PONERSE EN MANOS DE DIOS

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Existe entre los sabios la idea de que hemos de ir por la vida movidos por la mano de Dios, pero prácticamente nadie sabe

qué pueda ser. Por lo general quien nos mueve es la mano del destino, y así nos va.

 

Considerar que Dios tiene manos es una aberración antropomórfica. Es confundir el símbolo con la cosa y, sobre todo, desconocer que la palabra Iad (יד), “mano” en sentido figurado significa “fuerza”, “poder”. ¿Cuál es la mano de Dios? El poder de Dios.

En el Zohar (III-273 b) aparece una curiosa definición de la mano de Dios. El texto dice:

 

יד יי דא מים דאוריתא

Iad haShem Da Maim deOraita

“La mano de Iod He Vav He es el agua de la Torah”.

 

Si calculamos la guematria de Iad haShem (יד יהוה), la mano del Eterno, vemos que es 40:

 

יד = 14

יהוה = 26

————

40

 

Esto nos permite leer esta frase como 40 es el agua de la Torah. ¿Por qué cuarenta? Sabemos (Génesis VII-4) que en la historia de Noé, la lluvia cayó durante 40 días, lo cual nos sugiere ya una relación entre el número 40 y el agua. Pero 40 es el valor numérico de la letra Mem (מ), que es la inicial de Maim (מים), “aguas”. Según el Talmud, en feto está dentro del vientre de la madre durante 40 semanas antes de “romper aguas”.

Antes de recibir la Torah el pueblo vagó por el desierto durante 40 años. Moisés estuvo 40 días con sus noches en el Sinaí para recibir la Torah. Por otra parte, si multiplicamos entre sí las dos letras que componen la palabra Iad (יד), Iod, 10 y Dalet, 4, de nuevo obtenemos 40.

Los cabalistas nos enseñan que el Satán tiene poder sobre el hombre y puede acusarlo todos los días del año excepto uno, el día de Iom Kippur. Se apoyan en el Talmud (tratado de Nedarim 32 b) que nos explica que la guematria de haSatan (השטן) es 364, o sea 365 menos uno:

 

ה = 5

ש = 300

ט = 9

ן = 50

————

364

 

¿Cómo escapar al poder del Satán? Muy sencillo: poniéndonos en manos de Dios.

Vimos que la guematria de Iad (יד), mano, es 14. La del Nombre de Dios (יהוה) es 26. Cuando multiplicamos 14 por 26 obtenemos exactamente 364. Por eso es el contrario y el antídoto del Satán.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

HACER LA COLADA

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Entre los comentarios que he recibido al post de la semana pasa, Benditos chafarderos (https://wp.me/p2Xmky-Ml),

quisiera destacar uno de Esteve C., que nos regala una sorprendente asociación: el lavandero con el arquetipo del rey.

 

 

El comentario de Esteve dice así:

“En sánscrito Iha Rajakah puede leerse como “aquí hay un lavandero” o “aquí hay un rey” dependiendo de que utilicemos una vocal larga o corta”.

 

¿Qué relación hay entre alguien que lava y alguien que gobierna?

Es el misterio de la bendición, Berajah (ברכה), del que hablábamos en el post anterior. Quien lava es la lluvia y el que hace que llueva es el rey.  El lavandero, que es como un rey de abajo, lava las ropas (en hebreo Begadim (בגדים). El rey hace bajar la bendición que lava las almas. Como nos enseña el Zohar (III-271 b):

 

Melej, rey, es llamado “rey” sólo cuando estos se acercan a él para ser bendecidos”.

 

Cuando nuestros primeros padres pecaron, de alguna manera traicionaron a Dios, traicionaron la confianza que había puesto en ellos. Como estaban desnudos tuvieron que vestirse. En hebreo traicionar es Bagad (בגד) y vestido Begued (בגד). La guematria de Begadim (בגדים) “vestidos” es 59, como la de Niddah (נדה), palabra que podemos traducir tanto como “impureza” como por “expulsar”:

ב = 2

ג = 3

ד = 4

י = 10

ם = 40

———-

59

 

נ = 50

ד = 4

ה = 5

———-

59

 

Por eso, vestidos y bien vestidos, Adán y Eva fueron expulsados del paraíso. Pero sus ropas eran ropas mugrientas que apestaban a pecado y que tenían de ser lavadas para poder asistir a las bodas del rey, y el único jabón capaz de lavarlas es la Berajah (ברכה) del rey, del rey Mesías. Al fin y al cabo la guematria de Mashiaj (משיח), 358 hace que sea el antídoto de la serpiente, Najash (נחש), 358.

