LA LUZ DE ISRAEL

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La última parashah de la Torah contiene una expresión, “Moshé Ish haElohim”, que ha llamado la atención de

prácticamente todos los comentadores, sin embargo no sabemos de nadie que la haya analizado a la luz de la guematria,

que nos va a descubrir cosas muy interesantes.

 

 

 

Leemos en el principio de la última parashah de la Torah, en Deuteronomio (XXXIII-1):

וזאת הברכה, אשר ברך משה איש האלהים-את-בני ישראל:  לפני, מותו

“Y ésta es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios a los hijos de Israel, antes que muriera”.

 

Si tomamos las letras finales de Moshé Ish haElohim (משה איש האלהים), o sea Mem, Shin y He, vemos que forman la palabra Moshé, Moisés. Cuando calculamos la guematria de esta expresión, vemos que es 747.

משה = 345

איש = 311

האלהים = 91

—————

747

 

Por otra parte, si las leemos de derecha a izquierda obtenemos haShem (השם), “el Nombre”, expresión que se aplica a Dios. Sabemos que Moisés era hijo de Amram. Cuando calculamos la guematria de Moshé Ben Amram (משה בן עמרם), Moisés hijo de Amram, descubrimos que también es 747:

משה = 345

בן = 52

עמרם = 350

—————–

747

 

Pero aún hay más. Podríamos considerar que Moisés, que subió al Sinaí a recibir la Torah, se puede contemplar como la voz de la Torah, Kol Torah (קול תורה):

ק = 100

ו = 6

ל = 30

ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

—————-

747

 

Moisés es un hombre de Dios, pero no es un hombre corriente como nos descubre la guematria. También es “La Luz de Israel”. Esto se deduce de que si a 747 le añadimos 1 por el kollel, obtenemos 748, la guematria de Or Israel (אור ישראל), “luz de Israel”:

א = 1

ו = 6

ר = 200

י = 10

ש = 300

ר = 200

א = 1

ל = 30

———–

748

 

JULI PERADEJORDI

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DÁNDOLAS CON QUESO

 

Los paremiólogos coinciden en que la famosa expresión “darlas con queso” tiene su origen en la Mancha medieval. Para  sacarse de encima las partidas de vino picado o de baja calidad, los bodegueros invitaban a los compradores a comer queso antes de probar el vino ya que su sabor hace que sea difícil distinguir entre un buen vino y uno malo. Por eso, “darlas con queso” es sinónimo de  “engañar” o “estafar”. Sin embargo la pista de dónde procede realmente esta expresión nos la proporcionará Miguel de Cervantes en el Quijote.

 

En dos ocasiones Miguel de Cervantes hace alusión en el Quijote (Cap. LII y LXVI de la Segunda Parte) al “queso del Tronchón”, asociándolo con la ingesta de vino. La palabra “tronchón” procede del verbo “tronchar”, que significa “cortar”, “dividir”. ¿Cortar qué? ¿Qué tiene que ver todo esto con el queso?  Para averiguarlo hemos de dirigirnos al libro de Judith. Cuando su ciudad, Betulia, estaba asediada por el malvado Holofernes y sus tropas, La bella Judith, hija de Iojanán ideó una artimaña para deshacerse de él: le hizo comer grandes cantidades de queso junto con vino hasta que se durmió totalmente borracho. Entonces tomó su espada y le cortó la cabeza: he aquí el tronchón. De este modo Holofernes (הולופרנס) sería vencido por Judith (יהודית).

Cuando calculamos la guematria de Holofernes (הולופרנס), vemos que es la misma que la de “por Judith” (ביהודית), 437:

 

ה = 5

ו = 6

ל = 30

ו = 6

פ = 80

ר = 200

נ = 50

ס = 60

———–

437

 

ב = 2

י = 10

ה = 5

ו = 6

ד = 4

י = 10

ת = 400

————

437

 

No cabe duda de que la bella Judith se las dio con queso…

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

 

 

¿LA LEJÍA CURA?

Resultado de imagen de josep pamies

 

Últimamente ha saltado a la prensa la noticia de un presunto “curandero de la lejía” tildándolo de

embaucador, estafador y engañador, a pesar de que se trata de alguien que no en ningún momento se

ha lucrado con ello y a quien le ha caído una multa de nada más y nada menos que 600.000 euros.

 

En los últimos meses estamos viviendo en España un insólito resurgir de la Santa Inquisición, que no se limita únicamente a perseguir presuntos herejes, sino también lo que se ha tachado de “Pseudociencias” incluyendo en este concepto ciencias y terapias con miles de años de existencia, experiencia y efectividad. El poder de la industria farmacéutica es tan grande que puede borrar de un plumazo el trabajo de miles de buenos profesionales con la excusa de que algunos de ellos son unos estafadores. Todo parece ir en una dirección: conseguir una humanidad enferma crónica, que no piense por sí misma y, sobre todo que consuma y se calle. Pero hay gente que no quiere pasar por el aro.

La historia de la “lejía que cura” parte de la experiencia de Jim Humble, un ingeniero aeroespacial norteamericano, cuando en la selva de la Guayana se vio obligado a atender casos de malaria sin más medicamento que un desinfectante. Este producto, denominado con el desafortunado nombre de MMS, es una especie de lejía que según Humble curaría muchas otras patologías. Humble no se apoya en sesudos estudios ni en estadísticas, sino en su experiencia y en las vidas que salvó.

No vamos ni a atacar ni a defender el uso del MMS, únicamente nos gustaría, a partir de la etimología y la guematria contestar a la pregunta que encabeza estas reflexiones. En nuestro país una de las personas que cree en la eficacia del MMS (no por fe infusa sino porque ha podido comprobar sus resultados) es un payés de Balaguer, Josep Pamies.  Como hace cosa de un año vivimos un lamentable “a por ellos”, ahora parece que van “a por él”. Y no nos engañemos: son los mismos cavernarios con otros disfraces.

En primer lugar, señalemos que muy poca gente sabe que la lejía es un invento de los alquimistas. Estos estaban convencidos de la existencia de cierto elixir que servía para alargar la vida. La palabra “elixir” procede del árabe al ixir (الإكسير ), y de esta palabra podrían derivar el francés lessive (que en francés del siglo XIV era lissive) o el catalán lleixiu, “lejía”. De alguna manera la lejía no se inventó para lavar suelos, sino para ser ingerida por aquellos que deseaban prolongar sus vidas.

Los alquimistas eran conscientes de las virtudes del jabón (de sapo, saponis en latín) que limpiaba al hombre por fuera, y buscaban un producto que lo limpiara por dentro. Probablemente por eso desarrollaran la lejía a partir de cenizas, que con lo que antiguamente se hacía el jabón. Recordemos que el término latino “sapo” procede de la colina griega de Sapo en la que se realizaban sacrificios incinerando animales. De ahí también la relación entre el jabón y la ceniza.

