99 % POR MAL DE OJO

 

Comentábamos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-Q4) aquel proverbio que afirma que “en boca cerrada no entran moscas” y quisiéramos relacionarlo con otro proverbio judeoespañol de la época, que también se refiere a la boca: por la boca muere el pez.

 

 

La interpretación más común de este proverbio es que el pez muere cayendo en la trampa de lo que en apariencia es un cebo, que en realidad está ocultando a un anzuelo. Primera lección: las apariencias no sólo engañan, también pueden matar. Pero, ¿qué simboliza el pez?

Sabemos, por ejemplo, que “estar pez” en un tema es ser ignorante del mismo. Y el libro de los Proverbios (XVIII-7) nos enseña que los ignorantes, los “peces”, mueren por la boca:

 

פי-כסיל, מחתה-לו

“La boca del necio causa su ruina”.

 

Kesil (כסיל), que se suele traducir por “necio”, significa también “tonto” e “insensato”.

Repasamos la semana pasada el simbolismo de la letra Pe (פ), que corresponde a la boca. Se trata de la 17ª letra en el orden del alfabeto. Si la tomamos en el orden inverso, es decir desde la letra Tav (ת) y no desde la Alef (א), se trata de la 6ª y en Atbash correspondería a la letra Vav (ו). Uno de los sentidos de Vav (ו) es precisamente “gancho”.

Si la (פ) es la boca, la Vav (ו) es el anzuelo, que la engancha. En arameo, “pez” se dice Nun (נון), que precisamente es el nombre de otra de las letras del alfabeto. Si “deconstruimos” esta palabra en sus tres letras podemos decir que la Nun (נ) curvada corresponde al anzuelo, la Vav (ו) corresponde al hilo y la Nun Sofit (ן) corresponde a la caña.

Curiosamente en castellano la palabra “pez” también quiere decir “cola”, “pegamento”. La guematria de Nun (נון) es 106, como la de Devek (דבק), “cola”, “pegamento”.

Visto todo esto, podría parecer que morimos por algo que entra por nuestras bocas, y probablemente sea así a causa del viscoso veneno inoculado por la serpiente, pero podemos aventurar otra interpretación más audaz: lo que realmente nos mata es lo que sale de nuestras bocas. Esto nos lleva al Lashon haRa, la maledicencia.

Nos explica el Talmud que cuando Rav visitó el cementerio de una ciudad (Baba Metzia 107 b), declaró que el 99 % de los fallecidos lo hicieron por culpa del Mal de Ojo. Para los sabios, el Mal de Ojo está asociado con el Lashon haRa, la maledicencia. Y esta maledicencia que mata es precisamente algo que sale de la boca y que entra por los oídos.

Si nos fijamos en la suma del valor numérico de las letras iniciales de la cita talmúdica que dice exactamente “99 por Mal de Ojo”, vemos que es 708:

 

תשעין ותשעה בעין רעה

 

ת = 400

ו = 6

ב = 2

ר = 200

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708

 

Se trata de la guematria de Ozen (אזן), “oreja”, “oído”:

 

א = 1

ז = 7

ן = 700

———–

708

 

 

JULI PERADEJORDI

EN BOCA CERRADA NO ENTRAN MOSCAS

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Sabemos que la letra Pe (פ) representa a la boca, Peh (פה). Su forma recuerda a la de una cara cuya boca está abierta hacia la izquierda, pero esta letra tiene dos formas, ésta, cerrada, y la Pe final o Pe Sofit (ף), abierta hacia abajo. El sabio Eleazar de Worms nos propone una sugerente interpretación de esta última.

 

El célebre refrán que sostiene que “en boca cerrada no entran moscas” tiene un origen cabalístico. De hecho, procede de un conocido refrán judeoespañol. La boca cerrada alude a la letra Pe (פ) y la boca abierta a la letra Pei Sofit (ף) o Pe abierta. Las moscas, esos bichos tan enfadosos, se relacionan con el diablo y con la idolatría. En hebreo “boca cerrada” es Peh Sagur (פה סגור) y Sigur (סגור) es un “filón de oro”.

