NI JOTA

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Hay dos expresiones castellanas que se utilizan para decir que alguien no tiene ni idea de algo o no sabe nada: “No sabe

ni jota” y “No entiende ni jota”. Si queremos comprender de dónde proceden estas expresiones, hemos de referirnos

obligatoriamente al idioma hebreo.

 

 

La letra “Jota” no existía en el latín clásico, idioma en el cual palabras como “joven”, “juez” o “juramento” eran Iuvenis, Iudex o Iuramentum. “Jota” procede del griego Iota (ι), que se parece muchísimo gráficamente a nuestra “i” sin el punto y que es el equivalente de la letra Iod (י) hebrea. Palabras que actualmente se escriben con “Jota”,  se escribían en el idioma ladino del siglo XV con “y”, como, por ejemplo muyer, “mujer”.

La letra Iod (י) es la más pequeña del alfabeto hebreo. Se trata de una letra que no se encuentra en la línea, sino como flotando en el aire. De la letra Iod (י) procede el verbo Iadá (ידע), “conocer”, “saber”. Afirmar que alguien: “No sabe ni jota” y “No entiende ni jota” es como decir que no sabe absolutamente nada o no conoce prácticamente nada. En pocas palabras, se trata de un ignorante. Sin embargo, nos podemos preguntar, ¿quién sabe “Jota”? ¿Quién conoce el misterio de la Iod (י)?

La respuesta la encontramos en un conocido proverbio de origen sefardí que aparece en el Quijote:

 “menester será que el buen Sancho haga alguna disciplina de abrojos, o de las de canelones, que se dejen sentir, porque la letra con sangre entra”.

 

¿De qué letra se trata? ¿De qué sangre nos están hablando? Evidentemente de la letra Iod y de la sangre de la circuncisión.

El Zohar (I-56 a) nos explica que esta letra es el pacto que transgredió Adán y que provocó que el Nombre de Dios se escindiera, algo que remediaría Abraham. Leemos  en el Zohar (I-214 b):

“Vino Abraham, amó al Santo, Bendito Sea, y le dijo: a través de ti se completará el Nombre, y se circuncidó y se completó el Nombre a través de la letra Iod que se encuentra en el pacto de la circuncisión”.

 

También en el Zohar (III-215 b) podemos leer:

“Ven y ve: el secreto de la alianza santa es la letra Iod, que se adorna a sí misma por medio de una huella santa, y esto queda registrado para siempre en la alianza santa. Y como Pinjas fue celoso con la alianza, esta letra Iod fue añadida a su nombre. Y la Iod que aparece en el nombre de Pinjas es más pequeña de lo normal, y surgió de la letra Iod de Arriba”.

Así pues “Jota” y “saber” son en realidad lo mismo y al decir “no sabe ni jota” estamos haciendo, sin saberlo, un juego de palabras que alude a uno de los grandes misterios.

 

JULI PERADEJORDI

 

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VIVIR ES URGENTE, MORIR PUEDE ESPERAR

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La idea de este post la he tomado prestada del What’s Up de un buen amigo. En él dice que “vivir es urgente”. Si le he

agregado “morir puede esperar”, es únicamente para añadirle una nota de humor.

 

 

 

La palabra “urgente” tiene para muchos un no sé qué de estresante. De hecho “urgir” es lo mismo que “obligar”, y parecería que con todo lo urgente hay que darse prisa y que es algo obligatorio. Estresante. Pero, ¿hay que darse prisa para vivir o es precisamente la prisa lo que nos impide vivir en profundidad? Si consideramos que vivir es urgente, y ciertamente lo es, ¿no será porque quizá porque hemos detectado que no estamos viviendo? ¿Qué hemos de hacer? El secreto acaso se encuentre en ese acto mágico que solemos hacer después de descorchar una botella de buen vino: brindar.

El pueblo judío dispone de un brindis muy particular: Lejaim (לחיים), “por la vida”. Normalmente brindamos cuando nos encontramos en presencia de buenos amigos, y de todos es sabido que el que tiene un amigo tiene un verdadero tesoro. Sin duda por eso la guematria de Lejaim (לחיים), 98, coincide con la de Segulah (סגלה), “tesoro”, “riqueza”.

ל = 30

ח = 8

י = 10

י = 10

ם = 40

———-

98

ס = 60

ג = 3

ל = 30

ה = 5

———-

98

 

Pero la urgencia del acto de brindar la encontramos en la guematria de Dajuf (דחוף), “urgente”, que también es 98.