Hay muchos tipos de lejías. A parte de la lessive, los franceses tienen la llamada eau de Javel, obra del químico (y alquimista) Claude-Louis Berthollet, amigo de Lavoisier, Gay-Lussac o Guyton de Morveau (relacionado con la famosa sociedad de alquimistas Les Illuminés d’Avignon), se trata del hipoclorito de sodio.

En hebreo la lejía se llama Mai Afar (מי אפר), literalmente “agua de ceniza”. La guematria de esta expresión es 331, como la de Nirfa (נרפא), “ha sanado”:

 

נ = 50

ר = 200

פ = 80

א = 1

———–

331

 

מי = 50

אפר = 2281

————-

331

 

Hablar, pues, de lejía, es como hablar de sanación.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

BENDICE Y SERÁS BENDECIDO

Imagen relacionada    La bendición, Berajah, parece ser una energía tan misteriosa como poderosa que fluye en dos

    direcciones, como se puede deducir de Génesis XII-3. Como ocurre como con el amor, no se agota

cuando se da, sino todo lo contrario. Esta energía puede asociarse con el alma y la consciencia.

 

 

En hebreo, la palabra consciencia es Mudaoth (מודעות) y su guematria 526:

 

מ = 40

ו = 6

ד = 4

ע = 70

ו = 6

ת = 400

———-

526

 

Esta palabra ha sido asociada con la frase de Génesis XII-3 que dice:

 

ואברכה, מברכיך

“Y bendeciré a los que te bendijeren”.

ואברכה = 234

מברכיך = 292

———————-

526

 

Si Dios ha de bendecir a los que bendicen a los demás hombres, ¿qué no hará con los que lo bendigan a Él? La respuesta quizá se halle en el Salmo CIII-1, que dice:

 

ברכי נפשי, את-יהוה; וכל-קרבי, את-שם קדשו

Bendice, alma mía al Eterno; y todas mis entrañas al Nombre de su santidad.

 

Cuando calculamos la guematria de Barji Nafshi et IHWH (ברכי נפשי, את-יהוה;), “bendice alma mía al Eterno” descubrimos que es 1099:

 

ברכי = 232

נפשי = 440

את = 401

יהוה = 26

—————

1099

 

Los cabalistas consideran que el hombre, compuesto por cuerpo, alma y espíritu puede asociarse con Esaú y Jacob (Israel). Así el

 

Cuerpo     es     Esaú (עשו)

Alma     es      Jacob (יעקב)

Espíritu      es     Israel (ישראל)

 

Si sumamos la guematria de estas tres palabras en hebreo, obtenemos 1099:

 

עשו = 376

יעקב = 182

ישראל = 541

—————

1099

 

 

La cábala nos enseña que este número se puede aplicar al alma completa de un hombre, compuesta por Nefesh, Ruaj, Neshamah, Jaiah y Iejidah:

 

נפש = 430

רוח = 214

נשמה = 395

חיה = 23

יחידה = 37

————–

1099

 

Así, el alma que bendice al Eterno es bendecida por éste en su totalidad, en su Nefesh, Ruaj, Neshamah, Jaiah y Iejidah y la unión de estos cinco niveles es lo que podríamos llamar en términos modernos “consciencia plena”.

 

JULI PERADEJORDI

 

EL DINERO Y LA NOSTALGIA

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Hace unos años vi una curiosa película que me presentaron como “esto es lo que viene después de ¿Y

tú qué sabes?”. Su título era sugestivo: El Secreto, pero su mensaje me dejó bastante desconcertado y

también un poco preocupado. El secreto de los grandes iniciados de todas las épocas, el secreto mejor

guardado desde que el hombre es hombre, consistiría sencillamente en hacer dinero. Lo encontré

patético.

 

 

No es que personalmente tenga nada en contra del dinero, pero me parece que venderle a alguien la moto de que será feliz el día en que sea multimillonario es mentirle y abocarlo al desastre. Es cierto que Woody Allen dijo que “El dinero no da la felicidad, pero proporciona una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para notar la diferencia”. Pero, y esto no es ningún secreto, en su búsqueda de esta “sensación de felicidad”, el hombre occidental vive (o muere lentamente) por, para y tras el dinero.

Poca gente sabe de dónde viene la palabra “dinero”. Si bien se la hace derivar del griego denarion, o incluso del dinar persa, sus verdaderos orígenes se remontan a la España medieval, donde un dinero equivalía a diez maravedís, emulando al denarius latino, que equivalía a diez ases. Por otra parte, money, como tantas palabras inglesas, procede del francés monnaie, “moneda”. Esta palabra hay que asociarla a la diosa romana Juno Moneta, reina del Cielo y diosa de la Luz, en cuyo templo se acuñaba moneda. Sin embargo, para la mayoría de pueblos, el dinero se relaciona con un metal muy concreto: la plata. Así, los franceses lo llaman argent, “plata”, y en prácticamente todo Latinoamérica también escuchamos esta palabra para referirse al dinero.

En la hora y pico que dura la película de El Secreto no pude escuchar ninguna alusión a la diosa de la Luz ni al dinero como dinamizador de proyectos, pero sí pude reflexionar sobre el apasionante y dual símbolo de la Luna, que a la vez es diosa de la Luz y de las Sombras. La Luna, el planeta que los astrólogos hacen corresponder con la plata, tiene varios significados realmente interesantes. Se refiere a lo cambiante, a las decepciones y también al pasado, a la nostalgia.

Esta última idea la encontramos en una raíz semítica, Kesef (כסף), que nos permite descubrir cuál es la conexión entre el dinero y la nostalgia. Kesef significa literalmente “plata” y el verbo Niksaf “sentir nostalgia, añorar”.

El psicoterapeuta norteamericano Thomas Moore nos descubre que nuestras relaciones con el dinero no siempre son racionales y lógicas, y que éste tiene una sombra que, cuando llega a corromper a una sociedad, hace que ésta se desmorone. La relación entre Kesef (כסף), dinero, que en guematria vale 160 y Tselem (צלם), imagen, de (צל), “sombra”, que también suma 160 es evidente y ya ha sido señalada por los cabalistas,

כ = 20

ס = 60

ף = 80

———–

160

צ = 90

ל = 90

מ = 30

————

160

La búsqueda desaforada del dinero que nos propone El Secreto, ¿no será en el fondo la expresión de una nostalgia por otro tipo de riqueza, por esa parte oculta de nuestra alma denominada “sombra” que es donde se halla nuestra imagen divina?

 

 

JULI PERADEJORDI

 

A PROPÓSITO DEL REY

Actualmente, sobre todo en nuestras latitudes, nos encontramos con mucha polémica a propósito de esa curiosa institución que es la monarquía. También con mucha ignorancia.

El pésimo ejemplo que nos han dado algunos reyes y príncipes ha contribuido a desacreditar a esta forma de gobierno que pretende concentrar el poder en una (monos) persona. Pero ser rey supone algo más que llevar armiños (o Ferraris) porque, como decía Thierry d’Oultremont, “la verdadera nobleza es la nobleza del corazón”.

