LLETRAFERIT

Imagen relacionada

La procedencia del término “lletraferit”, que en castellano se acostumbra a traducir como ser “muy leído”, es incierta y se

suele adjudicar a Michel de Montaigne, autor bordelés del siglo XVI, que habla de “lettre-férus”, pero sin duda alguna su

origen es más antiguo y realmente sorprendente.

 

 

Coromines, en su Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana, sostiene que Lletraferit “ja devia estar en ús en el segle XVI, i no sols en terres occitanes”. Sin duda estaba aludiendo a Montaigne.

Michel de Montaigne, de ascendencia judía, escribía que:

 

“Mon vulgaire périgourdin appelle plaisamment Lettreferits ces savanteaux, comme si vous disiez lettre-férus, auxquels les lettres ont donné un coup de marteau, comme on dit”.

 

El adjetivo féru, procede del verbo férir, “herir”, con lo cual el “lettre-féru” o el “lletraferit” sería alguien que ha sido herido por una letra. ¿A qué letra nos estamos refiriendo? Obviamente no a una letra profana, sino a una letra sagrada.

La clave nos la va a proporcionar un refrán catalán que encontramos en la Paremiología catalana comparada de Sebastià Farnés i Badó, que dice que “la lletra amb sang entra”. Este mismo refrán lo hallaremos en boca de la duquesa diciéndole a Sancho Panza que “la letra con sangre entra” (Quijote, 2ª Parte cap. XXXVI).

Los lettre-férus, en la edad media, eran los que sabían leer, o sea los judíos, y eran lettre-férus a causa de una herida muy concreta: la de la circuncisión, la letra Iod.

El Zohar (I-56 a) nos explica que esta letra corresponde al pacto que transgredió Adán y que provocó que el Nombre de Dios se escindiera, algo que remediaría Abraham, el primer circunciso de la historia. En este mismo libro (I-95 a) se nos explica que, después de la circuncisión, los circuncisos “se separan de las coronas inferiores” y:

 

“entran bajo las alas de la Presencia Divina, y se revela en ellos la letra Iod, la señal del pacto completa”.

 

Y más adelante (I-95 b) podemos leer:

 

“Circuncídate y complétate con la inscripción de la Iod

 

 

En otro volumen del Zohar (I-214 b) leemos:

 

“Vino Abraham, amó al Santo, Bendito Sea, y éste le dijo: a través de ti se completará el Nombre, y se circuncidó y se completó el Nombre a través de la letra Iod que se encuentra en el pacto de la circuncisión”.

 

También en el Zohar (III-215 b) podemos leer:

 

“Ven y ve: el secreto de la alianza santa es la letra Iod”.

 

Ésta es la letra sagrada que entra con sangre y que “hiere” con una herida sagrada. No olvidemos que en griego Hyeros (ἱερός) significa “sagrado” y que la letra Iod es la inicial del Nombre de Dios. Por otra parte, la palabra hebrea Jaburah (חבורה) significa indistintamente “herida” o “grupo de compañeros”, en alusión a los cabalistas, los verdaderos lletraferits.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

Anuncios

FILAR PRIM

Después de pasar unos días de Pesaj comiendo pan sin levadura en recuerdo de la apresurada salida de Egipto, se

imponen unas reflexiones a propósito del Jametz (חמץ), la levadura. En el Zohar (Raia Mehemna) el Jametz (חמץ) se

asocia con la Mala Inclinación.

Sostenía Louis Cattiaux que “Hay dos maneras de salirse de toda cosa, o bien por arriba o bien por abajo. Quien sale del mundo por arriba es santo y salvado. Quien sale por abajo está loco y condenado”.

Que el Jametz (חמץ) es la Mala Inclinación, la idolatría o Samael, lo sabemos por el Zohar (II-182 a). Curiosamente el antagonista de este Jametz (חמץ) lo conforman las mismas letras, escritas en orden inverso: Tzemaj (צמח), palabra que literalmente significa “brote” y que se aplica al Mesías. La guematria de ambas palabras es la misma, 138.

La palabra Jametz (חמץ), “levadura”, “fermento” puede deconstruirse como Jam (חם) Tzadi (צ). Jam (חם) significa “calor”, “caliente” y la letra Tzadi (צ) es la inicial de Tzadik (צדיק), “Justo”. De este modo podríamos decir que el Jametz (חמץ) es lo que “calienta” al justo, que como es sabido corresponde a la sefirah de Iesod, ya que como sabemos por Proverbios (X-25):

וצדיק, יסוד עולם

VeTzadik Iesod Olam”.

“El Justo es el fundamento del mundo”.

Jametz (חמץ), “levadura”, también puede ser deconstruido como Jam Etz (חם עץ), “árbol caliente”. ¿A qué árbol nos estamos refiriendo?

Como escribe el cabalista Ione Szalay:

“Iesod contiene todo el árbol de la vida”.

 

Justo y árbol son lo mismo. Al margen de consideraciones espirituales y cabalísticas, lo cierto es que consumir Jametz (חמץ), levadura, hincha, engorda al que lo come y mucha gente pierde unos cuantos kilos y se deshincha sorprendentemente después de Pesaj. Todo esto puede relacionarse con la vieja idea de que para entrar en el reino de los cielos hay que estar delgado.

En el momento del paso final, del verdadero Pesaj, no podremos llevarnos ni todos los kilos de más, ni tampoco nuestras preciadas pertenencias. En el tratado talmúdico de Baba Mezia (38b), podemos encontrar una discusión entre rabinos a propósito de la transmisión de bienes y pertenencias, donde uno interpela al otro diciéndole:

?דלמא מפומבדיתא את, דמעיילין פילא בקופא דמחטא

¿Acaso eres de Pumbedita, donde un elefante pasa por el ojo de una aguja?

 

Que un elefante pase por el ojo de una aguja es, ciertamente, tan improbable como que un gordo (o un rico, pues simbólicamente es lo mismo), entre en el reino de los cielos. ¿Por qué? A causa del Jametz (חמץ). Los cabalistas (notablemente Moisés Cordovero en su Palmera de Deborah) nos han descrito a la letra He (ה) como las dos posibilidades que le esperan al hombre en el momento del paso difícil. Puede dirigirse hacia abajo, hacia el Gehenom, los infiernos, por una puerta ancha y accesible. O puede encaramarse y escurrirse por la puerta estrecha que se encuentra arriba a la izquierda, y acceder al reino de los cielos. Pero si está muy gordo, si está muy cargado, no logrará ni llegar hasta ella ni mucho menos pasar por ella.

 

La guematria de Jametz (חמץ) es 138, un número estrechamente relacionado con el simbolismo de la puerta. Jaim Moshé Luzzatto habla precisamente de Kalaj Pishkei Jojmah, 138 puertas de la sabiduría.

