LA PLENITUD DE ISRAEL

Vimos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-O5) que Jerusalén era el corazón del mundo, lo cual le confiere a Israel,

que de algún modo es la irradiación de Jerusalén, un status muy especial apoyado en la noción de centralidad, pero que

también presenta la de elevación.

 

Leemos en Éxodo (III-8):

וארד להצילו מיד מצרים, ולהעלתו מן-הארץ ההוא, אל-ארץ טובה ורחבה

“Bajaré y lo rescataré de la mano de Egipto, y lo ascenderé de esa tierra a una tierra buena y espaciosa…”

 

“Una tierra buena y espaciosa”, en hebreo Eretz Tovah uRajavah (ארץ טובה ורחבה), tiene por guematria Raguil 534.

ארץ = 291

טובה = 22

ורחבה = 221

—————

534

 

Dos capítulos más adelante leemos en Éxodo (VI-2):

וידבר אלהים, אל-משה; ויאמר אליו, אני יהוה.

“Y le habló Dios a Moisés y le dijo: Yo soy IHWH”.

 

Cuando calculamos la guematria de esta frase vemos que es 1075:

וידבר = 222

אלהים = 86

אל-משה = 1

ויאמר = 257

אליו = 47

אני = 61

יהוה = 26

—————-

1075

 

Los cabalistas nos han enseñado que este número es el valor Shemi o completo de Israel (ישראל):

 

י = 20

ש = 360

ר = 510

א = 111

ל = 74

———-

1075

 

Sabemos que la guematria Raguil de Israel es 541. ¿Cuál es la diferencia entre 541 y 1075, entre el Israel “normal” y la plenitud de Israel? Exactamente 534.

 

י = 10

ש = 300

ר = 200

א = 1

ל = 30

———-

541

1075 – 541 = 534

 

Este número se refiere también a la tierra de Israel que, como vimos, es una “tierra buena y espaciosa”), Eretz Tovah uRajavah (ארץ טובה ורחבה), guematria 534.

Escrutando en el versículo de Éxodo que encabeza estas reflexiones, vemos que se trata de una tierra “elevada”, una tierra “ascendida”.

Israel es el centro del mundo y está, por así decirlo, “por encima de las naciones” irradiando la luz de Jerusalén cuando se comporta como una “tierra buena y espaciosa”, escuchando la voz de Dios que le dice:

וידבר אלהים, אל-משה; ויאמר אליו, אני יהוה.

“Y le habló Dios a Moisés y le dijo: Yo soy IHWH”.

 

De ahí que al menos dos veces al día se recite el Shemá que dice:

שמע, ישראל: יהוה אלהינו, יהוה אחד.

“Escucha Israel, IHWH nuestro Dios, IHWH es Uno”.

JULI PERADEJORDI

 

EL SECRETO DE ATAH, “TÚ”

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Cuenta una antigua historia que un hombre falleció y llamó a las puertas del cielo para que le dejaran entrar. Desde el otro

lado le preguntaron “¿Quién eres?”. El hombre respondió “yo”. Entonces lo devolvieron a la tierra donde vivió de nuevo la

vida de los mortales.

 

Al cabo de varias reencarnaciones, cuando en las puertas del cielo volvieron a hacerle la misma pregunta, el hombre respondió Atah (אתה), que significa “tú”. Entonces lo dejaron entrar en el paraíso.

Había dejado de identificarse con su cuerpo y su ego para identificarse con el Creador.

Esta historia nos va a servir para profundizar en unas misteriosas palabras que aparecen en Éxodo (XXXIII-20):

 

כי לא יראני האדם וחי

“Porque el hombre no puede verme y vivir”.

 

A propósito de este versículo, dijo Rabbí Dosa:

 

“Durante su vida no puede verle, pero en el momento de la muerte sí lo hará”.

 

Cuando calculamos la guematria del versículo vemos que es 406:

 

כי = 30

לא = 31

יראני = 271

האדם = 50

וחי = 24

————-

406

 

Se trata de la guematria Shemi de Tav (תו), la letra Tav (ת) deletreada. Al tratarse de la última letra del alfabeto, corresponde con el final de la vida, con la muerte:

 

ת = 400

ו  = 6

————

406

 

Pero se trata también de la guematria de Atah (אתה), “tú”:

 

א = 1

ת = 400

ה = 5

———–

406

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL NUEVE Y LO NUEVO

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Vimos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-N1) que hay una estrecha relación entre el número ocho y el sueño y a

noche. De ocho, del sueño, salimos al nueve, a lo nuevo, el nuevo día, el despertar.

 

Es curiosa la relación entre dos palabras latinas: Novo, “nuevo, y Novum, “nueve”. Veamos qué ocurre con otros idiomas.

La similitud fonética entre “nueve” y “nuevo” no se encuentra sólo en castellano. En catalán son exactamente iguales: “nou” y “nou”, lo que ocurrirá también en el francés: “neuf” y “neuf”.

En alemán “neu” se convertirá en “neun”; en italiano “nuove” en “nove” y en portugués “novo” en “nove”. El inglés “nine” nos dará “new” y el sueco “nio” nos dará “ny”.

Si el ocho correspondíaomo ya vimos, al sueño, a lo antiguo, el nueve corresponde a la renovación del despertar.

Todas estas palabras, muchas de las cuales nos llegan del latín, proceden en realidad del sánscrito nava, “nuevo”. En este idioma “nueve” se dice navam. La etimología nos enseña que de nuevo/nueve derivan palabras como “novedad”, “novato” o incluso “noviembre”.

Otro significado del nava sánscrito es “joven monje”, lo que correspondería en nuestras latitudes al “novicio”, palabra que también deriva de “nuevo”.

En hebreo nueve es Teshah (טשעה) y comienza por la letra Tet (ט) que es, precisamente, la novena del alfabeto. Los cabalistas consideraban a esta letra la “letra de la renovación”. Cuando calculamos la guematria Shemi de Tet (ט), 419, descubrimos que es la misma que la de Makor haJaim (מקור החיים), “la fuente de la vida”.

ט = 9

י = 10

ת = 400

————-

419

 

מקור = 346

החיים = 73

————-

419

La forma de la letra Tet (ט) recuerda a una serpiente enroscada. Este animal, que cada cierto tiempo cambia de piel es el símbolo por excelencia de la renovación y de la medicina.

Lo que produce la regeneración, la verdadera renovación es acceder y beber de la fuente de la vida. Éste era el elixir de los alquimistas.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL OCHO Y EL SUEÑO

Desde siempre se han recomendado ocho horas de sueño cada noche, o sea un tercio de la jornada. De hecho existe una

curiosa relación entre este número y la noche, que vamos a ver en diversos idiomas.

 

 

Es curiosa la relación entre dos palabras latinas, Octo, que significa “ocho” y Noctis, que significa “noche”. Veamos qué ocurre en otros idiomas.

