¿LA LEJÍA CURA?

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Últimamente ha saltado a la prensa la noticia de un presunto “curandero de la lejía” tildándolo de

embaucador, estafador y engañador, a pesar de que se trata de alguien que no en ningún momento se

ha lucrado con ello y a quien le ha caído una multa de nada más y nada menos que 600.000 euros.

 

En los últimos meses estamos viviendo en España un insólito resurgir de la Santa Inquisición, que no se limita únicamente a perseguir presuntos herejes, sino también lo que se ha tachado de “Pseudociencias” incluyendo en este concepto ciencias y terapias con miles de años de existencia, experiencia y efectividad. El poder de la industria farmacéutica es tan grande que puede borrar de un plumazo el trabajo de miles de buenos profesionales con la excusa de que algunos de ellos son unos estafadores. Todo parece ir en una dirección: conseguir una humanidad enferma crónica, que no piense por sí misma y, sobre todo que consuma y se calle. Pero hay gente que no quiere pasar por el aro.

La historia de la “lejía que cura” parte de la experiencia de Jim Humble, un ingeniero aeroespacial norteamericano, cuando en la selva de la Guayana se vio obligado a atender casos de malaria sin más medicamento que un desinfectante. Este producto, denominado con el desafortunado nombre de MMS, es una especie de lejía que según Humble curaría muchas otras patologías. Humble no se apoya en sesudos estudios ni en estadísticas, sino en su experiencia y en las vidas que salvó.

No vamos ni a atacar ni a defender el uso del MMS, únicamente nos gustaría, a partir de la etimología y la guematria contestar a la pregunta que encabeza estas reflexiones. En nuestro país una de las personas que cree en la eficacia del MMS (no por fe infusa sino porque ha podido comprobar sus resultados) es un payés de Balaguer, Josep Pamies.  Como hace cosa de un año vivimos un lamentable “a por ellos”, ahora parece que van “a por él”. Y no nos engañemos: son los mismos cavernarios con otros disfraces.

En primer lugar, señalemos que muy poca gente sabe que la lejía es un invento de los alquimistas. Estos estaban convencidos de la existencia de cierto elixir que servía para alargar la vida. La palabra “elixir” procede del árabe al ixir (الإكسير ), y de esta palabra podrían derivar el francés lessive (que en francés del siglo XIV era lissive) o el catalán lleixiu, “lejía”. De alguna manera la lejía no se inventó para lavar suelos, sino para ser ingerida por aquellos que deseaban prolongar sus vidas.

Los alquimistas eran conscientes de las virtudes del jabón (de sapo, saponis en latín) que limpiaba al hombre por fuera, y buscaban un producto que lo limpiara por dentro. Probablemente por eso desarrollaran la lejía a partir de cenizas, que con lo que antiguamente se hacía el jabón. Recordemos que el término latino “sapo” procede de la colina griega de Sapo en la que se realizaban sacrificios incinerando animales. De ahí también la relación entre el jabón y la ceniza.

Hay muchos tipos de lejías. A parte de la lessive, los franceses tienen la llamada eau de Javel, obra del químico (y alquimista) Claude-Louis Berthollet, amigo de Lavoisier, Gay-Lussac o Guyton de Morveau (relacionado con la famosa sociedad de alquimistas Les Illuminés d’Avignon), se trata del hipoclorito de sodio.

En hebreo la lejía se llama Mai Afar (מי אפר), literalmente “agua de ceniza”. La guematria de esta expresión es 331, como la de Nirfa (נרפא), “ha sanado”:

 

נ = 50

ר = 200

פ = 80

א = 1

———–

331

 

מי = 50

אפר = 2281

————-

331

 

Hablar, pues, de lejía, es como hablar de sanación.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

BENDICE Y SERÁS BENDECIDO

Imagen relacionada    La bendición, Berajah, parece ser una energía tan misteriosa como poderosa que fluye en dos

    direcciones, como se puede deducir de Génesis XII-3. Como ocurre como con el amor, no se agota

cuando se da, sino todo lo contrario. Esta energía puede asociarse con el alma y la consciencia.

 

 

En hebreo, la palabra consciencia es Mudaoth (מודעות) y su guematria 526:

 

מ = 40

ו = 6

ד = 4

ע = 70

ו = 6

ת = 400

———-

526

 

Esta palabra ha sido asociada con la frase de Génesis XII-3 que dice:

 

ואברכה, מברכיך

“Y bendeciré a los que te bendijeren”.

ואברכה = 234

מברכיך = 292

———————-

526

 

Si Dios ha de bendecir a los que bendicen a los demás hombres, ¿qué no hará con los que lo bendigan a Él? La respuesta quizá se halle en el Salmo CIII-1, que dice:

 

ברכי נפשי, את-יהוה; וכל-קרבי, את-שם קדשו

Bendice, alma mía al Eterno; y todas mis entrañas al Nombre de su santidad.

