UNIR EL CEREBRO Y EL CORAZÓN

Afirman los cabalistas que la expresión con la que se inicia la parashah de Tzav, Vaidaber Adonai el Moshe Leemor (וידבר יהוה אל-משה לאמר) se repite exactamente 70 veces en la Torah. Si a este número, que es la guematria de Sod, “secreto”,  le añadimos 26, la guematria del Tetragrama, obtenemos 96, la guematria de Tzav. Uno de los mensajes ocultos en la parashah de esta semana  es precisamente uno de los grandes secretos de la cábala: unir el cerebro con el corazón.

 

 

Que la guematria de Tzav (צו) es 96 no es ningún secreto, pero no deja de ser curioso que esta parashah contenga exactamente 96 versículos:

צ = 90

ו = 6

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96

 

Este número ha hecho plantearse a los cabalistas cuál puede ser el secreto, Sod (סוד) de Tzav (צו), dado que las 5 primeras palabras de esta parashah se repiten 70 veces en la Torah. Por medio de la resta de la guematria de Sod (סוד), “secreto” han llegado a la conclusión de que se trata del Tetragrama, יהוה.

ס = 60

ו = 6

ד = 4

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70

96 – 70 = 26

 

Los cabalistas de Safed (y también el Zohar) descomponen este nombre en dos partes, la primera compuesta por las letras Iod y He (יה), y la segunda compuesta por las letras Vav y He (וה).

Iod y He (יה) puede asociarse con el cerebro, Moaj (מח), y Vav y He (וה) con el corazón, Lev (לב). Cuando unimos el cerebro y el corazón, haMoaj vehaLev (המח והלב) obtenemos 96, la guematria de Tzav (צו), y también estamos reuniendo las cuatro letras del Tetragrama.

המח = 53

והלב = 43

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96

 

Aquel que une su cerebro con su corazón se convierte en un hombre justo, un Ish Tzadik (איש צדיק), un hombre a imagen del Tetragrama. Pero, ¿cómo unir el cerebro con el corazón? Una manera de hacerlo es hacer con el corazón cosas que normalmente hacemos con el cerebro, por ejemplo estudiar (la Torah), o hacer con el cerebro cosas que haríamos con el corazón, por ejemplo rezar.

Si a 96 le añadimos 515, la guematria de Tefilah, “plegaria”, obtenemos 611, la guematria de Torah:

ת = 400

פ = 80

י = 10

ל = 30

ה = 5

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515

515 + 96 = 611

Pero lo más sorprendente ocurre cuando a Torah, guematria 611 le restamos 96, pues el resultado, 515 es también la guematria de Ish Tzadik (איש צדיק), “hombre justo”.

איש = 311

צדיק = 204

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515

 

JULI PERADEJORDI

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LA TERRIBLE EXPERIENCIA DE LA NOCHE DE PESAJ

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Durante la noche de Pesaj se recuerda tradicionalmente la salida de Egipto. Salir de Egipto es como cambiar de dimensión. Egipto simboliza este bajo mundo, prisionero del espacio y del tiempo. Salir de Egipto es como volver a casa después de un largo exilio.

 

 

Afirman los cabalistas que el secreto de Pesaj es la anulación o la trascendencia del tiempo, en hebreo Zman (זמן).  Una de las maneras de referirse a la noche de Pesaj es haLailah haZe (הלילה הזה), “esta noche”, que también podemos leer como la noche 17, guematria de Tov (טוב), “buena”. Se trata, pues, de una buena noche. Cuando calculamos la guematria de haLailah haZe (הלילה הזה) vemos que es 97, la misma que la de Zman (זמן).

הלילה = 80

הזה = 17

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97

ז = 7

מ = 40

ן = 50

———-

97

 

La guematria de haLailah (הלילה), “la noche” es 80 y corresponde a la letra Pe (פ) de Pesaj (פסח), cuyo valor numérico también es 80.

