ABRIR LA MANO

Nos enseña el Talmud que el hombre llega a este mundo con las manos vacías y que se va de este mundo con las manos

vacías. Sin embargo, hay una sutil diferencia en la que mucha gente no ha reparado: cuando nacemos lo hacemos

ciertamente con las manos vacías, pero cerradas, como si intentáramos retener algo. Cuando morimos lo hacemos con las

manos abiertas.

 

 

Cuando llega a este mundo el bebé suele tener los puños cerrados como si intentara traerse algo del otro mundo. Algunos sabios han aventurado que podría tratarse de la luz, otros de la Torah y otros de un regalo para agradecer a sus padres que lo hayan traído a este mundo. Es difícil saberlo…

Ante tantos libros de autoayuda que nos exhortan a creer en nosotros mismos, el Talmud parece propone nos exactamente lo contrario cuando nos dice:

אל תאמן בעצמך עד יום מותך

“No creas en ti mismo hasta el día en que mueras” (Mishnah, Masejet Avoth 2:4).

 

Vamos a centrarnos en estas dos últimas palabras, “el día en que mueras”, en hebreo Iom Moteja (יום מותך). Si calculamos su guematria, vemos que es 522:

יום = 56

מותך = 466

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522

 

Curiosamente este número también es la guematria de Pataj Iad (פתח ידך), “abre la mano”:

פתח = 488

ידך = 34

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522

¿Por qué esta coincidencia? Probablemente porque el día en que abandonemos este mundo tendremos que abrir las manos para dejarlo todo. Entonces, con las manos abierta, sí podremos creer en nosotros mismos.

 

JULI PERADEJORDI

 

PESAJ, LA FIESTA DE LA VICTORIA

Pesach in Russia 1850

La festividad de Pesaj representa la victoria del pueblo de Israel sobre sus esclavizadores, los egipcios, y particularmente

sobre el Faraón, encarnación de la Mala Inclinación. Sin embargo, podemos ver un paralelismo oculto entre la noche de

Pesaj y la noche que Jacob pasó luchando con el ángel. Veamos cómo podemos llegar a todo esto por medio de la

guematria.

 

 

El libro de Génesis (XXVIII 10 a 19) nos describe la lucha que mantuvo Jacob con el ángel, y los sabios cabalistas nos descubren que se trata de la lucha contra la Mala Inclinación, y que después de vencerla Jacob pasa a llamarse Israel. Esta victoria queda reflejada en el número 729, que es la suma de la guematria de Jacob y la de Israel:

 

יעקב = 182

ישראל = 541

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729

 

Jacob ha vencido a la Mala Inclinación, al Satán, realizando lo que se conoce como Kera Satan (קרע שטן), “destruir al Satán”. La guematria de esta expresión es de nuevo 729.

 

קרע = 370

שטן = 359

————–

729

 

La salida de Egipto representa la salida de este bajo mundo para entrar en la eternidad. Es la salid de la noche, que según nos enseña el Zohar representa a este mundo, para entrar en el día, que representa al mundo venidero. Ésta es la verdadera victoria. En hebreo se utiliza la misma palabra para “victoria” que para “eternidad”: Netzaj (נצח).

Cuando calculamos la guematria de esta palabra vemos que es 148, o sea la misma que la de Pesaj (פסח):

 

נ = 50

צ = 90

ח = 8

———

148

פ = 80

ס = 60

ח = 8

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148

 

Egipto fue una verdadera prisión para el pueblo de Israel. Una manera de decir “prisión” en hebreo es Beit Asurim (בית אסורים), “casa de grilletes”. La guematria de esta expresión es, de nuevo, 729:

 

בית = 412

אסורים = 317

—————-

729

 

Afirman los cabalistas que tres mitzvot son obligatorias en Pesaj: Pesaj (פסח), Matzah (מצה) y Maror (מרור). Si sumamos las guematrias de estas tres palabras obtenemos:

 

פסח = 148

מצה = 135

מרור = 446

—————

729

 

Realizando estas mitzvot se obtiene el Kera Satan (קרע שטן), “destruir al Satán”, cuya guematria es, como ya vimos, 729.

 

 

Un conocido pasaje del Talmud (Shabbat 87 a) nos explica que:

 

“Moisés rompió las tablas”. ¿Cómo supo que debía hacer esto? Él razonó así: si la Torah dice a propósito del sacrificio de Pesaj, que es sólo una de las 613 mitzvot, “Ningún hijo de un extranjero puede comer de él” (Éxodo XII-43), entonces ciertamente estas tablas, que abarcan toda la Torah, no pueden estar en manos de los israelitas cuando hay extranjeros entre ellos. “Extranjeros” se refiere a los israelitas que adoraban al becerro de oro”.

 

El sacrifico de Pesaj es, pues únicamente una de las 613 mitzvot, pero como dicen los sabios en cada mitzvah están contenidas las 613. Quizá por esto la guematria Shemi o completa de Pesaj es precisamente 613:

פ = 85

ס = 120

ח = 408

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613

JULI PERADEJORDI

 

LA FUERZA MÁGICA DE LA PALABRA

L'Uomo Albero

“El hombre árbol” de Massimiliano Frezzato (Ediciones Obelisco, 2019)

 

Se dice que a raíz de la caída el hombre fue desposeído de la fuerza de la palabra,

una fuerza mágica que hacía que sus

deseos devinieran realidad. Adán “creaba” cosas con sólo decirlas,

mientras que nosotros hemos de trabajar duro para

conseguir migajas. ¿Por qué?

