MUERTE Y REMORDIMIENTO

La filosofía budista concede mucha importancia a lo que en occidente se conocía (hoy en día casi nadie lo conoce) como el “buen morir”. El buen morir es el morir en paz, serenamente, sin remordimientos, con la convicción de haber hecho lo correcto en nuestro paso por la tierra. La muerte se presenta así no como un final, sino como el inicio de un camino. La palabra “remordimiento”, cuya etimología es muy interesante, está estrechamente relacionada, como veremos, con la muerte.

 

 

 

La palabra “remordimiento” procede del italiano remordere, “volver a morder”, y  podemos ver en ella una sutil alusión a un acto muy concreto: cuando Adán y Eva, instigados por la serpiente,  “mordieron” del fruto prohibido. Si “morder” fue el pecado original, “remorder” es como la fotocopia, la repetición de ese pecado. El resultado de ese pecado es muy obvio: la muerte.

En hebreo “morder” es Lenashoj (לנשוך), de la raíz Nashaj (נשך) que significa “morder”, “picar”. Observemos que esta palabra comparte dos letras con Najash (נחש), “serpiente” y fonéticamente está muy cerca de ella. “Morder el anzuelo” o “picar” significan metafóricamente caer en una trampa. Es lo que les ocurrió a nuestros primeros padres. Sin embargo el texto bíblico no dice que mordieron, sino que comieron (lo cual implica también morder).

Veamos en Génesis (III-6):

ותרא האשה כי טוב העץ למאכל וכי תאוה-הוא לעינים,

ונחמד העץ להשכיל, ותקח מפריו, ותאכל; ותתן גם-לאישה עמה, ויאכל

“Y la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era un deleite para los ojos, y que el árbol era deseable como un medio para alcanzar la sabiduría, y ella tomó de su fruto y comió; y también le dio a su marido junto a ella y él comió”.

 

Curiosamente la mujer decide que el árbol es bueno para comer, pero lo que se come es el fruto y no el árbol. Aparentemente peca con la boca, pero si releemos el texto vemos que en realidad empieza pecando con los ojos. Esto nos enseña que no sólo nos entran cosas por la boca, sino también por los ojos. Es sumamente importante lo que leemos, lo que vemos en internet o en la televisión, pues hay imágenes y palabras que alimentan el alma y otras que la ensucian y la destruyen.

“Remordimiento” se dice en hebreo Haratah (חרטה) de una raíz que también significa “grabar”, “tallar”, “cincelar”. Si calculamos la guematria de esta palabra vemos que es 222:

ח = 8

ר = 200

ט = 9

ה = 5

————-

222

 

Si a la guematria de “muerte”, Mavet (מות), 446 le restamos 222, la guematria de Haratah (חרטה), obtenemos 224, la guematria de Derej (דרך), “camino”.

מ = 40

ו = 6

ת = 400

————

446

ד = 4

ר = 200

ך = 20

———-

222

 

Así una muerte en paz, sin remordimientos, es en realidad un camino.

 

JULI PERADEJORDI

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