EL ESPEJO DE DIOS

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Se considera que el Tanaj está compuesto por 31,102 versículos. Si dividimos este número por 2 obtenemos 15.556 y si

vamos a buscar cuál es el versículo 15.556 nos encontramos con que es el primer versículo del Salmo CIII. Curiosamente

este versículo también puede dividirse en dos partes que se hacen mutuamente de espejo, una que se refiere a Dios y otra

al hombre.

 

 

Un delicado dilema en el que se encontraría el hombre caído que desea bendecir a Dios es que no le sería posible hacerlo, porque previamente él mismo debería haber sido bendecido. Esta idea se encuentra particularmente en el Salmo CIII-1, que dice:

לדוד: ברכי נפשי, את-יהוה;  וכל-קרבי, את-שם קדשו.

“De David. Bendice mi alma, ¡oh Eterno! ¡Que todo mi ser bendiga su santo nombre!”.

 

Nos hallamos aquí con dos proposiciones: la primera que Dios (el Tetragrama) bendiga nuestra alma; la segunda que todo nuestro ser bendiga el santo nombre de Dios, de nuevo el Tetragrama. Un pez que se muerde la cola.

La guematria del Tetragrama es harto conocida: 26:

 

י = 10

ה = 5

ו = 6

ה = 5

———

26

 

La guematria del salmo que acabamos de citar es 2662, o sea un número compuesto por 26, la guematria del santo nombre y 62, su número espejo.

 

לדוד = 44

ברכי = 232

נפשי = 440

את-יהוה = 427

וכל-קרבי = 368

את-שם = 741

קדשו = 410

——————

2662

 

Hemos visto que para bendecir a Dios el hombre debería haber sido bendecido anteriormente, pero sin duda se trata de una verdad a medias.

Si nos fijamos en las palabras del salmo que encabeza estas reflexiones, vemos que quien bendice al santo nombre no es el alma, sino es “todo el ser” y es que para poder hacerlo con “todo el ser” probablemente el alma tenga que haber sido bendecida previamente. Pero también podemos bendecir a Dios de una manera más parcial y sea precisamente esto lo que traiga su bendición sobre nuestra alma.

El Zohar (I-227 b) nos enseña que:

“Todas las bendiciones provienen de la fuente de la vida”.

 

La expresión que se utiliza en arameo es meMekora deJai (ממקורא דחיי), “de la fuente de la vida”. Cuando calculamos la guematria Katan o reducida de esta expresión descubrimos que es 32:

 

מ = 4

מ = 4

ק = 1

ו = 6

ר = 2

א = 1

ד = 4

ח = 8

י = 1

י = 1

——–

32

 

Se trata de la misma guematria que la de Lev (לב), “corazón”.

 

ל = 1

ב = 1

——–

32

 

La fuente de la vida, el lugar de donde provienen todas las bendiciones, es pues, el corazón, ese espejo oscuro de la divinidad.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

LA PLENITUD DE ISRAEL

Vimos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-O5) que Jerusalén era el corazón del mundo, lo cual le confiere a Israel,

que de algún modo es la irradiación de Jerusalén, un status muy especial apoyado en la noción de centralidad, pero que

también presenta la de elevación.

 

Leemos en Éxodo (III-8):

וארד להצילו מיד מצרים, ולהעלתו מן-הארץ ההוא, אל-ארץ טובה ורחבה

“Bajaré y lo rescataré de la mano de Egipto, y lo ascenderé de esa tierra a una tierra buena y espaciosa…”

 

“Una tierra buena y espaciosa”, en hebreo Eretz Tovah uRajavah (ארץ טובה ורחבה), tiene por guematria Raguil 534.

ארץ = 291

טובה = 22

ורחבה = 221

—————

534

 

Dos capítulos más adelante leemos en Éxodo (VI-2):

וידבר אלהים, אל-משה; ויאמר אליו, אני יהוה.

“Y le habló Dios a Moisés y le dijo: Yo soy IHWH”.

 

Cuando calculamos la guematria de esta frase vemos que es 1075:

וידבר = 222

אלהים = 86

אל-משה = 1

ויאמר = 257

אליו = 47

אני = 61

יהוה = 26

—————-

1075

 

Los cabalistas nos han enseñado que este número es el valor Shemi o completo de Israel (ישראל):

 

י = 20

ש = 360

ר = 510

א = 111

ל = 74

———-

1075

 

Sabemos que la guematria Raguil de Israel es 541. ¿Cuál es la diferencia entre 541 y 1075, entre el Israel “normal” y la plenitud de Israel? Exactamente 534.

 

י = 10

ש = 300

ר = 200

א = 1

ל = 30

———-

541

1075 – 541 = 534

 

Este número se refiere también a la tierra de Israel que, como vimos, es una “tierra buena y espaciosa”), Eretz Tovah uRajavah (ארץ טובה ורחבה), guematria 534.

Escrutando en el versículo de Éxodo que encabeza estas reflexiones, vemos que se trata de una tierra “elevada”, una tierra “ascendida”.

Israel es el centro del mundo y está, por así decirlo, “por encima de las naciones” irradiando la luz de Jerusalén cuando se comporta como una “tierra buena y espaciosa”, escuchando la voz de Dios que le dice:

וידבר אלהים, אל-משה; ויאמר אליו, אני יהוה.

“Y le habló Dios a Moisés y le dijo: Yo soy IHWH”.

 

De ahí que al menos dos veces al día se recite el Shemá que dice:

שמע, ישראל: יהוה אלהינו, יהוה אחד.

“Escucha Israel, IHWH nuestro Dios, IHWH es Uno”.

JULI PERADEJORDI

 

EL CENTRO DEL MUNDO

No es ningún secreto que cuando en los textos tradicionales se habla del “mundo” de “la creación del mundo”, en realidad

se está haciendo alusión al hombre, pero cuando hablan del centro del mundo, ¿a qué se están refiriendo?

 

 

Podemos leer en Ezequiel (V-5):

זאת ירושלם בתוך הגוים שמתיה

“Ésta es Jerusalén, la coloqué en medio de las naciones”.

 

Al parecer este versículo es el responsable de que en el año 1455 el geógrafo italiano Giovanni Leardo dibujara un mapa del mundo y situara en el centro de éste a Jerusalén; unos 150 años después aparecería el mapa que encabeza estas reflexiones. El centro del mundo es Jerusalén, Ierushalaim (ירושלים), pero quizá no se trate de la Jerusalén situable en nuestros mapas, incluso en los más antiguos.

