La esencia de las Sagradas Escrituras

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¡Desdichado de quien pretenda que las Sagradas Escrituras no nos enseñan más que simples cuentos y cosas vulgares!

Si esto fuera cierto, también nosotros podríamos hacer unas escrituras que fueran superiores a las de las Sagradas escrituras, ya que los libros profanos encierran a veces ideas superiores. Podríamos, pues, reunir los bellos pensamientos que contienen estos libros y hacer así una escritura. Pero recordad que cada palabra de las Sagradas Escrituras encierra un misterio supremo.

Tened presente que tanto el mundo superior como el mundo inferior están dispuestos en la misma balanza: abajo se halla Israel y arriba los ángeles. Éstos son los espíritus, y cuando bajan a la tierra se revisten de un nuevo aspecto, ya que el mundo material no puede soportar el impacto de todo lo que es inmaterial. Cuanto más los misterios contenidos en las Sagradas Escrituras, con cuya ayuda fueron creados todos los mundos, no pueden descender en otro aspecto diferente al suyo. Precisamente el sentido literal es un aspecto externo: ¡Y pobre de quien lo confunda por su propia esencia! Tal individuo no tendrá parte en el mundo venidero. Por esto dijo David: Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu Ley (Salmos 119:18). David se refiere a quien halla bajo ese aspecto externo.

Los insensatos no se fijan más que en la vestimenta. Para ellos, es bello aquello que es exteriormente bello. De este modo, las vestiduras revisten algo mucho más preciado: el cuerpo. Y éste reviste algo aún más precioso: el alma. También las escrituras tienen un cuerpo, formado por los preceptos. Éstas poseen también vestiduras, que son los cuentos. Y, en fin, tiene también un alma, que fue revelada a quienes se hallaban presentes en el Monte Sinaí.

El alma de las Sagradas Escrituras es la parte fundamental y esencial, y en un tiempo futuro todos podrán verla, ya que también en el mudo superior hay una vestidura, un cuerpo, un alma y un Alma del alma. Los cielos y sus ejércitos son una vestidura. La comunidad de Israel es el cuerpo, que recibe un alma llamada La Belleza de Israel, que es la Ley y el Alma del alma es el Santo Anciano. Todas estas partes están encadenadas entre sí. ¡Desdichado de quien pretenda que las Sagradas Escrituras no son más que cuentos!

(III, 152a)

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