PAN DEL CIELO, PAN DE PODEROSOS

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Al principio de su comentario a la parashah de Beshalaj el rabino José Caro escribía que “en esta sagrada sección de la Torah debes conocer y observar en el misterio del maná que descendía de lo Alto”. ¿En qué basa su comentario el sabio autor del Shuljan Aruj?

 

Para apoyar sus reflexiones, Caro cita uno de los salmos más misteriosos (LXXVIII-25) que dice:

לחם אבירים, אכל איש

“pan de poderosos –abirim– comió el hombre”.

Se trata del maná, como podemos deducir del versículo anterior (Salmos LXXVIII-24):

וימטר עליהם מן לאכל

“Hizo llover sobre ellos maná para que comiesen”.

Josef Caro, siguiendo la tradición midráshica, nos explica que “Es el alimento del que se nutren los ángeles servidores”.

Cuando calculamos la guematria de Abirim (אבירים), “poderosos” descubrimos que es 263, la misma que la de LeEtz haJaim (לעץ-החיים) “al árbol de la vida”.

לעץ = 160

החיים = 1

————

263

א = 1

ב = 2

י = 10

ר = 200

י = 10

ם = 40

———-

263

 

Se trata curiosamente de la guematria de Garas (גרס), que en sentido figurado significa “triturar”, “moler”, “masticar”, pero cuyo sentido más obvio es “aprender”, “estudiar”.

ג = 3

ר = 200

ס = 60

————

263

 

Y esto es así porque el Etz haJaiim (עץ-החיים) “al árbol de la vida”, que es el alimento por excelencia, es también la Torah, que es el estudio por excelencia, según podemos deducir de Proverbios (III-18):

 

עץ-חיים היא, למחזיקים בה

“Ella es un árbol de vida para los que se aferran a ella…”.

Y si la Torah denomina al Maná “pan de poderosos” no es únicamente, como muy bien sostiene José Caro, porque es el alimento de los ángeles, sino también porque es un alimento que vuelve poderosos a aquellos que tienen la ventura de saborearlo.

Le preguntaron un día a un sabio cuando comeríamos de este “pan del cielo” y su respuesta no pudo ser más sencilla: cuando estemos en el cielo. Añadió: pero podemos tener un pregusto de este pan en este mundo estudiando la Torah.

 

JULI PERADEJORDI

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PURO IKIGAI

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Traducido literalmente, el término japonés Ikigai significa “aquello por lo que vale la pena vivir”. Ha sido popularizado en el mundo occidental por Francesc Miralles. Este concepto incluye cuatro cosas: vocación, misión, aquello que amas y pasión. Ikigai es uno de los secretos para una vida larga, joven y feliz como la que llevan los habitantes de Okinawa, la isla más longeva del planeta. Veamos cómo, sin saberlo, los sabios japoneses (y el propio Miralles) nos están hablando de Torah.

 

 

Si transcribimos la palabra Ikigai al hebreo obtenemos Ikigai (יכיגי). Cuando calculamos su guematria vemos que es 53:

י = 10

כ = 20

י = 10

ג = 3

י = 10

———

53

 

Leemos en el Zohar (III-89 b) que:

 

וכל מאן דאשתדל באורייתא כאילו אשתדל ביה בקב”ה דאורייתא כלא שמיה דקב”ה הוי. ובגין כך מאן דאתעסק באורייתא אתעסק ביה בשמיה ומאן דאתרחק מאורייתא רחיקא הוא מקב”ה.

“Y todo aquel que se ocupa de la Torah es como si se ocupara del Santo, bendito, sea, ya que toda la Torah es un nombre del Santo, bendito sea. De este modo, aquel que se dedica al estudio de la Torah se ocupa de ese nombre, y aquel que está lejos de la Torah, está lejos del Santo, bendito sea”.