Que Jerusalén es un lugar sagrado no cabe la menor duda. La guematria de Makom Kaddosh (מקום קדוש), “lugar sagrado”, es 596, la misma que la de Ierushalaim (ירושלים), pero ¿por qué se dice que es “el centro del mundo”?

 

מקום = 186

קדוש = 410

————-

596

 

י = 10

ר = 200

ו = 6

ש = 300

ל = 30

י = 10

ם = 40

———-

596

 

La palabra Ierushalaim (ירושלים) deriva de Ir haShalom (עיר השלום), “ciudad de la paz”. Su guematria Shemi o completa, 1202 nos apunta a las tres primeras palabras del relato de la creación, Bereshit Bara Elohim (בראשית  ברא אלהים).

 

עיר = 660

השלום = 542

—————

1202

 

בראשית = 913

ברא = 203

אלהים = 86

——————

1202

 

El relato de la creación alude a la creación del hombre y se considera tradicionalmente que el centro del hombre es el corazón, Lev (לב). Simbólicamente, Jerusalén es el corazón del mundo y corresponde en el hombre a ese centro sutil que es el corazón. Como hemos visto, su nombre, que deriva de Ir haShalom (עיר השלום), significa “ciudad de la paz”, y la paz, la verdadera paz, es la paz del corazón.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL SECRETO DE ATAH, “TÚ”

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Cuenta una antigua historia que un hombre falleció y llamó a las puertas del cielo para que le dejaran entrar. Desde el otro

lado le preguntaron “¿Quién eres?”. El hombre respondió “yo”. Entonces lo devolvieron a la tierra donde vivió de nuevo la

vida de los mortales.

 

Al cabo de varias reencarnaciones, cuando en las puertas del cielo volvieron a hacerle la misma pregunta, el hombre respondió Atah (אתה), que significa “tú”. Entonces lo dejaron entrar en el paraíso.

Había dejado de identificarse con su cuerpo y su ego para identificarse con el Creador.

Esta historia nos va a servir para profundizar en unas misteriosas palabras que aparecen en Éxodo (XXXIII-20):

 

כי לא יראני האדם וחי

“Porque el hombre no puede verme y vivir”.

 

A propósito de este versículo, dijo Rabbí Dosa:

 

“Durante su vida no puede verle, pero en el momento de la muerte sí lo hará”.

 

Cuando calculamos la guematria del versículo vemos que es 406:

 

כי = 30

לא = 31

יראני = 271

האדם = 50

וחי = 24

————-

406

 

Se trata de la guematria Shemi de Tav (תו), la letra Tav (ת) deletreada. Al tratarse de la última letra del alfabeto, corresponde con el final de la vida, con la muerte:

 

ת = 400

ו  = 6

————

406

 

Pero se trata también de la guematria de Atah (אתה), “tú”:

 

א = 1

ת = 400

ה = 5

———–

406

 

JULI PERADEJORDI

 

 

LA LUZ DE LA VIDA

Que la Torah es luz, es algo que hemos visto en varios de los post que colgamos cada semana, pero a través del

simbolismo de las letras podemos afinar más y deducir de qué luz estamos hablando. Podemos asociar los cinco libros que

componen la Torah con cinco letras concretas, las denominadas Manzapaj (Mem, Nun, Tzadi, Peh y Kaf).

 

Leemos en el Talmud (Shabbat 104 b):

 

“Dijo Rabbí Jeremías, y algunos dicen que lo dijo Rabbí Jía hijo de Abba: “Los profetas instituyeron que las letras Mem, Nun, Tzadi, Peh y Kaf, sean escritas de manera diferente cuando aparecen al final de una palabra””.

 

Si calculamos la guematria de estas letras obtenemos:

מ = 40

נ = 50

צ = 90

פ = 80

כ = 20

——–

280

 

Se trata de la guematria de Or haJaiim (אור החיים), “la luz de la vida”. Por esta razón podemos decir que la Torah es la luz de la vida.

 

אור = 207

החיים = 73

————

280

 

¿Qué es esta luz? Es el alimento del Justo, el Tzadik (צדיק).

Cuando tomamos Manzapaj (Mem, Nun, Tzadi, Peh y Kaf), nos encontramos con Mem (מ) y Nun (נ) que forman la palabra Man (מן), “maná”. Cuando tomamos Peh (פ) y Kaf (ך), nos encontramos con la palabra Paj (פך), que significa “vasija”. Y la letra central la Tzadi (צ), representa al Tzadik (צדיק), el justo, que se alimenta del Man, la luz de la vida, que recoge en la vasija de su corazón.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

 

LOS SIETE LIBROS DE LA TORAH

Según el midrash, los libros de la Torah no deberían ser cinco (los que conforman el Pentateuco que conocemos), sino

siete, en correspondencia con los siete días de la creación y con el Shabbat (Vaikrá Rabbah 11-1). Vemos, pues, que

aparentemente faltarían dos libros, pero no es así.

 

 

Si nos fijamos en la guematria de haTorah (התורה), 616, podemos deconstruir este número en 61 y 16, que se hacen mutuamente de espejo. Si sumamos 6 con 1, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, obtenemos 7.

ה = 5

ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

————

616

 

Por otra parte, si deconstruimos la palabra Shabbat (שבת) nos encontramos con las letras Shin (ש) y Taf (ת) cuyos valores reducidos 3 y 4 suman 7 y en cuyo interior hay una letra Beth (ב), cuyo valor numérico es 2, en correspondencia con los dos libros a los que hacíamos alusión. El significado de esta letra es “casa”, y parecería como si en este mundo a la Torah le faltara una casa. Por otra parte, la forma de esta letra (ב) nos recuerda a una boca.

Un conocido pasaje de la Torah (Números X-33 a 36) está escrito entre dos letras Nun invertidas, que recuerdan a un paréntesis. Esta rareza, ampliamente comentada por Rashi y otros sabios, ha hecho que el Talmud (Shabbat 115 b) nos enseñará:

 

“Este pasaje, Dios lo enmarcó con simanioth (signos en forma de paréntesis) para indicar que no está aquí en su lugar.

Rabbí dice que ésta no es la razón por la cual han sido colocados estos signos, sino porque este pasaje puede ser considerado en sí mismo como un libro, como Rabbí Samuel bar Najman indica en nombre del Rabbí Jonatán:

“La sabiduría se ha construido a sí misma una casa. Ella esculpió las siete columnas” (Proverbios IX-1), son los siete libros de la Torah, según la opinión de Rabbí”.