La similitud fonética en castellano entre “ocho” y “noche” es obvia, pero no lo es tanto en francés, entre “huit” y “nuit”, en catalán entre “vuit” y “nit” o en portugués entre “oito” y “noite”. También en rumano “opt”, ocho, se convierte en “noapte”, noche. En italiano tenemos “otto” y “notte”, en inglés “eight” y “night”, en alemán “acht” y “nacht”. Lo mismo ocurre con el neerlandés: “acht” y “nacht”. En noruego “atte” y “natt” y en sueco “atta” y “natt”.

Pero la comparación más sorprendente la encontraremos en el Iddish: ocho es Ajt (אַכט) y noche Najt (נאַכט).

¿Cuál es la diferencia más relevante entre el ocho y la noche? La presencia en esta última palabra de la letra Ene (n). ¿Por qué? La clave quizá nos la proporcionen el Iddish y el hebreo por medio de la letra Nun, equivalente a nuestra Ene (n).

La relación entre el ocho y lo oscuro quizá quede clara en hebreo ya que Ajat (אַכט) significa “ágata” y es la octava piedra del pectoral del sacerdote, de nuevo una relación con el ocho, según aprendemos de Éxodo (XXVIII-17 a 20):

“y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de una piedra sárdica, un topacio y un carbunclo; la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista; la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro”.

 

 

Si viviéramos de acuerdo con los ritmos naturales, probablemente nos entraría sueño a eso de las ocho de la noche, y cuando nos dormimos  es como si “cayéramos” dentro del sueño. En hebreo “caer” es Nafal (נפל), palabra que comienza por la letra Nun (נ). Por otra parte, como nos enseña el Alfabeto de Rabbí Akiva (Ediciones Obelisco, Barcelona 2017) a propósito de esta letra:

“¿Por qué la letra nun tiene dos grafías, una curvada sobre sí misma y otra alargada, como si estuviera en pie? Porque con esta letra se creó el alma (neshamá) de toda criatura, y cualquier alma a veces está erguida y a veces curvada sobre sí misma”.

 

Así, la letra Nun representa al alma. Podríamos decir que cuando vamos a dormir entregamos nuestra alma a Dios en forma de letra Nun curvada, y al despertar él nos la devuelve erguida, de ahí que después de ocho horas de sueño reparador nos sintamos renovados. En las Birkot haShajar o Bendiciones de la mañana, se comienza con las palabras “Modé Aní Lefaneja, Melej Jai veKaiam she Ejezarta bi Nishmati beJemlah Rabbah Emunateja”, que en traducción libre sería:

“Te agradezco Rey vivo y establecido que me hayas devuelto mi alma con misericordia, grande es tu certeza”.

Cuando vamos a dormir nuestra alma está cargada de Rigor, pero cuando despertamos al día siguiente Dios lo ha convertido en Jemlah, Misericordia. Hemos dejado el ocho para entrar en el nueve: nos despertamos renovados como nuevos.

La relación entre el nueve y lo nuevo será objeto de un próximo post.

 

JULI PERADEJORDI

 

DESPRECIAR ES PARTIR EL CORAZÓN

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Una antiquísima ley de la magia nos enseña que todo aquello que despreciamos nos lo ponemos en contra. Despreciar un

regalo, despreciar a un enemigo, despreciar cualquier cosa puede satisfacer mucho a nuestro ego, pero al final nos pasa

factura. Veamos cómo se plantea esta idea en la Torah.

 

 

El verbo que en hebreo se utiliza para decir “despreciar” es Bizah (בזה) y procede de una raíz que significa “romper”, “devastar”. ¿Qué es lo que despreciamos? En nuestra ignorancia creemos que despreciamos un objeto o a una persona, incluso hay quien desprecia la vida: nos sentimos superiores o por encima de ellos. Sin embargo, no es así. Sin ser conscientes de ello, lo que estamos despreciando es lo más sagrado que hay en los seres y las cosas, lo que tradicionalmente se conoce como “corazón”. No estamos considerando el corazón.

 

Leemos en Proverbios (XI-12):

 

בז-לרעהו חסר-לב

“Al que desprecia a su prójimo le falta corazón”.

 

¿Qué es lo que hace que despreciemos? La Mala Inclinación, lo que en hebreo se conoce como el Ietzer (יצר), inclinación. Cuando calculamos la guematria de Ietzer, descubrimos que es 300:

 

י = 10

צ = 90

ר = 200

————-

300

 

Cuando calculamos la guematria de Jeser Lev (חסר-לב), “le falta corazón”, nos encontramos con que también es 300:

 

חסר = 268

לב = 32

————–

300

 

Curiosamente, la palabra que quiere decir “prójimo” en hebreo, Ra (רע), también quiere decir “amigo”, con lo que podríamos leer el proverbio como “el que desprecia a un amigo no tiene corazón”.

Pero podemos profundizar más: Reehu (רעהו) “su prójimo”, es un anagrama de Roeh (רועה), “pastor”. Así, despreciando a nuestro prójimo estamos despreciando a nuestro verdadero maestro, el maestro interior.

Vimos que la raíz Bizah (בזה) significaba “romper”, “devastar”. Despejar al prójimo es como romperle, partirle el corazón.

Por todo ello, Louis Cattiaux escribía:

 

“No despreciemos nada ni a nadie, pues todo lo que despreciamos ya nada de bueno nos aporta e incluso acaba por volverse contra nosotros”.

 

JULI PERADEJORDI

LA ESPADA FLAMÍGERA

La primera alusión que aparece a una espada en la Torah la encontramos cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso,

y se encuentran ante cierta espada de fuego que da vueltas y que les barra el camino de regreso. Sin embargo,

no hemos de ver la espada únicamente como un obstáculo o un problema porque no nos permite volver a casa,

también es una oportunidad ya que, entre otras cosas, nos está indicando cuál es el camino de vuelta.

 

 

 

Los alquimistas dedicaban la mayor parte de sus afanes a identificar y descubrir qué es la denominada “primera materia”. A partir de ella podían confeccionar una medicina capaz de regenerar al hombre, de extirpar de su sangre el veneno que arrastra desde la caída de Adán. En hebreo, “primera materia” se dice Reshit Jomer (ראשית חומר) y su guematria es 1165. A veces llamaban a esta primera materia Rebis, literalmente “cosa doble”. Para Dom Pernety, Rebis era la fusión del principio masculino y el principio femenino reunidos en el vaso alquímico. También la espada del Génesis es una “cosa doble”, pues según la tradición es una espada de doble filo.

Veamos en Génesis (III-24) cómo empezó todo:

 

ויגרש, את-האדם; וישכן מקדם לגן-עדן את-הכרבים, ואת להט החרב המתהפכת, לשמר, את-דרך עץ החיים

“Y al expulsar al hombre, colocó al este del jardín de Edén los querubines y el filo de la espada flamígera que da vueltas para guardar el camino del árbol de vida”.

