones “viven” de los efluvios de Israel que se cuelan “debajo del Sol”: algo puramente residual, las migajas del verdadero pan.

Bajo el Sol o más allá del Sol. En esto se diferencian Torah de sabiduría. Si queremos Torah, hemos de buscarla “encima del Sol”, si nos conformamos con sabiduría, las migajas, podemos hallarla debajo, en las naciones.

JULI PERADEJORDI

DE NOMBRES Y APODOS

Cuando nace alguien, se le “pone” un nombre, es decir, se le añade. Adán en el paraíso hacía todo lo contrario: pronunciaba un nombre y la criatura nombrada aparecía. Era un tiempo maravilloso en que las palabras y las cosas eran lo mismo. A raíz de la caída, Dabar (דבר), “palabra” ya no es lo mismo que Dabar (דבר), “cosa”, y actualmente los nombres de las cosas son puras convenciones, meros añadidos que no representan, salvo en contados casos, su esencia.

Pero en el pensamiento de Torah todo es distinto. Según el Gaón de Vilna, el nombre de una persona corresponde a su esencia espiritual y debemos llamarla exclusivamente por ese nombre y no por medio de motes o apodos. En realidad, con los apodos ocurre lo mismo que con las comparaciones, son odiosos. Veamos por qué.

Examinemos, de entrada, cuál es el origen etimológico de la palabra “apodo”. “Apodo” procede del verbo latino que no suena muy bonito: apputare. Apputare significa “comparar”. Fonéticamente recuerda demasiado a “amputar”.

Leemos en el Talmud, en el tratado de Baba Metziá (58b) que:

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«Todos los que descienden al infierno ascienden, con excepción de tres”

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Uno de estos tres es aquel que “llama con apodos”, o, como dice el texto, Shema Ra (שם רע), literalmente “nombre despectivo” o “mal nombre”.El verbo “poner” en hebreo es Lasim (לשים), y “yo pongo” es Ani Sam (אני שם). Sam (שם) está formado por las mismas letras que Shem (שם), “nombre”, sólo que en Shem (שם) el puntito de la Shin está a la derecha y en Sam (שם) está a la izquierda. Vemos, pues, la cercanía entre el hecho de poner un nombre y el nombre mismo.

En los Pirkei Avoth (I-5) Iosef ben Iojanan hacía hincapié en la importancia de no hablar demasiado. La razón es obvia: las palabras tienen un poder y dejan una impronta en lo invisible. Cuanto más hablamos, más posibilidades tenemos de “meter la pata” o de decir algo que mejor nos hubiéramos callado. “Hablar”, en hebreo es Medaber (מדבר), verbo de la misma raíz que Dabar (דבר), “cosa”. Medaber (מדבר), pronunciar palabras, sirve tanto para bendecir como maldecir, y no hace falta decir que lo que bendigamos o maldigamos regresa a nosotros como un boomerang. La guematria de Medaber (מדבר) es 246, como la de Meera (מארה), “maldición”. Por todo ello, hemos de ir con mucho cuidado con las palabras que utilizamos y sobre todo no caer en las trampitas del Ietzar haRa al que le encanta que llamemos a los demás con motes, apodos y sobrenombres. No olvidemos que cuando llamamos a alguien con un apodo es como si estuviéramos amputando su esencia.

JULI PERADEJORDI

NEGRA SOY, PERO HERMOSA

Estas palabras del Cantar de los cantares se han aplicado a todo tipo de asuntos, desde la primera materia de los alquimistas a la misteriosa noche, “negra nutricia de estrellas”. Vamos a proponer ahora algunas interpretaciones que quizá no sean nuevas, pero sí apasionantes. Proceden del Midrash Rabbah sobre Shir haShirim y del Zohar a Cantar de los cantares (70a).

El Midrash sobre Shir haShirim nos ofrece la siguiente interpretación:

“Soy «como las tiendas de Cedar«, que se ven feas por fuera, pero por dentro están decoradas con piedras preciosas y gemas. A pesar de que a los ojos del mundo aparezca sin relevancia, sin embargo, en mi interior, llevo la riqueza de la Torah. Soy «como las tiendas (cortinas) de Salomón«: así como las cortinas se ensucian una otra vez, una otra vez se lavan, así también Israel, a pesar de que se ensucia con las maldades que comete todos los días del año, cuando llega Iom Kippur les sirve de expiación (Levítico XVI-30), de modo que «aunque fueran vuestros pecados como la grana, quedarán blancos como nieve« (Isaías I-18)”.