 

ש = 300

ב= 2

ת = 400

————-

702

Pero los sabios nos han enseñado algo más: este pasaje está compuesto por exactamente 85 letras, la guematria de la palabra Peh (פה), “boca”. ¿Por qué? Porque, como enseñan los sabios, hacen falta como mínimo 85 letras para que un escrito sea reconocido como “libro”. Por otra parte, si calculamos la guematria de Beth Sefarim, “2 libros” (ב ספרים) vemos que es 392, exactamente la misma que la de Shbiyi (שביעי), “séptimo”:

 

ב= 2

ספרים = 400

—————–

392

 

ש = 300

ב = 2

י = 10

ע = 70

י = 10

————-

392

 

Los rabinos sugieren que, a causa de este paréntesis, el libro de Números está compuesto en realidad por tres libros. Uno hasta el principio del paréntesis, otro contenido por el paréntesis y otro desde el paréntesis hasta el final. Así estos tres libros de Números junto con los otros cuatro libros de la Torah sumarían siete libros.

Y para concluir señalemos que la guematria de Shevah Sefarim (שבעה ספרים), “siete libros”, 767, es la misma que la de KeKol Torah (כקול תורה), “como la voz de la Torah”.

שבעה = 377

ספרים = 390

—————-

767

 

כקול = 156

ורה = 611

————-

767

JULI PERADEJORDI

 

EL SECRETO DE LA CONTEMPLACIÓN

 

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En nuestro estado caído no nos es posible contemplar, entre otras cosas, por falta de luz, pero el estado primigenio del

hombre es la contemplación. ¿Cómo podemos acceder a esa luz? En ausencia de este estado lo que nos queda es rezar.

Veamos cuál es la relación entre la oración y la contemplación.

 

 

“Contemplar” en hebreo es Histakel (הסתכל). La guematria de esta palabra es 515:

 

ה = 5

ס = 60

ת = 400

כ = 20

ל = 30

———-

515

 

Este número ha sido objeto de numerosísimos comentarios ya que se trata de las veces que Moisés le rezó a Dios, según el Midrash Rabbah (11:10). El texto dice así:

 

“¿Y de dónde aprendemos que Moisés rezó en este momento 515 veces?

Está escrito: ‘Y yo le rogué (vaetjanán) al Eterno en ese momento, diciendo…’ (Deuteronomio III-23)”

 

El valor numérico de ‘vaetjanán’ (ואתחנן) equivale a este número”:

 

ו = 6

א = 1

ת = 400

ח = 8

נ = 50

ן = 50

————-

515

 

Pero hay algo aún más sorprendente que ya han indicado los cabalistas: se trata también de la guematria de Tefilah (תפילה), “oración”:

 

ת = 400

פ = 80

י = 10

ל = 30

ה = 5

————

515

 

Sabemos que la palabra “oración” viene del latín orare, que quiere decir “hablar en voz alta”, pero si vamos más lejos llegamos a la verdadera raíz de este término: Or (אור), en hebreo “luz”. ¿De qué luz estamos hablando?

 

De nuevo será el Midrash Rabbah (11:2) quien nos lo aclare cuando dice:

 

“La luz creada el primer día por el Santo, Bendito sea, permitía al hombre ver y contemplar el mundo de un extremo al otro”.

 

Esta luz, nos enseña también el Midrash, fue ocultada para los Justos en el Mundo Porvenir. Ésta es la luz que nos permite contemplar. Sin embargo, unas chispas de esa luz permanecen en la Torah, y allí podemos acudir a rescatarlas. Orar es como sacar luz de ese pozo maravilloso que es la Torah.

 

JULI PERADEJORDI

 

ÉSTE ES EL CAMINO DEL REY

La expresión hebrea Ze Derej haMelej (זה דרך המלך), “éste es el camino del rey” nos reserva curiosos secretos que nos

llevan hasta Ar haMoriah (הר המוריה), “el monte Moriah” y hasta la Torah.

 

 

“…viajaremos a lo largo del Camino del Rey,

no desviándonos a la derecha ni a la izquierda”

Números XX-17

 

 

Sabemos que en hebreo “secreto” se dice Sod (סוד) y que la guematria de esta palabra es 70.

 

ס = 60

ו = 6

ד = 4

———-

70

 

La guematria atbash de Sod (סוד) es 188, lo cual no deja de ser sorprendente ya que, como nos enseñan los cabalistas, la palabra Melej (מלך) “rey” aparece exactamente 188 veces en el libro de Ester.

ס = 8

ו = 80

ד = 100

———–

70

 

Por otra parte la guematria de Ze Derej haMelej (זה דרך המלך) es 331.

 

ז = 7

ה = 5

ד = 4

ר = 200

כ = 20

ה = 5

מ = 40

ל = 30

כ = 20

————

331

 

Si calculamos su guematria atbash, vemos que es 443, o sea la guematria de haLujoth (הלחת), “las Tablas”.

 

ז = 7

ה = 5

ד = 4

ר = 200

כ = 20

ה = 5

מ = 40

ל = 30

כ = 20

———-

443

 

ה = 5

ל = 30

ח = 8

ת = 400

———–

443

 

El camino del rey sería, pues, el camino de “las Tablas”, o sea la Torah. Pero veamos qué otras sorpresas nos reserva esta expresión. Si calculamos su guematria Sderti, descubrimos que es 112, o sea la suma de la guematria de IHWH (יהוה) y la de Elohim (אלהים):

 

ז = 7

ה = 5

ד = 4

ר = 20

ך = 23

ה = 5

מ = 13

ל = 12

ך = 23

———–

112

 

ה = 5

ל = 30

ח = 8

ת = 400

———-

112

 

י = 5

ה = 30

ו = 8

ה = 400

———

26

 

א = 5

ל = 30

ה = 8

י = 30

מ = 400

———–

86

 

26 + 86 = 112

 

Si añadimos la guematria de Ze Derej haMelej (זו דרך המלך), 331 a 70, la guematria de Sod (סוד), obtenemos 401, o sea la guematria de la primera y la última letra del alfabeto, Alef y Tav. Así, el camino del rey abarcaría todo lo abarcable entre la Alef y la Tav, o sea de nuevo la Torah pues ésta está escrita con las 22 letras.

Si añadimos 401 a 70, la guematria de Sod (סוד), obtenemos 471, la guematria de Ar haMoriah (הר המוריה), “el monte Moriah”.

Si añadimos la guematria de Ar haMoriah (הר המוריה), 471 a 70, la guematria de Sod (סוד), obtenemos 541, la guematria de Israel (ישראל).

Si añadimos ahora la guematria de Israel (ישראל), 541 a 70, la guematria de Sod (סוד), obtenemos 611, la guematria de Torah (תורה).

