LA ENSALADA Y SUS ADEREZOS

Existe la tradición entre la gente educada que para servir una ensalada en la mesa hay que ser por lo menos cuatro.

“El más bueno le pone aceite”, “el más avaro pone el vinagre”, “el más sabio le pone la sal” y “el más loco le da vueltas”.

 

 

 

No creemos que sea ninguna blasfemia decir que la ensalada representa a la Torah y los cuatro en cuestión a sus cuatro sentidos.

Encontramos en la Torah, según la tradición, 613 preceptos. Cuando calculamos la guematria Shemi de Salat (סלט), “ensalada” nos llevamos la sorpresa de que también es 613:

 

ס = 120

ל = 74

ט = 419

———-

613

 

Comer ensalada sería como cumplir con los 613 preceptos, siempre y cuando esa ensalada sea la Torah.

El sentido más grosero de la Torah, el literal o Pshat, estaría representado por el loco, que es aquel personaje que va dando vueltas sin rumbo por la vida, malgastándola: no profundiza, se queda en la superficie de las cosas. Por eso es el que da la vuelta a la ensalada. A pesar de todo ello, no hemos de despreciarlo: si no le diera vueltas nos encontraríamos con hojas de lechuga excesivamente saladas o sin aceite.

Por esta razón (todos somos un poco como este loco) en los Pirke Avot (V-22) se nos recomienda:

“Dale la vuelta, dale la vuelta otra vez, porque todo está en ella”.

El avaro es el que pone el vinagre. Y es que mucho vinagre volvería agria la ensalada. En hebreo vinagre es Jometz (חומץ) de la misma raíz que el Jametz (חמץ) de Pesaj, la levadura, que según los cabalistas representa al Ietzer haRa, la Mala Inclinación.

El tercer sentido lo encontramos en el bondadoso, que es el que pone el aceite porque el aceite representa la bondad, ejemplarizada en Aarón (Salmos CXXXIII-2):

כשמן הטוב, על-הראש-
ירד, על-הזקן זקן-אהרן:
שירד, על-פי מדותיו

“Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras”.

Y el cuarto sentido, el Sod, secreto, es el que corresponde a la sal y al sabio (según algunas versiones al Justo, que al fin y al cabo es sabio). Podemos preguntarnos por qué.

La respuesta es muy sencilla: la sal es el gran conservante natural. Los sabios y el secreto, el Sod, son los que conservan la Torah. Sod, el secreto y la sefirah de Iesod, el fundamento, corresponden al Tzadik, al Justo.

A propósito del Justo podemos leer en el Zohar (I-82 a):

“Y el mundo no se sostiene sino sobre un solo justo, como está escrito: «El justo es el fundamento del mundo» (Proverbios X-25) y sobre él descansa el mundo, y debido a él se sostiene, y sobre él se implanta”.

Y, para concluir, así como en el centro de la Torah, en su interioridad más profunda, se halla el Sod, el secreto, en el centro de la palabra “enSALada” hallamos a la Sal.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

NO DEJES PARA MAÑANA…

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En la última semana he sabido del fallecimiento de tres personas muy queridas. Tres golpes, uno detrás del otro, que te

obligan a reflexionar. Cuando ves que la gente se va, automáticamente piensas en qué has venido a hacer a este mundo y

difícilmente hallas una respuesta convincente fuera de la Torah.

 

 

Mañana será oscuro, mañana hará frío,
mañana estaremos muertos, mañana la
resurrección y el juicio. ¿Acaso no veis que
mañana se llama hoy?

Louis Cattiaux

 

La procrastinación no es nada nuevo. Desde el principio de los tiempos el hombre ha pospuesto decisiones, responsabilidades y trabajos por pura pereza, por miedo, incluso por perfeccionismo, dejando “para mañana” lo que perfectamente podía haber hecho hoy. Pero, nos podemos preguntar, ¿por qué hacer hoy lo que podemos hacer mañana? ¿Qué es lo que hemos de hacer hoy y no dejar para mañana? El Quijote (II-5) nos ha regalado una expresión lúcida y contundente que contesta a esta pregunta:

“antes hoy que mañana”.

Traducida al hebreo sería:

לפני היום מאשר מחר

¿Por qué? Para obtener la Shefa (שפע), “abundancia”, “prosperidad”, “influjo espiritual”. ¿Cómo llegamos a esta conclusión? La guematria de Shefa (שפע) es 450. Si sumamos las letras Sofit, finales, de la expresión citada, tenemos:

 

י = 10

מ = 40

ר = 200

ר = 200

———-

450

 

ש = 300

פ = 80

ע = 70

———–

450

 

La primera vez que la palabra Shefa (שפע) aparece en la Torah es en Deuteronomio (XXXIII-19):

 

כי שפע ימים יינקו, ושפני טמוני חול

“…pues con las riquezas Shefa (שפע) del mar y los tesoros ocultos en la arena se nutrirán”.

