La verdadera señal de afecto renovado

Corazon manos el zohar jafetz jaim

Todos los días los judíos recitan el Shemá, afirmando su fe en la unicidad de El Eterno. El primer párrafo del Shemá continúa con: «Y amarás a El Eterno, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que Yo te mando hoy estarán sobre tu corazón» (Deuteronomio 6:5-6). La conexión entre estos versículos puede ser mejor comprendida con la ayuda de la siguiente historia:

“Cierto aristócrata casó a su hija con el vástago de una noble familia. Pasado un tiempo el novio y su nuevo suegro discutieron y como consecuencia el novio regresó a vivir a la casa de su padre.

Un día ambos hombres se encontraron en una posada y surgió una discusión sobre quién era culpable de su separación. El suegro comenzó: «Quiero que sepas que aún te quiero mucho. Sin embargo hay ciertos temas que debemos aclarar». Después de una larga discusión acerca de sus diferencias llegaron a un compromiso y se dieron las manos en prueba de su renovado afecto.

Después el suegro volvió a hablar y dijo: «Hijo mío, aunque nuevamente reina la paz entre nosotros, no me convenceré totalmente de tu afecto hasta que no vuelvas a vivir bajo mi techo».

Apliquemos ahora este pensamiento a la comprensión de los versículos arriba mencionados. En el primer versículo nos dicen que debemos amar a El Eterno de todo corazón. Inmediatamente después, el segundo versículo nos da una herramienta que sirve para medir el grado en que hemos conseguido este objetivo, es decir, al comprobar cuán preciosas son las palabras de Su Torá para nosotros, porque como sabemos «la Torá y el Santo, Bendito Sea, son uno». Cada palabra de la Torá emanó de El Eterno y con las veintidós letras del alfabeto hebreo Él creó el Cielo y la Tierra. Por eso el precepto de amar a nuestro Creador es inmediatamente seguido por el precepto de colocar las palabras de Su Torá sobre nuestros corazones.

Más de setecientas veces al año declaramos: «Y estas palabras que Yo te ordeno hoy estarán sobre tu corazón». Deberíamos tener muy presente que El Eterno quiere que las palabras de Su Torá estén grabadas indeleblemente sobre nuestros corazones.

Pero en cambio, para nuestra gran vergüenza, nuestra actitud respecto a las mismas es de apatía.

Los Sabios nos dicen en el Talmud que el versículo: «y menospreció Su precepto» (Números 15:31), se refiere a quien tiene tiempo de estudiar Torá pero descuida hacerlo.

“Parábolas de Sabiduría” de Rabí Israel Meir Hacohen Jafetz Jaim.

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