Así de nuevo podemos decir que el camino del rey, que pasa por el secreto de Ar haMoriah (הר המוריה) y de Israel (ישראל) es la Torah.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

NO HAY DERECHO, NO ES JUSTO

 

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NO HAY DERECHO

Solemos decir que “no hay derecho” cuando algo es injusto, como si lo derecho fuera justo y lo izquierdo injusto. Es más,

el adjetivo “derecho” se utiliza como substantivo cuando hablamos de jurisprudencia. ¿Qué hay detrás de este concepto?

 

 

 

“Y quiero que sepa vuestra reverencia

que yo soy un caballero de la Mancha, llamado don Quijote,

y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertosy desfaciendo agravios”.

Quijote (II-19)

 

 

El concepto de “derecho” viene del latín directus; que significa “lo recto”, “lo correcto”, pero lo que actualmente conocemos como “Derecho”, con mayúsculas, era en latín ius, la raíz de iustitia, justicia. Lo contrario de lo derecho es lo torcido, lo tuerto. Lo que está torcido, el que está torcido, no es justo.

¿Quién está torcido? El hombre y el mundo, tras la caída de nuestros primeros padres.

¿Quién nos enderezará? Hay varias opiniones.

Para algunos el Mesías. Para otros, don Quijote. Pero, ¿no se tratará de lo mismo?

La imagen simbólica de la Justicia que conocemos, y que podemos contemplar en la carta del Tarot que encabeza estas reflexiones, procede de la Temis griega, hija de Urano y Gaia, o sea del Cielo y de la Tierra. Era la alegoría del Derecho y de la Justicia. Se la representaba con tres atributos:

La venda que le cubre los ojos

La balanza

la espada.

 

La venda que cubre los ojos de la Justicia se interpreta como que “la Justicia es ciega”, o sea que ha de ser imparcial.

Símbolo de juicio y armonía, la balanza indica que el juez ha de sopesar los argumentos de las partes en litigio y ser imparcial. De hecho, la aguja del centro de la balanza y que se decanta hacia un lado u otro se denomina también “juez”.

La espada, que se encuentra al origen de la expresión “el brazo armado de la justicia”, nos sugiere que además de evaluar y juzgar, el juez ha de ejecutar el “veredicto” (palabra cuya etimología significa decir “verdad dicha”, de verus y dictus).

Con todo, podemos permitirnos una interpretación alternativa que esperamos no choque a nadie.

La venda que cubre los ojos de nuestra imagen no nos está diciendo en ningún momento que la justicia sea ciega: nos está sugiriendo que la verdadera Justicia no ve las cosas con los ojos de este mundo. Por eso muchas cuestiones que desde nuestro punto de vista pueden parecernos injustas, en realidad no lo son, y los sabios nos enseñan que sólo las veremos tal como son cuando venga el Mesías.

Muchas cosas, también, que nos parecen locas o disparatadas, no lo eran para don Quijote.

La balanza se llama en hebreo Moznaim (מאזנים), siendo también éste el nombre del signo zodiacal de Libra, en el mes de Tishre. La relación entre la balanza y la espada, que de alguna manera son lo mismo, nos la descubre Maimónides cuando explica que el primer día del mes de Tishre es Iom Kippur cuando:

“la persona debe verse a sí misma, y al mundo entero, como estando caminando en el filo de una espada, precisa y exquisitamente equilibrada, mitad meritoria y mitad culpable. Si comete un pecado, la inclina hacia el lado negativo. Sin embargo, cumpliendo con un solo precepto, puede alterar el equilibrio de su vida y la de todo el mundo al lado de la bendición y la vida”.

Los dos platillos de la balanza y el juez corresponden a las tres columnas del árbol de la vida: la del Rigor a la izquierda, la de la Misericordia a la derecha y la columna central.

Si nos fijamos en la carta del tarot que encabeza estas reflexiones, veremos que el platillo de la derecha parece pesar un poquito más que el de la izquierda, y que la espada también está ligeramente inclinada hacia la derecha. La Misericordia ha de ser mayor que el Rigor.

Pero existe una relación oculta entre la balanza y la espada que sólo descubriremos gracias a la guematria. La espada se llama en hebreo Jereb (חרב). La guematria de Moznaim (מאזנים) es 148, y la de Jereb (חרב) es 210. Cuando sumamos estos dos números obtenemos 358, que es la guematria de Mashiaj (משיח).

 

 

JULI PERADEJORDI

 

LA ENSALADA Y SUS ADEREZOS

Existe la tradición entre la gente educada que para servir una ensalada en la mesa hay que ser por lo menos cuatro.

“El más bueno le pone aceite”, “el más avaro pone el vinagre”, “el más sabio le pone la sal” y “el más loco le da vueltas”.

 

 

 

No creemos que sea ninguna blasfemia decir que la ensalada representa a la Torah y los cuatro en cuestión a sus cuatro sentidos.

Encontramos en la Torah, según la tradición, 613 preceptos. Cuando calculamos la guematria Shemi de Salat (סלט), “ensalada” nos llevamos la sorpresa de que también es 613:

 

ס = 120

ל = 74

ט = 419

———-

613

 

Comer ensalada sería como cumplir con los 613 preceptos, siempre y cuando esa ensalada sea la Torah.

El sentido más grosero de la Torah, el literal o Pshat, estaría representado por el loco, que es aquel personaje que va dando vueltas sin rumbo por la vida, malgastándola: no profundiza, se queda en la superficie de las cosas. Por eso es el que da la vuelta a la ensalada. A pesar de todo ello, no hemos de despreciarlo: si no le diera vueltas nos encontraríamos con hojas de lechuga excesivamente saladas o sin aceite.

Por esta razón (todos somos un poco como este loco) en los Pirke Avot (V-22) se nos recomienda:

“Dale la vuelta, dale la vuelta otra vez, porque todo está en ella”.

El avaro es el que pone el vinagre. Y es que mucho vinagre volvería agria la ensalada. En hebreo vinagre es Jometz (חומץ) de la misma raíz que el Jametz (חמץ) de Pesaj, la levadura, que según los cabalistas representa al Ietzer haRa, la Mala Inclinación.

El tercer sentido lo encontramos en el bondadoso, que es el que pone el aceite porque el aceite representa la bondad, ejemplarizada en Aarón (Salmos CXXXIII-2):

כשמן הטוב, על-הראש-
ירד, על-הזקן זקן-אהרן:
שירד, על-פי מדותיו

“Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras”.

Y el cuarto sentido, el Sod, secreto, es el que corresponde a la sal y al sabio (según algunas versiones al Justo, que al fin y al cabo es sabio). Podemos preguntarnos por qué.