 

Si acudimos al Zohar (II-27 b), descubrimos que “Binah es el filo de la espada flamígera” y también que “Maljut es el filo de la espada flamígera”. ¿En qué quedamos? Se trataba, como hemos visto, de una espada de doble filo. Uno corresponde a Binah y otro a Maljut.

Los cabalistas nos enseñan que tanto la sefirah Binah como la sefirah Maljut representan a la Shekinah (שכינה). Ambas corresponden a las dos letras He del Tetragrama, el Nombre. Si calculamos la guematria de Shekinah (שכינה), descubrimos que se trata de la misma que la guematria atbash de Derej Ets haJaiim (דרך עץ החיים), “el camino del árbol de vida”: 385:

 

ש = 300

כ = 20

י = 10

נ = 50

ה = 5

————-

385

 

דרך = 133

עץ = 12

החיים = 240

————–

385

 

Pero hay algo aún más sorprendente, la guematria de haJerev haMithapejet (החרב המתהפכת), “la espada que da vueltas”, es 1165, como la de primera materia, Reshit Jomer (ראשית חומר):

 

ראשית = 911

חומר = 254

——————

1165

 

החרב = 216

המתהפכת = 950

——————–

1165

 

Para Pernety la espada era el fuego de los filósofos, para otros autores el disolvente universal, pero como ya sugería un coleccionista de espadas, Juan Eduardo Cirlot, hay que ver una relación entre sword, espada en inglés y word, palabra en este idioma. El Zohar (III-272 a) nos descubre que:

“Vav, guematria seis, del Tetragrama, es el cuerpo de la espada, y Iod la empuñadura de la espada. Las dos He son los dos filos de la espada. La vaina de la espada es Adonai”.

 

Pero lo cierto es que el Tetragrama es la Palabra…

 

 

 

JULI PERADEJORDI

 

PONERSE EN MANOS DE DIOS

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Existe entre los sabios la idea de que hemos de ir por la vida movidos por la mano de Dios, pero prácticamente nadie sabe

qué pueda ser. Por lo general quien nos mueve es la mano del destino, y así nos va.

 

Considerar que Dios tiene manos es una aberración antropomórfica. Es confundir el símbolo con la cosa y, sobre todo, desconocer que la palabra Iad (יד), “mano” en sentido figurado significa “fuerza”, “poder”. ¿Cuál es la mano de Dios? El poder de Dios.

En el Zohar (III-273 b) aparece una curiosa definición de la mano de Dios. El texto dice:

 

יד יי דא מים דאוריתא

Iad haShem Da Maim deOraita

“La mano de Iod He Vav He es el agua de la Torah”.

 

Si calculamos la guematria de Iad haShem (יד יהוה), la mano del Eterno, vemos que es 40:

 

יד = 14

יהוה = 26

————

40

 

Esto nos permite leer esta frase como 40 es el agua de la Torah. ¿Por qué cuarenta? Sabemos (Génesis VII-4) que en la historia de Noé, la lluvia cayó durante 40 días, lo cual nos sugiere ya una relación entre el número 40 y el agua. Pero 40 es el valor numérico de la letra Mem (מ), que es la inicial de Maim (מים), “aguas”. Según el Talmud, en feto está dentro del vientre de la madre durante 40 semanas antes de “romper aguas”.

Antes de recibir la Torah el pueblo vagó por el desierto durante 40 años. Moisés estuvo 40 días con sus noches en el Sinaí para recibir la Torah. Por otra parte, si multiplicamos entre sí las dos letras que componen la palabra Iad (יד), Iod, 10 y Dalet, 4, de nuevo obtenemos 40.

Los cabalistas nos enseñan que el Satán tiene poder sobre el hombre y puede acusarlo todos los días del año excepto uno, el día de Iom Kippur. Se apoyan en el Talmud (tratado de Nedarim 32 b) que nos explica que la guematria de haSatan (השטן) es 364, o sea 365 menos uno:

 

ה = 5

ש = 300

ט = 9

ן = 50

————

364

 

¿Cómo escapar al poder del Satán? Muy sencillo: poniéndonos en manos de Dios.

Vimos que la guematria de Iad (יד), mano, es 14. La del Nombre de Dios (יהוה) es 26. Cuando multiplicamos 14 por 26 obtenemos exactamente 364. Por eso es el contrario y el antídoto del Satán.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

HACER LA COLADA

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Entre los comentarios que he recibido al post de la semana pasa, Benditos chafarderos (https://wp.me/p2Xmky-Ml),

quisiera destacar uno de Esteve C., que nos regala una sorprendente asociación: el lavandero con el arquetipo del rey.

 

 

El comentario de Esteve dice así:

“En sánscrito Iha Rajakah puede leerse como “aquí hay un lavandero” o “aquí hay un rey” dependiendo de que utilicemos una vocal larga o corta”.

 

¿Qué relación hay entre alguien que lava y alguien que gobierna?

Es el misterio de la bendición, Berajah (ברכה), del que hablábamos en el post anterior. Quien lava es la lluvia y el que hace que llueva es el rey.  El lavandero, que es como un rey de abajo, lava las ropas (en hebreo Begadim (בגדים). El rey hace bajar la bendición que lava las almas. Como nos enseña el Zohar (III-271 b):

 

Melej, rey, es llamado “rey” sólo cuando estos se acercan a él para ser bendecidos”.

 

Cuando nuestros primeros padres pecaron, de alguna manera traicionaron a Dios, traicionaron la confianza que había puesto en ellos. Como estaban desnudos tuvieron que vestirse. En hebreo traicionar es Bagad (בגד) y vestido Begued (בגד). La guematria de Begadim (בגדים) “vestidos” es 59, como la de Niddah (נדה), palabra que podemos traducir tanto como “impureza” como por “expulsar”:

ב = 2

ג = 3

ד = 4

י = 10

ם = 40

———-

59

 

נ = 50

ד = 4

ה = 5

———-

59

 

Por eso, vestidos y bien vestidos, Adán y Eva fueron expulsados del paraíso. Pero sus ropas eran ropas mugrientas que apestaban a pecado y que tenían de ser lavadas para poder asistir a las bodas del rey, y el único jabón capaz de lavarlas es la Berajah (ברכה) del rey, del rey Mesías. Al fin y al cabo la guematria de Mashiaj (משיח), 358 hace que sea el antídoto de la serpiente, Najash (נחש), 358.

Por eso lavar la ropa, Begued (בגד), se dice en catalán “fer la bugada”, hacer la colada.

 

JULI PERADEJORDI

 

BENDITOS CHAFARDEROS

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A los verdaderos buscadores algunas veces se los ha tachado, (¿por

ignorancia o por envidia?) de “chafarderos”, aunque ignorando qué

significa en realidad este término. El verbo “chafardear”, que no se

empleó en castellano hasta el año 1888, es la traducción literal del

xafardejar catalán, que a su vez deriva de safareig. Ningún erudito,

hasta la fecha, ha sido capaz de encontrar una etimología aceptable de

esta palabra.