Los sabios nos enseñan que en toda la Amidá, la oración de las 18 bendiciones no aparece la letra Pei Sofit (ף) o Pe abierta. Por otra parte, como escribe Eleazar de Worms (El secreto de la obra de la creación):

 

“La letra Pei Sofit es expresión de ira, Af, de hecho, en la oración de Salomón en el templo no aparece (…). Además, dado que Ezequiel lo hizo transformarse en un querubín para que no recordara un toro, y lo mismo ocurrió con los pies de las Jaiot, por esta razón en la segunda historia de la visión de la Merkavah no se mencionan las plantas de los pies, ni aparece la Pei Sofit”.

 

Af (אף) es una curiosa palabra hebrea, que significa “narices”, pero que también significa “enfado”. Pronunciándola arrastrando la letra Fe Sofit (ף) podemos escuchar a nuestra letra “f” con el aire que sale de la boca expresando el enfado por medio de un bufido. Sin duda por ello el sabio Eleazar del Worms relacionaba a la letra Pe Sofit (ף) con el enfado y con la idolatría. Los sabios sostenían que:

 

“El que se rinde a la ira (אף) es como si hubiera adorado ídolos”.

 

La forma de esta letra indica que con nuestros gritos la boca, Peh (פה), nos hace ir hacia abajo, hacia los infiernos. No es casualidad que el Zohar (I-2 b) relacione a la Pe Sofit (ף) con la serpiente. Por otra parte, el Talmud (Berajoth 61 a) compara a las moscas con la Mala Inclinación.

La boca y, sobre todo cómo la utilizamos, es, pues, de gran importancia, ya que también sirve para leer la Torah o entonar cánticos. En las Otiot de Rabbí Akiva leemos a propósito de la letra Pe (פ):

 

“Porque con la boca (pe) liberamos, pero también hacemos cautivos, con la boca rubricamos cuando tenemos la última palabra, pero también abrimos el discurso.

Además, entre las setenta naciones del mundo no hay otra que tenga dos puertas (petajín) a dos mundos diferentes, a este mundo y al mundo venidero”.

 

En el libro Shmirat haLashon (Shaar haTzevunah, cap. 2) podemos leer:

“uno conserva sus posesiones, tales como oro, plata o joyas, bajo llave y candado, seguramente encerradas en una caja fuerte escondida en una habitación interior. Cuánto más esfuerzo debería invertirse en poner cerrojo a la boca, utilizando el poder del silencio”.

Tener la boca cerrada es como tener cerrada la puerta, impidiendo así que entre por ella la Mala Inclinación, en forma de enfado, de idolatría o de sucio insecto. Algo así bien vale un “filón de oro”. Porque “si la palabra es de plata, el silencio es de oro”.

 

 

 

JULI PERADEJORDI

 

LA HUMILDAD COMO NOMBRE DE DIOS

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La palabra humildad, en hebreo Anavah (ענוה) es de una riqueza simbólica espectacular. Al ser lo opuesto del orgullo, la humildad es una suerte de antídoto del diablo.

 

Nos enseñan los sabios que Moisés era muy humilde, el más humilde de los hombres, y también que fue el hombre que más se acercó a Dios (Éxodo XXIV-2). De esto podemos deducir que el acercamiento a lo sagrado es proporcional a la humildad. Es bien sabido que tanto el orgullo como la soberbia ciegan al hombre. En el libro de los Salmos (CI-5) podemos leer:

 

גבה-עינים, ורחב לבב-אתו, לא אוכל

“al altivo de ojos, y de corazón vanidoso, a éste no puedo sufrir”.