La respuesta es muy sencilla: la sal es el gran conservante natural. Los sabios y el secreto, el Sod, son los que conservan la Torah. Sod, el secreto y la sefirah de Iesod, el fundamento, corresponden al Tzadik, al Justo.

A propósito del Justo podemos leer en el Zohar (I-82 a):

“Y el mundo no se sostiene sino sobre un solo justo, como está escrito: «El justo es el fundamento del mundo» (Proverbios X-25) y sobre él descansa el mundo, y debido a él se sostiene, y sobre él se implanta”.

Y, para concluir, así como en el centro de la Torah, en su interioridad más profunda, se halla el Sod, el secreto, en el centro de la palabra “enSALada” hallamos a la Sal.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

NO DEJES PARA MAÑANA…

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En la última semana he sabido del fallecimiento de tres personas muy queridas. Tres golpes, uno detrás del otro, que te

obligan a reflexionar. Cuando ves que la gente se va, automáticamente piensas en qué has venido a hacer a este mundo y

difícilmente hallas una respuesta convincente fuera de la Torah.

 

 

Mañana será oscuro, mañana hará frío,
mañana estaremos muertos, mañana la
resurrección y el juicio. ¿Acaso no veis que
mañana se llama hoy?

Louis Cattiaux

 

La procrastinación no es nada nuevo. Desde el principio de los tiempos el hombre ha pospuesto decisiones, responsabilidades y trabajos por pura pereza, por miedo, incluso por perfeccionismo, dejando “para mañana” lo que perfectamente podía haber hecho hoy. Pero, nos podemos preguntar, ¿por qué hacer hoy lo que podemos hacer mañana? ¿Qué es lo que hemos de hacer hoy y no dejar para mañana? El Quijote (II-5) nos ha regalado una expresión lúcida y contundente que contesta a esta pregunta:

“antes hoy que mañana”.

Traducida al hebreo sería:

לפני היום מאשר מחר

¿Por qué? Para obtener la Shefa (שפע), “abundancia”, “prosperidad”, “influjo espiritual”. ¿Cómo llegamos a esta conclusión? La guematria de Shefa (שפע) es 450. Si sumamos las letras Sofit, finales, de la expresión citada, tenemos:

 

י = 10

מ = 40

ר = 200

ר = 200

———-

450

 

ש = 300

פ = 80

ע = 70

———–

450

 

La primera vez que la palabra Shefa (שפע) aparece en la Torah es en Deuteronomio (XXXIII-19):

 

כי שפע ימים יינקו, ושפני טמוני חול

“…pues con las riquezas Shefa (שפע) del mar y los tesoros ocultos en la arena se nutrirán”.

 

El mar es la Torah y los tesoros ocultos en la arena sus comentarios, las palabras de los sabios conocedores, pero también podemos leer Shefa Iamim (שפע ימים), las “riquezas del mar”, como Shefa Iomim (שפע ימים), la riqueza de los días, la riqueza del hoy. Una de las palabras para decir “riqueza” en hebreo es Hon (הון). Su guematria es 61 como la de HaIom (היום), “hoy”.

 

ה = 5

י = 0

ו = 6

ם = 40

———

61

 

ה = 5

י = 10

נ = 50

———

61

 

Dejar para mañana lo que podemos, lo que en realidad debemos, hacer hoy, es posponer nuestro estudio de la Torah que atrae la Shefa celestial. Ayer ya pasó; mañana quizá nunca llegará, sólo tenemos el hoy, el HaIom (היום) y el hoy es nuestra riqueza.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

EL NUEVE Y LO NUEVO

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Vimos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-N1) que hay una estrecha relación entre el número ocho y el sueño y a

noche. De ocho, del sueño, salimos al nueve, a lo nuevo, el nuevo día, el despertar.

 

Es curiosa la relación entre dos palabras latinas: Novo, “nuevo, y Novum, “nueve”. Veamos qué ocurre con otros idiomas.

La similitud fonética entre “nueve” y “nuevo” no se encuentra sólo en castellano. En catalán son exactamente iguales: “nou” y “nou”, lo que ocurrirá también en el francés: “neuf” y “neuf”.

En alemán “neu” se convertirá en “neun”; en italiano “nuove” en “nove” y en portugués “novo” en “nove”. El inglés “nine” nos dará “new” y el sueco “nio” nos dará “ny”.

Si el ocho correspondíaomo ya vimos, al sueño, a lo antiguo, el nueve corresponde a la renovación del despertar.

Todas estas palabras, muchas de las cuales nos llegan del latín, proceden en realidad del sánscrito nava, “nuevo”. En este idioma “nueve” se dice navam. La etimología nos enseña que de nuevo/nueve derivan palabras como “novedad”, “novato” o incluso “noviembre”.

Otro significado del nava sánscrito es “joven monje”, lo que correspondería en nuestras latitudes al “novicio”, palabra que también deriva de “nuevo”.

En hebreo nueve es Teshah (טשעה) y comienza por la letra Tet (ט) que es, precisamente, la novena del alfabeto. Los cabalistas consideraban a esta letra la “letra de la renovación”. Cuando calculamos la guematria Shemi de Tet (ט), 419, descubrimos que es la misma que la de Makor haJaim (מקור החיים), “la fuente de la vida”.

ט = 9

י = 10

ת = 400

————-

419

 

מקור = 346

החיים = 73

————-

419

La forma de la letra Tet (ט) recuerda a una serpiente enroscada. Este animal, que cada cierto tiempo cambia de piel es el símbolo por excelencia de la renovación y de la medicina.

Lo que produce la regeneración, la verdadera renovación es acceder y beber de la fuente de la vida. Éste era el elixir de los alquimistas.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL OCHO Y EL SUEÑO

Desde siempre se han recomendado ocho horas de sueño cada noche, o sea un tercio de la jornada. De hecho existe una

curiosa relación entre este número y la noche, que vamos a ver en diversos idiomas.

 

 

Es curiosa la relación entre dos palabras latinas, Octo, que significa “ocho” y Noctis, que significa “noche”. Veamos qué ocurre en otros idiomas.

La similitud fonética en castellano entre “ocho” y “noche” es obvia, pero no lo es tanto en francés, entre “huit” y “nuit”, en catalán entre “vuit” y “nit” o en portugués entre “oito” y “noite”. También en rumano “opt”, ocho, se convierte en “noapte”, noche. En italiano tenemos “otto” y “notte”, en inglés “eight” y “night”, en alemán “acht” y “nacht”. Lo mismo ocurre con el neerlandés: “acht” y “nacht”. En noruego “atte” y “natt” y en sueco “atta” y “natt”.