 

 

Sin duda nuestros modernos eruditos son poco chafarderos. El Gran Diccionari de la Llengua Catalana dice que esta palabra “probablemente deriva del árabe”, aunque es poco creíble que una palabra vaya del árabe al catalán y no la encontremos ni en el castellano ni en el francés. En el Primer Diccionario General etimológico de Roque Barcia, ni siquiera aparece: es del año 1880.

Dejando para más adelante cualquier posible hipótesis a propósito de cuál pueda ser la etimología correcta, vayamos en primer lugar a una de las palabras que en hebreo significaría safareig, “lavadero”: Brejah (ברכה).

La Brejah, que en hebreo moderno significa “piscina”, procede de la raíz Brj (ברך), y está relacionada con la bendición, Berajah (ברכה). De Brejah (ברכה) procede el término castellano “alberca” que en catalán es safareig.

No olvidemos la importancia que los alquimistas otorgaban a “los lavaderos”. Flamel dedica todo un tratado a “les laveures”: Le livre del Laveures, y Louis Cattiaux un precioso cuadro.

Con estos antecedentes, nos atreveríamos a aventurar una posible etimología. Safareig, por su parte, bien podría derivar de Sefer, “libro”. ¿No será “chafardear” hurgar en los libros? Cattiaux sostenía que “hay muchas cosas ocultas en el Libro para aquel que reflexiona”.

Sin duda también hay muchos secretos inscritos en él para el chafardero, para el bendito chafardero.

 

JULI PERADEJORDI

LLETRAFERIT

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La procedencia del término “lletraferit”, que en castellano se acostumbra a traducir como ser “muy leído”, es incierta y se

suele adjudicar a Michel de Montaigne, autor bordelés del siglo XVI, que habla de “lettre-férus”, pero sin duda alguna su

origen es más antiguo y realmente sorprendente.

 

 

Coromines, en su Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana, sostiene que Lletraferit “ja devia estar en ús en el segle XVI, i no sols en terres occitanes”. Sin duda estaba aludiendo a Montaigne.

Michel de Montaigne, de ascendencia judía, escribía que:

 

“Mon vulgaire périgourdin appelle plaisamment Lettreferits ces savanteaux, comme si vous disiez lettre-férus, auxquels les lettres ont donné un coup de marteau, comme on dit”.

 

El adjetivo féru, procede del verbo férir, “herir”, con lo cual el “lettre-féru” o el “lletraferit” sería alguien que ha sido herido por una letra. ¿A qué letra nos estamos refiriendo? Obviamente no a una letra profana, sino a una letra sagrada.

La clave nos la va a proporcionar un refrán catalán que encontramos en la Paremiología catalana comparada de Sebastià Farnés i Badó, que dice que “la lletra amb sang entra”. Este mismo refrán lo hallaremos en boca de la duquesa diciéndole a Sancho Panza que “la letra con sangre entra” (Quijote, 2ª Parte cap. XXXVI).

Los lettre-férus, en la edad media, eran los que sabían leer, o sea los judíos, y eran lettre-férus a causa de una herida muy concreta: la de la circuncisión, la letra Iod.

El Zohar (I-56 a) nos explica que esta letra corresponde al pacto que transgredió Adán y que provocó que el Nombre de Dios se escindiera, algo que remediaría Abraham, el primer circunciso de la historia. En este mismo libro (I-95 a) se nos explica que, después de la circuncisión, los circuncisos “se separan de las coronas inferiores” y:

 

“entran bajo las alas de la Presencia Divina, y se revela en ellos la letra Iod, la señal del pacto completa”.

 

Y más adelante (I-95 b) podemos leer:

 

“Circuncídate y complétate con la inscripción de la Iod

 

 

En otro volumen del Zohar (I-214 b) leemos:

 

“Vino Abraham, amó al Santo, Bendito Sea, y éste le dijo: a través de ti se completará el Nombre, y se circuncidó y se completó el Nombre a través de la letra Iod que se encuentra en el pacto de la circuncisión”.

 

También en el Zohar (III-215 b) podemos leer:

 

“Ven y ve: el secreto de la alianza santa es la letra Iod”.

 

Ésta es la letra sagrada que entra con sangre y que “hiere” con una herida sagrada. No olvidemos que en griego Hyeros (ἱερός) significa “sagrado” y que la letra Iod es la inicial del Nombre de Dios. Por otra parte, la palabra hebrea Jaburah (חבורה) significa indistintamente “herida” o “grupo de compañeros”, en alusión a los cabalistas, los verdaderos lletraferits.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

FILAR PRIM

Después de pasar unos días de Pesaj comiendo pan sin levadura en recuerdo de la apresurada salida de Egipto, se

imponen unas reflexiones a propósito del Jametz (חמץ), la levadura. En el Zohar (Raia Mehemna) el Jametz (חמץ) se

asocia con la Mala Inclinación.

Sostenía Louis Cattiaux que “Hay dos maneras de salirse de toda cosa, o bien por arriba o bien por abajo. Quien sale del mundo por arriba es santo y salvado. Quien sale por abajo está loco y condenado”.

Que el Jametz (חמץ) es la Mala Inclinación, la idolatría o Samael, lo sabemos por el Zohar (II-182 a). Curiosamente el antagonista de este Jametz (חמץ) lo conforman las mismas letras, escritas en orden inverso: Tzemaj (צמח), palabra que literalmente significa “brote” y que se aplica al Mesías. La guematria de ambas palabras es la misma, 138.

La palabra Jametz (חמץ), “levadura”, “fermento” puede deconstruirse como Jam (חם) Tzadi (צ). Jam (חם) significa “calor”, “caliente” y la letra Tzadi (צ) es la inicial de Tzadik (צדיק), “Justo”. De este modo podríamos decir que el Jametz (חמץ) es lo que “calienta” al justo, que como es sabido corresponde a la sefirah de Iesod, ya que como sabemos por Proverbios (X-25):

וצדיק, יסוד עולם

VeTzadik Iesod Olam”.

“El Justo es el fundamento del mundo”.

Jametz (חמץ), “levadura”, también puede ser deconstruido como Jam Etz (חם עץ), “árbol caliente”. ¿A qué árbol nos estamos refiriendo?

Como escribe el cabalista Ione Szalay:

“Iesod contiene todo el árbol de la vida”.

 

Justo y árbol son lo mismo. Al margen de consideraciones espirituales y cabalísticas, lo cierto es que consumir Jametz (חמץ), levadura, hincha, engorda al que lo come y mucha gente pierde unos cuantos kilos y se deshincha sorprendentemente después de Pesaj. Todo esto puede relacionarse con la vieja idea de que para entrar en el reino de los cielos hay que estar delgado.

