ASOMARSE A LA SOMBRA

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Siempre me ha sorprendido (e inquietado) la gente que no tiene capacidad de asombro.

Van por la vida perdiéndose las cosas menos evidentes, que paradójicamente suelen ser las más importantes.

Me recuerdan a aquel personaje del Talmud (Berajoth 14 a) que no sueña durante siete días.

 

 

A modo de comentario de un enigmático Proverbio (XIX-23) que dice:

יראת יהוה לחיים ושבע ילין בל־יפקד רע׃

“El temor del Eterno es para vida; el que lo tenga vivirá satisfecho;

no será visitado de mal”.

“Rabbí Jonás, en nombre de Rabbí Zeira dijo: cualquier hombre que pase siete días seguidos sin soñar, merece el nombre de malvado”.

Más adelante, en esta misma página, Rabbí Jonás nos exhorta a que no leamos Sabea (שבע), “satisfecho”, sino Sheva (שבע) “siete”.

¿Por qué siete días y no seis u ocho? ¿Qué tienen en común el hombre que no se asombra y el hombre que no sueña? La respuesta nos la regala la palabra “asombro”, en hebreo Pliah (פליאה), que procede de “sombra”. En Pliah (פליאה), “asombro” podemos ver un nombre de Dios (יה) y Pele (פלא), “milagro”. Asombroso.

Asombrarse es acercarse al alma, acercarse al milagro. Por otra parte, la cábala sostiene que el alma humana tiene siete facultades que corresponden a las siete sefirot inferiores. Véamos lo que nos dice el Rav Ginsburgh:

“La Torah habla de siete líquidos, agua, vino, rocío, leche, sangre, aceite de oliva y miel. En cábala esto corresponde a los siete atributos del corazón. Desde Hessed hasta Maljut”.

 

Aquel que no se asombra no está en contacto con esa parte del alma que es su sombra, el que no sueña tampoco. Y un hombre que no está en contacto con su alma forzosamente es un malvado, un desalmado.

La guematria de Pliah (פליאה), “asombro” es 126:

פ = 80

ל = 30

י = 10

א = 1

ה = 5

———-

126

 

Los cabalistas nos han enseñado que este número se puede aplicar al nombre de Dios Adonai (אדני), que se suele traducir como “el Señor”,  desarrollado así:

 

א = 1

אד = 5

אדנ = 55

אדני = 65

————-

126

 

Como leemos en Salmos (CXXI-5):

“El Señor será tu guardador; el Señor será tu sombra a tu mano derecha”.

Asombrarse es asomarse a la sombra, para que ésta nos desborde, nos fecunde, para que nuestra alma se nutra.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

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