 

 

Nos explican los Sabios, entre ellos Maimónides, que el hombre, Adam (אדם) es “rey”, Melej (מלך), cuando su cerebro, Moaj (מח) domina sobre su corazón, Lev (לב) que domina sobre su hígado, Keved (כבד). Es una manera de decir que su inteligencia, que está arriba, domina sobre sus pasiones, que están abajo, por medio de su corazón, que representa la bondad y la compasión (Hessed) y que está en el centro. Un rey centrado se guía, pues, por el corazón que, repetimos es bondad y compasión (Hessed).

Es obvio que actualmente esto no ocurre. Es una vergüenza, en hebreo Klam (כלם), o sea las letras que componen Melej (מלך)  en un orden equivocado.

Las iniciales de Moaj (מח), Lev (לב) y Keved (כבד) forman la palabra Melej (מלך), “rey”. Las tres letras. Kaf (כ), Lamed (ל) y Mem (מ), van una detrás de la otra en el alfabeto. Esto nos lleva a preguntarnos cuál es la letra siguiente. Cualquier niño judío de más de tres años lo sabe: la letra Nun (נ), una letra que se relaciona con el Rey Mesías y cuya guematria millui es 106:

נ = 50

ו = 6

נ = 60

———

106

Los cabalistas nos han enseñado que el arquetipo del rey es el rey David (דוד). Si calculamos la guematria de esta palabra, descubrimos que es 14. Curiosamente la letra Nun es la decimocuarta letra del alfabeto:

ד = 4

ו = 6

ד = 4

———

14

 

Cuando sumamos las guematrias de Moaj (מח), Lev (לב) y Keved (כבד) también obtenemos 106, al guematria millui de Nun :

מח = 48

לב = 32

כבד = 26

———-

106

 

Finalmente señalemos que este número es la guematria de Kes IHWH (כס יהוה), el Trono del Eterno:

כס = 80

יהוה = 26

————-

106

 

Esto nos enseña que el rey monarca debería ser como un trono para Dios, como un instrumento de la divinidad. Debe guiarse más por el corazón que por la inteligencia o las pasiones. Cualquier rey que no ejerza su función de este modo no lo es por la gracia (Hessed) divina. Es un impostor, del latín imponere, “imponer”. Quizá vencerá, pero no convencerá; sin duda impondrá, pero no recompondrá.

 

 

JULI PERADEJORDI

LA VOZ DE LOS ÁRBOLES Y LAS FLORES

 

Vivimos en la era de la comunicación por excelencia, pero la mayoría de nosotros tenemos problemas para comunicarnos

con los demás y con nosotros mismos. Pero, ¿sabemos realmente qué significa “comunicarse”? Veamos qué nos

“comunican” la etimología y la guematria.

 

 

 

“Comunicar”, del latín communicare, es “hacer partícipe a otro de lo que uno tiene”. En hebreo “comunicar” puede decirse de varias maneras; una de ellas es haAbrat Maser (העברת מסר). Maser (מסר), de la misma raíz, significa “mensaje”.

La guematria de haAbrat Maser (העברת מסר) es 977, como la del Kol Ilanot vePerajim (קול אילנות ופרחים), “la voz de los árboles y las flores”,

 

העברת = 677

מסר = 300

———————

977

קול = 136

אילנות = 497

ופרחים = 344

————————

977

 

Todo esto nos indica que en la comunicación verdadera ha de haber un mensaje que la naturaleza nos está comunicando a través de los árboles y las flores. ¿Cuál es este mensaje?

Nos lo sugieren las tres primeras palabras del Shemá: שמע, ישׂראל: יהוה:

שמע = 410

ישׂראל = 541

יהוה = 26

—————-

977

 

Porque lo que nos dice el Eterno no es distinto de lo que nos dicen los árboles y las flores. Todo nos invita a lo mismo: a la comunión con lo sagrado que está en nuestro interior y a la comunicación con lo sagrado que está en el interior de nuestro prójimo. Porque lo sagrado es lo que tenemos en común. Cuando lo logremos será verdad que:

 

שמע, ישראל: יהוה אלהינו, יהוה אחד

“Escucha Israel, IHWH nuestro Dios, IHWH es Uno”.

 

JULI  PERADEJORDI

LA GRACIA Y EL DESCANSO

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Hay cuestiones que dependen del esfuerzo del hombre y hay cuestiones que dependen de la gracia de Dios. La frontera entre ambas no siempre es evidente. Las primeras de estas cuestiones pertenecen al mundo de la materia, de la naturaleza, en hebreo haTeva (הטבע), mientras que las otras pertenecen al mundo del espíritu, Neshamah (נשמה).

 

Las primeras pueden asociarse al nombre de Dios Elohim, que comparte guematria con haTeva (הטבע), mientras que las segundas están relacionadas con el Tetragrama a su vez relacionado con la Jojmat Nistarah, “la sabiduría oculta” y las letras del alfabeto hebreo.

 

א = 1

ל = 30

ה = 5

י =  10
ם= 40

———-

86

ה =  5

ט= 9

ב = 2
ע= 70

———–

86

 

En estas últimas cuestiones, el hombre no ha de hacer nada a fin de no obstaculizar la acción divina. Ésta, como la Torah, puede compararse con el agua que desciende de lo alto hacia lo bajo, pero que no permanece si no encuentra un recipiente apto para recibirla. Esfuerzo y recipiente pueden asociarse con los seis días de la semana (la palabra Kli, “recipiente” tiene por guematria 60, o sea 6 multiplicado por 10), mientras que la gracia y el descanso se asocian con el Shabbat, guematria 702. Más que “no hacer nada” en el sentido más externo de esta expresión, en Shabbat se trata de no hacer nada que pueda obstaculizar la gracia divina.

Enseñan los cabalistas que la palabra Jen (חן), “gracia” aparece exactamente 90 veces en el Tanaj, y que 90 es la guematria de Maim (מים), “agua”. Esto establece una relación sutil entre la gracia Jen (חן) y el agua Maim (מים).

 

מ = 40

י =  10
ם= 40

———-

90

 

También sabemos que Jen (חן) es un anagrama de Noaj (נח), “Noé” y que el protagonista del diluvio, el Mabul (מבול), fue precisamente este personaje bíblico. Cayó sobre la tierra una cantidad de lluvia tan desmesurada, que ésta no pudo recibirla. Pero algunos comentaristas no han interpretado el relato del diluvio como una maldición, sino como todo lo contrario: como una descripción de la bendición, como una purificación. Sea como fuere, ha sido dicho que toda bendición que no es recibida se convierte en maldición.

Los cabalistas nos regalan una curiosa interpretación de la palabra Jen (חן), “gracia”. Su guematria ordinal a partir de Het (ח), 8, y Nun (נ), 14, nos da 22. Jen (חן) aludiría a la Jojmat Nistarah, “la sabiduría oculta”, escondida en las 22 letras del alfabeto.