ח = 8

מ = 40

ץ = 90

———

138

 

Pumbedita (פומבדיתא) era una ciudad caldea a orillas del Éufrates y se decía que su gente era muy sutil en las interpretaciones de la Torah, o sea que dominaban a Torah Oral, la Torah SheBealPeh (תורה שבעל פה), la “Torah en a boca”. Pum (פומ), en arameo, significa “boca”, “orificio”. Por otra parte, la palabra aramea Pili (פילי) significa “puerta”, pero se relaciona con Pil (פיל), en hebreo “elefante”. Señalemos la semejanza de Pil (פיל) con Fil, en francés “hilo”. Así no sería un elefante sino un hilo el que pasa por el ojo de una aguja, en fin, un ingenioso juego de palabras. Esta etimología podría parecer un poco fantasiosa, pero no deja de ser curioso que el más genial de los etimologistas, Isidoro de Sevilla, sostuviera que filum, en latín “hilo” deriva de pilum, en latín “pelo”. Al fin y al cabo, Pe (פ) y Fe (פ) son intercambiables.

En otro tratado talmúdico, Eruvin (119b-120a) podemos leer:

“Los corazones de los primeros sabios eran tan grandes como el pórtico del Templo. Los de los sabios que vinieron después fueron tan grandes como las puertas del Templo. Pero nuestros corazones son tan pequeños como el ojo de aguja”.

 

De este modo los sabios talmúdicos nos están revelando algo tan sorprendente como que la puerta estrecha o el ojo de la aguja no son sino el corazón, y para pasar por él hay que ser sutil como los sabios de Pumbedita, que sabían filar prim, hilar fino.

 

JULI PERADEJORDI

 

BORRAR EL EGOÍSMO

Probablemente toda la Torah esté hablándole del alma al alma de un modo encubierto, a fin de avivar el recuerdo.

Pero hay un libro en el que esto es particularmente evidente: el libro de Jonás.

 

Para situarnos, echemos un vistazo al nombre de Jonás, Ionah (יונה), palabra compuesta por la letras Iod, Vav, Nun y He. Lo sabios ya han señalado que comparte tres letras con el Tetragrama y que su guematria reducida, 17, es la misma.

Si tomamos las tres primeras letras y en vez de la Nun (נ) colocamos la Nun Sofit (ן), obligatoria al final de una palabra, tenemos lo siguiente:

 

יון

 

Gráficamente podemos ver una letra Iod (י) que está cayendo o alargándose. ¿Dónde caerá? En la letra He (ה), cuya guematria es 5 y representa a los cinco sentidos, o sea el cuerpo. La guematria de Iod, Vav, Nun es 10 + 6 + 50 = 66.

Como nos enseña el sabio Gaón de Vilna, en la historia de Jonás este curioso personaje representa al alma, Neshamah, que se encarna en este mundo. El tema central del libro serían las reencarnaciones, Gilgulim, del hebreo Galgal (גלגל), “rueda”, guematria 66:

 

ג = 3

ל = 30

ג = 3

ל = 30

———

66

 

También e Zohar (II-199 a) nos enseña que:

 

“Jonás, que bajó a un barco, Aniah: se refiere al alma de la persona…”.

 

Dios envía a Jonás a Nínive a cumplir una misión, pero éste hace caso omiso al mandato divino. Esta desobediencia presenta una cierta semejanza con el pecado de Adán y Eva, que tampoco obedecieron al mandato de Dios. En vez de hacerle caso a Dios, Jonás se dirige a Iafo (יפו), la actual Jaifa, palabra que significa “hermoso”, “de aspecto agradable”. En ambos casos nos hallamos ante una caída, y ante la aparición del egoísmo, que es la separación de la consciencia del hombre de la consciencia de Dios.

Veamos qué nos dice el libro del Génesis (III-6) a propósito de Eva:

תרא האשה כי טוב העץ למאכל וכי תאוה-הוא לעינים

“Vio la mujer que el árbol era bueno para comer y agradable a la vista”.

 

Aniah (אניה), “barco”, significa también “lloro”, “tristeza”. La guematria de esta palabra es de nuevo 66:

א = 1

נ = 50

י = 10

ה = 5

————

66

 

Pero el plural Aniot (אניות) significa precisamente “egoísmo”. El recuerdo de Amalek, que según la Torah hemos de borrar (Deuteronomio XXV-19), es en hebreo Tzejer Amalek (זכר עמלק). Su guematria es 467:

זכר = 227

עמלק = 240

————–

467

 

La guematria de Aniot (אניות) “egoísmo” también es 467:

 

א = 1

נ = 50

י = 10

ו = 6

ת = 400

————-

467

 

Con esto vemos que borrar el recuerdo de Amalek es la misión para la cual el alma se encarna en este bajo mundo y que se trata de lo mismo que borrar el egoísmo.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

CON EL LIRIO EN LAS MANOS

Imagen relacionada

Los alquimistas tenían una especie de fórmula arquetípica que podemos aplicar a casi todo: Solve et coagula. Esta idea se

encuentra también en el Talmud. En el libro del Cantar de los cantares tenemos ejemplos maravillosos de ella. Vamos a ver

uno de ellos aclarado por los sabios del Talmud y por la guematria.

 

Leemos en el Cantar de los Cantares (V-13):

שפתותיו, שושנים-נטפות, מור עבר

“Sus labios son lirios, que gotean mirra liquida”.

Podemos hacer, siguiendo las enseñanzas de los sabios, un juego de palabras entre Shoshanim (שושנים), “lirios” y Sheshonim (ששונים), “aquellos que estudian”. ¿Por qué? El  alumno que realmente desea aprender se ha de parecer a un lirio, ha de ir “con el lirio en la mano”, expresión que significa comportarse sin dobleces, con honestidad, con limpieza, con candidez.

Un alquimista contemporáneo, Louis Cattiaux, sostenía que:

“Hay que embeber y disolver antes de secar y cocer, ya que el que empieza por cocer fija la mugre del pecado en vez de eliminarla”.

 

La guematria de Shoshanim (שושנים), “lirios”, es la misma que la de Sheshonim (ששונים), “aquellos que estudian”, 706:

ש = 300

ו = 6

ש = 300

נ = 50

י = 10

ם = 40

————

706

ש = 300

ש = 300

ו = 6

נ = 50

י = 10

ם = 40

————-

706

En hebreo, la expresión “mirra líquida” aparece como mor over (מור עבר), que literalmente quiere decir, “amargura líquida”. Su guematria, 518, coincide curiosamente con la de Jiej (חיך), “sonreír”.

 

מור = 246

עבר = 272

————-

518

ח = 8

י = 1

ך = 1

——-

518

Los sabios del Talmud (Tratado de Shabbat 30 a) nos enseñan que los labios de aquellos que estudian Torah, deben de despedir la amargura del temor. Para iniciar el estudio hay que abandonar el temor y la amargura, y abrirse a la dulzura de la Torah.

También nos enseñan que:

“Alguien que estudia Torah debe de sentir alegría antes de empezar a enseñar una Halajah, pero el alumno debe de escuchar a su maestro con temor y reverencia”.