En el momento del paso final, del verdadero Pesaj, no podremos llevarnos ni todos los kilos de más, ni tampoco nuestras preciadas pertenencias. En el tratado talmúdico de Baba Mezia (38b), podemos encontrar una discusión entre rabinos a propósito de la transmisión de bienes y pertenencias, donde uno interpela al otro diciéndole:

?דלמא מפומבדיתא את, דמעיילין פילא בקופא דמחטא

¿Acaso eres de Pumbedita, donde un elefante pasa por el ojo de una aguja?

 

Que un elefante pase por el ojo de una aguja es, ciertamente, tan improbable como que un gordo (o un rico, pues simbólicamente es lo mismo), entre en el reino de los cielos. ¿Por qué? A causa del Jametz (חמץ). Los cabalistas (notablemente Moisés Cordovero en su Palmera de Deborah) nos han descrito a la letra He (ה) como las dos posibilidades que le esperan al hombre en el momento del paso difícil. Puede dirigirse hacia abajo, hacia el Gehenom, los infiernos, por una puerta ancha y accesible. O puede encaramarse y escurrirse por la puerta estrecha que se encuentra arriba a la izquierda, y acceder al reino de los cielos. Pero si está muy gordo, si está muy cargado, no logrará ni llegar hasta ella ni mucho menos pasar por ella.

 

La guematria de Jametz (חמץ) es 138, un número estrechamente relacionado con el simbolismo de la puerta. Jaim Moshé Luzzatto habla precisamente de Kalaj Pishkei Jojmah, 138 puertas de la sabiduría.

ח = 8

מ = 40

ץ = 90

———

138

 

Pumbedita (פומבדיתא) era una ciudad caldea a orillas del Éufrates y se decía que su gente era muy sutil en las interpretaciones de la Torah, o sea que dominaban a Torah Oral, la Torah SheBealPeh (תורה שבעל פה), la “Torah en a boca”. Pum (פומ), en arameo, significa “boca”, “orificio”. Por otra parte, la palabra aramea Pili (פילי) significa “puerta”, pero se relaciona con Pil (פיל), en hebreo “elefante”. Señalemos la semejanza de Pil (פיל) con Fil, en francés “hilo”. Así no sería un elefante sino un hilo el que pasa por el ojo de una aguja, en fin, un ingenioso juego de palabras. Esta etimología podría parecer un poco fantasiosa, pero no deja de ser curioso que el más genial de los etimologistas, Isidoro de Sevilla, sostuviera que filum, en latín “hilo” deriva de pilum, en latín “pelo”. Al fin y al cabo, Pe (פ) y Fe (פ) son intercambiables.

En otro tratado talmúdico, Eruvin (119b-120a) podemos leer:

“Los corazones de los primeros sabios eran tan grandes como el pórtico del Templo. Los de los sabios que vinieron después fueron tan grandes como las puertas del Templo. Pero nuestros corazones son tan pequeños como el ojo de aguja”.

 

De este modo los sabios talmúdicos nos están revelando algo tan sorprendente como que la puerta estrecha o el ojo de la aguja no son sino el corazón, y para pasar por él hay que ser sutil como los sabios de Pumbedita, que sabían filar prim, hilar fino.

 

JULI PERADEJORDI

 

BORRAR EL EGOÍSMO

Probablemente toda la Torah esté hablándole del alma al alma de un modo encubierto, a fin de avivar el recuerdo.

Pero hay un libro en el que esto es particularmente evidente: el libro de Jonás.

 

Para situarnos, echemos un vistazo al nombre de Jonás, Ionah (יונה), palabra compuesta por la letras Iod, Vav, Nun y He. Lo sabios ya han señalado que comparte tres letras con el Tetragrama y que su guematria reducida, 17, es la misma.

Si tomamos las tres primeras letras y en vez de la Nun (נ) colocamos la Nun Sofit (ן), obligatoria al final de una palabra, tenemos lo siguiente:

 

יון

 

Gráficamente podemos ver una letra Iod (י) que está cayendo o alargándose. ¿Dónde caerá? En la letra He (ה), cuya guematria es 5 y representa a los cinco sentidos, o sea el cuerpo. La guematria de Iod, Vav, Nun es 10 + 6 + 50 = 66.

Como nos enseña el sabio Gaón de Vilna, en la historia de Jonás este curioso personaje representa al alma, Neshamah, que se encarna en este mundo. El tema central del libro serían las reencarnaciones, Gilgulim, del hebreo Galgal (גלגל), “rueda”, guematria 66:

 

ג = 3

ל = 30

ג = 3

ל = 30

———

66

 

También e Zohar (II-199 a) nos enseña que:

 

“Jonás, que bajó a un barco, Aniah: se refiere al alma de la persona…”.

 

Dios envía a Jonás a Nínive a cumplir una misión, pero éste hace caso omiso al mandato divino. Esta desobediencia presenta una cierta semejanza con el pecado de Adán y Eva, que tampoco obedecieron al mandato de Dios. En vez de hacerle caso a Dios, Jonás se dirige a Iafo (יפו), la actual Jaifa, palabra que significa “hermoso”, “de aspecto agradable”. En ambos casos nos hallamos ante una caída, y ante la aparición del egoísmo, que es la separación de la consciencia del hombre de la consciencia de Dios.

Veamos qué nos dice el libro del Génesis (III-6) a propósito de Eva:

תרא האשה כי טוב העץ למאכל וכי תאוה-הוא לעינים

“Vio la mujer que el árbol era bueno para comer y agradable a la vista”.

 

Aniah (אניה), “barco”, significa también “lloro”, “tristeza”. La guematria de esta palabra es de nuevo 66:

א = 1

נ = 50

י = 10

ה = 5

————

66

 

Pero el plural Aniot (אניות) significa precisamente “egoísmo”. El recuerdo de Amalek, que según la Torah hemos de borrar (Deuteronomio XXV-19), es en hebreo Tzejer Amalek (זכר עמלק). Su guematria es 467:

זכר = 227

עמלק = 240

————–

467

 

La guematria de Aniot (אניות) “egoísmo” también es 467:

 

א = 1

נ = 50

י = 10

ו = 6

ת = 400

————-

467

 

Con esto vemos que borrar el recuerdo de Amalek es la misión para la cual el alma se encarna en este bajo mundo y que se trata de lo mismo que borrar el egoísmo.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

CON EL LIRIO EN LAS MANOS

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Los alquimistas tenían una especie de fórmula arquetípica que podemos aplicar a casi todo: Solve et coagula. Esta idea se

encuentra también en el Talmud. En el libro del Cantar de los cantares tenemos ejemplos maravillosos de ella. Vamos a ver

uno de ellos aclarado por los sabios del Talmud y por la guematria.

 

Leemos en el Cantar de los Cantares (V-13):

שפתותיו, שושנים-נטפות, מור עבר

“Sus labios son lirios, que gotean mirra liquida”.

