Introducción a la Cábala III

Niños aprendiendo torah el Zohar

Aquí os presentamos la tercera entrega de los estudios de Introducción a la Cabalá. Esperamos vuestros comentarios, preguntas o reflexiones sobre lo estudiado.  (Si te perdiste los primeros capítulos puedes leerlos en los siguientes enlaces: http://wp.me/P2Xmky-35 y http://wp.me/P2Xmky-35)

Hoy en día vivimos atestados de información, y se formulan preguntas muy inteligentes, y las respuestas deben ser satisfactorias y convincentes para todos los niveles de la población. En las generaciones precedentes, antes de la aparición del judaísmo laico, el hombre religioso no estaba expuesto a la influencia del liberalismo ni de otras corrientes y de algún modo se encontraba protegido, vivía en el seno de su familia, y su marco de relaciones estaba circunscrito a personas de su misma idiosincrasia. Es obvio que en una época así no era indispensable la profundización de la Torá, y ésta y la fe unidas bajo un gran temor a Dios, se fue transmitiendo de generación en generación y de familia a familia. Sin embargo hoy en día es muy difícil encontrar respuestas que satisfagan a los jóvenes que en su mayoría han absorbido grandes porciones de humanismo secular y que, por otra parte, de un modo u otro, se sienten adheridos a un marco religioso o tradicionalista. Esta generación debe recibir las respuestas adecuadas antes que estos marcos se vean dañados.

¿Cómo hacerlo? La única vía posible es a través de explicaciones lógicas y racionales de los preceptos de la Torá, lo cual se logra estudiando el significado más profundo identificado con la Cábala. Dicho estudio nos brinda una sensación de expansión del conocimiento y de participación en el acto diario de renovación de la Creación. ¿Y por qué se logra esta sensación? Porque a través del estudio más profundo, el estudiante comprende que toda la Torá es la revelación de la voluntad Divina, y que el cumplimiento de los preceptos es lo que valida la existencia permanente del mundo. La sección del rezo diario: “El que renueva con Su bondad cada día el acto de Creación” recibe una connotación mucho más significativa. El estudio más recóndito de la Torá es el estudio de la Cábala, que logra desarrollar la “Torá revelada” al nivel de sabiduría Divina y confiere a cada aspecto de los preceptos contenido y lógica.

Dijimos ya que el propósito de la existencia humana en este mundo es servir a su Creador para, de este modo, rectificar el mundo y posibilitar el reinado de la Presencia Divina. Pero, si debemos corregirlo, ¿cuáles son sus imperfecciones? Y además, ¿de qué modo debemos servir al Creador? ¿Es que acaso Él necesita de nuestros servicio? ¿Qué logramos cumpliendo los preceptos? La Cábala responde a todos estos interrogantes de forma clara y comprensiva.

Para entender la diferencia entre quien cumple los preceptos partiendo de una comprensión superficial y quien los cumple después de haber profundizado en el estudio de la Cábala, haremos una analogía:

Un individuo mantiene durante muchos años una forma de vida muy saludable, controla su dieta, realiza gimnasia, evita el estrés, etc. Sin duda este individuo que gozó de muy buena salud poseía una larga lista de actividades que debía hacer y otra, más larga aún, de actividades de las cuales debió abstenerse. Con el tiempo despertó su curiosidad y quiso saber por qué cierto alimento le estaba prohibido, y por qué cierta combinación de alimentos resulta insalubre. También quiso conocer la función de las vitaminas y las enzimas en su cuerpo. Todo esto es muy importante para él porque su salud le es fundamental y, por lo que sabe, su vida depende totalmente de ella. Por lo tanto no cesará hasta estudiar la conformación de su cuerpo y su funcionamiento interno, no reposará hasta haber estudiado, leído y conocido la ciencia de la medicina, la bioquímica y la fisiología, e incluso completará sus conocimientos estudiando sicología. Al cabo de esta investigación, ya no le afectarán las limitaciones auto impuestas, porque habrá cobrado conciencia de lo que podría sucederle a su cuerpo si transgrediera las reglas de su estricto régimen de vida.

Con el transcurso del tiempo estudió qué alimentos contribuyen especialmente a la salud de su organismo, y a esta altura puede ya definir cada parte de su cuerpo y explicar cómo ciertos alimentos contribuyen a mejorarlas o dañarlas. Estudió también qué enfermedades atacan los órganos del cuerpo, y cuáles son los medicamentos necesarios para curarlas.

Aún si en el pasado estas restricciones lo preocuparon y llegó a cuestionar el valor y el sentido de las mismas, el estudio valió la pena porque ya no se siente más limitado. Ahora se siente feliz porque sabe que está haciendo lo correcto.