 

Raba, sabio donde los haya, es un buen ejemplo de esto: antes de empezar a enseñar a sus estudiantes, contaba un chiste y todos sus alumnos reían. Después se sentaba con temor y comenzaba a enseñar. Sus alumnos lo recibían con una sonrisa, con un lirio en la mano.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

ANI Y ANOJI

En el libro del Génesis (XXIV-34) Eliezer pronuncia unas palabras que quizá no vengan a cuento en el contexto, pero que

desde el punto de vista de la guematria nos van a descubrir algo tan importante como que lo mejor que hay en este

mundo es la sabiduría.

´

 

El texto de Génesis (XXIV-34) dice así:

עבד אברהם, אנכי

“Yo soy el siervo de Abraham”.

 

Después de pronunciar estas palabras, Eliezer se pone a enumerar las numerosas riquezas con las que el Eterno ha bendecido a su amo. Todo esto no tendría mayor relevancia si no fuera porque la guematria de Eved Abraham Anoji (עבד אברהם, אנכי) es 405:

עבד = 76

אברהם = 248

אנכי = 81

——————–

405

 

Este número nos dirige a algo que es mucho más importante que las riquezas, algo que también tenía Abraham: la sabiduría. Leemos en Proverbios (VIII-11):

כי-טובה חכמה, מפנינים

“Porque mejor es la sabiduría que las perlas…”.

Cuando calculamos la guematria de esta expresión, descubrimos que

también es 405:

כי-טובה = 52

חכמה = 73

מפנינים = 280

—————–

405

 

Los sabios nos han señalado que en las palabras de Eliezer podemos encontrar una rareza: para hablar de él utiliza la palabra Anoji (אנכי) en vez de Ani (אני), como se suele hacer. Anoji (אנכי) es el término que utiliza Dios en los diez mandamientos. Según el Malbim Anoji (אנכי) designa a la esencia de la persona.

Si calculamos la guematria extendida de Ani (אני) obtenemos אנ אני א אני ני י, cuyo valor numérico es 244. Antes de ser bendecido Abraham se llamaba Abram (אברם) y la guematria de esta palabra es 243. Si Eliezer hubiera dicho de Ani (אני), se habría estado identificando con su amo pues la guematria 243 más el Kollel es 244.

א = 1

ב = 2

ר = 200

ם = 40

————

243

243 + 1 = 244

De este modo, Eliezer no está hablando en tanto que siervo de Abraham, que se identificaría con él, sino dejando hablar a su esencia profunda. El Rav Ginzburg nos ha descubierto que si calculamos la guematria extendida de Anoji, אנכי נכי כי י א אנ אנכ אנכי, obtenemos exactamente 405.

 

 

JULI PERADEJORDI

LA SIMIENTE DE ABRAHAM

Resultado de imagen de abraham patriarch

En la parashah de Vaiejí, la Torah nos enseña a propósito de Abraham que “su descendencia colmará las naciones”, pero

se trata sólo de una traducción, por lo demás discutible, y estas palabras pueden entenderse de diversas maneras.

 

 

Lo que algunas traducciones nos presentan como “y su descendencia” es en realidad Vetzaro, “y su simiente” (וזרע). Se trata, como se desprende del contexto, de “La simiente de Abraham” (זרע אברהם), expresión cuya guematria es 525:

 

זרע = 277

אברהם = 248

——————

525

 

Podemos “deconstruir” la palabra Tzera (זרע), “simiente” en Tzar (זר), guematria 207, y Ayin (ע), guematria 70. Este último número hace alusión a las 70 naciones, mientras que 207, que también es la guematria de Or (אור), “luz”, hace alusión a Israel. De Abraham vendrá Israel, pero también las naciones.

Leemos en (Génesis XLVIII-19):

וזרע יהיה מלא-הגוים

“y su simiente se convertirá en la plenitud de las naciones “.

Cuando calculamos la guematria de Vetzaro Iehieh Melo haGoim (וזרע יהיה מלא-הגוים), vemos que es 454.

Los sabios nos han enseñado que el secreto de Israel y las naciones se encuentra en la palabra Ajen (אכן) que significa “ciertamente” (Véase Génesis XXVIII-16). Para ellos la letra Alef de esta palabra se refiere a Israel, y las letras Jaf y Nun, cuyo valor numérico es 70, a las 70 naciones. La guematria de Ajen (אכן), 71, sumada a 454 nos da 525, la guematria de Tzera Abraham, “La simiente de Abraham” (זרע אברהם).

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

LA LUZ DE ISRAEL

File:Moshe Lipietz - Simhat Torah flag - Google Art Project.jpg

 

La última parashah de la Torah contiene una expresión, “Moshé Ish haElohim”, que ha llamado la atención de

prácticamente todos los comentadores, sin embargo no sabemos de nadie que la haya analizado a la luz de la guematria,

que nos va a descubrir cosas muy interesantes.

 

 

 

Leemos en el principio de la última parashah de la Torah, en Deuteronomio (XXXIII-1):

וזאת הברכה, אשר ברך משה איש האלהים-את-בני ישראל:  לפני, מותו

“Y ésta es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios a los hijos de Israel, antes que muriera”.

 

Si tomamos las letras finales de Moshé Ish haElohim (משה איש האלהים), o sea Mem, Shin y He, vemos que forman la palabra Moshé, Moisés. Cuando calculamos la guematria de esta expresión, vemos que es 747.

משה = 345

איש = 311

האלהים = 91

—————

747

 

Por otra parte, si las leemos de derecha a izquierda obtenemos haShem (השם), “el Nombre”, expresión que se aplica a Dios. Sabemos que Moisés era hijo de Amram. Cuando calculamos la guematria de Moshé Ben Amram (משה בן עמרם), Moisés hijo de Amram, descubrimos que también es 747:

משה = 345

בן = 52

עמרם = 350

—————–

747

 

Pero aún hay más. Podríamos considerar que Moisés, que subió al Sinaí a recibir la Torah, se puede contemplar como la voz de la Torah, Kol Torah (קול תורה):

ק = 100

ו = 6

ל = 30

ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

—————-

747

 

Moisés es un hombre de Dios, pero no es un hombre corriente como nos descubre la guematria. También es “La Luz de Israel”. Esto se deduce de que si a 747 le añadimos 1 por el kollel, obtenemos 748, la guematria de Or Israel (אור ישראל), “luz de Israel”:

א = 1

ו = 6

ר = 200

י = 10

ש = 300

ר = 200

א = 1

ל = 30

———–

748

 

JULI PERADEJORDI

EL DINERO Y LA NOSTALGIA

Imagen relacionada

 

Hace unos años vi una curiosa película que me presentaron como “esto es lo que viene después de ¿Y

tú qué sabes?”. Su título era sugestivo: El Secreto, pero su mensaje me dejó bastante desconcertado y

también un poco preocupado. El secreto de los grandes iniciados de todas las épocas, el secreto mejor

guardado desde que el hombre es hombre, consistiría sencillamente en hacer dinero. Lo encontré

patético.

