El Zohar volumen XII

el zohar volumen XII

LA REENCARNACIÓN DE LAS ALMAS

Considerando que el presente volumen de El Zohar, el correspondiente  con la sección bíblica de Mishpatim, aborda ampliamente el  tema de la reencarnación de las almas de acuerdo con la visión cabalística,  intentaremos introducir al lector y al aprendiz en uno de los  misterios más profundos y difíciles del pensamiento cabalista.  Si bien en algunos casos no citaremos las fuentes de las cuales  los sabios aprenden cada uno de los conceptos aquí expuestos, todo  lo que citaremos a continuación se encuentra fundamentado en la  obra Shaar Haguilgulim del Rabí Jaim Vital, alumno principal del Arí  Hakadosh.

El origen de las almas 

De acuerdo con los sabios cabalistas las almas provienen de bajo el  Trono de Gloria, en donde se encontraban en un estado de altísimo  gozo y placer, disfrutando del resplandor de la Presencia Divina. Sin  embargo, ascendió en el Pensamiento divino la Voluntad de beneficiar  aun más y con mayor potencia a estas almas. Pero para evitar que  ellas aprehendieran esta bondad como un obsequio gratuito e inmerecido, por ello el Santo, Bendito Sea, las hizo descender al mundo, el  Mundo de la Acción, en el cual el hombre puede tornarse merecedor  de una recompensa espiritual a través de sus buenas acciones, del  estudio de la Torá y del cumplimiento de los preceptos bíblicos. Es  decir, cuando parte de este mundo físico el alma que se esfuerza por  seguir el camino del Bien alcanzará una porción en el Mundo Venidero,  no como un obsequio inmerecido sino como una recompensa  justa. Y esta es la explicación de lo enseñado en la Mishná:

“Quiso el  Santo, Bendito Sea, tornar merecedores a los Hijos de Israel y por ello  multiplicó –la posibilidad del estudio de– la Torá y de los preceptos”  (Tratado de Avot, 6:13).

El Primer Hombre 

En un comienzo y, tal como lo relata el texto bíblico, Dios creó a  Adán, el Primer Hombre, en el cual se encontraban incluidas todas  las almas futuras, del total de las generaciones posteriores. La suya  era “un alma general”, lo cual significa que, a pesar de ser un alma,  estaba conformada e incluía a un gran número de almas. O más precisamente,  a todo el resto de las almas. Y cuando el Primero Hombre  pecó a través del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, pecaron  junto a él todas las almas que estaban incluidas en él y cada una se  vio afectada de acuerdo al sitio que ubicaba y al grado que ocupaba  dentro del alma general de Adán. Y algunas fueron afectadas mínimamente,  otras de un modo más profundo, e incluso algunas fueron  afectadas de tal manera que descendieron a las profundidades del  mundo de las klipot o cáscaras impuras.  A partir de aquí se comprende el por qué todas las almas deber regresar  en una nueva reencarnación: para rectificar la afección de cada  una de ellas. Y cuando un alma que ya estuvo en este mundo vuelve  nuevamente como el alma de otra persona, en otro cuerpo, a esto  los sabios cabalistas denominan “reencarnación” –gilgul–. Significa:  el alma gira –mitgalguelet– y retorna nuevamente a este mundo para  alcanzar su rectificación.