Veamos cuál es la relación entre la sabiduría oculta en las letras y el Shabbat. El mundo, nos enseña la Torah, fue creado en 6 días en vistas del Shabbat, que en cierto modo es el que le da sentido. El sabio cabalista rabbí Elimelej de Lublin nos ha dejado en su libro Bnei Isajar una deliciosa disquisición a propósito del misterio del Shabbat, desvelando que contiene a las 10 sefirot.

Nos explica que Dios creó el mundo por medio de las 27 letras, las 22 letras del alfabeto y las 5 letras finales. Si tomamos la guematria del Nombre de Dios IHWH (יהוה), que es 26, y la multiplicamos por las 27 letras, obtenemos 702, la guematria de Shabbat (שבת). Por otra parte si calculamos el valor numérico de la suma de las letras que preceden a la Shin (ש), la  Beth (ב) y la Tav (ת) que forman la palabra Shabbat (שבת), o sea la Resh (ר), la Alef (א) y la Shin (ש), 200 + 1+ 300, obtenemos 501, la guematria de la expresión Zug min haShamaim (זוג מן השמים), “yugo de los cielos”, sin duda la expresión máxima de la gracia y del descanso, lo único que puede traernos “descanso” verdadero en este bajo mundo. Ahí están la gracia y el descanso.

 

זוג = 16

מן = 90

השמים = 395

——————

501

 

Como también nos han descubierto los cabalistas, la guematria de haShamaim (השמים), “los cielos”, es la misma que al de Neshamah (נשמה), el alma. Por otra parte, la guematria Shemi o completa de Zug min haShamaim (זוג מן השמים), “yugo de los cielos” es 914, y coincide con la de Or haShabbat (אור השבת), la luz del Shabbat.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

 

 

 

 

 

SUKOT Y EL MISTERIO DE LOS TRES TEMPLOS

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Se suele decir que la festividad de las cabañas o Sukot se celebra durante siete días para rememorar el paso del pueblo de

Israel por el desierto y la fragilidad de las cabañas en las que habitaban. Sin embargo para los cabalistas se refiere a algo

más.

 

El pueblo de Israel no pasó siete días en el desierto sino cuarenta años, por esta razón “celebrar durante siete días para rememorar el paso del pueblo de Israel por el desierto” no acaba de entenderse.

Leemos en Levítico XXXIII-42 y 43:

בסכת תשבו, שבעת ימים; כל-האזרח, בישראל, ישבו, בסכת.

למען, ידעו דרתיכם, כי בסכות הושבתי את-בני ישראל, בהוציאי אותם מארץ מצרים:  אני, יהוה אלהיכם

“Habitaréis en cabañas durante siete días; todo nativo de Israel habitará en cabañas. Para que vuestras generaciones sepan que Yo hice que los Hijos de Israel habitaran en cabañas cuando los saqué de la tierra de Egipto; Yo soy El Eterno, vuestro Dios”

 

Los sabios han señalado una curiosidad en estos versículos. En el primero, la palabra Sukot (סכת) aparece en dos ocasiones, escrita sin la letra Vav (ו), mientras que en el segundo aparece en una sola ocasión (סכות), y escrita con la letra Vav (ו).

El secreto, pues, está en la letra Vav (ו).

Rabbí Iakov Abeh’ssera nos enseña que en las dos ocasiones en que la palabra Sukot (סכת) aparece escrita sin la letra Vav (ו) hace alusión a los dos primeros Templos que fueron destruidos por que les faltaba el Ets Jaim, el árbol de la vida, simbolizado por la letra Vav (ו).

La palabra Sukot (סכות) que aparece en el versículo siguiente sí está escrita con letra Vav (ו) para indicarnos que el tercer Templo, dotado del árbol de la vida, no será destruido.

Sin embargo, podemos aventurar otra interpretación que en modo alguno contradice lo anterior. Escrito sin Vav (ו), Sukot (סכת) tiene una guematria de 480. Escrito con Vav (ו) tiene una guematria de 486. De nuevo el secreto está en la letra Vav (ו).

ס = 60

כ = 20

ו = 6

ת = 400

———-

486

ל = 30

י = 10

ל = 30

י = 10

ת = 400

———

480

 

480 es la guematria de Lilith (לילית), mientras que 486 es la guematria millui de Lev (לב), “corazón”, palabra formada por la letra Lamed (למד), guematria 74 y la letra Beth (בית), guematria 412. La suma de 74 y 412 es 486.

Los dos primeros templos, como sugieren tan sutilmente los cabalistas, fueron separados del Ets Jaim, el árbol de vida, así como Adán y Eva fueron separados de él a causa de Lilith (לילית), mientras que el Tercer Templo, representado por el corazón Lev (לב) en su máxima expresión (su guematria millui) estará unido al árbol de vida. Esto lo podemos ver en la misma palabra Lev (לב) donde la letra Beth (ב), que significa “casa”, representa al Templo y la letra Lamed (ל), es como el hilo que elevándose hacia Arriba conecta al Templo con el Ets Jaim, el árbol de la vida. Es conocido que la guematria de Lev (לב) es 32, pero poca gente sabe que la guematria Katán o reducida de Ets Jaim (עץ חיים), el árbol de la vida, también es 32:

ל = 30

 ב = 400

———–

32

ע = 7

ץ = 9

ח = 8

י = 1

י = 1

ם = 6

———

32

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL CAMINO DE LA AMARGURA

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¿Quién no ha escuchado nunca a un hombre diciendo que su mujer lo lleva por “el camino de la

amargura”? ¿De qué camino se trata? ¿Eligió a la mujer correcta? El origen de esta expresión lo

encontramos en la Torah y la guematria nos va a descubrir su sentido.

 

 

 

El Talmud de Babilonia (Ievamoth 63 a) se pregunta si hay algo peor que la muerte, a lo cual Rab contesta, citando Eclesiastés (VII-26):

 

ומוצא אני מר ממות, את-האשה

“Y encuentro más amarga que la muerte a la mujer”.

 

Sin embargo, en el dorso de este mismo folio (Ievamoth 63 b), Rabbí Hanina nos enseña algo sorprendente que contradice totalmente lo anterior:

“En cuanto un hombre toma mujer, sus pecados son borrados porque está dicho (Proverbios XVIII-22)”:

 מצא אשה, מצא טוב

“El que halló mujer, halló el bien”.

 

Nos encontramos, pues, ante una aparente contradicción. ¿Por qué se relaciona a la mujer con la muerte? ¿Por qué la mujer “borra” los pecados? El secreto de este asunto es que podemos hablar de dos mujeres. Una de ella, Eva, Javah, que procede de Jaiah (חיה), es “vida” y se asocia con el alma; la otra Lilith, es “muerte”.

La guematria millui de Ishah (אשה), “mujer”, va a ayudarnos a entenderlo.

 

א = 111

ש = 360

ה =    6

———-

 477

 

Si vamos a Proverbios (XII-28), podemos leer:

 

בארח-צדקה חיים;  ודרך נתיבה אל-מות

“En la vereda de la justicia está la vida; y el camino de vereda no muerte”.