 

El mar es la Torah y los tesoros ocultos en la arena sus comentarios, las palabras de los sabios conocedores, pero también podemos leer Shefa Iamim (שפע ימים), las “riquezas del mar”, como Shefa Iomim (שפע ימים), la riqueza de los días, la riqueza del hoy. Una de las palabras para decir “riqueza” en hebreo es Hon (הון). Su guematria es 61 como la de HaIom (היום), “hoy”.

 

ה = 5

י = 0

ו = 6

ם = 40

———

61

 

ה = 5

י = 10

נ = 50

———

61

 

Dejar para mañana lo que podemos, lo que en realidad debemos, hacer hoy, es posponer nuestro estudio de la Torah que atrae la Shefa celestial. Ayer ya pasó; mañana quizá nunca llegará, sólo tenemos el hoy, el HaIom (היום) y el hoy es nuestra riqueza.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

EL NUEVE Y LO NUEVO

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Vimos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-N1) que hay una estrecha relación entre el número ocho y el sueño y a

noche. De ocho, del sueño, salimos al nueve, a lo nuevo, el nuevo día, el despertar.

 

Es curiosa la relación entre dos palabras latinas: Novo, “nuevo, y Novum, “nueve”. Veamos qué ocurre con otros idiomas.

La similitud fonética entre “nueve” y “nuevo” no se encuentra sólo en castellano. En catalán son exactamente iguales: “nou” y “nou”, lo que ocurrirá también en el francés: “neuf” y “neuf”.

En alemán “neu” se convertirá en “neun”; en italiano “nuove” en “nove” y en portugués “novo” en “nove”. El inglés “nine” nos dará “new” y el sueco “nio” nos dará “ny”.

Si el ocho correspondíaomo ya vimos, al sueño, a lo antiguo, el nueve corresponde a la renovación del despertar.

Todas estas palabras, muchas de las cuales nos llegan del latín, proceden en realidad del sánscrito nava, “nuevo”. En este idioma “nueve” se dice navam. La etimología nos enseña que de nuevo/nueve derivan palabras como “novedad”, “novato” o incluso “noviembre”.

Otro significado del nava sánscrito es “joven monje”, lo que correspondería en nuestras latitudes al “novicio”, palabra que también deriva de “nuevo”.

En hebreo nueve es Teshah (טשעה) y comienza por la letra Tet (ט) que es, precisamente, la novena del alfabeto. Los cabalistas consideraban a esta letra la “letra de la renovación”. Cuando calculamos la guematria Shemi de Tet (ט), 419, descubrimos que es la misma que la de Makor haJaim (מקור החיים), “la fuente de la vida”.

ט = 9

י = 10

ת = 400

————-

419

 

מקור = 346

החיים = 73

————-

419

La forma de la letra Tet (ט) recuerda a una serpiente enroscada. Este animal, que cada cierto tiempo cambia de piel es el símbolo por excelencia de la renovación y de la medicina.

Lo que produce la regeneración, la verdadera renovación es acceder y beber de la fuente de la vida. Éste era el elixir de los alquimistas.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL OCHO Y EL SUEÑO

Desde siempre se han recomendado ocho horas de sueño cada noche, o sea un tercio de la jornada. De hecho existe una

curiosa relación entre este número y la noche, que vamos a ver en diversos idiomas.

 

 

Es curiosa la relación entre dos palabras latinas, Octo, que significa “ocho” y Noctis, que significa “noche”. Veamos qué ocurre en otros idiomas.

La similitud fonética en castellano entre “ocho” y “noche” es obvia, pero no lo es tanto en francés, entre “huit” y “nuit”, en catalán entre “vuit” y “nit” o en portugués entre “oito” y “noite”. También en rumano “opt”, ocho, se convierte en “noapte”, noche. En italiano tenemos “otto” y “notte”, en inglés “eight” y “night”, en alemán “acht” y “nacht”. Lo mismo ocurre con el neerlandés: “acht” y “nacht”. En noruego “atte” y “natt” y en sueco “atta” y “natt”.

Pero la comparación más sorprendente la encontraremos en el Iddish: ocho es Ajt (אַכט) y noche Najt (נאַכט).

¿Cuál es la diferencia más relevante entre el ocho y la noche? La presencia en esta última palabra de la letra Ene (n). ¿Por qué? La clave quizá nos la proporcionen el Iddish y el hebreo por medio de la letra Nun, equivalente a nuestra Ene (n).

La relación entre el ocho y lo oscuro quizá quede clara en hebreo ya que Ajat (אַכט) significa “ágata” y es la octava piedra del pectoral del sacerdote, de nuevo una relación con el ocho, según aprendemos de Éxodo (XXVIII-17 a 20):

“y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de una piedra sárdica, un topacio y un carbunclo; la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista; la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro”.