 

 

No es que personalmente tenga nada en contra del dinero, pero me parece que venderle a alguien la moto de que será feliz el día en que sea multimillonario es mentirle y abocarlo al desastre. Es cierto que Woody Allen dijo que “El dinero no da la felicidad, pero proporciona una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para notar la diferencia”. Pero, y esto no es ningún secreto, en su búsqueda de esta “sensación de felicidad”, el hombre occidental vive (o muere lentamente) por, para y tras el dinero.

Poca gente sabe de dónde viene la palabra “dinero”. Si bien se la hace derivar del griego denarion, o incluso del dinar persa, sus verdaderos orígenes se remontan a la España medieval, donde un dinero equivalía a diez maravedís, emulando al denarius latino, que equivalía a diez ases. Por otra parte, money, como tantas palabras inglesas, procede del francés monnaie, “moneda”. Esta palabra hay que asociarla a la diosa romana Juno Moneta, reina del Cielo y diosa de la Luz, en cuyo templo se acuñaba moneda. Sin embargo, para la mayoría de pueblos, el dinero se relaciona con un metal muy concreto: la plata. Así, los franceses lo llaman argent, “plata”, y en prácticamente todo Latinoamérica también escuchamos esta palabra para referirse al dinero.

En la hora y pico que dura la película de El Secreto no pude escuchar ninguna alusión a la diosa de la Luz ni al dinero como dinamizador de proyectos, pero sí pude reflexionar sobre el apasionante y dual símbolo de la Luna, que a la vez es diosa de la Luz y de las Sombras. La Luna, el planeta que los astrólogos hacen corresponder con la plata, tiene varios significados realmente interesantes. Se refiere a lo cambiante, a las decepciones y también al pasado, a la nostalgia.

Esta última idea la encontramos en una raíz semítica, Kesef (כסף), que nos permite descubrir cuál es la conexión entre el dinero y la nostalgia. Kesef significa literalmente “plata” y el verbo Niksaf “sentir nostalgia, añorar”.

El psicoterapeuta norteamericano Thomas Moore nos descubre que nuestras relaciones con el dinero no siempre son racionales y lógicas, y que éste tiene una sombra que, cuando llega a corromper a una sociedad, hace que ésta se desmorone. La relación entre Kesef (כסף), dinero, que en guematria vale 160 y Tselem (צלם), imagen, de (צל), “sombra”, que también suma 160 es evidente y ya ha sido señalada por los cabalistas,

כ = 20

ס = 60

ף = 80

———–

160

צ = 90

ל = 90

מ = 30

————

160

La búsqueda desaforada del dinero que nos propone El Secreto, ¿no será en el fondo la expresión de una nostalgia por otro tipo de riqueza, por esa parte oculta de nuestra alma denominada “sombra” que es donde se halla nuestra imagen divina?

 

 

JULI PERADEJORDI

 

A PROPÓSITO DEL REY

Actualmente, sobre todo en nuestras latitudes, nos encontramos con mucha polémica a propósito de esa curiosa institución que es la monarquía. También con mucha ignorancia.

El pésimo ejemplo que nos han dado algunos reyes y príncipes ha contribuido a desacreditar a esta forma de gobierno que pretende concentrar el poder en una (monos) persona. Pero ser rey supone algo más que llevar armiños (o Ferraris) porque, como decía Thierry d’Oultremont, “la verdadera nobleza es la nobleza del corazón”.

 

 

Nos explican los Sabios, entre ellos Maimónides, que el hombre, Adam (אדם) es “rey”, Melej (מלך), cuando su cerebro, Moaj (מח) domina sobre su corazón, Lev (לב) que domina sobre su hígado, Keved (כבד). Es una manera de decir que su inteligencia, que está arriba, domina sobre sus pasiones, que están abajo, por medio de su corazón, que representa la bondad y la compasión (Hessed) y que está en el centro. Un rey centrado se guía, pues, por el corazón que, repetimos es bondad y compasión (Hessed).

Es obvio que actualmente esto no ocurre. Es una vergüenza, en hebreo Klam (כלם), o sea las letras que componen Melej (מלך)  en un orden equivocado.

Las iniciales de Moaj (מח), Lev (לב) y Keved (כבד) forman la palabra Melej (מלך), “rey”. Las tres letras. Kaf (כ), Lamed (ל) y Mem (מ), van una detrás de la otra en el alfabeto. Esto nos lleva a preguntarnos cuál es la letra siguiente. Cualquier niño judío de más de tres años lo sabe: la letra Nun (נ), una letra que se relaciona con el Rey Mesías y cuya guematria millui es 106:

נ = 50

ו = 6

נ = 60

———

106

Los cabalistas nos han enseñado que el arquetipo del rey es el rey David (דוד). Si calculamos la guematria de esta palabra, descubrimos que es 14. Curiosamente la letra Nun es la decimocuarta letra del alfabeto:

ד = 4

ו = 6

ד = 4

———

14

 

Cuando sumamos las guematrias de Moaj (מח), Lev (לב) y Keved (כבד) también obtenemos 106, al guematria millui de Nun :

מח = 48

לב = 32

כבד = 26

———-

106

 

Finalmente señalemos que este número es la guematria de Kes IHWH (כס יהוה), el Trono del Eterno:

כס = 80

יהוה = 26

————-

106

 

Esto nos enseña que el rey monarca debería ser como un trono para Dios, como un instrumento de la divinidad. Debe guiarse más por el corazón que por la inteligencia o las pasiones. Cualquier rey que no ejerza su función de este modo no lo es por la gracia (Hessed) divina. Es un impostor, del latín imponere, “imponer”. Quizá vencerá, pero no convencerá; sin duda impondrá, pero no recompondrá.

 

 

JULI PERADEJORDI

LA VOZ DE LOS ÁRBOLES Y LAS FLORES

 

Vivimos en la era de la comunicación por excelencia, pero la mayoría de nosotros tenemos problemas para comunicarnos

con los demás y con nosotros mismos. Pero, ¿sabemos realmente qué significa “comunicarse”? Veamos qué nos

“comunican” la etimología y la guematria.

 

 

 

“Comunicar”, del latín communicare, es “hacer partícipe a otro de lo que uno tiene”. En hebreo “comunicar” puede decirse de varias maneras; una de ellas es haAbrat Maser (העברת מסר). Maser (מסר), de la misma raíz, significa “mensaje”.

La guematria de haAbrat Maser (העברת מסר) es 977, como la del Kol Ilanot vePerajim (קול אילנות ופרחים), “la voz de los árboles y las flores”,

 

העברת = 677

מסר = 300

———————

977

קול = 136

אילנות = 497

ופרחים = 344

————————

977

 

Todo esto nos indica que en la comunicación verdadera ha de haber un mensaje que la naturaleza nos está comunicando a través de los árboles y las flores. ¿Cuál es este mensaje?