De esta interpretación podemos extraer una enseñanza muy importante: la belleza de la Sulamita, que a pesar de ser negra es hermosa, es una belleza interior: “en mi interior llevo la riqueza de la Torah”, una belleza que deriva precisamente de la Torah que contiene.

En este mismo midrash podemos leer:

שחורה אני בעולם הזה, ונאוה אני לעולם הבא.

“Negra soy en este mundo, pero hermosa en el mundo venidero”.

Sabemos por los Tikkunei haZohar que el Santo, bendito sea, creó este mundo con la letra He (ה) y creó el mundo venidero con la letra Iod (י). La belleza que buscamos no la vamos a encontrar, pues, en la He (ה), sino en la Iod (י). Para el Zohar sobre Cantar de los cantares (70a), publicado no hace mucho por Ediciones Obelisco, “שחורה אני”, “negra soy” es:

“la Iod, como se ha dicho, que no tiene blanco en ningún lugar, y en la que todo está incluido”.

Si nos fijamos en la forma de la letra He (ה) descubrimos a una letra Iod (י) como cubierta por una letra Dalet (ד). Esta última representa a la tienda y la Iod (י) al interior de la tienda.

La letra Iod (י), que es como una pequeña mancha de tinta negra, es hermosa pues se refiere al mundo venidero.

La guematria nos enseña que el valor Atbash de Shejorah (שחורה), “negra” es 235. Cuando calculamos la guematria Shemi de Naarah (נאוה), “hermosa” descubrimos que también es 235.

Si tomamos las tres letras interiores de Shejorah (שחורה), “negra” e invertimos su orden, obtenemos Ruaj (רוח), “alma”. Por otra parte, si sumamos el valor numérico de las dos letras exteriores, Shin (ש), 300 y He (ה), 5, obtenemos 305, que es la guematria de haIetzer (היצר) que alude a la Mala Inclinación y a este mundo que envuelven y oprimen al alma.

Si apuramos más y nos concentramos en la letra más interior de Shejorah (שחורה), vemos que se trata de la letra Vav (ו), que es también la letra interior de Mavet (מות), “muerte”. Quizá por eso la muerte es oscura desde este lado de la realidad y luminosa desde el otro lado, negra en este mundo, pero hermosa en el otro.

No nos preocupemos si nuestra fe es oscura, a medida que vayamos impregnándola de Torah se irá aclarando hasta convertirse en luminosa.

No nos preocupemos si la Torah nos parece oscura, a medida que nos familiaricemos con ella, se irá aclarando hasta convertirse en luminosa.

JULI PERADEJORDI

Cábala, Juli Peradejordi, Torah, guematria, midrash, Zohar, Cantar de los cantare, “negra soy”

De la Tarazona preciosa, a la Tudela valerosa (Tirar de la Manta)

TIRAR DE LA MANTA:

 EL GRAN SECRETO DE LA TORAH

La conocida expresión “tirar de la manta” significa destapar algún asunto más o menos oculto que puede resultar comprometedor para algunos. Su origen se atribuye a unas mantas que había en algunas iglesias de Navarra en las que estaban escritos los apellidos de judíos conversos. Sin embargo, para los cabalistas existe otra interpretación.

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Louis Cattiaux escribió que:

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“El libro donde Dios ha escrito su secreto es el cielo y la Tierra”.

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Este libro es la Torah, que empieza “En el principio creó Elohim los cielos y la Tierra”. Por otra parte, en el libro de los Salmos (CIV-2) podemos leer:

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עטה-אור, כשלמה

“Te envuelves de luz como de una manta”.

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¿Quién se envuelve de luz? ¿Cuál es esta luz que recuerda a una manta?

Se trata de nuevo de la Torah, de la luz de la Torah. Si calculamos la guematria de Oteh Or KeSalma (עטה-אור, כשלמה), “te envuelves de luz como de una manta”, descubrimos que es 686:

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עטה = 84

אור = 207

כשלמה = 395

—————–

686

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Como nos enseñan los sabios, se trata de la guematria de Sod haTorah (סוד התורה), “secreto de la Torah”:

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סוד = 70

התורה = 616

—————-

686

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Pero hay aún más, se trata también de la suma de haShamaim (השמים), “los cielos”, 395 con Eretz (ארץ), “tierra”, 291, quizá porque la Torah es precisamente el secreto del cielo y de la Tierra.