Podemos hacer, siguiendo las enseñanzas de los sabios, un juego de palabras entre Shoshanim (שושנים), “lirios” y Sheshonim (ששונים), “aquellos que estudian”. ¿Por qué? El  alumno que realmente desea aprender se ha de parecer a un lirio, ha de ir “con el lirio en la mano”, expresión que significa comportarse sin dobleces, con honestidad, con limpieza, con candidez.

Un alquimista contemporáneo, Louis Cattiaux, sostenía que:

“Hay que embeber y disolver antes de secar y cocer, ya que el que empieza por cocer fija la mugre del pecado en vez de eliminarla”.

 

La guematria de Shoshanim (שושנים), “lirios”, es la misma que la de Sheshonim (ששונים), “aquellos que estudian”, 706:

ש = 300

ו = 6

ש = 300

נ = 50

י = 10

ם = 40

————

706

ש = 300

ש = 300

ו = 6

נ = 50

י = 10

ם = 40

————-

706

En hebreo, la expresión “mirra líquida” aparece como mor over (מור עבר), que literalmente quiere decir, “amargura líquida”. Su guematria, 518, coincide curiosamente con la de Jiej (חיך), “sonreír”.

 

מור = 246

עבר = 272

————-

518

ח = 8

י = 1

ך = 1

——-

518

Los sabios del Talmud (Tratado de Shabbat 30 a) nos enseñan que los labios de aquellos que estudian Torah, deben de despedir la amargura del temor. Para iniciar el estudio hay que abandonar el temor y la amargura, y abrirse a la dulzura de la Torah.

También nos enseñan que:

“Alguien que estudia Torah debe de sentir alegría antes de empezar a enseñar una Halajah, pero el alumno debe de escuchar a su maestro con temor y reverencia”.

 

Raba, sabio donde los haya, es un buen ejemplo de esto: antes de empezar a enseñar a sus estudiantes, contaba un chiste y todos sus alumnos reían. Después se sentaba con temor y comenzaba a enseñar. Sus alumnos lo recibían con una sonrisa, con un lirio en la mano.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

ANI Y ANOJI

En el libro del Génesis (XXIV-34) Eliezer pronuncia unas palabras que quizá no vengan a cuento en el contexto, pero que

desde el punto de vista de la guematria nos van a descubrir algo tan importante como que lo mejor que hay en este

mundo es la sabiduría.

´

 

El texto de Génesis (XXIV-34) dice así:

עבד אברהם, אנכי

“Yo soy el siervo de Abraham”.

 

Después de pronunciar estas palabras, Eliezer se pone a enumerar las numerosas riquezas con las que el Eterno ha bendecido a su amo. Todo esto no tendría mayor relevancia si no fuera porque la guematria de Eved Abraham Anoji (עבד אברהם, אנכי) es 405:

עבד = 76

אברהם = 248

אנכי = 81

——————–

405

 

Este número nos dirige a algo que es mucho más importante que las riquezas, algo que también tenía Abraham: la sabiduría. Leemos en Proverbios (VIII-11):

כי-טובה חכמה, מפנינים

“Porque mejor es la sabiduría que las perlas…”.

Cuando calculamos la guematria de esta expresión, descubrimos que

también es 405:

כי-טובה = 52

חכמה = 73

מפנינים = 280

—————–

405

 

Los sabios nos han señalado que en las palabras de Eliezer podemos encontrar una rareza: para hablar de él utiliza la palabra Anoji (אנכי) en vez de Ani (אני), como se suele hacer. Anoji (אנכי) es el término que utiliza Dios en los diez mandamientos. Según el Malbim Anoji (אנכי) designa a la esencia de la persona.

Si calculamos la guematria extendida de Ani (אני) obtenemos אנ אני א אני ני י, cuyo valor numérico es 244. Antes de ser bendecido Abraham se llamaba Abram (אברם) y la guematria de esta palabra es 243. Si Eliezer hubiera dicho de Ani (אני), se habría estado identificando con su amo pues la guematria 243 más el Kollel es 244.

א = 1

ב = 2

ר = 200

ם = 40

————

243

243 + 1 = 244

De este modo, Eliezer no está hablando en tanto que siervo de Abraham, que se identificaría con él, sino dejando hablar a su esencia profunda. El Rav Ginzburg nos ha descubierto que si calculamos la guematria extendida de Anoji, אנכי נכי כי י א אנ אנכ אנכי, obtenemos exactamente 405.

 

 

JULI PERADEJORDI

LA SIMIENTE DE ABRAHAM

Resultado de imagen de abraham patriarch

En la parashah de Vaiejí, la Torah nos enseña a propósito de Abraham que “su descendencia colmará las naciones”, pero

se trata sólo de una traducción, por lo demás discutible, y estas palabras pueden entenderse de diversas maneras.

 

 

Lo que algunas traducciones nos presentan como “y su descendencia” es en realidad Vetzaro, “y su simiente” (וזרע). Se trata, como se desprende del contexto, de “La simiente de Abraham” (זרע אברהם), expresión cuya guematria es 525:

 

זרע = 277

אברהם = 248

——————

525

 

Podemos “deconstruir” la palabra Tzera (זרע), “simiente” en Tzar (זר), guematria 207, y Ayin (ע), guematria 70. Este último número hace alusión a las 70 naciones, mientras que 207, que también es la guematria de Or (אור), “luz”, hace alusión a Israel. De Abraham vendrá Israel, pero también las naciones.

Leemos en (Génesis XLVIII-19):

וזרע יהיה מלא-הגוים

“y su simiente se convertirá en la plenitud de las naciones “.

Cuando calculamos la guematria de Vetzaro Iehieh Melo haGoim (וזרע יהיה מלא-הגוים), vemos que es 454.

Los sabios nos han enseñado que el secreto de Israel y las naciones se encuentra en la palabra Ajen (אכן) que significa “ciertamente” (Véase Génesis XXVIII-16). Para ellos la letra Alef de esta palabra se refiere a Israel, y las letras Jaf y Nun, cuyo valor numérico es 70, a las 70 naciones. La guematria de Ajen (אכן), 71, sumada a 454 nos da 525, la guematria de Tzera Abraham, “La simiente de Abraham” (זרע אברהם).

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

LA LUZ DE ISRAEL

File:Moshe Lipietz - Simhat Torah flag - Google Art Project.jpg

 

La última parashah de la Torah contiene una expresión, “Moshé Ish haElohim”, que ha llamado la atención de

prácticamente todos los comentadores, sin embargo no sabemos de nadie que la haya analizado a la luz de la guematria,

que nos va a descubrir cosas muy interesantes.

 

 

 

Leemos en el principio de la última parashah de la Torah, en Deuteronomio (XXXIII-1):

וזאת הברכה, אשר ברך משה איש האלהים-את-בני ישראל:  לפני, מותו

“Y ésta es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios a los hijos de Israel, antes que muriera”.