 

La guematria de Al Mavet (אל-מות), “no muerte” es 477, o sea la misma que la guematria millui de Ishah (אשה), “mujer”, lo cual aparentemente contradice a Eclesiastés (VII-26), relacionando esta vez a la mujer con exactamente lo contrario a la muerte. Estas dos palabras forman el concepto de Almavet (אלמות), “inmortalidad”, cuya guematria también es 477.

 

א = 1

ל = 30

מ = 40

ו = 6

ת = 400

———

477

 

Por otra parte, si vamos a Éxodo (XXXIV-7), nos encontramos con la expresión Nosé Avon (נשא עון) “que perdona los pecados” aplicada a IHWH. La guematria de esta expresión es también 477, o sea la misma que la guematria millui de Ishah (אשה), “mujer”, lo cual asocia directamente a “la mujer” con IHWH, El Eterno.

 

נ = 50

ש = 300

א = 1

ע = 70

ו = 6

נ = 50

——–

477

 

Así pues, no hemos de confundirnos de mujer, pues si una es “no muerte” y “perdona los pecados”, la otra nos llevará por el camino de la amargura.

 

JULI PERADEJORDI

 

SHABBAT, LA MENORAH Y EL NOMBRE DE DIOS

Hanukkah Eight Nights Of Light

 

Menorah es sin duda una palabra mágica que no se refiere únicamente a la lámpara de siete brazos que

todos conocemos. Alude a misterios mucho más profundos como son el Shabbat o el Nombre de Dios.

 

 

Se ha dicho que si la Menorah (מנרה) tiene siete brazos es para iluminar en las siete direcciones. Esto nos sugiere sutilmente a quién puede aplicarse la idea de Menorah, como veremos más adelante.

La guematria de Menorah es 295:

מ = 40

נ = 50

ר = 200

ה = 5

———–

295

 

Si miramos cuál es su interior nos encontramos con que es Ner (נר), “vela”, palabra cuya guematria es 250 y que nos lleva a Proverbios (XX-27):

 

נר יהוה, נשמת אדם

“Vela del Eterno es el espíritu del hombre…”.

 

Por otra parte, si miramos el exterior, nos encontramos con las letras Mem (מ) y He (ה) que suman 45, las guematria de Adam, “hombre”. La Menorah alude, pues, al hombre. Si a la guematria de Menorah (מנרה), 295 le añadimos su Millui, obtenemos:

מ – מ = 40

ונ – נ = 56

יש – ר = 310

א – ה = 1

—————-

702

 

Se trata de la guematria de Shabbat, que es cuando se enciende la Menorah.

Si miramos ahora cuál es la guematria de haMenorah (המנרה), “la Menorah”, vemos que es 300:

 

ה = 5

מ = 40

נ = 50

ר = 200

ה = 5

———-

300

 

Se trata de la guematria Atbash del Tetragrama, el Nombre de Dios.

Si, como vimos, “Vela del Eterno es el espíritu del hombre”, el hombre debería comportarse como una Menorah e irradiar luz en las siete direcciones: al norte, al sur, al este, al oeste, arriba, abajo  y hacia el centro.

 

JULI PERADEJORDI

 

ASOMARSE A LA SOMBRA

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Siempre me ha sorprendido (e inquietado) la gente que no tiene capacidad de asombro.

Van por la vida perdiéndose las cosas menos evidentes, que paradójicamente suelen ser las más importantes.

Me recuerdan a aquel personaje del Talmud (Berajoth 14 a) que no sueña durante siete días.

 

 

A modo de comentario de un enigmático Proverbio (XIX-23) que dice:

יראת יהוה לחיים ושבע ילין בל־יפקד רע׃

“El temor del Eterno es para vida; el que lo tenga vivirá satisfecho;

no será visitado de mal”.

“Rabbí Jonás, en nombre de Rabbí Zeira dijo: cualquier hombre que pase siete días seguidos sin soñar, merece el nombre de malvado”.

Más adelante, en esta misma página, Rabbí Jonás nos exhorta a que no leamos Sabea (שבע), “satisfecho”, sino Sheva (שבע) “siete”.

¿Por qué siete días y no seis u ocho? ¿Qué tienen en común el hombre que no se asombra y el hombre que no sueña? La respuesta nos la regala la palabra “asombro”, en hebreo Pliah (פליאה), que procede de “sombra”. En Pliah (פליאה), “asombro” podemos ver un nombre de Dios (יה) y Pele (פלא), “milagro”. Asombroso.

Asombrarse es acercarse al alma, acercarse al milagro. Por otra parte, la cábala sostiene que el alma humana tiene siete facultades que corresponden a las siete sefirot inferiores. Véamos lo que nos dice el Rav Ginsburgh:

“La Torah habla de siete líquidos, agua, vino, rocío, leche, sangre, aceite de oliva y miel. En cábala esto corresponde a los siete atributos del corazón. Desde Hessed hasta Maljut”.

 

Aquel que no se asombra no está en contacto con esa parte del alma que es su sombra, el que no sueña tampoco. Y un hombre que no está en contacto con su alma forzosamente es un malvado, un desalmado.

La guematria de Pliah (פליאה), “asombro” es 126:

פ = 80

ל = 30

י = 10

א = 1

ה = 5

———-

126

 

Los cabalistas nos han enseñado que este número se puede aplicar al nombre de Dios Adonai (אדני), que se suele traducir como “el Señor”,  desarrollado así:

 

א = 1

אד = 5

אדנ = 55

אדני = 65

————-

126

 

Como leemos en Salmos (CXXI-5):

“El Señor será tu guardador; el Señor será tu sombra a tu mano derecha”.

Asombrarse es asomarse a la sombra, para que ésta nos desborde, nos fecunde, para que nuestra alma se nutra.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL FRUTO DEL PARAÍSO

Son numerosas las discusiones talmúdicas a propósito del cuál fue el fruto del paraíso, aquel que provocó el exilio de

nuestros primeros padres. Estas discusiones también se encuentran en el midrash e incluso en el Zohar. Apoyándonos en

la etimología vamos a proponer una deliciosa fruta en la que no han reparado muchos.

 

 

Veamos, para empezar qué nos dice el Midrash (Bereshit Rabba cap. 15):

Rabbí Meir dijo: fue trigo …
Rabbí Iehudah ben Rabbí Ilai y Rabbí Aibu dijeron: fueron uvas …
Rabbí Abba de Acco dijo: fue el etrog (cidro) …
Rabbí Iosei dijo: fueron los higos.

En el Talmud, tratado de Berajoth (40 a), Rabbí Nehemías será más concluyente y afirmará que:

“era la higuera, para que reparen su fechoría con el instrumento de la misma, como se dice, “entonces cosieron hojas de higuera”.

Algo con lo que no parece estar de acuerdo el Zohar (II-114 a) cuando dice:

“Hemos estudiado: el árbol con el que pecó el hombre ancestral era de uvas, como está escrito: “sus uvas son uvas de hiel” (Deuteronomio 32:32).