Si vamos a la segunda parte del versículo leemos:

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נוטה שמים, כיריעה

“Despliegas los cielos como una cortina”.

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La guematria de la frase es 775, como la de Rakia haShamaim (רקיע השמים) “firmamento de los cielos” o la de Shiduj mehaShamaim (שידוך מהשמים), “matrimonio de los cielos”.

La guematria de Iariah (יריעה), “cortina”, es 295 y coincide con la de Menorah (מנרה), “lámpara”.

La primera parte del Salmo nos exhorta a “tirar de la manta” para llegar a esa luz representada por la Menorah (מנרה), donde una de cada una de sus luces corresponde a un día de la creación. Si tirar de la manta era sacar a la luz un asunto más o menos oculto y comprometedor, ¿qué hay más oculto para el hombre caído que la Torah? ¿Qué compromete más que su estudio?

Tiremos de la manta que la envuelve y disfrutemos de luz.

JULI PERADEJORDI

LA VERDADERA FUERZA

Dos manos en pose de oración. dibujo a lápiz
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Se suele confundir fuerza con fuerza bruta. Somos así de brutos. Sin embargo, la verdadera fuerza es otra cosa, es la fuerza que surge de lo más profundo de nosotros mismos, de nuestro silencio. Se trata de la fuerza del perdón, acto mágico por excelencia en el que nuestra fuerza se une con la de Dios.

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En numerosos lugares, los cabalistas han señalado que si sumamos la guematria de Iad (יד), “mano” a sí misma, obtenemos la guematria de Koaj (כח), “fuerza”. En efecto Iad (יד) vale 14 y Koaj (כח) 28.

Ello nos sugiere que Koaj (כח), la fuerza, se encuentra cuando las dos manos están unidas, como cuando las juntamos para pedir perdón. La unión hace la fuerza. Hay aquí un secreto que sólo podemos vislumbrar por medio de la guematria.

En hebreo “perdón” se dice Slijah (סליחה). Su guematria es 113.

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ס  = 60

ל   = 30

י  = 10

ח  =8

ה   = 5

———

113

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Sin embargo, en el libro Adir baMarom de Rabbí Moshé Jaim Luzzatto a Slijah (סליחה) se le adjudica el 112. ¿Por qué? ¿Acaso uno de los cabalistas más grandes de la historia no sabía sumar?

La explicación está en que cada una de las manos corresponde a un nombre de Dios. La derecha a IHWH (יהוה) y la izquierda a Elohim (אלהים). Si sumamos sus guematrias respectivas obtenemos: 26 + 86 = 112.

¿Entonces qué representa el 113?

Se trata de Slijah (סליחה), “perdón”, que se ha obtenido después de juntar las manos, de juntar los dos nombres, el 113 va después del 112.  

Pero hay algo más curioso. Si vamos al libro del Éxodo al capítulo 14 y al versículo 14, de nuevo dos veces 14, nos encontramos con lo siguiente:

יהוה, ילחם לכם; ואתם, תחרשון

“El Eterno librará batalla por vosotros y vosotros permaneceréis en silencio”.

En este pasaje el Eterno, IHWH, está aleccionando a Moisés justo antes de la salida de Egipto. Si calculamos la guematria de IHWH Ilajem (יהוה, ילחם), “el Eterno librará batalla”, descubrimos que es el número siguiente: 114.

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יהוה = 26

ילחם = 88

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114

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La llave que permite que Dios se ocupe de nuestros asuntos, que libre batalla por nosotros, son nuestro silencio y nuestro perdón. Cuando calculamos la guematria de Mafteaj (מפתח), “llave”, vemos que es 528. Se trata de la misma guematria que la de la expresión Sheket veSlijah (שקט וסליחה), “silencio y perdón”:

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שקט = 409

וסליחה = 119

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528

JULI PERADEJORDI

HAVDALAH, LA SEPARACIÓN DE LO SAGRADO Y LO PROFANO

Vimos hace dos semanas (https://wp.me/p2Xmky-17r), que el Eterno le pide a Moisés que le diga al pueblo que “sean santos” y la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-17z) que ser santo era apartarse de lo profano. La separación de lo sagrado y lo profano es el objeto de la ceremonia denominada Havdalah. Veamos en qué consiste.