Cuando calculamos la guematria atbash de haLailah haZe (הלילה הזה) descubrimos que es 510:

הלילה = 260

הזה = 250

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510

Este número nos lleva a otra noche famosa de la Torah, aquella en la que Jacob tuvo un sueño y se encontró en un “lugar terrible”, que identificaría como “la casa de Dios”. Como vemos en el texto de Génesis (XXVIII-17):

ויירא, ויאמר, מה-נורא המקום הזה: אין זה, כי אם-בית אלהים, וזה, שער השמים

“Y tuvo miedo, y dijo: «¡Qué terrible es este lugar! ¡Ésta no es otra que la Casa de Dios, y ésta es la puerta de los cielos!»”.

 

La expresión Mah norah haMakom haZé (מה-נורא המקום הזה), “qué terrible es este lugar” tiene por guematria 510 con lo que coincide sorprendentemente con la de Zé Bait Elohim (זה בית אלהים), “ésta es la casa de Dios”:

מה = 45

נורא = 257

המקום = 191

הזה = 17

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510

זה  = 12

בית = 412

אלהים = 86

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510

Ojalá el Seder nos ayude a descubrir cuál es ese lugar terrible que es Casa de Dios: habremos salido de Egipto y regresado a nuestro verdadero hogar.

 

 

JULI PERADEJORDI

REPARAR LA ESTULTICIA

 

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Sabemos, gracias a las enseñanzas de los sabios, que algo tan actual y socialmente aceptado como robar no es sólo apropiarse de lo ajeno, también es ofender a Dios (y al erario público) y, por decirlo de algún modo, “entrometerse” en Sus designios. Veamos qué nos dice el libro del Levítico (5-23):

והיה, כי-יחטא ואשם-והשיב את-הגזלה אשר גזל או את-העשק אשר עשק, או את-הפקדון אשר הפקד אתו; או את-האבדה, אשר מצא.

 

«Y ocurrirá que cuando peque y se haga culpable, devolverá el objeto robado que sustrajo, o lo que ganó de su fraude, o la prenda que fue dejada en su poder, o el objeto perdido que halló».

 

Lo primero que se deduce de estas palabras es que cuando alguien roba no sólo está pecando, también se está haciendo culpable. La palabra que se utiliza para “pecar”, Iejatah (יחטא) procede de la raíz Jet (חט), como vemos en sus letras centrales, y aquel que peca normalmente se cree muy listo.

Si acudimos a la guematria Raguil de Jet (חט), descubrimos que es 17:

ח = 8

ט = 9

———–

17

 

 

Se trata de la guematria de Tov (טוב), “bueno”, y el ladrón siente que está haciendo algo bueno (al menos para él), pero en realidad lo que está haciendo es el tonto, ya que no hay más que fijarse en la guematria atbash de Jet (חט), 110, para darse cuenta de que es un Sacal, un necio (סכל):

 

ט = 9

ו = 6

ב = 2

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17

ח = 60

ט = 50

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110

ס  = 60

כ = 20

ל = 30

———-

 110

 

Pero este versículo contiene una rareza en la que han reparado los cabalistas: la primera palabra Vehaiah (והיה) está formada por las mismas letras que el Tetragrama en un orden “incorrecto”. Esto nos enseña que “cuando alguien peque y se haga culpable” no sólo estará perjudicando a su prójimo al que ha robado, también está afectando al Tetragrama y desordenando el mundo. Es lo que se llama “estulticia”, del latín stultus, “necio”, “tonto”. Ya vimos, en un post anterior (https://elzoharesplendor.wordpress.com/2014/04/22/el-ladron-que-bendice/), que robar se puede comparar con insultar al Nombre de Dios (Salmos X-3):

 ובצע  ברך, נאץ יהוה

“Y el ladrón que bendice insulta a IHWH”.