 

Cuando en el Zohar y otros textos cabalísticos se habla del nombre del Santo, bendito sea se trata del Tetragrama (יהוה), el nombre de las cuatro letras capaz de obrar milagros. Podemos hacer corresponder la primera letra, la Iod (י), con la vocación, la segunda letra, la He (ה), con la misión, la tercera letra, la Vav (ו), con aquello que amamos y la última letra He (ה), con la pasión.

Comencemos por la Iod (י). “Vocación”, en hebreo, es Iud (יעוד) y comienza por la letra Iod (י).

“La misión”, en hebreo haMeshimah (המשימה), comienza por la letra He (ה).

Aquello que amamos es aquello a lo que nos sentimos unidos o tenemos ganas de unirnos. La letra que expresa unión es en hebreo la letra Vav (ו).

Y, finalmente, “la pasión” es en hebreo haTeshukah (התשוקה) y comienza y acaba por la letra He (ה).

La Torah no es sólo “aquello por lo que vale la pena vivir” sino también el secreto de una vida sana y feliz  ya que, como podemos leer en Proverbios (III-18):

עץ-חיים היא, למחזיקים בה; ותמכיה מאשר

“Ella es un árbol de vida para los que se aferran a ella y quienes la sustentan son felices”.

Porque las palabras de Torah (Proverbios 4:22):

כי-חיים הם, למצאיהם; ולכל-בשרו מרפא

“son vida para los que las hallan, y medicina para todo su cuerpo”.

 

Cuando calculamos la guematria Sderti de Torah, nos encontramos con la sorpresa de que es 53, la misma que la de Ikigai (יכיגי):

 

ת = 22

ו = 6

ר = 20

ה = 5

———

53

 

Puro Ikigai.

 

JULI PERADEJORDI

EL MISTERIO DE VAERÁ

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Se comenta que cierto copista del comentario de Rashi a la parashah de Vaerá que comienza diciendo “Me revelé a Abraham, a Isaac y a Jacob” quiso abreviarlo y escribió “a los patriarcas”, borrando de un plumazo sus nombres. Pero en realidad el mismo Rashi lo decía en su comentario, sin dejar de mencionar los nombres de los tres patriarcas, y si lo decía, es por algo. A partir de esta curiosidad ha habido cabalistas que han afirmado que “Vaerá son los patriarcas”, afirmación tan sorprendente como críptica que únicamente se entiende a la luz de la guematria.

 

 

¿Por qué añade Rashi “a los patriarcas” después de los nombres de estos? Acaso no sabe todo el mundo que Abraham, Isaac y Jacob son los tres patriarcas?

Cuando calculamos la guematria Millui de Vaerá (וארא) descubrimos que es 536:

ו (ו) = 6

לפ (א)= 110

יש (ר) = 310

לפ (א) = 110

————–

536

 

Cuando calculamos la guematria Millui de haAvoth (האבות), “los patriarcas” nos encontramos con que no llega a 536. Es únicamente 633. Por esta razón Rashi después del nombre de los tres patriarcas escribe “a los patriarcas”. Si sumamos 3, porque los patriarcas eran 3, a 533 obtenemos 536, la guematria del nombre de esta parashah:

 

1 = א    (ה)

110 = לפ  (א)

410 = ית  (ב)

6 = ו    (ו)

6 = ו    (ת)

——————

533 + 3 = 536

 

JULI PERADEJORDI

REFLEXIONES SOBRE EL NÚMERO 1391

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Benjamín de Tudela, el gran viajero judío del siglo XII, se llevó un grato recuerdo de su visita a Barcelona y de la floreciente comunidad judía de esta ciudad, que definió como “una comunidad santa de hombres sabios y prudentes y grandes príncipes”. Aproximadamente un siglo después de su visita, el 5 de agosto de 1391, festividad de Santo Domingo, el Call de Barcelona sería asaltado y destruido despiadadamente.

Actualmente, cuando paseas por sus calles estrechas y melancólicas, parece escucharse a veces un lejano y fastidioso “a por ellos” de ingratos recuerdos. El número 1391 se asociará desde entonces con el destierro, con el exilio. Podemos encontrar una prefiguración de este desastre en una alusión al exilio por excelencia, el exilio de Egipto.