En la lista de los 613 preceptos de Maimónides nos encontramos en el precepto 91, que corresponde a la Havdalah y que el sabio cordobés asocia con Éxodo (XX-7). Este versículo se refiere explícitamente a recordar el Shabbat y a santificarlo, o sea al Kiddush.

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זכור את-יום השבת, לקדשו

“Te acordarás del día del reposo, para santificarlo”.

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Sabemos que el Shabbat se santifica por medio del Kiddush, la bendición del vino, que es el fruto de la viña. La Havdalah (הבדלה) es su conclusión y en ella también interviene el vino, que se utiliza para apagar la vela.

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המבדיל בין קודש לחול ברוך

Baruj ha-mavdil bein kodesh le-jol.

“Bendito es aquel que divide entre lo sagrado y lo mundano”.

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Siguiendo las enseñanzas del cabalista Isaac Luria, después de decir la bendición, hacemos uso de la luz acercando nuestras manos a la llama y mirando a nuestras uñas. Curiosamente sólo de cuatro dedos, que corresponden a los cuatro exilios de Israel y probablemente también a las cuatro letras del Nombre de Dios. Cuando llega el Shabbat, encendemos unas velas; sin embargo, cuando el Shabbat se está yendo, en la Havdalah, encendemos una llama con tres velas entrelazadas, que corresponderían a las tres oraciones: Shajarit, Minjá y Arvit, y a Eclesiastés (IV-12):

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והחוט, המשלש, לא במהרה, ינתק

“Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente”.

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Sabemos que la guematria de Shabbat (שבת) es 702. Cuando acaba el Shabbat (שבת) después de la Havdalah pasamos al 703, y este número es precisamente el valor numérico de haJuth Meshulash (החוט, המשלש), “un cordel de tres hilos”:

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החוט = 28

המשלש = 675

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703

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El sentido de la ceremonia de la Havdalah (הבדלה) consiste en la distinción entre la luz y las tinieblas, entre el bien y al mal, entre lo sagrado y lo profano.

La cábala nos enseña que cuando Adán y Eva transgredieron, todos sus sentidos se vieron afectados excepto el del olfato, ya que vieron a la serpiente (vista), escucharon sus palabras (oído), tocaron el fruto (tacto) y lo comieron (sabor), pero en ningún lugar está dicho que lo olieran, por lo cual el sentido del olfato permaneció puro. A través del olfato se puede despertar a Adán de su sueño y hacer que vuelva a su belleza primera. De ahí los Besamim (בשמים), “las especies” que hay que oler.

El cuerpo de Adán era de una materia que recuerda a las plumas de los pájaros y lo que nos queda de él son las uñas; por eso las miramos a la luz de la vela durante la Havdalah (הבדלה). La contemplación de las uñas, que son lo que nos queda de la belleza anacarada del primer hombre, es para que recordemos, como nos enseña el Zohar (III-83b), que Adán perdió esta belleza cuando transgredió, comiendo del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Quizá por esta razón, la guematria Shemi de Havdalah (הבדלה) es 932, o sea la guematria de Etz haDaat Tov veRa (עץ הדעת טוב ורע) Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.

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עץ = 160

הדעת = 479

טוב = 17

ורע = 276

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932

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JULI PERADEJORDI

CALLAR PARA RECONECTAR

דיני זמן קריאת שמע - ישיבת אור דוד

Probablemente el Shemá sea el mensaje más directo de Dios al hombre; además de ser la oración más representativa del judaísmo, es un verdadero tesoro inagotable de significados cabalísticos y guemátricos, a la par que un camino de reconexión con nuestras raíces profundas.

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La primera palabra del Shemá, Shemá (שמע), entronca directamente con el mensaje que intentábamos transmitir en el artículo de la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-17r), donde decíamos que el Eterno le pide a Moisés que le diga al pueblo que “sean santos”. Cuando se nos dice que escuchemos, Shemá (שמע), se nos está exhortando a salir de nuestra cháchara cotidiana y nos sumerjamos en el silencio, que salgamos de lo profano y penetremos en lo sagrado.