Nos lo sugieren las tres primeras palabras del Shemá: שמע, ישׂראל: יהוה:

שמע = 410

ישׂראל = 541

יהוה = 26

—————-

977

 

Porque lo que nos dice el Eterno no es distinto de lo que nos dicen los árboles y las flores. Todo nos invita a lo mismo: a la comunión con lo sagrado que está en nuestro interior y a la comunicación con lo sagrado que está en el interior de nuestro prójimo. Porque lo sagrado es lo que tenemos en común. Cuando lo logremos será verdad que:

 

שמע, ישראל: יהוה אלהינו, יהוה אחד

“Escucha Israel, IHWH nuestro Dios, IHWH es Uno”.

 

JULI  PERADEJORDI

LA GRACIA Y EL DESCANSO

Imagen relacionada

Hay cuestiones que dependen del esfuerzo del hombre y hay cuestiones que dependen de la gracia de Dios. La frontera entre ambas no siempre es evidente. Las primeras de estas cuestiones pertenecen al mundo de la materia, de la naturaleza, en hebreo haTeva (הטבע), mientras que las otras pertenecen al mundo del espíritu, Neshamah (נשמה).

 

Las primeras pueden asociarse al nombre de Dios Elohim, que comparte guematria con haTeva (הטבע), mientras que las segundas están relacionadas con el Tetragrama a su vez relacionado con la Jojmat Nistarah, “la sabiduría oculta” y las letras del alfabeto hebreo.

 

א = 1

ל = 30

ה = 5

י =  10
ם= 40

———-

86

ה =  5

ט= 9

ב = 2
ע= 70

———–

86

 

En estas últimas cuestiones, el hombre no ha de hacer nada a fin de no obstaculizar la acción divina. Ésta, como la Torah, puede compararse con el agua que desciende de lo alto hacia lo bajo, pero que no permanece si no encuentra un recipiente apto para recibirla. Esfuerzo y recipiente pueden asociarse con los seis días de la semana (la palabra Kli, “recipiente” tiene por guematria 60, o sea 6 multiplicado por 10), mientras que la gracia y el descanso se asocian con el Shabbat, guematria 702. Más que “no hacer nada” en el sentido más externo de esta expresión, en Shabbat se trata de no hacer nada que pueda obstaculizar la gracia divina.

Enseñan los cabalistas que la palabra Jen (חן), “gracia” aparece exactamente 90 veces en el Tanaj, y que 90 es la guematria de Maim (מים), “agua”. Esto establece una relación sutil entre la gracia Jen (חן) y el agua Maim (מים).

 

מ = 40

י =  10
ם= 40

———-

90

 

También sabemos que Jen (חן) es un anagrama de Noaj (נח), “Noé” y que el protagonista del diluvio, el Mabul (מבול), fue precisamente este personaje bíblico. Cayó sobre la tierra una cantidad de lluvia tan desmesurada, que ésta no pudo recibirla. Pero algunos comentaristas no han interpretado el relato del diluvio como una maldición, sino como todo lo contrario: como una descripción de la bendición, como una purificación. Sea como fuere, ha sido dicho que toda bendición que no es recibida se convierte en maldición.

Los cabalistas nos regalan una curiosa interpretación de la palabra Jen (חן), “gracia”. Su guematria ordinal a partir de Het (ח), 8, y Nun (נ), 14, nos da 22. Jen (חן) aludiría a la Jojmat Nistarah, “la sabiduría oculta”, escondida en las 22 letras del alfabeto.

Veamos cuál es la relación entre la sabiduría oculta en las letras y el Shabbat. El mundo, nos enseña la Torah, fue creado en 6 días en vistas del Shabbat, que en cierto modo es el que le da sentido. El sabio cabalista rabbí Elimelej de Lublin nos ha dejado en su libro Bnei Isajar una deliciosa disquisición a propósito del misterio del Shabbat, desvelando que contiene a las 10 sefirot.

Nos explica que Dios creó el mundo por medio de las 27 letras, las 22 letras del alfabeto y las 5 letras finales. Si tomamos la guematria del Nombre de Dios IHWH (יהוה), que es 26, y la multiplicamos por las 27 letras, obtenemos 702, la guematria de Shabbat (שבת). Por otra parte si calculamos el valor numérico de la suma de las letras que preceden a la Shin (ש), la  Beth (ב) y la Tav (ת) que forman la palabra Shabbat (שבת), o sea la Resh (ר), la Alef (א) y la Shin (ש), 200 + 1+ 300, obtenemos 501, la guematria de la expresión Zug min haShamaim (זוג מן השמים), “yugo de los cielos”, sin duda la expresión máxima de la gracia y del descanso, lo único que puede traernos “descanso” verdadero en este bajo mundo. Ahí están la gracia y el descanso.

 

זוג = 16

מן = 90

השמים = 395

——————

501

 

Como también nos han descubierto los cabalistas, la guematria de haShamaim (השמים), “los cielos”, es la misma que al de Neshamah (נשמה), el alma. Por otra parte, la guematria Shemi o completa de Zug min haShamaim (זוג מן השמים), “yugo de los cielos” es 914, y coincide con la de Or haShabbat (אור השבת), la luz del Shabbat.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

 

 

 

 

 

SUKOT Y EL MISTERIO DE LOS TRES TEMPLOS

Imagen relacionada

Se suele decir que la festividad de las cabañas o Sukot se celebra durante siete días para rememorar el paso del pueblo de

Israel por el desierto y la fragilidad de las cabañas en las que habitaban. Sin embargo para los cabalistas se refiere a algo

más.

 

El pueblo de Israel no pasó siete días en el desierto sino cuarenta años, por esta razón “celebrar durante siete días para rememorar el paso del pueblo de Israel por el desierto” no acaba de entenderse.

Leemos en Levítico XXXIII-42 y 43:

בסכת תשבו, שבעת ימים; כל-האזרח, בישראל, ישבו, בסכת.

למען, ידעו דרתיכם, כי בסכות הושבתי את-בני ישראל, בהוציאי אותם מארץ מצרים:  אני, יהוה אלהיכם

“Habitaréis en cabañas durante siete días; todo nativo de Israel habitará en cabañas. Para que vuestras generaciones sepan que Yo hice que los Hijos de Israel habitaran en cabañas cuando los saqué de la tierra de Egipto; Yo soy El Eterno, vuestro Dios”

 

Los sabios han señalado una curiosidad en estos versículos. En el primero, la palabra Sukot (סכת) aparece en dos ocasiones, escrita sin la letra Vav (ו), mientras que en el segundo aparece en una sola ocasión (סכות), y escrita con la letra Vav (ו).

El secreto, pues, está en la letra Vav (ו).