 

ד = 4

ח = 8

ו = 6

ף = 80

———

98

 

En algunas sociedades secretas, cuando se brinda, se grita la palabra “fuego”. Es un secreto de los iniciados. Nos hallamos de nuevo con una alusión al fuego sagrado de la vida, pero también ante la idea de urgencia. Cuando en una sala alguien grita “fuego”, iniciados y no iniciados buscan la salida de urgencia.

 

JULI PERADEJORDI

 

Y SE APARECIÓ SEIS VECES

Una pregunta típica en las Ieshivot, academias, a los niños pequeños es cuántas veces se apareció Dios a los patriarcas.

Algunos profesores dan una pista que es cuántos días duró la creación del mundo antes de que Dios descansara, pero aun

así mucha gente no sabe que Dios se apareció seis veces a los patriarcas.

 

 

 

Los cabalistas, que han estudiado el tema en profundidad, nos han descubierto que el nombre de la parashah de Vaerá (וארא), “y apareció”, puede deconstruirse y leerse así:

ארא    ו

Se apareció 6

 

¿A qué se refiere? A las seis veces (ו) que Dios se les apareció a los patriarcas. Tres veces a Abraham (Génesis XII-7, XVII-1 y XVIII-1), dos a Isaac (Génesis XXVI-2 y 4) y una a Jacob (Génesis 31:9). Esta secuencia parece indicar lo que se conoce como un “descenso generacional” ya que a medida que avanzamos en generaciones hay cada vez menos apariciones de Dios.

208, la guematria de Vaerá (וארא), es el resultado de multiplicar 26, la guematria del Tetragrama por 8. La de Issac es la misma y la de Jacob, 182 es 26 multiplicado por 7. ¿Por qué dicen los sabios que “Vaerá (וארא),  es los patriarcas”?

Cuando calculamos la guematria Millui de Vaerá (וארא) descubrimos que es 536:

ו (ו) = 6

לפ (א)= 110

יש (ר) = 310

לפ (א) = 110

————-

536

 

Cuando calculamos la guematria Millui de haAvoth (האבות), “los patriarcas” nos encontramos con que no llega a 536. Es únicamente 633. Por esta razón Rashi después del nombre de los tres patriarcas escribe “a los patriarcas”. Si sumamos 3, porque los patriarcas eran 3, a 533 obtenemos 536, la guematria del nombre de esta parashah:

 

1 = א      (ה)

110 = לפ  (א)

410 = ית  (ב)

6 = ו       (ו)

6 = ו       (ת)

———————

533 + 3 = 536

 

JULI PERADEJORDI

RECONOCER, UNA PALABRA MÁGICA

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El verbo reconocer es lo que se conoce (o reconoce) como un palíndromo, una palabra que puede leerse de izquierda a

derecha o de derecha a izquierda, de ahí sin duda su magia.

 

 

Encontramos el acto de reconocer por primera vez en la Torah en unas palabras que han hecho las delicias de los cabalistas:

וירא אלהים את-האור, כי-טוב

“Dios vio que la luz era buena (Tov)”.

 

Cuando calculamos la guematria de esta frase, vemos que es 963:

 

וירא = 217

אלהים = 86

את-האור = 613

כי-טוב = 47

——————

963

 

La etimología nos ofrece una definición muy simplista de reconocer: volver a conocer. Sin embargo “reconocer” es mucho más. Reconocer es aceptar algo, admitirlo. Reconocer es hacer un reconocimiento, o sea un examen detenido. Reconocer es distinguir algo o alguien de entre sus parecidos.

Reconocer es algo bueno como podemos deducir de la guematria de Zihah (זהה), en hebreo “reconocer”. Cuando calculamos la etimología de esta palabra, descubrimos que es 17, como la de Tov (טוב), “bueno”.

ט = 9

ו = 6

ב = 2

——-

17

 

ז = 7

ה = 5

ה = 5

——-

17

 

Por esta razón, reconocer tiene algo de luminoso, pues como la luz es algo Tov (טוב), “bueno”.

Pero, ¿cuál es el verdadero sentido de “reconocer”, su sentido profundo? Es, como dice una expresión hebrea, cuando “cae la ficha”. Es descubrir algo que siempre hemos sabido, que siempre hemos conocido, pero que habíamos olvidado. Es recordar quiénes somos. Es avivar el fuego del recuerdo. Es curarnos del olvido. Pero sobre todo es perder de vista la fragmentación en la que vivimos y descubrir que todo es uno, que todo ha sido siempre uno.

Quizá por ello la guematria Shemi de Ejad (אחד), “uno”, también sea 963.

 

א = 111

ח = 418

ד = 434

———-

963

 

JULI PERADEJORDI