La guematria de Kaddosh (קדוש) “santo”, “sagrado”, es 410, y la guematria de Shemá (שמע), también:

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ק = 100

ד = 4

ו = 6

ש = 300

————-

410

.

ש= 300

מ = 40

ע = 70

———–

410

.

Vimos que ser santo era apartarse de lo profano, y que profano es lo que está fuera del templo, el Mishkan (משכן). Curiosamente la guematria de Mishkan (משכן) es también 410:

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מ = 40

ש = 300

כ = 20

ן = 50

————-

410

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Cuando Dios dice Shemá (שמע), “escucha”, nos está invitando a hacer silencio. En hebreo “silencio” se puede decir Demem (דמם) o Shtikah (שתיקה). Esta última palabra es la que aparece, en arameo, en el Talmud (Meguilah 18a) cuando dice:

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מלה בסלע משתוקא בתרין

«la palabra vale un Selá, el silencio dos».

Si tomamos las iniciales de estas cuatro palabras, Mem (מ), Beth (ב), Mem (מ) y Beth (ב) y sumamos sus valores numéricos, obtenemos 84.

Se trata de la guematria de Demem (דמם):

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ד = 4

מ = 40

ם = 40

———

84

.

Cuando Dios nos pide que escuchemos, implícitamente nos está pidiendo que nos callemos para que podamos reconectar con nuestras raíces. Es la única manera de escucharle. “Raíz” es, en hebreo, Shoresh (שרש); “callar”, Shakat (שקת). Ambas palabras tienen la misma guematria, 800.

JULI PERADEJORDI

PROHIBIDO A LOS FANÁTICOS

Pourquoi dit-on “'Hazak” après avoir terminé un livre de la Torah? - Etude  & Valeurs

Al principio de la parashah de Keddoshim (קדושים) el Eterno le pide a Moisés que le diga al pueblo que “sean santos”. ¿Qué enseñanza se oculta tras esta curiosa demanda?

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Opinaba Louis Cattiaux que “los misterios de Dios sólo se deben proponer a los hombres santos”. Es obvio y notorio que los hombres profanos (de pro y Phanus, “fuera del templo”), no pueden tener acceso a ellos: se encuentran fuera de su ámbito de actuación. Curiosamente, de esta misma etimología procede la palabra fanático.

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Al principio de la parashah de Keddoshim, el texto de Levítico (XIX-2) dice:

קדשים תהיו: כי קדוש, אני   

“Sed santos, porque yo soy santo”.

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Esta frase no se entiende. Es obvio que Dios es santo, nadie lo duda, pero pedirle al hombre caído que también lo sea, quizá sea mucho pedirle. Probablemente, la clave para entender este versículo se encuentra en la etimología de Kaddosh (קדוש), “santo” y en los comentarios de los sabios. Kaddosh (קדוש), que según el diccionario significa “santo”, “sagrado, “consagrado” y tiene también la connotación de “separado”, “apartado”.

En su comentario a este versículo, Rashi dice que su significado es: “Apártense de la promiscuidad sexual y del pecado”. Curiosamente la palabra Kedushah (קדשה), “santidad”, se escribe con las mismas letras que Kedeshah (קדשה), “prostituta sagrada”. Pero si intentamos ir un poco más allá de la literalidad del Pshat, podríamos aventurar otra explicación. “Ser santos” no se referiría a una cuestión de moralidad, sino a una experiencia iniciática, aquella que nos propone la Tabla de Esmeralda cuando dice “separarás lo sutil de lo espeso”.

Se trata de la separación entre lo sagrado y lo profano.

Si dividimos la frase de Levítico en dos partes, tenemos en primer lugar (קדשים תהיו), cuya guematria es 875, y luego (כי קדוש, אני   ), cuya guematria es 501.

875 es la guematria de la expresión MeDerej Torah (מדרך תורה) en el camino de la Torah.

501 es la guematria de la palabra Rosh (ראש), “cabeza”.

Ser santos es apartarse de los caminos profanos y seguir el camino de la Torah utilizando la cabeza. Sin duda es un camino difícil en el que no puede entrar el fanático.