 

Si tomamos las letras finales de Moshé Ish haElohim (משה איש האלהים), o sea Mem, Shin y He, vemos que forman la palabra Moshé, Moisés. Cuando calculamos la guematria de esta expresión, vemos que es 747.

משה = 345

איש = 311

האלהים = 91

—————

747

 

Por otra parte, si las leemos de derecha a izquierda obtenemos haShem (השם), “el Nombre”, expresión que se aplica a Dios. Sabemos que Moisés era hijo de Amram. Cuando calculamos la guematria de Moshé Ben Amram (משה בן עמרם), Moisés hijo de Amram, descubrimos que también es 747:

משה = 345

בן = 52

עמרם = 350

—————–

747

 

Pero aún hay más. Podríamos considerar que Moisés, que subió al Sinaí a recibir la Torah, se puede contemplar como la voz de la Torah, Kol Torah (קול תורה):

ק = 100

ו = 6

ל = 30

ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

—————-

747

 

Moisés es un hombre de Dios, pero no es un hombre corriente como nos descubre la guematria. También es “La Luz de Israel”. Esto se deduce de que si a 747 le añadimos 1 por el kollel, obtenemos 748, la guematria de Or Israel (אור ישראל), “luz de Israel”:

א = 1

ו = 6

ר = 200

י = 10

ש = 300

ר = 200

א = 1

ל = 30

———–

748

 

JULI PERADEJORDI

EL DINERO Y LA NOSTALGIA

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Hace unos años vi una curiosa película que me presentaron como “esto es lo que viene después de ¿Y

tú qué sabes?”. Su título era sugestivo: El Secreto, pero su mensaje me dejó bastante desconcertado y

también un poco preocupado. El secreto de los grandes iniciados de todas las épocas, el secreto mejor

guardado desde que el hombre es hombre, consistiría sencillamente en hacer dinero. Lo encontré

patético.

 

 

No es que personalmente tenga nada en contra del dinero, pero me parece que venderle a alguien la moto de que será feliz el día en que sea multimillonario es mentirle y abocarlo al desastre. Es cierto que Woody Allen dijo que “El dinero no da la felicidad, pero proporciona una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para notar la diferencia”. Pero, y esto no es ningún secreto, en su búsqueda de esta “sensación de felicidad”, el hombre occidental vive (o muere lentamente) por, para y tras el dinero.

Poca gente sabe de dónde viene la palabra “dinero”. Si bien se la hace derivar del griego denarion, o incluso del dinar persa, sus verdaderos orígenes se remontan a la España medieval, donde un dinero equivalía a diez maravedís, emulando al denarius latino, que equivalía a diez ases. Por otra parte, money, como tantas palabras inglesas, procede del francés monnaie, “moneda”. Esta palabra hay que asociarla a la diosa romana Juno Moneta, reina del Cielo y diosa de la Luz, en cuyo templo se acuñaba moneda. Sin embargo, para la mayoría de pueblos, el dinero se relaciona con un metal muy concreto: la plata. Así, los franceses lo llaman argent, “plata”, y en prácticamente todo Latinoamérica también escuchamos esta palabra para referirse al dinero.

En la hora y pico que dura la película de El Secreto no pude escuchar ninguna alusión a la diosa de la Luz ni al dinero como dinamizador de proyectos, pero sí pude reflexionar sobre el apasionante y dual símbolo de la Luna, que a la vez es diosa de la Luz y de las Sombras. La Luna, el planeta que los astrólogos hacen corresponder con la plata, tiene varios significados realmente interesantes. Se refiere a lo cambiante, a las decepciones y también al pasado, a la nostalgia.

Esta última idea la encontramos en una raíz semítica, Kesef (כסף), que nos permite descubrir cuál es la conexión entre el dinero y la nostalgia. Kesef significa literalmente “plata” y el verbo Niksaf “sentir nostalgia, añorar”.

El psicoterapeuta norteamericano Thomas Moore nos descubre que nuestras relaciones con el dinero no siempre son racionales y lógicas, y que éste tiene una sombra que, cuando llega a corromper a una sociedad, hace que ésta se desmorone. La relación entre Kesef (כסף), dinero, que en guematria vale 160 y Tselem (צלם), imagen, de (צל), “sombra”, que también suma 160 es evidente y ya ha sido señalada por los cabalistas,

כ = 20

ס = 60

ף = 80

———–

160

צ = 90

ל = 90

מ = 30

————

160

La búsqueda desaforada del dinero que nos propone El Secreto, ¿no será en el fondo la expresión de una nostalgia por otro tipo de riqueza, por esa parte oculta de nuestra alma denominada “sombra” que es donde se halla nuestra imagen divina?

 

 

JULI PERADEJORDI

 

A PROPÓSITO DEL REY

Actualmente, sobre todo en nuestras latitudes, nos encontramos con mucha polémica a propósito de esa curiosa institución que es la monarquía. También con mucha ignorancia.

El pésimo ejemplo que nos han dado algunos reyes y príncipes ha contribuido a desacreditar a esta forma de gobierno que pretende concentrar el poder en una (monos) persona. Pero ser rey supone algo más que llevar armiños (o Ferraris) porque, como decía Thierry d’Oultremont, “la verdadera nobleza es la nobleza del corazón”.

 

 

Nos explican los Sabios, entre ellos Maimónides, que el hombre, Adam (אדם) es “rey”, Melej (מלך), cuando su cerebro, Moaj (מח) domina sobre su corazón, Lev (לב) que domina sobre su hígado, Keved (כבד). Es una manera de decir que su inteligencia, que está arriba, domina sobre sus pasiones, que están abajo, por medio de su corazón, que representa la bondad y la compasión (Hessed) y que está en el centro. Un rey centrado se guía, pues, por el corazón que, repetimos es bondad y compasión (Hessed).

Es obvio que actualmente esto no ocurre. Es una vergüenza, en hebreo Klam (כלם), o sea las letras que componen Melej (מלך)  en un orden equivocado.

Las iniciales de Moaj (מח), Lev (לב) y Keved (כבד) forman la palabra Melej (מלך), “rey”. Las tres letras. Kaf (כ), Lamed (ל) y Mem (מ), van una detrás de la otra en el alfabeto. Esto nos lleva a preguntarnos cuál es la letra siguiente. Cualquier niño judío de más de tres años lo sabe: la letra Nun (נ), una letra que se relaciona con el Rey Mesías y cuya guematria millui es 106:

נ = 50

ו = 6

נ = 60

———

106

Los cabalistas nos han enseñado que el arquetipo del rey es el rey David (דוד). Si calculamos la guematria de esta palabra, descubrimos que es 14. Curiosamente la letra Nun es la decimocuarta letra del alfabeto:

ד = 4

ו = 6

ד = 4

———

14

 

Cuando sumamos las guematrias de Moaj (מח), Lev (לב) y Keved (כבד) también obtenemos 106, al guematria millui de Nun :

מח = 48

לב = 32

כבד = 26

———-

106

 

Finalmente señalemos que este número es la guematria de Kes IHWH (כס יהוה), el Trono del Eterno:

כס = 80

יהוה = 26

————-

106

 

Esto nos enseña que el rey monarca debería ser como un trono para Dios, como un instrumento de la divinidad. Debe guiarse más por el corazón que por la inteligencia o las pasiones. Cualquier rey que no ejerza su función de este modo no lo es por la gracia (Hessed) divina. Es un impostor, del latín imponere, “imponer”. Quizá vencerá, pero no convencerá; sin duda impondrá, pero no recompondrá.