El alma de los patriarcas 

Los sabios cabalistas nos enseñan que los tres patriarcas, Abraham,  Isaac y Jacob, también incluían a todas las almas, ya que en el tiempo  transcurrido entre Adán y los patriarcas las almas no lograron rectificarse.  Y los intentos prosiguieron, y nuevamente se nos explica que  todas las almas se dividieron y fueron incluidas en las doce tribus. Y  luego en las setenta almas de los hijos de Jacob, y posteriormente en  los seiscientos mil integrantes del Pueblo de Israel, los cuales también  son considerados como “grandes chispas” de espiritualidad o nitzotzot.  Y si consideramos que todas las almas incluidas en Adán se encontraban  también en los tres patriarcas, cabe decir que ellos, Abraham,  Isaac y Jacob, a través de los desafíos de sus vidas particulares,  procuraron rectificar los distintos aspectos de la transgresión del Primer  Hombre. Más aún: en base al concepto de la reencarnación absolutamente  todo lo sucedido con los patriarcas tenía la intención de  rectificar a su primer ancestro. Abraham el aspecto de la fe absoluta  y completa; Isaac el derramamiento de sangre producido por Adán al  atraer la muerte al mundo; y Jacob intentó rectificar la desviación en  lo concerniente a todo lo relacionado con el tema de la sexualidad.

La tarea individual 

De igual modo cada alma que ya vivió en este mundo y que dejó  de cumplir alguno de los preceptos positivos o que traspuso alguno  de los preceptos negativos, debe regresar al mundo para rectificar la  afección o la carencia que sufre debido a tal incumplimiento o transgresión.  Y de este modo tiene la oportunidad de rectificarse por completo,  perfeccionarse, y recibir de un modo consumado y merecido su  recompensa espiritual.  Por otro lado se nos enseña también que existen almas que vuelven  a reencarnarse para sumar preceptos y potenciarse a sí mismas,  lo cual le permite aumentar su futura recompensa y su grado espiritual  en el mundo de las almas.  Y hay personas que se reencarnan en varias almas, tal como se  nos enseña que Rabí Akiva, el gran maestro del Talmud y el padre  de la Torá Oral, estaba en realidad compuesto por una cantidad de  grandes y elevadas almas. Por eso también resulta importante tener  en cuenta que en algunos textos místicos se enseña que una persona  determinada se reencarnó en fulano, mientras que otro texto afirma  que la primera persona se reencarnó en zutano. Pero no siempre se  trata de dos reencarnaciones temporalmente separadas sino que muchas  veces y, al mismo tiempo, una persona puede reencarnarse en  varias almas diferentes.

Las partes del alma 

Es sabido que el alma está compuesta por tres grandes grados o niveles  generales: el nefesh, el ruaj y la neshamá. Y toda persona debe  rectificar los tres niveles. Y por ello alguien que rectificó su grado  de nefesh como corresponde, más no rectificó su grado de ruaj; o  que rectificó su grado de ruaj, pero no su nivel de neshamá, deberá  reencarnarse en nuestro mundo para rectificar los aspectos o niveles  carentes. Y así continuará hasta que logre rectificar todos los  niveles de nefesh, ruaj y neshamá. Y si se torna merecedor y logra  rectificar también su grado de iejidá entonces su alma descansará ya  en el Jardín divino y no volverá a regresar a nuestro mundo físico. Y  esto se encuentra sugerido en el versículo: “He aquí, todas estas cosas  hace Dios, dos y tres veces con el hombre” (Job 33:29). Es decir, los  sabios cabalistas interpretan que “las tres veces” que figuran en el  versículo aluden a los tres niveles principales del alma que deben ser  rectificados y corregidos: el nefesh, el ruaj y la neshamá.

Para más información sobre este volumen haz clic en El Zohar volumen XII.

3 comentarios el “El Zohar volumen XII

  1. Pingback: El Zohar | La reencarnación de las almas |

  2. Buenas noches,
    Muchas gracias por este regalo que ustedes nos brindan a través de estas lecturas. Por otro lado, les comento que me encanta la sabiduría que nos ponen en nuestras manos, y me gustaría mucho conocer (como en este caso) el contenido de lo que versan los tomos que han editado del Zohar. Mi pregunta es la siguiente: ¿es posible que pudiera tener acceso a una reseña similar a la que realizaron del Tomo XII, de los otros tomos que han editado?… Pienso que su conocimiento y sabiduría que ustedes poseen, permitirían a un lector como su servidor, que desea adquirir estas publicaciones pero que no conosco de que tratan cada una de ellas.
    Muchas gracias por su atención y les deseo buen día.

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