 

La guematria de Gaah Einaim (גבה-עינים), “altivo de ojos”, una manera de referirse al orgulloso es 190:

 

גבה = 10

עינים = 180

————–

190

 

Se trata de la guematria de Ketz (קץ), “final”, “término”. Si nos fijamos, veremos que las dos letras que componen la palabra Ketz (קץ), “final” se dirigen hacia abajo y parecen hundirse en la tierra, en la tumba:

 

קץ

 

La humildad también consiste en mirar hacia abajo. Rabbí Moshé Cordovero, en su Palmera de Devorah explica que:

 

“Esta cualidad incluye todas las cualidades, por ello pertenece Keter, que es el atributo más alto”.

 

 Y, más adelante:

 

“Esta cualidad depende principalmente de la cabeza, por ello el hombre

arrogante mantiene su cabeza altiva mientras que el hombre humilde baja su cabeza”.

 

El Zohar (III-134 b) nos enseña que Ketz (קץ) es el

 

“secreto del reino del Otro Lado, que se denomina: «Ketz de toda carne».

 

El ángel que rige el “otro lado” tiene un nombre: Samael (סמאל), de Simé (סמא), “cegar”. Por eso se le conoce como el ángel cegador. En el libro Pajad David está escrito:

 

“La arrogancia ciega a la persona ante sus propios defectos, haciéndola creer que es perfecta”.

 

Si nos fijamos en cómo se escribe Anavah (ענוה), lo primero que llama la atención es que la tercera y cuarta letra coinciden con las del Tetragrama (יהוה). El valor numérico de esta palabra es 26 y sabemos que Moisés pertenece a la 26ª generación desde Adán. Por otra parte, cuando calculamos la guematria atbash de Anavah (ענוה), vemos que es 186, como la de Makom (מקום), uno de los nombres de Dios.

La guematria raguil de Anavah (ענוה) es 131.

 

ע = 70

נ = 50

ו = 6

ה = 5

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131

 

Por esta razón, la humildad es el antídoto del diablo, Samael (סמאל), cuya guematria también es 131:

 

ס = 70

מ = 50

א = 6

ל = 5

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131

 

JULI PERADEJORDI

 

REINÉ, REINO, REINARÉ

 

La famosa rueda de la fortuna medieval que aparece magistralmente representada en el Tarot, no tiene su origen en las Carmina Burana, como se suele creer, sino en una enigmática frase judía que los cabalistas han desentrañado gracias a la guematria.

 

 

La frase en cuestión es Adonai Melej, Adonai Malaj Adonai Imloj veOlam vaEd. Si bien esta expresión no aparece en la Torah, la encontramos en el Sidur en boca de los hombres de la Gran Asamblea.

 

יהוה מלך יהוה מלך יהוה ימלוך לעולם ועד

(El Eterno reina, el Eterno reinó, el Eterno reinará para la eternidad).

 

¿Sobre qué reina, reinó y reinará el Eterno? Señalemos de entrada que el Tetragrama (יהוה), que designa al Eterno, es una palabra compuesta precisamente por el pasado, presente y futuro del verbo ser. Es una manera de referirse al ser eterno, y este ser eterno reina sobre su creación: los cielos y la tierra. Aventuramos esta explicación de nuesta frase apoyándonos en la guematria y en las Sefirot. Veamos en primer lugar la guematria de la frase, 620:

 

יהוה = 26

מלך = 90

יהוה = 26

מלך = 90

יהוה = 26

ימלוך = 106

לעולם = 176

ועד = 80

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620

 

Se trata de la guematria de Jojmah, Binah veDaat (חכמה בינה ודעת), Sabiduría, Inteligencia y Conocimiento, las tres primeras sefirot:

 

חכמה = 73

בינה = 65

ודעת = 480

————–

620

 

El Eterno utiliza estas Sefirot para fundar la tierra, afirmar los cielos y dividir los abismos, según se desprende de Proverbios (III-19 y 20):

 

יהוה-בחכמה יסד-ארץ; כונן שמים, בתבונה.

בדעתו, תהומות נבקעו

“El Eterno con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Con su conocimiento los abismos fueron divididos…”.

 

 

JULI PERADEJORDI