 

Cuando calculamos la guematria de Barji Nafshi et IHWH (ברכי נפשי, את-יהוה;), “bendice alma mía al Eterno” descubrimos que es 1099:

 

ברכי = 232

נפשי = 440

את = 401

יהוה = 26

—————

1099

 

Los cabalistas consideran que el hombre, compuesto por cuerpo, alma y espíritu puede asociarse con Esaú y Jacob (Israel). Así el

 

Cuerpo     es     Esaú (עשו)

Alma     es      Jacob (יעקב)

Espíritu      es     Israel (ישראל)

 

Si sumamos la guematria de estas tres palabras en hebreo, obtenemos 1099:

 

עשו = 376

יעקב = 182

ישראל = 541

—————

1099

 

 

La cábala nos enseña que este número se puede aplicar al alma completa de un hombre, compuesta por Nefesh, Ruaj, Neshamah, Jaiah y Iejidah:

 

נפש = 430

רוח = 214

נשמה = 395

חיה = 23

יחידה = 37

————–

1099

 

Así, el alma que bendice al Eterno es bendecida por éste en su totalidad, en su Nefesh, Ruaj, Neshamah, Jaiah y Iejidah y la unión de estos cinco niveles es lo que podríamos llamar en términos modernos “consciencia plena”.

 

JULI PERADEJORDI

 

EL DINERO Y LA NOSTALGIA

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Hace unos años vi una curiosa película que me presentaron como “esto es lo que viene después de ¿Y

tú qué sabes?”. Su título era sugestivo: El Secreto, pero su mensaje me dejó bastante desconcertado y

también un poco preocupado. El secreto de los grandes iniciados de todas las épocas, el secreto mejor

guardado desde que el hombre es hombre, consistiría sencillamente en hacer dinero. Lo encontré

patético.

 

 

No es que personalmente tenga nada en contra del dinero, pero me parece que venderle a alguien la moto de que será feliz el día en que sea multimillonario es mentirle y abocarlo al desastre. Es cierto que Woody Allen dijo que “El dinero no da la felicidad, pero proporciona una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para notar la diferencia”. Pero, y esto no es ningún secreto, en su búsqueda de esta “sensación de felicidad”, el hombre occidental vive (o muere lentamente) por, para y tras el dinero.

Poca gente sabe de dónde viene la palabra “dinero”. Si bien se la hace derivar del griego denarion, o incluso del dinar persa, sus verdaderos orígenes se remontan a la España medieval, donde un dinero equivalía a diez maravedís, emulando al denarius latino, que equivalía a diez ases. Por otra parte, money, como tantas palabras inglesas, procede del francés monnaie, “moneda”. Esta palabra hay que asociarla a la diosa romana Juno Moneta, reina del Cielo y diosa de la Luz, en cuyo templo se acuñaba moneda. Sin embargo, para la mayoría de pueblos, el dinero se relaciona con un metal muy concreto: la plata. Así, los franceses lo llaman argent, “plata”, y en prácticamente todo Latinoamérica también escuchamos esta palabra para referirse al dinero.

En la hora y pico que dura la película de El Secreto no pude escuchar ninguna alusión a la diosa de la Luz ni al dinero como dinamizador de proyectos, pero sí pude reflexionar sobre el apasionante y dual símbolo de la Luna, que a la vez es diosa de la Luz y de las Sombras. La Luna, el planeta que los astrólogos hacen corresponder con la plata, tiene varios significados realmente interesantes. Se refiere a lo cambiante, a las decepciones y también al pasado, a la nostalgia.

Esta última idea la encontramos en una raíz semítica, Kesef (כסף), que nos permite descubrir cuál es la conexión entre el dinero y la nostalgia. Kesef significa literalmente “plata” y el verbo Niksaf “sentir nostalgia, añorar”.

El psicoterapeuta norteamericano Thomas Moore nos descubre que nuestras relaciones con el dinero no siempre son racionales y lógicas, y que éste tiene una sombra que, cuando llega a corromper a una sociedad, hace que ésta se desmorone. La relación entre Kesef (כסף), dinero, que en guematria vale 160 y Tselem (צלם), imagen, de (צל), “sombra”, que también suma 160 es evidente y ya ha sido señalada por los cabalistas,

כ = 20

ס = 60

ף = 80

———–

160

צ = 90

ל = 90

מ = 30

————

160

La búsqueda desaforada del dinero que nos propone El Secreto, ¿no será en el fondo la expresión de una nostalgia por otro tipo de riqueza, por esa parte oculta de nuestra alma denominada “sombra” que es donde se halla nuestra imagen divina?

 

 

JULI PERADEJORDI