Rabbí Iakov Abeh’ssera nos enseña que en las dos ocasiones en que la palabra Sukot (סכת) aparece escrita sin la letra Vav (ו) hace alusión a los dos primeros Templos que fueron destruidos por que les faltaba el Ets Jaim, el árbol de la vida, simbolizado por la letra Vav (ו).

La palabra Sukot (סכות) que aparece en el versículo siguiente sí está escrita con letra Vav (ו) para indicarnos que el tercer Templo, dotado del árbol de la vida, no será destruido.

Sin embargo, podemos aventurar otra interpretación que en modo alguno contradice lo anterior. Escrito sin Vav (ו), Sukot (סכת) tiene una guematria de 480. Escrito con Vav (ו) tiene una guematria de 486. De nuevo el secreto está en la letra Vav (ו).

ס = 60

כ = 20

ו = 6

ת = 400

———-

486

ל = 30

י = 10

ל = 30

י = 10

ת = 400

———

480

 

480 es la guematria de Lilith (לילית), mientras que 486 es la guematria millui de Lev (לב), “corazón”, palabra formada por la letra Lamed (למד), guematria 74 y la letra Beth (בית), guematria 412. La suma de 74 y 412 es 486.

Los dos primeros templos, como sugieren tan sutilmente los cabalistas, fueron separados del Ets Jaim, el árbol de vida, así como Adán y Eva fueron separados de él a causa de Lilith (לילית), mientras que el Tercer Templo, representado por el corazón Lev (לב) en su máxima expresión (su guematria millui) estará unido al árbol de vida. Esto lo podemos ver en la misma palabra Lev (לב) donde la letra Beth (ב), que significa “casa”, representa al Templo y la letra Lamed (ל), es como el hilo que elevándose hacia Arriba conecta al Templo con el Ets Jaim, el árbol de la vida. Es conocido que la guematria de Lev (לב) es 32, pero poca gente sabe que la guematria Katán o reducida de Ets Jaim (עץ חיים), el árbol de la vida, también es 32:

ל = 30

 ב = 400

———–

32

ע = 7

ץ = 9

ח = 8

י = 1

י = 1

ם = 6

———

32

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL CAMINO DE LA AMARGURA

Imagen relacionada

¿Quién no ha escuchado nunca a un hombre diciendo que su mujer lo lleva por “el camino de la

amargura”? ¿De qué camino se trata? ¿Eligió a la mujer correcta? El origen de esta expresión lo

encontramos en la Torah y la guematria nos va a descubrir su sentido.

 

 

 

El Talmud de Babilonia (Ievamoth 63 a) se pregunta si hay algo peor que la muerte, a lo cual Rab contesta, citando Eclesiastés (VII-26):

 

ומוצא אני מר ממות, את-האשה

“Y encuentro más amarga que la muerte a la mujer”.

 

Sin embargo, en el dorso de este mismo folio (Ievamoth 63 b), Rabbí Hanina nos enseña algo sorprendente que contradice totalmente lo anterior:

“En cuanto un hombre toma mujer, sus pecados son borrados porque está dicho (Proverbios XVIII-22)”:

 מצא אשה, מצא טוב

“El que halló mujer, halló el bien”.

 

Nos encontramos, pues, ante una aparente contradicción. ¿Por qué se relaciona a la mujer con la muerte? ¿Por qué la mujer “borra” los pecados? El secreto de este asunto es que podemos hablar de dos mujeres. Una de ella, Eva, Javah, que procede de Jaiah (חיה), es “vida” y se asocia con el alma; la otra Lilith, es “muerte”.

La guematria millui de Ishah (אשה), “mujer”, va a ayudarnos a entenderlo.

 

א = 111

ש = 360

ה =    6

———-

 477

 

Si vamos a Proverbios (XII-28), podemos leer:

 

בארח-צדקה חיים;  ודרך נתיבה אל-מות

“En la vereda de la justicia está la vida; y el camino de vereda no muerte”.

 

La guematria de Al Mavet (אל-מות), “no muerte” es 477, o sea la misma que la guematria millui de Ishah (אשה), “mujer”, lo cual aparentemente contradice a Eclesiastés (VII-26), relacionando esta vez a la mujer con exactamente lo contrario a la muerte. Estas dos palabras forman el concepto de Almavet (אלמות), “inmortalidad”, cuya guematria también es 477.

 

א = 1

ל = 30

מ = 40

ו = 6

ת = 400

———

477

 

Por otra parte, si vamos a Éxodo (XXXIV-7), nos encontramos con la expresión Nosé Avon (נשא עון) “que perdona los pecados” aplicada a IHWH. La guematria de esta expresión es también 477, o sea la misma que la guematria millui de Ishah (אשה), “mujer”, lo cual asocia directamente a “la mujer” con IHWH, El Eterno.

 

נ = 50

ש = 300

א = 1

ע = 70

ו = 6

נ = 50

——–

477

 

Así pues, no hemos de confundirnos de mujer, pues si una es “no muerte” y “perdona los pecados”, la otra nos llevará por el camino de la amargura.

 

JULI PERADEJORDI

 

EL FRUTO DEL PARAÍSO

Son numerosas las discusiones talmúdicas a propósito del cuál fue el fruto del paraíso, aquel que provocó el exilio de

nuestros primeros padres. Estas discusiones también se encuentran en el midrash e incluso en el Zohar. Apoyándonos en

la etimología vamos a proponer una deliciosa fruta en la que no han reparado muchos.

 

 

Veamos, para empezar qué nos dice el Midrash (Bereshit Rabba cap. 15):

Rabbí Meir dijo: fue trigo …
Rabbí Iehudah ben Rabbí Ilai y Rabbí Aibu dijeron: fueron uvas …
Rabbí Abba de Acco dijo: fue el etrog (cidro) …
Rabbí Iosei dijo: fueron los higos.

En el Talmud, tratado de Berajoth (40 a), Rabbí Nehemías será más concluyente y afirmará que:

“era la higuera, para que reparen su fechoría con el instrumento de la misma, como se dice, “entonces cosieron hojas de higuera”.

Algo con lo que no parece estar de acuerdo el Zohar (II-114 a) cuando dice:

“Hemos estudiado: el árbol con el que pecó el hombre ancestral era de uvas, como está escrito: “sus uvas son uvas de hiel” (Deuteronomio 32:32).

 

Parece que nuestros rabinos no se ponen de acuerdo. Por esta razón hemos decidido concentrarnos en la palabra Pardes (פרד), “paraíso” y buscar una palabra cuya fonética sea muy similar. Hemos visto que hay una con la que comparte tres de sus cuatro letras es Afarsek (אפרסק), “melocotón”. Cuando calculamos la guematria de esta palabra vemos que es 441:

א = 1

פ = 80

ר = 200

ס = 60

ק = 100

———–

441

 

Cuando nuestros primeros padres comieron del fruto, pecaron. En francés “pecar” es pécher y une pêche es un melocotón. Curioso. Una de las consecuencias de la toma del fruto prohibido fue la fragmentación. Desde entonces Adán, o sea el hombre, ya no tiene acceso a la realidad como una totalidad en la que todo está unidos, sino únicamente a una realidad fragmentada. La raíz Paras (פרס), que es el interior de la palabra Afarsek (אפרסק), “melocotón”, significa curiosamente “fragmentarse”.