 JULI PERADEJORDI

Torah, cábala, guematria, Juli Peradejordi, Zohar, Midrash, Talmud, judaísmo

PIENSA MAL Y ACERTARÁS

El Pensamiento Libre, Alimenta Su Mente, Pensamientos Positivos Y Buenas  Intenciones, Concepto Del Poder Mental Ilustración del Vector - Ilustración  de despierte, brillante: 139281286

Existe un espécimen humano que podríamos llamar porfiado, malpensado, suspicaz, cenizo, que defiende a capa y espada el dicho que afirma que “piensa mal y acertarás”. Suelen acertar y vamos a ver por qué.

El libro de los Proverbios (XXIII-7) hablando del hombre afirma que:

כמו שער בנפשו-  כן-הוא

“porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él”.

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De este proverbio podríamos deducir que somos lo que pensamos. Y si pensamos mal, somos mal, damos cuerpo al mal. Su guematria es 1156, y coincide con la de Abrajah Atah beKol Et  (אברכה אתה בכל עת), “te bendeciré en todo momento”. Para ser bendecidos en todo momento, deberíamos evitar el pensar mal, y al contrario bendecirlo todo, incluso aquello que nos parece malo. Así le daremos la vuelta.

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כמו = 66

שער = 570

בנפשו = 438

כן-הוא = 82

—————-

1156

.

אברכה = 228

אתה = 406

בכל = 52

עת = 470

——————-

1156

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Aquellos que piensan mal se creen más inteligentes que los demás y desprecian a todo el mundo, pero en el fondo no se dan cuenta de que son cocreadores y responsables del mal que han previsto. Es lo que se llama “efecto Pigmalión” o “profecía autocumplida”.

Afirman los sabios que todo lo que pensamos, decimos y hacemos toma cuerpo y se precipita hacia nosotros: actuamos como una especie de imán que atrae lo que nos ocurre. Por ello, el mero hecho de pensar mal es como ser una piedra imán que atraerá lo negativo. De alguna manera nuestros pensamientos, palabras y actos generan una energía, que podríamos llamar “destino” o “ángel”, que se precipita hacia nosotros. Cuando nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos son positivos, estamos generando un ángel que nos protegerá.

En hebreo “pensar, decir, hacer” es Lajshov, Lomer, Laasot (לחשוב, לומר, לעשות). La guematria de estas tres palabras es 1428, la misma que la de (אשלך מלאך שישמור עליך ) “enviaré un ángel para que te proteja”.

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לחשוב = 346

לומר = 276

לעשות = 806

—————-

1428

.

אשלך = 351

מלאך = 91

שישמור = 856

עליך = 130

—————-

1428

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Si pensamos mal, si pensamos en el mal, acertaremos, porque lo habremos atraído y acabará manifestándose. Por esta razón pensemos bien y atraeremos el bien: será mucho más beneficioso para nosotros y los demás.

JULI PERADEJORDI

HAGADÁ DE PÉSAJ WIESEL, ELIE | PODWAL, MARK

Con esta Hagadá de Pésaj, Elie Wiesel y su amigo Mark Podwal te invitan a unirte a ellos en la celebración del Séder de Pascua, el acontecimiento más festivo del calendario judío. Colocada sobre la mesa año tras año, la Hagadá narra la milagrosa historia de la liberación de los Hijos de Israel de la esclavitud a la que estaban sometidos en Egipto, dando lugar a una celebración que incluye rezos, rituales y cánticos. Wiesel y Podwal te guían a través de la Hagadá, y comparten sus interpretaciones y su fe en una maravillosa edición ilustrada que ganará valor con el paso del tiempo.

Acompañan el texto tradicional de la Hagadá –que publicamos en una nueva traducción accesible– las poéticas interpretaciones de Wiesel, sus recuerdos e instructivas adaptaciones de antiguas leyendas. El Nobel de la Paz entrelaza pasado y presente a medida que avanza en su exploración del simbolismo del Séder. Los comentarios de Wiesel pueden ser leídos íntegramente en voz alta durante el ágape o pueden escogerse algunos pasajes cada año para iluminar el perenne mensaje de este apreciado libro de redención.

Este volumen incluye más de cincuenta ilustraciones de Mark Podwal, el artista del que Cynthia Ozick dijo que era “un genio de la metáfora mediante el trazo”. El trabajo de Podwal no sólo complementa el texto tradicional de la Hagadá y la voz poética de Wiesel, también constituye un comentario en sí mismo. Sus dibujos, en los que combina hábilmente conocimiento y revelación, son una novedosa contribución a la larga tradición de ilustrar la Hagadá.