Por eso lavar la ropa, Begued (בגד), se dice en catalán “fer la bugada”, hacer la colada.

 

JULI PERADEJORDI

 

BENDITOS CHAFARDEROS

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A los verdaderos buscadores algunas veces se los ha tachado, (¿por

ignorancia o por envidia?) de “chafarderos”, aunque ignorando qué

significa en realidad este término. El verbo “chafardear”, que no se

empleó en castellano hasta el año 1888, es la traducción literal del

xafardejar catalán, que a su vez deriva de safareig. Ningún erudito,

hasta la fecha, ha sido capaz de encontrar una etimología aceptable de

esta palabra.

 

 

Sin duda nuestros modernos eruditos son poco chafarderos. El Gran Diccionari de la Llengua Catalana dice que esta palabra “probablemente deriva del árabe”, aunque es poco creíble que una palabra vaya del árabe al catalán y no la encontremos ni en el castellano ni en el francés. En el Primer Diccionario General etimológico de Roque Barcia, ni siquiera aparece: es del año 1880.

Dejando para más adelante cualquier posible hipótesis a propósito de cuál pueda ser la etimología correcta, vayamos en primer lugar a una de las palabras que en hebreo significaría safareig, “lavadero”: Brejah (ברכה).

La Brejah, que en hebreo moderno significa “piscina”, procede de la raíz Brj (ברך), y está relacionada con la bendición, Berajah (ברכה). De Brejah (ברכה) procede el término castellano “alberca” que en catalán es safareig.

No olvidemos la importancia que los alquimistas otorgaban a “los lavaderos”. Flamel dedica todo un tratado a “les laveures”: Le livre del Laveures, y Louis Cattiaux un precioso cuadro.

Con estos antecedentes, nos atreveríamos a aventurar una posible etimología. Safareig, por su parte, bien podría derivar de Sefer, “libro”. ¿No será “chafardear” hurgar en los libros? Cattiaux sostenía que “hay muchas cosas ocultas en el Libro para aquel que reflexiona”.

Sin duda también hay muchos secretos inscritos en él para el chafardero, para el bendito chafardero.

 

JULI PERADEJORDI

LA FRUTA DE LA BENDICIÓN

Si bien hay numerosas discusiones talmúdicas a propósito de cuál fue la fruta del paraíso que causó la caída de nuestros

primeros padres, no hemos sido capaces de encontrar ninguna que identificara cuál es la fruta de la bendición. Y,

ciertamente, no es un tema menor. ¿Se tratará de la misma?

 

 

 

Una falsa, aunque deliciosa, etimología hace derivar la palabra “albaricoque” de Al Barak, en árabe “la bendición”. Por su sabor, por su textura, no parece desencaminado. Pero lo cierto es que “albaricoque” en árabe es Mushmash (مشمش) y concide con el hebreo Mishmesh (משמש), que procede de una raíz, Mishmesh (משמש), que significa “tocar”, “tentar”.

Esta idea de “tocar” ligada a la de “tentación” nos lleva a un pasaje de Génesis (III-3):

אמר אלהים לא תאכלו ממנו, ולא תגעו בו: פן-תמתון

“Dios ha dicho: “No comeréis de él y no lo tocaréis, para que no muráis”.

A partir de aquí aprendemos que lo que introdujo la muerte en el mundo no fue únicamente comer del fruto prohibido sino también tocarlo. Existe una tradición que afirma que aquello que nos hizo caer es lo mismo que nos puede restaurar, por lo cual los sabios del Talmud se enzarzan en complejas discusiones sobre cuál fue el árbol o la fruta que hicieron pecar a Adán y Eva. En ninguna de ellas hablan del albaricoque. En el tratado de Berajoth (40 a), Rabbí Nehemías sostiene que era:

“Una higuera, porque con lo mismo que se perdieron repararon el pecado. Así lo dice lo escrito: “Entonces cosieron hojas de higuera” (Génesis III-21)”.

“Higuera en hebreo es Etz Taanah (עץ תאנה). La raíz Taan (תאן) significa “lamentarse” y Taanah (תאנה), a parte de “higo” también significa “apetito carnal”.

La guematria de Etz Taanah (עץ תאנה) es 616:

עץ = 160

תאנה = 456

—————

616

 

Se trata de la guematria de haTorah (התורה). De esto aprendemos que si lo que nos mató fue la higuera, Etz Taanah (עץ תאנה), guematria 616, lo que nos devolverá la vida será la Torah, haTorah (התורה), guematria 616.:

ה = 5

ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

————

616

 

Pero no sólo hemos de tocarla, también hemos de ser capaces de saborearla.

 

JULI PERADEJORDI