ABRIR LA MANO

Nos enseña el Talmud que el hombre llega a este mundo con las manos vacías y que se va de este mundo con las manos

vacías. Sin embargo, hay una sutil diferencia en la que mucha gente no ha reparado: cuando nacemos lo hacemos

ciertamente con las manos vacías, pero cerradas, como si intentáramos retener algo. Cuando morimos lo hacemos con las

manos abiertas.

 

 

Cuando llega a este mundo el bebé suele tener los puños cerrados como si intentara traerse algo del otro mundo. Algunos sabios han aventurado que podría tratarse de la luz, otros de la Torah y otros de un regalo para agradecer a sus padres que lo hayan traído a este mundo. Es difícil saberlo…

Ante tantos libros de autoayuda que nos exhortan a creer en nosotros mismos, el Talmud parece propone nos exactamente lo contrario cuando nos dice:

אל תאמן בעצמך עד יום מותך

“No creas en ti mismo hasta el día en que mueras” (Mishnah, Masejet Avoth 2:4).

 

Vamos a centrarnos en estas dos últimas palabras, “el día en que mueras”, en hebreo Iom Moteja (יום מותך). Si calculamos su guematria, vemos que es 522:

יום = 56

מותך = 466

————–

522

 

Curiosamente este número también es la guematria de Pataj Iad (פתח ידך), “abre la mano”:

פתח = 488

ידך = 34

—————-

522

¿Por qué esta coincidencia? Probablemente porque el día en que abandonemos este mundo tendremos que abrir las manos para dejarlo todo. Entonces, con las manos abierta, sí podremos creer en nosotros mismos.

 

JULI PERADEJORDI

 

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