Pero la comparación más sorprendente la encontraremos en el Iddish: ocho es Ajt (אַכט) y noche Najt (נאַכט).

¿Cuál es la diferencia más relevante entre el ocho y la noche? La presencia en esta última palabra de la letra Ene (n). ¿Por qué? La clave quizá nos la proporcionen el Iddish y el hebreo por medio de la letra Nun, equivalente a nuestra Ene (n).

La relación entre el ocho y lo oscuro quizá quede clara en hebreo ya que Ajat (אַכט) significa “ágata” y es la octava piedra del pectoral del sacerdote, de nuevo una relación con el ocho, según aprendemos de Éxodo (XXVIII-17 a 20):

“y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de una piedra sárdica, un topacio y un carbunclo; la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista; la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro”.

 

 

Si viviéramos de acuerdo con los ritmos naturales, probablemente nos entraría sueño a eso de las ocho de la noche, y cuando nos dormimos  es como si “cayéramos” dentro del sueño. En hebreo “caer” es Nafal (נפל), palabra que comienza por la letra Nun (נ). Por otra parte, como nos enseña el Alfabeto de Rabbí Akiva (Ediciones Obelisco, Barcelona 2017) a propósito de esta letra:

“¿Por qué la letra nun tiene dos grafías, una curvada sobre sí misma y otra alargada, como si estuviera en pie? Porque con esta letra se creó el alma (neshamá) de toda criatura, y cualquier alma a veces está erguida y a veces curvada sobre sí misma”.

 

Así, la letra Nun representa al alma. Podríamos decir que cuando vamos a dormir entregamos nuestra alma a Dios en forma de letra Nun curvada, y al despertar él nos la devuelve erguida, de ahí que después de ocho horas de sueño reparador nos sintamos renovados. En las Birkot haShajar o Bendiciones de la mañana, se comienza con las palabras “Modé Aní Lefaneja, Melej Jai veKaiam she Ejezarta bi Nishmati beJemlah Rabbah Emunateja”, que en traducción libre sería:

“Te agradezco Rey vivo y establecido que me hayas devuelto mi alma con misericordia, grande es tu certeza”.

Cuando vamos a dormir nuestra alma está cargada de Rigor, pero cuando despertamos al día siguiente Dios lo ha convertido en Jemlah, Misericordia. Hemos dejado el ocho para entrar en el nueve: nos despertamos renovados como nuevos.

La relación entre el nueve y lo nuevo será objeto de un próximo post.

 

JULI PERADEJORDI

 

LA CARNE LA FLECHA

 

Veíamos la semana pasada (https://elzoharesplendor.wordpress.com/2019/07/26/prohibido-comer-carne/) que según el

Talmud estaba prohibido que el inculto comiera carne. Como el tema ha suscitado muchos más comentarios de los que

esperábamos, volveremos a él.

 

Un buen lector y mejor amigo, Hans H., nos escribía a propósito del post de la semana pasada que:

“en vez de ver lo peligroso de la flecha o saeta, existe en ello una promesa o esperanza. Es decir, que sólo comiendo Torah, el inculto podría llegar a tener la Saeta o Flecha con la que fijar aquello que busca y le falta”.

Interpretación brillante e inspirada, que nos anima a seguir profundizando en el tema desde otros puntos de vista.

Hans se apoyaba en que sumando la guematria de Am haAretz (עם הארץ), 406, a la de Basar (בשר), “carne”, 502, obtendremos 908, la guematria de Jetz (חץ), “flecha”, “saeta”.

La asociación entre Jetz (חץ), “flecha”, “saeta”, y Torah (תורה), la podemos encontrar restando 611, la guematria de Torah (תורה), de 908. Obtenemos 297, que es la guematria de Otzar (אוצר), “tesoro”.

Nos centraremos hoy en el Emblema 53 de Alciato (casualmente el número 53 es la guematria Sderti u ordinal de Torah), en el que vemos una flecha que transporta lo que podría ser un trozo de carne. Dirigida discretamente hacia arriba, esta flecha parece estar uniendo el suelo, representado por unos montículos, y el cielo, representado por unas nubes.

Una interesante alusión a la flecha la encontramos en Salmos (CXX-4), que nos dicen:

 

חצי גבור שנונים

“Afiladas saetas de valiente”.

El Zohar (I-143 a) lo comentará así:

 

Y David dijo a través del Espíritu Sagrado: «¿Qué te puede dar, qué te añadirá la lengua engañosa? Es como las afiladas saetas del valiente…» (Salmos CXX-3 y 4).

 

Y más adelante

«Las afiladas saetas del valiente»: se refiere a Esaú,

 

De este modo vemos dos cosas: las flechas corresponden a Esaú, que era cazador, y sabemos que Esaú, “el hombre peludo”, corresponde a su vez al Am haAretz (עם הארץ), el hombre de la tierra por oposición al hombre del cielo, al ignorante por oposición al sabio.  Por otra parte, la flecha se puede comparar con la lengua, que es el órgano que permite leer en voz alta la Torah.

Y, como decía Hans, “sólo comiendo Torah, el inculto podría llegar a tener la Saeta”. Entonces deja de ser un cazurro y se convierte en un rey.

Cuando sumamos la guematria de Am haAretz (עם הארץ), 406, a la de Torah (תורה), 611, obtenemos 1017. Se trata de la guematria de David ben Isai, Melej Israel (דוד בן ישי מלך ישראל), David, hijo de Isai, rey de Israel:

דוד = 14

בן = 52

ישי = 320

מלך = 90

ישראל = 541

————–

1017

JULI PERADEJORDI

 

PROHIBIDO COMER CARNE

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El tratado talmúdico de Pesajim alberga una sorprendente prohibición: “está prohibido que el inculto coma carne”. ¿Qué

quiere decir esto? ¿Acaso los incultos están obligados a ser vegetarianos? ¿Acaso debemos considerar a los vegetarianos

incultos?

 

Cuando el Talmud nos informa de que algo está prohibido, muy a menudo nos está diciendo que se trata de algo que es imposible. Así, deberíamos leer esta prohibición como “es imposible que el inculto coma carne”. ¿Por qué? Ya vimos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-MK) que en el lenguaje de la cábala cuando se habla de “carne” se está hablando de Torah.