 

 

Detrás del asalto y el expolio del Call no hemos de ver únicamente judeofobia e intereses económicos, que los hubo. Cabe resaltar, sobre todo, que se hizo en nombre de Dios. Del Dios de los cristianos, eso sí.

El año en el que tuvo lugar, 1391, siempre se recordará por las barbaridades que tuvieron lugar en Sevilla, Toledo o Barcelona. Si colocamos el número 1391 ante el espejo nos encontramos con otro número aparentemente más inocente: el 1931. Curiosamente ese fue el año en el que se aprobó la Constitución española, la que algunos esgrimen a su antojo como si palabra de Dios fuera, emulando “dentro del marco de la constitución” a las hordas de 1391, y es que tanto el nombre de Dios como los “marcos legales” son maravillosas excusas para avasallar a los que no piensan o no rezan como los gobernantes de turno.

Pero 1931 también fue el año en el que fue proclamada la República Catalana desde el palacio de la Generalitat, o sea en pleno Call, un palacio construido sobre la que fue la casa del riquísimo judío Moshe Natan de Tàrrega.

Podemos dividir el número 1391 en dos números, el 13 y el 91. El primero de ellos, que corresponde ordinalmente a la letra Mem (מ), la decimotercera del alfabeto, se asocia tradicionalmente con Mavet (מות), “muerte”. El segundo, el 91, nos reserva ciertas sorpresas.

Los cabalistas nos han descubierto se trata del número secreto o triangular del 13. De este modo se nos presenta no sólo como la muerte, sino como otro nivel, un nivel superior, relacionado con ésta. El 91, en hebreo צא, es un aviso que podemos encontrar en Génesis (VIII-16):

 

צא

“¡sal!” o, si preferimos “¡vete!”

De este modo el 1391 parece estar diciéndonos “vete”, “¡huye de la muerte!”. Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el exilio en Egipto? El libro del Éxodo (I-1) comienza en la parashah de Shemot, la parashah número 13, con la siguiente descripción:

 

ואלה, שמות בני ישראל, הבאים, מצרימה: את יעקב, איש וביתו באו

“Y estos son los nombres de los Hijos de Israel que vinieron a Egipto; con Jacob vino cada hombre con su casa”.

 

Cuando calculamos la guematria de Veeleh Shemot Beni Israel (ואלה שמות בני ישראל), “Y estos son los nombres de los hijos de Israel”, descubrimos que es exactamente 1391:

ואלה = 42

שמות = 746

בני = 62

ישראל = 541

————–

1391

 

El Zohar (II- 2 a), nos enseña al principio de la parashah de Shemot que las 12 tribus de Israel, los 12 hijos de Jacob que fueron a Egipto, proceden del árbol de la Vida “que se halla en medio del Jardín”. Este árbol de a Vida es precisamente lo opuesto a la muerte. Nos explica también que corresponden a aquellos que se consagran al estudio de la Torah y son sabios y prudentes. Sí, sabios, prudentes y “grandes príncipes”, grandes Nasijim, como fueron los coetáneos catalanes de Benjamín de Tudela que, estudiando la Torah, se aferraban al árbol de la Vida. A propósito de los que estudian la Torah, esta misma página del Zohar nos descubrirá que:

“…viven por toda la eternidad, y son denominados sabios eruditos –maskilim– y justos: viven en este mundo y viven en el Mundo Venidero”.

 

Han sabido “huir de la muerte” y nos han dejado una herencia que nos corresponde reclamar y actualizar.

Tras el saqueo del Call de Barcelona, que fue uno de los epicentros de la cultura judía en el mundo civilizado, Catalunya perdió una gran parte de su inteligencia, de sus maskilim, “en nombre de Dios”. Quizá sea el momento de hacer un Tikún y volver a estudiar la Torah en ese Call dedicando estas reflexiones a esos maestros sabios y prudentes que llevaban apellidos catalanes.

 

JULI PERADEJORDI