 

Sostenía Louis Cattiaux que “las palabras dicen la cosa, pero la cosa no es dicha por las palabras”. Tras esta aparente contradicción se encuentra una alusión al misterio de la Palabra, en hebreo Dabar (דבר) y de la cosa, en hebreo también Dabar (דבר). La guematria de esta palabra, 206, coincide con la de Itzum (עצום), “esencia”, “substancia”.

 

ד = 4

ב = 2

ר = 200

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206

 

ע = 70

צ = 90

ו = 6

ם = 40

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206

 

No deja de ser curioso que 206 sea también la guematria de Vehaiah KeEtz (והיה כעץ), “y será como árbol”, expresión que aparece al principio de los Salmos (I-3) dado que Itzum (עצום), “esencia”, procede precisamente de Etz (עץ), “árbol”.

Nos encontramos en el Talmud (Berajoth 58 a) con la historia de un saduceo que intenta poner a prueba a Rabbí Sheshet, que era ciego. ¿Qué hizo este rabino?:

 

“Lo miró y (el saduceo) se convirtió en un montón de huesos”.

 

Lo primero que sorprende de este texto es que un rabino que es ciego pueda mirar a alguien y además fulminarlo con la mirada. El hecho de que sea ciego sin duda nos está enseñando que la mirada con la que Rabbí Sheshet fulminó al saduceo no era la mirada física, exterior, de los ojos exteriores, sino otro tipo de mirada.

El sabio rabino Jaim Vital, en sus Shaarei Kedushah (cap. IV), nos ha dejado un lúcido comentario a este pasaje del Talmud. Dice así:

 

“Has de saber que debido a que los Tzadikim se aferran a la realidad de Arriba, todo lo que piensan o contemplan sucede, sea bueno o malo. Esto es lo que los sabios querían decir cuando escribieron: “Lo miró y (el saduceo) se convirtió en un montón de huesos”.

 

También de estas palabras podemos extraer una importante conclusión: para aquel que está unido a su raíz, a su esencia, aquel que “se aferra a la realidad de Arriba”, no hay diferencia entre sus deseos y lo que le sucede. Posee el don de la Palabra. Por esta razón a medida que nos vamos acercando a nuestra esencia debemos cuidar más lo que pensamos, lo que deseamos y lo que decimos. ¡Hay más probabilidades de que se cumpla!

 

 

JULI PERADEJORDI

 

BORRAR EL EGOÍSMO

Probablemente toda la Torah esté hablándole del alma al alma de un modo encubierto, a fin de avivar el recuerdo.

Pero hay un libro en el que esto es particularmente evidente: el libro de Jonás.

 

Para situarnos, echemos un vistazo al nombre de Jonás, Ionah (יונה), palabra compuesta por la letras Iod, Vav, Nun y He. Lo sabios ya han señalado que comparte tres letras con el Tetragrama y que su guematria reducida, 17, es la misma.

Si tomamos las tres primeras letras y en vez de la Nun (נ) colocamos la Nun Sofit (ן), obligatoria al final de una palabra, tenemos lo siguiente:

 

יון

 

Gráficamente podemos ver una letra Iod (י) que está cayendo o alargándose. ¿Dónde caerá? En la letra He (ה), cuya guematria es 5 y representa a los cinco sentidos, o sea el cuerpo. La guematria de Iod, Vav, Nun es 10 + 6 + 50 = 66.

Como nos enseña el sabio Gaón de Vilna, en la historia de Jonás este curioso personaje representa al alma, Neshamah, que se encarna en este mundo. El tema central del libro serían las reencarnaciones, Gilgulim, del hebreo Galgal (גלגל), “rueda”, guematria 66:

 

ג = 3

ל = 30

ג = 3

ל = 30

———

66

 

También e Zohar (II-199 a) nos enseña que:

 

“Jonás, que bajó a un barco, Aniah: se refiere al alma de la persona…”.

 

Dios envía a Jonás a Nínive a cumplir una misión, pero éste hace caso omiso al mandato divino. Esta desobediencia presenta una cierta semejanza con el pecado de Adán y Eva, que tampoco obedecieron al mandato de Dios. En vez de hacerle caso a Dios, Jonás se dirige a Iafo (יפו), la actual Jaifa, palabra que significa “hermoso”, “de aspecto agradable”. En ambos casos nos hallamos ante una caída, y ante la aparición del egoísmo, que es la separación de la consciencia del hombre de la consciencia de Dios.

Veamos qué nos dice el libro del Génesis (III-6) a propósito de Eva:

תרא האשה כי טוב העץ למאכל וכי תאוה-הוא לעינים

“Vio la mujer que el árbol era bueno para comer y agradable a la vista”.

 

Aniah (אניה), “barco”, significa también “lloro”, “tristeza”. La guematria de esta palabra es de nuevo 66:

א = 1

נ = 50

י = 10

ה = 5

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66

 

Pero el plural Aniot (אניות) significa precisamente “egoísmo”. El recuerdo de Amalek, que según la Torah hemos de borrar (Deuteronomio XXV-19), es en hebreo Tzejer Amalek (זכר עמלק). Su guematria es 467:

זכר = 227

עמלק = 240

————–

467

 

La guematria de Aniot (אניות) “egoísmo” también es 467:

 

א = 1

נ = 50

י = 10

ו = 6

ת = 400

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467

 

Con esto vemos que borrar el recuerdo de Amalek es la misión para la cual el alma se encarna en este bajo mundo y que se trata de lo mismo que borrar el egoísmo.

 

JULI PERADEJORDI