Un inculto es un Am haAretz (עם הארץ) y su guematria es 406:

עם = 110

הארץ = 296

————–

406

 

Para llegar a la guematria de Torah, que es 611, a este número le hemos de añadir 205. Curiosamente se trata del “número-espejo” del 502, la guematria de Basar (בשר), “carne”:

 

ב = 2

ש = 300

ר = 200

——-

502

 

Por otra parte, si volvemos al plano más físico y material podemos decir que si sumamos la guematria de Am haAretz (עם הארץ), 406, a la de Basar (בשר), “carne”, 502, obtendremos 908, la guematria de Jetz (חץ), “flecha”, “saeta”. Ello quiere decir que un ignorante que “consume” Torah sin entenderla se convierte en alguien peligroso como una flecha.

 

JULI PERADEJORDI

 

ABRE TUS OJOS

Emmanuel Kant escribió que “vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros”. Este pensamiento, calcado del

Talmud que cientos de años antes decía “no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos”, está cuestionando

algo tan esencial como nuestra capacidad de ver la realidad al desnudo. ¿Para qué hemos de abrir los ojos?

 

 

En el tratado de Berajoth (55 b), en una página que habla sobre los sueños, Rabbí Samuel ben Najmani decía:

“No vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos”.

 

Podemos preguntarnos por qué no vemos las cosas como son, y la respuesta, una de las respuestas que nos da la Torah es que tenemos los ojos cerrados. Dicho de otro modo: vivimos como en un sueño.

Esta idea puede asociarse a Salmos CXIX-18 que dice:

 

גל-עיני ואביטה- נפלאות, מתורתך

“Abre mis ojos para que pueda contemplar las maravillas de tu Torah”.

Un versículo que podemos relacionar con Proverbios (XX-13).

פקח עיניך שבע-לחם.

“Abre tus ojos y te saciarás de pan”.

¿Por qué? Porque cuando en la Torah se habla de “pan”, se está hablando de Torah, como aprendemos de Zohar (III-271 b):

“Venid, comed mi pan, y bebed del vino que yo he templado” (Proverbios IX-5). El pan es la Torah Escrita, y el vino la Torah Oral”.

 

Leer la Torah con los ojos cerrados, es decir interpretándola a partir de nuestra inteligencia caída, es comparable a tomar un veneno, un Sam Mot (סם מות). Hacerlo con los ojos abiertos es como absorber un elixir de vida, un Sam haJaim (סם החיים).

Cuando calculamos la guematria de Gal Einai (גל-עיני), “abre mis ojos”, vemos que es 173. Si calculamos la de Sam haJaim (סם החיים), descubrimos que es la misma.

 

גל = 33

עיני = 140

—————

173

 

סם = 100

החיים = 73

—————-

173

 

Con los ojos cerrados no podemos contemplar las maravillas de la Torah, tampoco podemos ver las cosas como son. Quizá porque la maravilla más extraordinaria de la Torah es que nos permite ver las cosas como son, no como somos.

 

JULI PERADEJORDI

DESPRECIAR ES PARTIR EL CORAZÓN

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Una antiquísima ley de la magia nos enseña que todo aquello que despreciamos nos lo ponemos en contra. Despreciar un

regalo, despreciar a un enemigo, despreciar cualquier cosa puede satisfacer mucho a nuestro ego, pero al final nos pasa

factura. Veamos cómo se plantea esta idea en la Torah.

 

 

El verbo que en hebreo se utiliza para decir “despreciar” es Bizah (בזה) y procede de una raíz que significa “romper”, “devastar”. ¿Qué es lo que despreciamos? En nuestra ignorancia creemos que despreciamos un objeto o a una persona, incluso hay quien desprecia la vida: nos sentimos superiores o por encima de ellos. Sin embargo, no es así. Sin ser conscientes de ello, lo que estamos despreciando es lo más sagrado que hay en los seres y las cosas, lo que tradicionalmente se conoce como “corazón”. No estamos considerando el corazón.

 

Leemos en Proverbios (XI-12):

 

בז-לרעהו חסר-לב

“Al que desprecia a su prójimo le falta corazón”.

 

¿Qué es lo que hace que despreciemos? La Mala Inclinación, lo que en hebreo se conoce como el Ietzer (יצר), inclinación. Cuando calculamos la guematria de Ietzer, descubrimos que es 300:

 

י = 10

צ = 90

ר = 200

————-

300

 

Cuando calculamos la guematria de Jeser Lev (חסר-לב), “le falta corazón”, nos encontramos con que también es 300:

 

חסר = 268

לב = 32

————–

300

 

Curiosamente, la palabra que quiere decir “prójimo” en hebreo, Ra (רע), también quiere decir “amigo”, con lo que podríamos leer el proverbio como “el que desprecia a un amigo no tiene corazón”.

Pero podemos profundizar más: Reehu (רעהו) “su prójimo”, es un anagrama de Roeh (רועה), “pastor”. Así, despreciando a nuestro prójimo estamos despreciando a nuestro verdadero maestro, el maestro interior.

Vimos que la raíz Bizah (בזה) significaba “romper”, “devastar”. Despejar al prójimo es como romperle, partirle el corazón.

Por todo ello, Louis Cattiaux escribía:

 

“No despreciemos nada ni a nadie, pues todo lo que despreciamos ya nada de bueno nos aporta e incluso acaba por volverse contra nosotros”.

 

JULI PERADEJORDI

LA ESPADA FLAMÍGERA

La primera alusión que aparece a una espada en la Torah la encontramos cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso,

y se encuentran ante cierta espada de fuego que da vueltas y que les barra el camino de regreso. Sin embargo,

no hemos de ver la espada únicamente como un obstáculo o un problema porque no nos permite volver a casa,

también es una oportunidad ya que, entre otras cosas, nos está indicando cuál es el camino de vuelta.

 

 

 

Los alquimistas dedicaban la mayor parte de sus afanes a identificar y descubrir qué es la denominada “primera materia”. A partir de ella podían confeccionar una medicina capaz de regenerar al hombre, de extirpar de su sangre el veneno que arrastra desde la caída de Adán. En hebreo, “primera materia” se dice Reshit Jomer (ראשית חומר) y su guematria es 1165. A veces llamaban a esta primera materia Rebis, literalmente “cosa doble”. Para Dom Pernety, Rebis era la fusión del principio masculino y el principio femenino reunidos en el vaso alquímico. También la espada del Génesis es una “cosa doble”, pues según la tradición es una espada de doble filo.

Veamos en Génesis (III-24) cómo empezó todo:

 

ויגרש, את-האדם; וישכן מקדם לגן-עדן את-הכרבים, ואת להט החרב המתהפכת, לשמר, את-דרך עץ החיים

“Y al expulsar al hombre, colocó al este del jardín de Edén los querubines y el filo de la espada flamígera que da vueltas para guardar el camino del árbol de vida”.