 

Parece que nuestros rabinos no se ponen de acuerdo. Por esta razón hemos decidido concentrarnos en la palabra Pardes (פרד), “paraíso” y buscar una palabra cuya fonética sea muy similar. Hemos visto que hay una con la que comparte tres de sus cuatro letras es Afarsek (אפרסק), “melocotón”. Cuando calculamos la guematria de esta palabra vemos que es 441:

א = 1

פ = 80

ר = 200

ס = 60

ק = 100

———–

441

 

Cuando nuestros primeros padres comieron del fruto, pecaron. En francés “pecar” es pécher y une pêche es un melocotón. Curioso. Una de las consecuencias de la toma del fruto prohibido fue la fragmentación. Desde entonces Adán, o sea el hombre, ya no tiene acceso a la realidad como una totalidad en la que todo está unidos, sino únicamente a una realidad fragmentada. La raíz Paras (פרס), que es el interior de la palabra Afarsek (אפרסק), “melocotón”, significa curiosamente “fragmentarse”.

Podemos relacionar también la raíz Farsek con Presco (o Fresco, pues Pe o Fe son la misma letra). Presco es como se llamaba antiguamente el melocotón. Aún se lo conoce así en algunos pueblos del bajo Aragón, y esta palabra está muy cerca del Préssec catalán, “melocotón”.

Los antiguos chinos consideraban que el melocotón era el fruto de la inmortalidad, algo que lo cual gozaban Adán y Eva en el paraíso. Como aifrma el sinólogo Pedro Ceinos:

“… el caracter para escribir “melocotón”, en chino, está formado por el radical de madera y el componente fonético zhao (presagio, pronóstico, augurio)”.

 

Quizá por ello Préssec esté fonéticamente tan cerca de Presagi, “presagio”. Y si alguien dijera que todo esto no son más que vanas especulaciones, le replicaremos que es verdad, en hebreo Emet (אמת), palabra cuya guematria es 441, como la de Afarsek (אפרסק), “melocotón”.

 

א = 1

מ = 40

ת = 400

———-

441

JULI PERADEJORDI

 

ESTÁS INVITADO A UNA FIESTA SORPRESA

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Me seduce muchísimo la idea de que quizá las distintas religiones no sean sino trajes o disfraces con

los que uno se reviste para acudir a una fiesta sorpresa.

Encuentro que les hace perder solemnidad.

Encuentro que les da un sentido difícil de adivinar de otra manera: cuando lleguemos a la fiesta

tendremos que sacarnos los trajes.

 

 

Leemos en Eclesiastés (VII-1):

“Mejor es el buen nombre que el buen ungüento,

y el día de la muerte que el día del nacimiento”.

 

Nadie sabe a ciencia cierta ni cuándo ni dónde tendrá lugar la celebración de esta fiesta, y casi nadie sabe que cuando vayamos a entrar en ella estaremos obligados a desnudarnos, o sea a sacarnos el disfraz. Tendremos que quitarnos los trajes que trajimos porque el traje, de trahere, es algo que se trae, no algo que se es. Es más, con trahere también podemos asociar el verbo francés trahir, “traicionar”, y la palabra española “traición” deriva etimológicamente de la traditio latina, “tradición”. Lo atávico, de atavus, “tatarabuelo”, puede relacionarse con el atavío y la capa es un símbolo de la tradición. En la misma palabra “hábito” ya encontramos la idea de “repetición”, de “automatismo” o de “costumbre”; quizá esta idea quede más clara en el francés con habit “vestido” y habitude “costumbre”, y con costume “traje” y coutume, “costumbre”.

Todos nuestros trajes, costumbres, vestidos y atavíos no son más que meros disfraces que usamos en este mundo pero que no nos servirán en el otro. La etimología de disfraz es altamente reveladora si pensamos que “disfraz” procede de un verbo latino que significa “pulir”, “frotar”, “restregar”. Este “pulimiento” es un trabajo arduo y silencioso que consiste en lavar, en purificar el alma. El verbo “mudar”, que se puede aplicar indistintamente a cambiar de lugar o cambiar de ropa, nos enseña sutilmente que cuando nos hemos revestido de opiniones, costumbres, certezas o creencias, nos hemos instalado en ellas como si fueran un lugar, y ese no es el lugar del alma. El lugar del alma es la fiesta sorpresa a la que todos estamos invitados.

De alguna manera, en esta fiesta sorpresa se nos está despojando de algo. Despojar procede del latín despoliare, sacar el pellejo. No olvidemos que la palabra “ropa” procede de una antigua raíz germánica que significa “robar” y que “saquear” viene de “saco”, que es como en Latinoamérica se denomina a lo que nosotros llamamos “americana”, y que procede de “sacar”, “quitar”.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

EL AMOR CIEGO

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Se dice que “el amor es ciego” y se lo suele representar como un ángel que lleva una venda que le tapa

la vista, disparando flechas a ciegas. Es la imagen del famoso Cupido, palabra derivada de cupiditas,

“deseo”. A partir de esto podemos sugerir que quizá el amor, el verdadero, no sea tan ciego y que sin

embargo sí lo sea el deseo.

 

Probablemente el amor, el verdadero, no sea exactamente ciego. Por el contrario, es extraordinariamente clarividente. Lo que ocurre es que no mira las apariencias, como ocurre con el deseo, sino “lo que no se ve”, aquello que únicamente pueden contemplar los ojos del corazón: el ser. Hablar del ser es hablar del centro, de lo esencial, quizá por ello se relacione siempre el amor con el corazón, centro simbólico del hombre, microcosmos, y con el Sol, centro simbólico el Universo, macrocosmos. Curiosamente, en hebreo, la palabra que quiere decir “corazón”, Lev (לב), también quiere decir “centro”. La guematria de esta palabra es 32:

ל = 30

ב = 2

——-

32

 

Si multiplicamos por 2 esta cifra (al fin y al cabo el amor suele ser cosa de dos), obtenemos 64, el número de casillas del tablero de ajedrez, y si colocamos en cada casilla una letra en el orden exacto la oración más importante del judaísmo, el Shemá (esta idea está tomada prestada del Rav Ginzburgh), obtenemos el siguiente esquema:

 

Abstrayendo las cuatro casillas del centro, nos encontramos con las letras Alef (א), Beth (ב) y He (ה), esta última dos veces, que forman la palabra Ahavah (אהבה), “amor”. Pero aún podemos ver algo más: las cuatro letras que están encima de la He (ה) y la Beth (ב) son precisamente IHWH (יהוה) o sea Dios, y las cuatro que están debajo de la He (ה) y la Alef (א) son Kol Lev (לב כל), que forman la expresión, “todo corazón”. Así, podríamos entender que Dios es todo corazón. Finalmente, la guematria de Kol Lev (לב כל), 82 es la misma que la de Kivun (כוון), “rumbo”, “dirección”, pero también “directamente”.

Ésta es la dirección correcta, el camino directo, con “todo el corazón”.