Podemos relacionar también la raíz Farsek con Presco (o Fresco, pues Pe o Fe son la misma letra). Presco es como se llamaba antiguamente el melocotón. Aún se lo conoce así en algunos pueblos del bajo Aragón, y esta palabra está muy cerca del Préssec catalán, “melocotón”.

Los antiguos chinos consideraban que el melocotón era el fruto de la inmortalidad, algo que lo cual gozaban Adán y Eva en el paraíso. Como aifrma el sinólogo Pedro Ceinos:

“… el caracter para escribir “melocotón”, en chino, está formado por el radical de madera y el componente fonético zhao (presagio, pronóstico, augurio)”.

 

Quizá por ello Préssec esté fonéticamente tan cerca de Presagi, “presagio”. Y si alguien dijera que todo esto no son más que vanas especulaciones, le replicaremos que es verdad, en hebreo Emet (אמת), palabra cuya guematria es 441, como la de Afarsek (אפרסק), “melocotón”.

 

א = 1

מ = 40

ת = 400

———-

441

JULI PERADEJORDI

 

ESTÁS INVITADO A UNA FIESTA SORPRESA

Imagen relacionada

Me seduce muchísimo la idea de que quizá las distintas religiones no sean sino trajes o disfraces con

los que uno se reviste para acudir a una fiesta sorpresa.

Encuentro que les hace perder solemnidad.

Encuentro que les da un sentido difícil de adivinar de otra manera: cuando lleguemos a la fiesta

tendremos que sacarnos los trajes.

 

 

Leemos en Eclesiastés (VII-1):

“Mejor es el buen nombre que el buen ungüento,

y el día de la muerte que el día del nacimiento”.

 

Nadie sabe a ciencia cierta ni cuándo ni dónde tendrá lugar la celebración de esta fiesta, y casi nadie sabe que cuando vayamos a entrar en ella estaremos obligados a desnudarnos, o sea a sacarnos el disfraz. Tendremos que quitarnos los trajes que trajimos porque el traje, de trahere, es algo que se trae, no algo que se es. Es más, con trahere también podemos asociar el verbo francés trahir, “traicionar”, y la palabra española “traición” deriva etimológicamente de la traditio latina, “tradición”. Lo atávico, de atavus, “tatarabuelo”, puede relacionarse con el atavío y la capa es un símbolo de la tradición. En la misma palabra “hábito” ya encontramos la idea de “repetición”, de “automatismo” o de “costumbre”; quizá esta idea quede más clara en el francés con habit “vestido” y habitude “costumbre”, y con costume “traje” y coutume, “costumbre”.

Todos nuestros trajes, costumbres, vestidos y atavíos no son más que meros disfraces que usamos en este mundo pero que no nos servirán en el otro. La etimología de disfraz es altamente reveladora si pensamos que “disfraz” procede de un verbo latino que significa “pulir”, “frotar”, “restregar”. Este “pulimiento” es un trabajo arduo y silencioso que consiste en lavar, en purificar el alma. El verbo “mudar”, que se puede aplicar indistintamente a cambiar de lugar o cambiar de ropa, nos enseña sutilmente que cuando nos hemos revestido de opiniones, costumbres, certezas o creencias, nos hemos instalado en ellas como si fueran un lugar, y ese no es el lugar del alma. El lugar del alma es la fiesta sorpresa a la que todos estamos invitados.

De alguna manera, en esta fiesta sorpresa se nos está despojando de algo. Despojar procede del latín despoliare, sacar el pellejo. No olvidemos que la palabra “ropa” procede de una antigua raíz germánica que significa “robar” y que “saquear” viene de “saco”, que es como en Latinoamérica se denomina a lo que nosotros llamamos “americana”, y que procede de “sacar”, “quitar”.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

EL AMOR CIEGO

Imagen relacionada

Se dice que “el amor es ciego” y se lo suele representar como un ángel que lleva una venda que le tapa

la vista, disparando flechas a ciegas. Es la imagen del famoso Cupido, palabra derivada de cupiditas,

“deseo”. A partir de esto podemos sugerir que quizá el amor, el verdadero, no sea tan ciego y que sin

embargo sí lo sea el deseo.

 

Probablemente el amor, el verdadero, no sea exactamente ciego. Por el contrario, es extraordinariamente clarividente. Lo que ocurre es que no mira las apariencias, como ocurre con el deseo, sino “lo que no se ve”, aquello que únicamente pueden contemplar los ojos del corazón: el ser. Hablar del ser es hablar del centro, de lo esencial, quizá por ello se relacione siempre el amor con el corazón, centro simbólico del hombre, microcosmos, y con el Sol, centro simbólico el Universo, macrocosmos. Curiosamente, en hebreo, la palabra que quiere decir “corazón”, Lev (לב), también quiere decir “centro”. La guematria de esta palabra es 32:

ל = 30

ב = 2

——-

32

 

Si multiplicamos por 2 esta cifra (al fin y al cabo el amor suele ser cosa de dos), obtenemos 64, el número de casillas del tablero de ajedrez, y si colocamos en cada casilla una letra en el orden exacto la oración más importante del judaísmo, el Shemá (esta idea está tomada prestada del Rav Ginzburgh), obtenemos el siguiente esquema:

 

Abstrayendo las cuatro casillas del centro, nos encontramos con las letras Alef (א), Beth (ב) y He (ה), esta última dos veces, que forman la palabra Ahavah (אהבה), “amor”. Pero aún podemos ver algo más: las cuatro letras que están encima de la He (ה) y la Beth (ב) son precisamente IHWH (יהוה) o sea Dios, y las cuatro que están debajo de la He (ה) y la Alef (א) son Kol Lev (לב כל), que forman la expresión, “todo corazón”. Así, podríamos entender que Dios es todo corazón. Finalmente, la guematria de Kol Lev (לב כל), 82 es la misma que la de Kivun (כוון), “rumbo”, “dirección”, pero también “directamente”.

Ésta es la dirección correcta, el camino directo, con “todo el corazón”.

 

JULI PERADEJORDI

LADRAN, LUEGO CABALGAMOS

Resultado de imagen de quijote

“Ladran, luego cabalgamos”, es sin duda el dicho más famoso de don Quijote y de Cervantes. Aunque

está atribuido a él, no hemos sido capaces de encontrarlo en El Quijote. Consultadas otras fuentes,

vemos que todo el mundo lo cita pero nadie da la referencia de dónde se encuentra. Misterio.

 

 

Este conocido proverbio nos plantea sin tapujos que hay dos tipos de personas: las que ladran y las que cabalgan. Unas son como los perros; otras como los caballeros. Unas carecen de la Palabra y las otras se están cabalgando a sí mismas, dirigiéndose hacia la Patria Perdida en busca de la Palabra de Vida.