 

 

Si viviéramos de acuerdo con los ritmos naturales, probablemente nos entraría sueño a eso de las ocho de la noche, y cuando nos dormimos  es como si “cayéramos” dentro del sueño. En hebreo “caer” es Nafal (נפל), palabra que comienza por la letra Nun (נ). Por otra parte, como nos enseña el Alfabeto de Rabbí Akiva (Ediciones Obelisco, Barcelona 2017) a propósito de esta letra:

“¿Por qué la letra nun tiene dos grafías, una curvada sobre sí misma y otra alargada, como si estuviera en pie? Porque con esta letra se creó el alma (neshamá) de toda criatura, y cualquier alma a veces está erguida y a veces curvada sobre sí misma”.

 

Así, la letra Nun representa al alma. Podríamos decir que cuando vamos a dormir entregamos nuestra alma a Dios en forma de letra Nun curvada, y al despertar él nos la devuelve erguida, de ahí que después de ocho horas de sueño reparador nos sintamos renovados. En las Birkot haShajar o Bendiciones de la mañana, se comienza con las palabras “Modé Aní Lefaneja, Melej Jai veKaiam she Ejezarta bi Nishmati beJemlah Rabbah Emunateja”, que en traducción libre sería:

“Te agradezco Rey vivo y establecido que me hayas devuelto mi alma con misericordia, grande es tu certeza”.

Cuando vamos a dormir nuestra alma está cargada de Rigor, pero cuando despertamos al día siguiente Dios lo ha convertido en Jemlah, Misericordia. Hemos dejado el ocho para entrar en el nueve: nos despertamos renovados como nuevos.

La relación entre el nueve y lo nuevo será objeto de un próximo post.

 

JULI PERADEJORDI

 

LA CARNE LA FLECHA

 

Veíamos la semana pasada (https://elzoharesplendor.wordpress.com/2019/07/26/prohibido-comer-carne/) que según el

Talmud estaba prohibido que el inculto comiera carne. Como el tema ha suscitado muchos más comentarios de los que

esperábamos, volveremos a él.

 

Un buen lector y mejor amigo, Hans H., nos escribía a propósito del post de la semana pasada que:

“en vez de ver lo peligroso de la flecha o saeta, existe en ello una promesa o esperanza. Es decir, que sólo comiendo Torah, el inculto podría llegar a tener la Saeta o Flecha con la que fijar aquello que busca y le falta”.

Interpretación brillante e inspirada, que nos anima a seguir profundizando en el tema desde otros puntos de vista.

Hans se apoyaba en que sumando la guematria de Am haAretz (עם הארץ), 406, a la de Basar (בשר), “carne”, 502, obtendremos 908, la guematria de Jetz (חץ), “flecha”, “saeta”.

La asociación entre Jetz (חץ), “flecha”, “saeta”, y Torah (תורה), la podemos encontrar restando 611, la guematria de Torah (תורה), de 908. Obtenemos 297, que es la guematria de Otzar (אוצר), “tesoro”.

Nos centraremos hoy en el Emblema 53 de Alciato (casualmente el número 53 es la guematria Sderti u ordinal de Torah), en el que vemos una flecha que transporta lo que podría ser un trozo de carne. Dirigida discretamente hacia arriba, esta flecha parece estar uniendo el suelo, representado por unos montículos, y el cielo, representado por unas nubes.

Una interesante alusión a la flecha la encontramos en Salmos (CXX-4), que nos dicen:

 

חצי גבור שנונים

“Afiladas saetas de valiente”.

El Zohar (I-143 a) lo comentará así:

 

Y David dijo a través del Espíritu Sagrado: «¿Qué te puede dar, qué te añadirá la lengua engañosa? Es como las afiladas saetas del valiente…» (Salmos CXX-3 y 4).

 

Y más adelante

«Las afiladas saetas del valiente»: se refiere a Esaú,

 

De este modo vemos dos cosas: las flechas corresponden a Esaú, que era cazador, y sabemos que Esaú, “el hombre peludo”, corresponde a su vez al Am haAretz (עם הארץ), el hombre de la tierra por oposición al hombre del cielo, al ignorante por oposición al sabio.  Por otra parte, la flecha se puede comparar con la lengua, que es el órgano que permite leer en voz alta la Torah.

Y, como decía Hans, “sólo comiendo Torah, el inculto podría llegar a tener la Saeta”. Entonces deja de ser un cazurro y se convierte en un rey.

Cuando sumamos la guematria de Am haAretz (עם הארץ), 406, a la de Torah (תורה), 611, obtenemos 1017. Se trata de la guematria de David ben Isai, Melej Israel (דוד בן ישי מלך ישראל), David, hijo de Isai, rey de Israel:

דוד = 14

בן = 52

ישי = 320

מלך = 90

ישראל = 541

————–

1017

JULI PERADEJORDI