 

La guematria Sderti u ordinal de la palabra que se utiliza en Levítico (V-23) para decir “y devolverá”, Veeshiv (והשיב) es también 17, por lo que el hecho de devolver lo robado compensa en cierto modo la necead del Sacal. Por eso, la Torah propone una reparación para su estulticia: devolver el objeto robado, estafado o ganado con fraude. Pero normalmente, ¿por qué el ladrón no lo hace? ¿Es aún más tonto de lo que parecía? Probablemente sí.

ו = 1

ה = 1

ש = 1

י = 1

ב = 1

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17

JULI PERADEJORDI

 

 

 

CANTARLE A LA MUERTE

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Algunos lectores del post de la semana pasada (https://elzoharesplendor.wordpress.com/2018/02/23/muerte-y-remordimiento/) me han pedido que profundice en el tema de la muerte como camino, lo cual me ha llevado a poner por escrito algunas reflexiones sobre este misterioso asunto. A partir de la guematria podemos inferir algunas cosas interesantes.

 

 

Si bien podemos ver a la muerte como un camino, también podemos contemplarla como el final de un camino, como un paso. Un paso sin duda difícil y decisivo. Un paso entre este mundo y el mundo venidero, un paso entre Egipto y la tierra prometida, entre la amargura y la dulzura. En la etimología de la palabra “traspaso”, una manera delicada de denominar a la muerte, encontramos la palabra “paso”.

En el judaísmo, la idea de paso está magistralmente representada por la festividad de Pesaj (פסח), de la raíz Pasaj (פסח), “pasar por encima”, “franquear”. Pesaj (פסח) es la salida de Egipto, pero Pesaj también es una boca, Pe (פ) que habla Saj (סח) o, si lo preferimos, una boca que canta.

Entre las muchas casualidades que hay en la Torah, y que al decir de los sabios no son tales casualidades, nos encontramos con que la parashah de Vaietzé, “Y salió”, tiene exactamente 148 versículos. La guematria de Pesaj (פסח) es también 148:

פ = 80

ס = 60

ח = 8

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148

 

Podemos leer en Eclesiastés (VII-26):

 

ומוצא אני מר ממות, את-האשה

“Y he encontrado más amarga que la muerte a la mujer”.

 

Evidentemente, cuando se habla de “la mujer” no se está hablando de nuestras novias o esposas, sino del arquetipo femenino oscuro representado por Lilit, la culpable de que la muerte viniera al mundo. Salomón sostiene, pues, que la muerte es amarga, y en eso coincide con el Maror, una de las verduras que se utilizan en el ritual de Pesaj, una hierba amarga. Cuando calculamos la guematria de Maror (מרור), descubrimos que es 446:

מ = 40

ר = 200

ו = 6

ר = 200

———–

446

 

Como ya vimos, “muerte” se dice en hebreo Mavet (מות), y su guematria también es 446:

מ = 40

ו = 6

ת = 400

————

446

 

El concepto de Maror (מרור) puede relacionarse también con el duro trabajo que tuvieron que realizar los judíos en Egipto (Éxodo I-14):

 

וימררו את-חייהם בעבדה קשה

“…y ellos amargaron (וימררו) sus vidas con el duro trabajo”.

Amargaron tanto sus vidas que se morían. Cuando calculamos la guematria de Vaimareru (וימררו), “Y ellos amargaron” descubrimos que es 462, la misma que la de Vaiamutu (וימתו) “y ellos murieron”:

 

ו = 6

י = 10

מ = 40

ר = 200

ר = 200

ו = 6

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462

ו = 6

י = 10

מ = 40

ת = 400

ו = 6

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462

 

Así como el antídoto de la amargura es la dulzura, en hebreo Metikut (מתיקות), los sabios nos enseñan que el antídoto de la muerte es la Torah. Si a la guematria de Mavet (מות), 446 le sumamos 510, la guematria de Shir (שיר), “canto”, obtenemos 956, la guematria de Metikut (מתיקות), pero también la de Sefer haTorah (ספר התורה). La dulzura se alcanza cuando somos capaces de cantarle a la muerte. Y cantarle a la muerte sólo lo podemos hacer con palabras de Torah.

 

JULI PERADEJORDI