Para los sabios, aquel que no está en esta búsqueda puede compararse al perro, animal que los antiguos asociaban al dios Mercurio. Está ladrando o, si lo preferimos, robando (ocupación de Mercurio): es un ladrón. “Ladran” porque hablan desde el estado bestial y roban porque para ello se están apropiando de lo poco que les queda de la Palabra de Vida: están blasfemándola, forzándola, dilapidándola y volatilizándola en vez de fijarla. Maldicen en vez de bendecir. El Talmud nos enseña en el tratado de Berajoth (35 a) que todo lo que disfrutamos en este mundo sin bendecirlo es como si lo robáramos. El perro o las personas representadas por el perro disfrutan de las cosas de este mundo pero al no bendecirlas (a lo sumo les ladran) es como si estuvieran robándolas. Cometen, pues, una latría, una idolatría.

Existen, pues, “perros” (impíos) y “caballeros” (cabalistas) y mientras unos arman mucho ruido sin por ello modificar un ápice su situación bestial y caída, los otros se esfuerzan en pasar “cabalgando” por el puente que es este bajo mundo sin instalarse ni dormirse en él, hablándonos del mundo por venir.

 

JULI PERADEJORDI

Cábala, Juli Peradejordi, Torah, guematria, Zohar, Talmud

UNA EXPLICACIÓN DEL SHEMÁ

Imagen relacionada

En el Zohar (Parashat Vaetjanan, III-265 a) nos encontramos con una curiosa interpretación del Shemá

que reproducimos a continuación:

“Escucha, Israel: el Eterno nuestro Dios, el Eterno uno es (Deuteronomio 6:4). Dijo Rabbí Iesa: es Israel Saba, el anciano. Dijo Rabbí Itzjak: una Ayin mayor de lo normal, que incluye setenta nombres de testigos pues el valor numérico de Ayin es setenta y junto con la Dalet de Ejad,uno, forman la palabra Ed, “testigo”. Está escrito “Escucha Israel” y también está escrito “Escuchad, cielos” (Isaías 1:2) y “prestad atención, oh cielos” (Deuteronomio 32:1). Y todo es una misma cosa. “El Eterno”, el más elevado de todos, en la iluminación del Atika Kaddisha, denominado “padre”. “Nuestro Dios”, en las profundidades de los ríos y los arroyos, de donde todo fluye. “El Eterno”, corona del árbol, consumación de las raíces. “Uno”, la asamblea de Israel, todo forma una totalidad y está interconectado, sin división y todo es uno.

KORAJ Y LOS AMIGOS DE LO AJENO

Imagen relacionada

Koraj es en la Torah el arquetipo del ladrón, de aquel que se quiere apropiar o se apropia de lo que no es suyo. Si algo

caracteriza a Koraj es su frialdad, de hecho Koraj es una manera de decir “hielo” en hebreo. Sabemos por el Talmud que

este personaje frío y calculador ya era rico y poderoso, pero quería aún más.

 

 

Todos hemos conocidos a personas a las que su avaricia ha jugado malas pasadas. Parecía que lo tenían todo, una buena posición, amigos, muchos discípulos, reconocimiento, pero querían más. Hasta cierto punto, es algo comprensible, pero el problema empieza cuando estas personas engañan, falsifican, roban o estafan para lograrlo, incluso a sus propios discípulos. Como hemos visto, Koraj es el arquetipo de este tipo de individuos. Basándose en el Talmud, (Sotah 9 b), el Zohar (III-176 a) nos ofrece una enseñanza tan actual (al menos en lo que se refiere a los políticos de la ñ), como que:

“Cuando alguien persigue algo que no le pertenece, este algo huye de él y acaba perdiendo lo que sí le pertenece.

Koraj persiguió algo que no le pertenecía y perdió lo que era suyo sin ganar nada más”.

 

Si algo caracteriza a los ladrones es su frialdad, su “mente fría”. Son hábiles, calculadores, desconfiados y conspiradores. Koraj era rico, muy rico. Según el Talmud (Pesajim 119a) Koraj:

“Necesitaba una caravana de 300 mulas sólo para transportar las llaves de la casa de su tesoro”.

 

Koraj tenía una reputación, lo que en hebreo se dice “un buen nombre”, Shem Tov (שם טוב). Era hijo de Izhar, hijo de Kohat, hijo de Levi (קרח, בן-יצהר בן-קהת בן-לוי). Cuando calculamos la guematria de Ben Izhar (בן-יצהר), descubrimos que es 357, como la de Shem Tov (שם טוב), “buen nombre”:

 

שם = 340

טוב = 17

————

357

 

בן = 52

יצהר = 205

————–

357

 

Pero sin duda su destino estaba marcado en “hijo de Koat”, Ben Kohat (בן-קהת). La guematria de esta expresión es 557, la misma que la de Jatzar haMatarah (חצר המטרה): cárcel.

 

בן = 52

קהת = 505

—————-

557

 

חצר = 298

המטרה = 259

——————

557

 

Todos sabemos qué ocurrió con Koraj: se hundió. Éste es, lo quieran o no, el destino de los amigos de lo ajeno: la carcel..

 

JULI PERADEJORDI

 

MÁS ALLÁ DE LAS MITZVOTH, LA LIBERTAD

Imagen relacionada

Cuando en el libro del Éxodo leemos que Moisés desciende del monte con las tablas, el texto recalca que la “escritura de

Dios” está “grabada sobre las tablas”. Esta última expresión ha sido utilizada por al Talmud para enseñarnos que la

libertad está en la Torah.

 

 

Nos encontramos en el libro del  Éxodo (XXXII-16) con la expresión “Jarut al Lujoth”:

חרות, על-הלחת

“grabada sobre las Tablas”.

La raíz hebrea Jarat (חרת) significa “grabar”, “tallar”. La expresión Jarut (חרות), “grabada”, también significa, como nos enseña el Talmud en el tratado de Shabbat, “libertad” Jeret (חרת). Esta “escritura de Dios” que está “grabada sobre las Tablas” es regalada al pueblo de Israel para que refine su comportamiento a través de las 613 mitzvoth y supere la ignorancia.

El término que se utiliza en hebreo para designar a la ignorancia, Borot (בורות) es sumamente revelador. Si calculamos su guematria, descubrimos que es 614:

 

ב =  2

ו =  6

ר =  200

ו =  6

ת =  400

———–

614

 

Si buscamos una palabra que sea su “antídoto” recurriendo a esta misma guematria, nos encontramos con que 614 es también la guematria de Jaruth (חרות), “libertad”, lo cual nos indica que la libertad está un punto más allá del 613, o sea de las mitzvoth, que sin duda sirven para alcanzarla.

 

ח =  8

ר =  200

ו =  6

ת =  400

———–

614

 

JULI PERADEJORDI