 

 

JULI PERADEJORDI

LA VOZ DE LOS ÁRBOLES Y LAS FLORES

 

Vivimos en la era de la comunicación por excelencia, pero la mayoría de nosotros tenemos problemas para comunicarnos

con los demás y con nosotros mismos. Pero, ¿sabemos realmente qué significa “comunicarse”? Veamos qué nos

“comunican” la etimología y la guematria.

 

 

 

“Comunicar”, del latín communicare, es “hacer partícipe a otro de lo que uno tiene”. En hebreo “comunicar” puede decirse de varias maneras; una de ellas es haAbrat Maser (העברת מסר). Maser (מסר), de la misma raíz, significa “mensaje”.

La guematria de haAbrat Maser (העברת מסר) es 977, como la del Kol Ilanot vePerajim (קול אילנות ופרחים), “la voz de los árboles y las flores”,

 

העברת = 677

מסר = 300

———————

977

קול = 136

אילנות = 497

ופרחים = 344

————————

977

 

Todo esto nos indica que en la comunicación verdadera ha de haber un mensaje que la naturaleza nos está comunicando a través de los árboles y las flores. ¿Cuál es este mensaje?

Nos lo sugieren las tres primeras palabras del Shemá: שמע, ישׂראל: יהוה:

שמע = 410

ישׂראל = 541

יהוה = 26

—————-

977

 

Porque lo que nos dice el Eterno no es distinto de lo que nos dicen los árboles y las flores. Todo nos invita a lo mismo: a la comunión con lo sagrado que está en nuestro interior y a la comunicación con lo sagrado que está en el interior de nuestro prójimo. Porque lo sagrado es lo que tenemos en común. Cuando lo logremos será verdad que:

 

שמע, ישראל: יהוה אלהינו, יהוה אחד

“Escucha Israel, IHWH nuestro Dios, IHWH es Uno”.

 

JULI  PERADEJORDI

LA GRACIA Y EL DESCANSO

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Hay cuestiones que dependen del esfuerzo del hombre y hay cuestiones que dependen de la gracia de Dios. La frontera entre ambas no siempre es evidente. Las primeras de estas cuestiones pertenecen al mundo de la materia, de la naturaleza, en hebreo haTeva (הטבע), mientras que las otras pertenecen al mundo del espíritu, Neshamah (נשמה).

 

Las primeras pueden asociarse al nombre de Dios Elohim, que comparte guematria con haTeva (הטבע), mientras que las segundas están relacionadas con el Tetragrama a su vez relacionado con la Jojmat Nistarah, “la sabiduría oculta” y las letras del alfabeto hebreo.

 

א = 1

ל = 30

ה = 5

י =  10
ם= 40

———-

86

ה =  5

ט= 9

ב = 2
ע= 70

———–

86

 

En estas últimas cuestiones, el hombre no ha de hacer nada a fin de no obstaculizar la acción divina. Ésta, como la Torah, puede compararse con el agua que desciende de lo alto hacia lo bajo, pero que no permanece si no encuentra un recipiente apto para recibirla. Esfuerzo y recipiente pueden asociarse con los seis días de la semana (la palabra Kli, “recipiente” tiene por guematria 60, o sea 6 multiplicado por 10), mientras que la gracia y el descanso se asocian con el Shabbat, guematria 702. Más que “no hacer nada” en el sentido más externo de esta expresión, en Shabbat se trata de no hacer nada que pueda obstaculizar la gracia divina.

Enseñan los cabalistas que la palabra Jen (חן), “gracia” aparece exactamente 90 veces en el Tanaj, y que 90 es la guematria de Maim (מים), “agua”. Esto establece una relación sutil entre la gracia Jen (חן) y el agua Maim (מים).

 

מ = 40

י =  10
ם= 40

———-

90

 

También sabemos que Jen (חן) es un anagrama de Noaj (נח), “Noé” y que el protagonista del diluvio, el Mabul (מבול), fue precisamente este personaje bíblico. Cayó sobre la tierra una cantidad de lluvia tan desmesurada, que ésta no pudo recibirla. Pero algunos comentaristas no han interpretado el relato del diluvio como una maldición, sino como todo lo contrario: como una descripción de la bendición, como una purificación. Sea como fuere, ha sido dicho que toda bendición que no es recibida se convierte en maldición.

Los cabalistas nos regalan una curiosa interpretación de la palabra Jen (חן), “gracia”. Su guematria ordinal a partir de Het (ח), 8, y Nun (נ), 14, nos da 22. Jen (חן) aludiría a la Jojmat Nistarah, “la sabiduría oculta”, escondida en las 22 letras del alfabeto.

Veamos cuál es la relación entre la sabiduría oculta en las letras y el Shabbat. El mundo, nos enseña la Torah, fue creado en 6 días en vistas del Shabbat, que en cierto modo es el que le da sentido. El sabio cabalista rabbí Elimelej de Lublin nos ha dejado en su libro Bnei Isajar una deliciosa disquisición a propósito del misterio del Shabbat, desvelando que contiene a las 10 sefirot.

Nos explica que Dios creó el mundo por medio de las 27 letras, las 22 letras del alfabeto y las 5 letras finales. Si tomamos la guematria del Nombre de Dios IHWH (יהוה), que es 26, y la multiplicamos por las 27 letras, obtenemos 702, la guematria de Shabbat (שבת). Por otra parte si calculamos el valor numérico de la suma de las letras que preceden a la Shin (ש), la  Beth (ב) y la Tav (ת) que forman la palabra Shabbat (שבת), o sea la Resh (ר), la Alef (א) y la Shin (ש), 200 + 1+ 300, obtenemos 501, la guematria de la expresión Zug min haShamaim (זוג מן השמים), “yugo de los cielos”, sin duda la expresión máxima de la gracia y del descanso, lo único que puede traernos “descanso” verdadero en este bajo mundo. Ahí están la gracia y el descanso.

 

זוג = 16

מן = 90

השמים = 395

——————

501

 

Como también nos han descubierto los cabalistas, la guematria de haShamaim (השמים), “los cielos”, es la misma que al de Neshamah (נשמה), el alma. Por otra parte, la guematria Shemi o completa de Zug min haShamaim (זוג מן השמים), “yugo de los cielos” es 914, y coincide con la de Or haShabbat (אור השבת), la luz del Shabbat.

 

 

JULI PERADEJORDI