La analogía se aplica a una persona religiosa, de amplia cultura general, que suele sentir al cumplimiento de los preceptos como una carga y, a pesar de esto, sigue cumpliéndolos de modo automático. Mientras esté junto a personas de su misma línea religiosa no habrá confrontamientos, pero frente a extraños, se pondrá a la defensiva, porque incluso a sí mismo le resultará difícil explicar el rezo y los diversos ritos, como por ejemplo balancear el lulav durante la festividad de Sucot hacia los cuatro puntos cardinales. Este individuo cumple los preceptos no por convicción sino por costumbre.

Sin embargo, si esta misma persona estudiara con profundidad el sentido más hondo de la Torá y los preceptos, encontraría no sólo respuestas convincentes a sus cuestionamientos, sino que se aproximaría más al versículo que se refiere a “… contemplar la gloria del El Eterno y visitar Su templo” (Salmos 27).

Mencionamos antes que la Cábala responde a los interrogantes que se formula un joven intelectual. Muchos dicen que la Cábala se ocupa de espíritus, demonios, encarnaciones, etc. y que dicho misticismo no tiene cabida en una mente racional. Para fortificar sus argumentos reclutan a Maimónides que rechaza todo lo que a espíritus se refiere. Mas esto nada tiene que ver con la realidad. El rabino Moshe Jaim Luzzatto escribe en Miljemet Moshé:

“La Cábala no es más que una explicación de cómo el sagrado Emanador ordenó las leyes del Poder Directivo, de cómo Él, Bendito Sea, genera y gobierna todo lo que acontece en Su mundo, con inmensa sabiduría”.

Los cabalistas hacen uso frecuente de las partes del cuerpo. Así, como dijo Job: “Desde mi carne percibiré a Dios”. Utilizando la forma y las funciones del cuerpo humano, podemos ver cómo fue realizado todo a la Imagen de Dios. El hombre es un microcosmos y por eso nos provee de analogías para compararlo con todos los mundos, para poder explicar los secretos de la realidad ocultos a nuestros sentidos (Shomer Emunim HaKadmón 27).

La Cábala posee un lenguaje particular y por eso todo individuo que desee comenzar la lectura de los escritos del Arí Hakadosh o del Zohar, simplemente se confundirá. El lenguaje cabalista explica cada estadio de la creación del mundo, el acto de la Creación y la ascensión de la Carroza Divina en sus más minuciosos detalles, pero esta terminología no describe a la realidad material sino a las raíces espirituales del mundo. Toda ciencia posee su propio vocabulario. Los científicos no podrían comunicarse si no poseyeran un lenguaje en común y cuanto más se desarrolla una ciencia tanto más se desarrollará su glosario particular. Por ejemplo, un enfermo puede describir con sus propias palabras el dolor que lo afecta, pero el médico puede definir con mayor precisión el lugar y el origen del dolor, ya que posee los medios, o sea, el lenguaje de la medicina.

Lo mismo sucede con la Cábala. Tomemos como ejemplo al rezo. La Cábala explica el rezo como una escalera espiritual, cuya base es el comienzo del rezo y la cima su fin. Todo el rezo se divide en cuatro partes, donde cada una cumple una función especial. Estas nociones de niveles espirituales son imposibles de ser explicadas o descritas si carecemos del idioma adecuado.

Cabe preguntar: ¿Por qué tan poca gente se preocupa por todo esto? A mi entender, la respuesta es simple. Nuestra vida se rige a dos niveles, el material y el espiritual. El plano material demanda sus necesidades por medio del cuerpo, y la satisfacción o falta de ella se percibe fácilmente. Si uno no come, estará hambriento. Si no respira, se asfixiará. Si no gana dinero, no podrá mantenerse. Naturalmente invertimos gran canti- dad de tiempo en satisfacer las demandas corporales; más aún, nos esforzamos en alcanzar un confort cada vez superior.

Por lo tanto, la mayoría de la gente pasa la mayor parte de su tiempo gratificando sus necesidades materiales. Por el contrario, el plano espiritual está oculto. Sólo en unos pocos individuos la autoexigencia de espiritualidad surge por sí misma. Si no fuera por la contemplación, la profundización y la necesidad de encontrarle un sentido a la vida, buscaríamos solamente nuestro bienestar físico. Sólo cuando una persona logra cierto nivel de tranquilidad, y se libera del hambre y otros deseos, puede examinar su contorno y asombrarse de las maravillas del Creador. Entonces comienza a despertar en él el plano espiritual, exigiéndole sus demandas. Puesto que el hombre posee libre albedrío, y las fuerzas espirituales están compuestas del bien y del mal, debe luchar para sobreponerse al mal y someterlo a su voluntad. Resulta que el plano espiritual exige un mayor esfuerzo que el material en todos los ámbitos.

Espero que este libro provoque un cambio en el orden de prioridades de quienes lo estudien y un despertar en el campo espiritual.  

El canto del alma de Rabino IEJIEL RABÍ BAR LEV

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