 

JULI PERADEJORDI

LADRAN, LUEGO CABALGAMOS

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“Ladran, luego cabalgamos”, es sin duda el dicho más famoso de don Quijote y de Cervantes. Aunque

está atribuido a él, no hemos sido capaces de encontrarlo en El Quijote. Consultadas otras fuentes,

vemos que todo el mundo lo cita pero nadie da la referencia de dónde se encuentra. Misterio.

 

 

Este conocido proverbio nos plantea sin tapujos que hay dos tipos de personas: las que ladran y las que cabalgan. Unas son como los perros; otras como los caballeros. Unas carecen de la Palabra y las otras se están cabalgando a sí mismas, dirigiéndose hacia la Patria Perdida en busca de la Palabra de Vida.

Para los sabios, aquel que no está en esta búsqueda puede compararse al perro, animal que los antiguos asociaban al dios Mercurio. Está ladrando o, si lo preferimos, robando (ocupación de Mercurio): es un ladrón. “Ladran” porque hablan desde el estado bestial y roban porque para ello se están apropiando de lo poco que les queda de la Palabra de Vida: están blasfemándola, forzándola, dilapidándola y volatilizándola en vez de fijarla. Maldicen en vez de bendecir. El Talmud nos enseña en el tratado de Berajoth (35 a) que todo lo que disfrutamos en este mundo sin bendecirlo es como si lo robáramos. El perro o las personas representadas por el perro disfrutan de las cosas de este mundo pero al no bendecirlas (a lo sumo les ladran) es como si estuvieran robándolas. Cometen, pues, una latría, una idolatría.

Existen, pues, “perros” (impíos) y “caballeros” (cabalistas) y mientras unos arman mucho ruido sin por ello modificar un ápice su situación bestial y caída, los otros se esfuerzan en pasar “cabalgando” por el puente que es este bajo mundo sin instalarse ni dormirse en él, hablándonos del mundo por venir.

 

JULI PERADEJORDI

Cábala, Juli Peradejordi, Torah, guematria, Zohar, Talmud

EL DEDO MEÑIQUE


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En algunas sinagogas cuando se saca la Torah para rezar, los cabalistas levantan el dedo meñique.

¿Por qué? ¿Qué misterios oculta el dedo más pequeño de todos? ¿Qué tendrá que ver con la Torah?

 

 

Para los latinos, el dedo meñique se llamaba auricularis, lo cual lo vincula directamente con el hecho de escuchar. Se trata del dedo quinto, y aquello que deberíamos ser capaces de escuchar se relaciona, pues, con algo que se asocia con el número cinco. Isidoro de Sevilla escribió algo tan prosaico como que “al quinto dedo se le llama auricularis porque con él nos rascamos el conducto auditivo”. Pero el gran etimólogo, esoterista sutil, solía decir una cosa para que entendamos otra. Y así la etimología de auricularis nos lleva auris, “oreja”, que por cábala fonética podemos relacionar con Or (אור), en hebreo “luz”.

El número cinco se asocia tradicionalmente con la Torah, compuesta por cinco libros, de ahí que se conozca como Jumash, de Jamesh, “cinco”.

En hebreo el dedo meñique se dice Zereth (זרת) y su guematria es 607. Si se le añaden los otros cuatro dedos, 607 + 4 = 611, obtenemos 611, que es la guematria de Torah (תורה).

 

ז = 7

ר = 200

ת = 400

———-

607

ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

———–

611

La Torah (תורה) que es Or (אור), “luz”, es lo que hay que saber escuchar. La Torah (תורה) que es Or (אור), “luz”, es la que limpia nuestros oídos, y eso es lo que simboliza el dedo meñique.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

LA FUERZA DEL AMOR

Escribía Albert Einstein que “Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha

encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de

cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el

amor”. Veamos qué nos enseña la guematria a propósito de esta misteriosa fuerza.

 

Ahavah (אהבה), Amor, valor numérico 13 y Koaj (כח), Fuerza o Poder, valor numérico 28, son dos de las guematrias más conocidas y citadas.

 

א = 1

ה = 5

ב = 2

ה = 5

——-

13

 

כ = 20

ח = 8

——-

28

 

Para mucha gente mal informada se trataría de dos cosas opuestas, pero la guematria nos revela lo contrario. Si desarrollamos Ahavah (אהבה) llegamos también al 28:

 

א = 1

אה = 6

אהב = 8

אהבה = 13

—————

28

 

Y si desarrollamos esta palabra de otra manera, descubrimos cuál es el lugar del amor: el corazón, haLev (הלב):

 

אהבה = 13

הבה = 12

בה = 7

ה = 5

————–

37

 

ה = 5

ל = 30

ב = 2

———-

37

 

Ahavah (אהבה) es, pues, un Koaj (כח), un poder. Pero en hebreo existe otra palabra que significa Fuerza o Poder. Se trata de El (אל). Cuando calculamos su guematria Sderti u ordinal, descubrimos que es 13, como Ahavah (אהבה).

א = 1

ל = 12

———-

13

 

¿Será una casualidad que El (אל) también quiera decir Dios?

 

 

JULI PERADEJORDI

 

EL ESCUDO DE ABRAHAM

Maguen (מגן), la palabra que quiere decir escudo en hebreo, procede de una raíz que significa “proteger, salvaguardar”,

y que también quiere decir “transmitir, dar, entregar”. En esta palabra hallamos la raíz Gan (גן), “jardín”, clara alusión al

Jardín del Edén donde el hombre vivía protegido.

 

Sabemos que Maguen Abraham (מגן אברהם), “escudo de Abraham”, es también el nombre de la primera de las 18 bendiciones, que acaba precisamente con las palabras Maguen Abraham, (מגן אברהם) “escudo de Abraham”. El escudo, por su forma circular, recuerda al Zodíaco. El Maguen (מגן) sería como una fuerza superior a las fuerzas astrales, que nos protege de ellas, que nos permite trascenderlas.

Rashi, comentando Génesis (XV-5), dice que:

“Dios elevó a Abraham y lo levantó fuera de la esfera de este mundo a una posición por encima de las estrellas”.

 

De este modo lo hizo salir de su destino, que era no tener hijos, permitiendo que su mujer Sarah engendrara. Recordemos el texto de Génesis (XV-5):

ויוצא אתו החוצה, ויאמר הבט-נא השמימה וספר הכוכבים-אם-תוכל, לִספר אתם; ויאמר לו, כה יהיה זרעך.

“Y Él lo llevó afuera, diciendo: «Contempla, ahora, en dirección al Cielos,

y cuenta las estrellas, ¡si es que puedes contarlas!».

Y Él le dijo: «¡Así será tu descendencia!»”.

 

Un comentario del Zohar (I-19b) relaciona la palabra Meoroth (מארת), “Luminarias”, o sea el Sol y la Luna, con Imrat (אמרת), “la palabra de”, que se escribe con las mismas letras. Se trata de una expresión tomada del Salmo XVIII-31, que también hace alusión al escudo:

האל,  תמים דרכו:
אמרת-יהוה צרופה;  מגן הוא, לכל החסים בו

“Dios, perfecto su camino;

la palabra del Eterno afinada; escudo es a todos los que confían en Él”.

