La diferencia entre la voluntad divina y la humana

Niño con kipa el zohar

Podemos diferenciar entre la voluntad Divina y la humana en varios aspectos:

1. La voluntad del hombre aparece siempre en conexión con un cierto fin, y es este fin el que la limita; la voluntad divina, por el contrario, es ilimitada.

2. La voluntad humana es sólo una etapa en el proceso de manifestar la potencia en acto y realizar una acción es el último eslabón y el momento más culminante de todo el proceso. Pero no basta con la voluntad, pues ella por sí misma no concretará nada. Es la acción quien concretiza la idea. Desde esta perspectiva, es preferible el nivel de “acto” al nivel “potencia”, pero en la voluntad Divina no sucede así. La voluntad Divina es la realidad misma, y cuando tal voluntad se despierta para hacer alguna acción, simultáneamente con el pensamiento se concretiza la acción. La voluntad Divina incluye en sí la “potencia” y el “acto” como unidad.

Es difícil aceptar estas ideas porque estamos acostumbrados a considerar que la voluntad es algo abstracto, un concepto mental, y ¿cómo puede ocurrir que una cosa sea realizada sin la intervención de una acción? El Rey David dijo al respecto:

“Él dijo y fue, ordenó y se sostuvo” (Salmos 33:9).

Asimismo el Talmud, en el Tratado de Padres (Pirkei Avot) expresa: “A través de diez locuciones se creó el mundo”, es decir, con la sola palabra.

Para facilitar la comprensión de esto tomemos un ejemplo: cuando el amo ordena a su fiel esclavo mover un objeto de un lugar a otro, es visible la pausa entre la orden dada y la acción realizada, entre el pensamiento del amo y la acción del esclavo. Sin embargo, cuando el amo quiere mover el objeto por sí mismo, no captamos esta pausa sino que inmediatamente al surgir la idea en su mente, su mano se mueve y efectúa la acción. Así sucede con el hombre: cuando quiere pronunciar una palabra, simultáneamente al deseo de hablar se ponen en acción los órganos necesarios y sale la voz. Esto se debe a que el hombre contiene dentro de sí tanto la voluntad como los órganos apropiados, y ellos se convierten en una realidad unificada, a diferencia del pensamiento del amo y la acción del esclavo.

La realidad entera está incluida en la esencia Divina, y así como inmediatamente al despertarse la voluntad en el hombre se ponen en funcionamiento sus órganos, así es como al surgir la voluntad divina, inmediatamente ésta se torna en existente.

En los escritos del Ari Hakadosh encontramos conceptos que se repiten con suma frecuencia, tales como “cuando se despertó en Él la simple voluntad de crear…” o “en efecto cuando se elevó en Su simple voluntad conformar mundos y activar Su potencial…” Es de resaltar que el Ari no escribió “cuando Dios creó” sino “cuando Le surgió la voluntad”. Significa que es suficiente la voluntad Divina para formar y conformar todo, y cuando digo que el Creador “quiso” es equivalente a la afirmación “hizo”.

Existe además otra diferencia fundamental: en el hombre, después de realizar una acción voluntaria, desaparece toda relación entre esa persona y su creación. Si un carpintero construye una mesa, ésta seguirá existiendo y cumpliendo su cometido aún después de su muerte.

Este no es el caso de la voluntad Divina. Esta voluntad no sólo actúa, forma y crea el objeto a partir de la nada, sino que continúa preservándolo y manteniéndolo. En el momento en que la voluntad Divina no quiera seguir manteniéndolo, dicho objeto dejará de existir.

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