Introducción a la Cabalá

Estimados amigos y seguidores de El Zohar,

Empezamos esta serie de pequeños estudios que son un resumen del libro “El Canto del Alma” de Rabino Iejiel Bar Lev, para que todo aquel que desee profundizar en el estudio de El Zohar y otros textos cabalísticos lo pueda hacer con la preparación adecuada y responsable de quien se entrega de lleno a sus páginas con rigurosidad intelectual y una gran dosis de humildad y modestia.

Esperamos que el estudio de este libro sea fuente de bendición y regalo para las mentes y almas sedientas de conocimiento.

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INTRODUCCIÓN

En su libro Emuna Ubitajon escribe el Jazón Ish:

“Si un hombre es sensible, posee paz interior, está libre de ambición lujuriosa y se maravilla frente a la inmensidad del cielo y la profundidad de la tierra; si se estremece profundamente ante lo enigmático del mundo que se le aparece como un acertijo indescifrable y maravilloso, y este misterio cautiva su intelecto y su corazón, entonces no vive más que para descifrar el enigma que se convierte en su máxima ambición. Su alma brega por interpretar su solución, y para lograrlo es capaz de luchar contra viento y marea, porque, ¿qué sentido tiene su efímera vida si el propósito de ésta le es totalmente desconocido, si su alma confundida y doliente, anhela revelar el secreto y origen de todo –y las puertas se le cierran?”

Lo antedicho expresa el sentir de un hombre que logró alejarse del marasmo del mundo, del ritmo arrollador que nos dicta a diario la vida. Y tras describir los prodigios del mundo, el Jazón Ish continúa explicando cómo fueron creados el hombre y su entorno de acuerdo con un plan preciso y detallado, previamente concebido, y finaliza su capítulo diciendo:

“Y la verdad de Su existencia, Bendito Sea, es aceptada por su corazón sin dubitaciones ni objeciones, porque su corazón percibe destellos de luz que alumbran más allá del límite de este mundo y, obligatoriamente, su Creador le proporcionará solución al enigma del mundo y del hombre a través de la fe que existe un Amo que guía a Su obra”.

Pero con la fe no es suficiente. La curiosidad innata del hombre lo impulsa a buscar las respuestas que puedan sosegar su alma, y así se cuestiona acerca de qué debe hacer para llenar de contenido y significado su vida, para que sus acciones pasadas, presentes y futuras estén sustentadas bajo un mismo y único plan, el cual tenga un asidero sólido y real y cuya definición sea aceptada por su intelecto. Después de afianzada la fe en el corazón y en la mente, surge la siguiente pregunta, o, como lo expresa el rabino Moshé Jaim Luzzatto en Mesilat Iesharím:

“El fundamento de la piedad y la raíz del servicio perfecto es que el hombre conozca cuál es su obligación en su mundo”.

Si la persona de forma instintiva no es movida a desear conocer a su Creador, viene entonces la Torá demandando a cada persona su deber de conocer su obligación en este mundo.

El judaísmo revela el objetivo de la vida en el mundo, el cual sólo puede realizarse en nuestro mundo: “corregir al mundo para que llegue a ser gobernado por la Presencia divina.” Todo individuo debe servir a su Creador durante toda su vida, sometiendo sus actos, palabras y pensamientos para lograr este fin. Cada persona construye y corrige su propio mundo, e Israel, a quien le fue dada la Torá, debe aspirar a construir y corregir al mundo entero. Pero ya dijimos que sólo con la fe no es suficiente, porque valiéndonos únicamente de la fe no podremos cambiar la conducta humana.

Para que el hombre llegue a subyugar sus actos, su forma de hablar y sus pensamientos a fin de servir al Creador, debe conocer a Dios, y sólo a través del conocimiento del Creador –a través del poder del daat– puede transformar sus cualidades y su forma de obrar. La fe está por encima de toda especulación racional, y de toda disquisición intelectual.

El rabino Eliahu Dessler escribe en su libro Mijtav MeEliahu (Primera Parte, pág. 68):

“La fe, la emuná, implica lo que uno cree aunque aún el intelecto no pueda percibir”.

La fe circunda al hombre pero no entra en él, o sea, no es interiorizada por el hombre y, por su parte, el daat es el conocimiento de Dios, la aprehensión interior que permite conocer al Creador.

Aunque no podamos captar la esencia Divina, podemos sin embargo conocer y sentir Su existencia, pero esto es factible sólo cuando el conocimiento se fusiona con el sentimiento, con el conocimiento interior. Cuando El Santo, Bendito Sea, nos ordena en Su sagrada Torá (Deuteronomio 4:39): “Y lo conocerás hoy, y lo interiorizarás en tu corazón, que El Eterno es Dios”, no se está refiriendo sólo a ampliar nuestro conocimiento intelectual acerca de la grandeza del Creador, sino a la combinación del conocimiento con la emoción y el reconocimiento interno de Su existencia. En tanto el conocimiento intelectual perdure en el hombre, desposeído del conocimiento emocional y el reconocimiento interior, no encontraremos aquí el conocer a Dios sino nada más que la fe.

* Estos pequeños estudios los publicaremos, BH, los martes. Si te ha gustado, compartelo con tus amigos.

11 comentarios el “Introducción a la Cabalá

  1. Me ha gustado mucho e impactado la primera frase de Jazón Ish: “¿qué sentido tiene su efímera vida si el propósito de ésta le es totalmente desconocido, si su alma confundida y doliente, anhela revelar el secreto y origen de todo –y las puertas se le cierran?”
    Verdaderamente así ha de ser, y somos muchos los que día a día nos preguntamos cuále es nuestra misión en este mundo.

  2. Pingback: Shabat Shalom | Buscadme y Viviréis |

  3. Me gustaría mucho seguir recibiendo estos estudios para entender mas sobre como debo seguir sirviendo a Dios e ir puliendo mi vida para tal proposito

  4. Verdaderamente no hay sabiduría sino la de la Toráh. Dios los bendiga por toda la belleza que han preservado y desarrollado y que nos hacen llegar. ¿Qué sería de mí sin el judaísmo? Creía que la muerte era la única salida.
    Gracias infinitas.

    • Le escuche a un sabio que todo tenía solución excepto la muerte, pero que esta puede ser una solución para los que saben utilizarla. Cuando la muerte les invita a dar un paso, dan dos y se sitúan más allá de ella…

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