La Palabra de El Eterno sería, según este Salmo, un “escudo” para aquellos que confían en él. Para el Zohar se trataría de un escudo contra “los soplos malignos portadores de condenas” o sea contra los malos espíritus. También lo es contra las influencias astrales o el destino. Basándonos en el Zohar y en la etimología de la palabra Maguen (מגן), podemos concluir que se trata de un don, de un regalo, que además protege. También podemos relacionar la palabra Maguen (מגן) con Magan (מגן), “don gratuito”, y con Miguen (מגן), “entregar”, “regalar”. Este don que es “entregado” o “regalado”, pues es un don gratuito, de la gracia, es la Torah, el don por excelencia.

En diversos lugares del Zohar, la expresión Maguen Abraham se suele traducir como “gratuito”.

Teniendo en cuenta que un Maguen (מגן), un escudo, es algo que protege, podemos deducir que lo que protegía a Abraham era su Hessed, su capacidad de dar gratuitamente, sin esperar nada a cambio.

La sefirah de Hessed, que corresponde a Abraham, está a la derecha del árbol sefirótico. Sin duda por ello el Zohar (I-195 b) nos enseña que:

 

“Si el hombre marcha a la derecha, ese acto que realiza, ese grado de la derecha encargado de ese lado le presta ayuda. ¡Y cuántos son los que lo ayudan a él!”.

 

O también (Zohar II-92 b):

“Si un hombre hace actos de bondad en el mundo, la bondad de Arriba permanece en ese día, que está coronado con ella gracias a él. Si un hombre actúa misericordiosamente aquí abajo, se despierta misericordia en ese día, que es coronado con ella gracias a él. Entonces ese día se coloca para protegerlo en momentos de necesidad”.

 

También podemos relacionar la palabra Maguen (מגן), con Magan (מגן), “don gratuito” y con Miguen (מגן), “entregar”, “regalar”. Este don que es “entregado” o “regalado”, pues es un don gratuito, de la gracia, es la Torah, el don por excelencia.

Éste es el verdadero escudo.

 

JULI PERADEJORDI

 

EL FARAÓN COJO

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El concepto del Faraón cojo no aparece explícitamente en el texto bíblico, sin embargo sí en el Talmud, los Targumim

y los comentarios, notablemente en el Targum de Ester (I-2) y en Levítico Rabbah (XX-1). ¿Quién fue este misterioso

faraón?

En el libro del profeta Zacarías, (XII-11) podemos leer unas enigmáticas palabras, difíciles de entender si no acudimos a los comentaristas, concretamente al Targum de Jonatán ben Uziel:

בַּיֹּום הַהוּא יִגְדַּל הַמִּסְפֵּד בִּירוּשָׁלִַם כְּמִסְפַּד הֲדַדְ־רִמֹּון בְּבִקְעַת מְגִדֹּון׃

“En aquel día habrá gran llanto en Jerusalem, como el llanto de Adadrimón en el valle de Megiddón”.

 

El Targum lo traduce así :

“En aquel tiempo habrá en Jerusalén un gran duelo como el de Achab hijo de Amri que mató Hadrimón hijo de Tabrimón.

Y como el duelo de Josías hijo de Ammón que mató Faraón el cojo en la llanura de Meguiddón”.

 

¿De qué faraón se trata? ¿Por qué es cojo el faraón? Las palabras que utiliza el Targum son Paroh Nekoh (פרעה נכה) y su guematria es 430:

פ = 80

ר = 200

ע = 70

ה = 5

נ = 50

כ = 20

ה = 5

———-

430

 

Como leemos en Génesis (XV-13), el pueblo de Israel iba a ser afligido por un exilio en Egipto que duraría 400 años, sin embargo algunos cabalistas consideran que desde el momento en que Abraham estableció con Dios el Brit bein haBetarim (Génesis XV-13-14) hasta que el pueblo de Israel salió de Egipto pasaron exactamente 430 años, o sea la guematria de Paroh Nekoh (פרעה נכה). Por otra parte, 430 es también la guematria de Ramsés (רמסעס), razón por la cual más de un autor considera que éste fue el Faraón del que habla el libro del Éxodo:

 

ר = 200

מ = 40

ס = 60

ע = 70

ס = 60

———-

430

El tema de la cojera siempre se asocia con lo diabólico,[1] con el Sitra Ajra, el Otro Lado. Según los cabalistas, en el árbol sefirótico el Faraón llega hasta la sefirah de Kether del lado del Mal, del Sitra Ajra, pero le faltan las tres sefiroth centrales, de ahí su desequilibrio, su cojera. Si bien el Faraón cree en Elohim, el dios de la naturaleza, no conoce a IHWH, el Tetragrama. Le falta la fe verdadera: por eso las iniciales de las tres sefiroth centrales, Daat (דעת), Tifereth (תפרת) y Iesod (יסוד) forman la palabra Dati (דתי), “creyente”.

En su Shaar haPesukim, (Parashat Bo) el Arizal nos explica que:

“El Faraón no conocía el nombre IHWH y de hecho lo negaba como está escrito “Yo no conozco a IHWH (לֹא יָדַעְתִּי אֶת-יְהוָה)” (Éxodo V-2), sin embargo reconocía el nombre Elohim, como está escrito “Es el dedo de Dios” (אֶצְבַּע אֱלֹהִים הִוא) (Éxodo VIII-15)

 

Elohim (אלהים) es el dios de la naturaleza y su guematria, 86, es la misma que la de haTeva (הטבע), “la naturaleza”. Si la multiplicamos por 5 obtenemos 430 la guematria de Paroh Nekoh (פרעה נכה). Por otra parte, la antítesis del Faraón era Moisés. Moisés (משה) es un Dati (דתי), un “creyente”. Si averiguamos cuál es la guematria atbash de Moisés (משה), descubrimos que es 102, o sea la guematria de Emunah (אמונה), “fe”:

 

מ = 10

ש = 2

ה = 90

———

102

 

א = 1

מ = 40

ו = 6

נ = 50

ה = 5

———–

102

 

Por otra parte, podemos leer en Deuteronomio (XXXIV-5) :

וַיָּמָת שָׁם מֹשֶׁה עֶבֶד-יְהוָה, בְּאֶרֶץ מוֹאָב–עַל-פִּי יְהוָה

“Y Moisés, servidor de El Eterno, murió allí, en la tierra de Moab, por la boca de El Eterno.”

La expresión Eved-IHWH (עבד-יהוה), “Servidor de IHWH” se aplica a Moisés. Curiosamente su guematria también es 102:

עבד = 76

יהוה = 26

—————

102

 

JULI PERADEJORDI

[1] La asociación del diablo con la cojera es constante en la literatura. Los mejores ejemplos quizá sean El diablo cojuelo (1641), de Vélez de Guevara o Le Diable Boiteux (1707), de Lesage, pero también lo podemos encontrar en Goethe, Tolstoi o Kipling.