 

Si acudimos al Zohar (II-27 b), descubrimos que “Binah es el filo de la espada flamígera” y también que “Maljut es el filo de la espada flamígera”. ¿En qué quedamos? Se trataba, como hemos visto, de una espada de doble filo. Uno corresponde a Binah y otro a Maljut.

Los cabalistas nos enseñan que tanto la sefirah Binah como la sefirah Maljut representan a la Shekinah (שכינה). Ambas corresponden a las dos letras He del Tetragrama, el Nombre. Si calculamos la guematria de Shekinah (שכינה), descubrimos que se trata de la misma que la guematria atbash de Derej Ets haJaiim (דרך עץ החיים), “el camino del árbol de vida”: 385:

 

ש = 300

כ = 20

י = 10

נ = 50

ה = 5

————-

385

 

דרך = 133

עץ = 12

החיים = 240

————–

385

 

Pero hay algo aún más sorprendente, la guematria de haJerev haMithapejet (החרב המתהפכת), “la espada que da vueltas”, es 1165, como la de primera materia, Reshit Jomer (ראשית חומר):

 

ראשית = 911

חומר = 254

——————

1165

 

החרב = 216

המתהפכת = 950

——————–

1165

 

Para Pernety la espada era el fuego de los filósofos, para otros autores el disolvente universal, pero como ya sugería un coleccionista de espadas, Juan Eduardo Cirlot, hay que ver una relación entre sword, espada en inglés y word, palabra en este idioma. El Zohar (III-272 a) nos descubre que:

“Vav, guematria seis, del Tetragrama, es el cuerpo de la espada, y Iod la empuñadura de la espada. Las dos He son los dos filos de la espada. La vaina de la espada es Adonai”.

 

Pero lo cierto es que el Tetragrama es la Palabra…

 

 

 

JULI PERADEJORDI

 

PONERSE EN MANOS DE DIOS

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Existe entre los sabios la idea de que hemos de ir por la vida movidos por la mano de Dios, pero prácticamente nadie sabe

qué pueda ser. Por lo general quien nos mueve es la mano del destino, y así nos va.

 

Considerar que Dios tiene manos es una aberración antropomórfica. Es confundir el símbolo con la cosa y, sobre todo, desconocer que la palabra Iad (יד), “mano” en sentido figurado significa “fuerza”, “poder”. ¿Cuál es la mano de Dios? El poder de Dios.

En el Zohar (III-273 b) aparece una curiosa definición de la mano de Dios. El texto dice:

 

יד יי דא מים דאוריתא

Iad haShem Da Maim deOraita

“La mano de Iod He Vav He es el agua de la Torah”.

 

Si calculamos la guematria de Iad haShem (יד יהוה), la mano del Eterno, vemos que es 40:

 

יד = 14

יהוה = 26

————

40

 

Esto nos permite leer esta frase como 40 es el agua de la Torah. ¿Por qué cuarenta? Sabemos (Génesis VII-4) que en la historia de Noé, la lluvia cayó durante 40 días, lo cual nos sugiere ya una relación entre el número 40 y el agua. Pero 40 es el valor numérico de la letra Mem (מ), que es la inicial de Maim (מים), “aguas”. Según el Talmud, en feto está dentro del vientre de la madre durante 40 semanas antes de “romper aguas”.

Antes de recibir la Torah el pueblo vagó por el desierto durante 40 años. Moisés estuvo 40 días con sus noches en el Sinaí para recibir la Torah. Por otra parte, si multiplicamos entre sí las dos letras que componen la palabra Iad (יד), Iod, 10 y Dalet, 4, de nuevo obtenemos 40.

Los cabalistas nos enseñan que el Satán tiene poder sobre el hombre y puede acusarlo todos los días del año excepto uno, el día de Iom Kippur. Se apoyan en el Talmud (tratado de Nedarim 32 b) que nos explica que la guematria de haSatan (השטן) es 364, o sea 365 menos uno:

 

ה = 5

ש = 300

ט = 9

ן = 50

————

364

 

¿Cómo escapar al poder del Satán? Muy sencillo: poniéndonos en manos de Dios.

Vimos que la guematria de Iad (יד), mano, es 14. La del Nombre de Dios (יהוה) es 26. Cuando multiplicamos 14 por 26 obtenemos exactamente 364. Por eso es el contrario y el antídoto del Satán.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

HACER LA COLADA

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Entre los comentarios que he recibido al post de la semana pasa, Benditos chafarderos (https://wp.me/p2Xmky-Ml),

quisiera destacar uno de Esteve C., que nos regala una sorprendente asociación: el lavandero con el arquetipo del rey.

 

 

El comentario de Esteve dice así:

“En sánscrito Iha Rajakah puede leerse como “aquí hay un lavandero” o “aquí hay un rey” dependiendo de que utilicemos una vocal larga o corta”.

 

¿Qué relación hay entre alguien que lava y alguien que gobierna?

Es el misterio de la bendición, Berajah (ברכה), del que hablábamos en el post anterior. Quien lava es la lluvia y el que hace que llueva es el rey.  El lavandero, que es como un rey de abajo, lava las ropas (en hebreo Begadim (בגדים). El rey hace bajar la bendición que lava las almas. Como nos enseña el Zohar (III-271 b):

 

Melej, rey, es llamado “rey” sólo cuando estos se acercan a él para ser bendecidos”.

 

Cuando nuestros primeros padres pecaron, de alguna manera traicionaron a Dios, traicionaron la confianza que había puesto en ellos. Como estaban desnudos tuvieron que vestirse. En hebreo traicionar es Bagad (בגד) y vestido Begued (בגד). La guematria de Begadim (בגדים) “vestidos” es 59, como la de Niddah (נדה), palabra que podemos traducir tanto como “impureza” como por “expulsar”:

ב = 2

ג = 3

ד = 4

י = 10

ם = 40

———-

59

 

נ = 50

ד = 4

ה = 5

———-

59

 

Por eso, vestidos y bien vestidos, Adán y Eva fueron expulsados del paraíso. Pero sus ropas eran ropas mugrientas que apestaban a pecado y que tenían de ser lavadas para poder asistir a las bodas del rey, y el único jabón capaz de lavarlas es la Berajah (ברכה) del rey, del rey Mesías. Al fin y al cabo la guematria de Mashiaj (משיח), 358 hace que sea el antídoto de la serpiente, Najash (נחש), 358.

Por eso lavar la ropa, Begued (בגד), se dice en catalán “fer la bugada”, hacer la colada.

 

JULI PERADEJORDI