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IR HACIA EL LLUGAR

Reencarnação: um ponto-e-virgula da vida. Aproveite a chance

El famoso pasaje de Génesis (XII-1) conocido con Lej Lejá (לך לך) en el que Dios le ordena a Abraham que se vaya “hacia sí mismo” puede ser interpretado como una invitación a la elevación espiritual. Los cabalistas lo han relacionado con el incienso, asociándolo con Cantar de los cantares (IV-6) donde aparece una expresión muy cercana: Elej Li (אלך לי), “iré para mí”.

“Y vio Elohim que la luz era buena, Ki Tov (כי טוה), leemos en Génesis (I-2). Podemos asociar esta expresión compuesta por dos palabras con otra formada también por dos palabras: Lej Lejá (לך לך) “ve hacia ti mismo”.

Si nos fijamos en Lej Lejá (לך לך) nos encontramos con que estas dos palabras que comienzan por la letra Lamed (ל), que indica elevación. Si bien se ha interpretado tradicionalmente como “sal de tu tierra”, también podemos ver aquí una invitación a elevarse por encima de uno mismo como se eleva el humo del incienso.

El texto de Cantar de los cantares que citábamos dice:

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אלך לי אל-הר המור, ואל-גבעת הלבונה

“Iré para mí al monte de la mirra y al collado del incienso”.

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El monte y el collado, o sea lugares elevados. La guematria atbash de Elej Li (אלך לי), “iré para mí” es 510.

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אלך = 450

לי = 60

————-

510

Se trata de la misma que la de Mah norah haMakom haZé (מה-נורא המקום הזה) “qué terrible es este lugar”:

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מה = 45

נורא = 257

המקום = 191

הזה = 17

——————

510

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En el Sefer Yetzirah (cap.1) podemos encontrar una alusión a este lugar, cuando dice:

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“si tu corazón corre hacia delante, regresa al lugar (למקום)”.

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La guematria de leMakom (למקום), “al Lugar”, es 216 y coincide con la de Irah (יראה), “miedo”, “temor”. ¿Cuál es este lugar “terrible”? Cuando se consuela a alguien por la muerte de un ser querido se dice “que el Lugar te consuele”.

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המקום ינחם אתכם

“haMakom Ienajem etjem”.

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Los cabalistas nos han descubierto que la guematria de esta expresión, 760, es la misma que la suma de las guematrias de las tres primeras Sefirot:

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המקום = 191

ינחם = 108

אתכם = 461

——————

760

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כתר = 620

חכמה = 73

בינה = 67

————–

760

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Salir de la tierra, ascender a la montaña o regresar al Lugar es la misma cosa: elevarse de las sefirot inferiores a las tres superiores. De alguna manera este regreso es lo que se conoce como Teshuvah (תשובה) que se puede asociar con lo bueno, Tov (טוב). Los cabalistas nos señalan que si añadimos la guematria de Ki Tov (כי טוה), 47 a la de Teshuvah (תשובה), 713, obtenemos de nuevo 760.

JULI PERADEJORDI

Guematria, Juli Peradejordi, Teshuvah, cábala, Makom, Tamud, midrash, Zohar, Sefer Yetzirah

EL ÚLTIMO LIBRO DEL RAV SHLEZINGER

LOS SÍMBOLOS DEL JUDAÍSMO

Entre los símbolos del judaísmo, es ineludible mencionar el Shabat y las santas convocaciones —festividades solemnes—, así como Rosh Hashaná y Yom Kippur. Y tanto el Shabat como las santas convocaciones tienen sus símbolos característicos. Los del Shabat son la copa de vino del kidush, las velas y los panes trenzados. En la festividad de Sucot encontramos la cabaña y las cuatro especies (la palma de palmera datilera, el cidro, las ramas de mirto y las de sauce). La festividad de Pésaj tiene el pan ácimo. Y lo mismo para cada una de las demás santas convocaciones.

Tanto el Shabat como las santas convocaciones son denominadas «Señales en la Torá», a las cuales habría que añadir el pacto de la circuncisión y las filacterias. Así se conforma el conjunto de Señales de la Torá, que el rabino Shlezinger descubre y analiza en este libro, atendiendo a sus detalles y particularidades, explicándonos los simbolismos correspondientes a cada una de ellas.

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