JACOB Y LOS EXILIOS

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Cuando Jacob va a Jarán y empieza a trabajar para su suegro Labán, vivirá en cierto modo un exilio, un verdadero cautiverio que prefigura los demás exilios que habrá de vivir Israel. Veamos cómo el sabio Baal haTurim lo deduce, a partir de la palabra Atah (עתה) tomada de Génesis (XXXII-5).

Decíamos en un post anterior (http://wp.me/p2Xmky-rC) que “el exilio nos instruye”. Y efectivamente del exilio de Egipto el pueblo de Israel se llevó riquezas y conocimientos, y del de Babilonia sabiduría. Veamos el pasaje de Génesis que hemos mencionado en la entrada:

ויצו אתם, לאמר, כה תאמרון, לאדני לעשו: כה אמר, עבדך יעקב, עם-לבן גרתי, ואחר עד-עתה.

“Y les ordenó, diciendo: «Así diréis: a mi señor, a Esaú así dijo tu sirviente Jacob: he habitado junto a Labán y he permanecido allí hasta ahora”.

עתה

 

La letra Ayin (ע), cuya guematria es 70, corresponde a los 70 años del exilio de Babilonia ya que los sabios asocian este versículo con Jeremías (XXIX-10):

 

כי-כה, אמר יהוה, כי לפי מלאת לבבל שבעים שנה, אפקד אתכם

“Porque así dijo IHWH: cuando en Babilonia se cumplan los setenta años,

yo os visitaré…”.

 

La letra Taf (ת), cuya guematria es 400, alude a los 400 años decretados de exilio en Egipto (Génesis XV-13):

ויאמר לאברם, ידע תדע כי-גר יהיה זרעך בארץ לא להם, ועבדום, וענו אתם-ארבע מאות, שׁנה

“Y le dijo a Abram: “Sabrás con certeza que tus descendientes serán extraños en una tierra que no es la suya y los esclavizarán y los afligirán cuatrocientos años”.

 

La letra He (ה), cuyo valor numérico es 5 alude a los 5 milenios que habrán de transcurrir desde el exilio en Egipto y la venida del Mashiaj.

Pero hay aún más, la guematria de Atah (עתה) es la misma que la de haAshek (העשק), “la opresión”.

ע = 70

ת = 400

ה = 5

———–

475

ה = 5

ע = 70

ש = 300

ק = 100

————

475

 

JULI PERADEJORDI

 

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EL SECRETO PARA SALIR DEL EXILIO

 saliendo

Ya vimos el año pasado (http://wp.me/p2Xmky-j3) que la parashah de Ki Tavó se refería a un tema tan primordial para el hombre como es salir del exilio. Para ello nos apoyamos en la guematria raguil de Ki Tavó (כי תבוא), 439, que coincide con la de Galut (גלות), “exilio”.

כ = 20

י = 10

ת = 400

ב = 2

ו = 6

א = 1

—————-

439

ג = 3

ל = 30

ו = 6

ת = 400

——————-

439

Sabemos que, por así decirlo, el mapa para salir del exilio es la Torah, y que los sabios nos han enseñado que podemos encontrar toda la Torah en una mitzvah concreta: amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Así, en el tratado de Shabbat (31 a) Hilel declara que toda la Torah consiste en amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y que el resto es mero comentario.

¿Cómo relacionamos esto con la parashah de la que estamos ocupándonos?

Si calculamos la guematria Shemi de Ki Tavó (כי תבוא), descubrimos que es 1081:

 

כ = 100

י = 20

ת = 416

ב = 412

ו = 22

א = 111

—————–

1081

Se trata de la guematria atbash de VeAhavat leReeja Kamoja (ואהבת לרעך כמוך), “Y amarás a tu prójimo como a ti mismo”, tal como podemos leer en Levítico (XIX-18).

ואהבת = 871

לרעך = 60

כמוך = 150

—————–

1081

 

Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, éste es el secreto para salir del exilio.

 

JULI PERADEJORDI

Zoharito | Salir del Exilio

El Zohar Salir del exilio galut eretz israel

La Parashah Ki Tavo comienza en el capítulo 26 de Deuteronomio con las siguientes palabras:

והיה  כי תבוא אל הארץ  אשׁר יהוה אלהיך נתן לך נחלה

“Y ocurrirá que cuando entres en la tierra que te da como herencia El Eterno, tu Dios…”.

¿Qué ocurrirá cuando el pueblo de Israel entre en la tierra que le es dada como herencia? Sigue leyendo

Shabat Shalom | Un lugar en el mundo

Siddur El Zohar

En su libro Mesilat Iesharim (cap. 1) Rabbí Moshé Jaim Luzzato lanza la siguiente pregunta:

מה הם חיי האדם בעולם הזה

“¿Qué es la vida del hombre en este mundo?”

Esto equivale a preguntarse cuál es el sentido de la vida, cuál es el lugar del hombre en este planeta. Si calculamos la guematria Sderti u Ordinal de esta frase obtenemos lo siguiente:

מה = 18

הם = 29

חיי = 28

האדם = 34

בעולם = 60

הזה = 17

186

Este número nos lleva a reflexionar sobre otro importante texto cabalístico:

 כציפור נודדת מן קנה, כן איש נודד ממקומו

 “Así como el pájaro se aleja de su nido, el hombre está errante de su lugar”.

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Galut haNeshamá o el Exilio del Alma

El exilio del alma. El Zohar

Todos los componentes de un exilio pueden encontrarse en el descenso del alma desde los mundos espirituales a nuestro mundo físico. El alma es exiliada de su ámbito natural y obligada a descender al mundo físico para lograr grados aún mayores de perfección espiritual.

Pero seamos más aclarativos y digamos que, de acuerdo con el Maharal de Praga, los componentes de todo exilio pueden resumirse en tres:

1. el exilio físico

2. la dispersión

3. el sometimiento

1. El exilio físico

Para entender el exilio terrenal debemos comprender que todo entre creado, de mayor o menor grado e importancia, posee su propio sitio natural. Su lugar que le es propio y que únicamente en él le resulta posible su máximo crecimiento y expansión. No es casual que la palabra hebrea para sitio o lugar, makom, comparta raíz con la palabra lekaiem, otorgar existencia. Ya que vida verdadera y plena solamente puede alcanzarse en el sitio específico de cada ente. En el caso del alma, por ejemplo, su sitio natural es el mundo de lo Alto, y en el caso de un pueblo su sitio natural es su propia tierra.

2. La dispersión

El segundo componente, la dispersión, debe ser comprendido en base a la noción de que un ente es uno y único, y que cuando se lo dispersa, divide y disgrega pierde su integridad y sus posibilidades de cumplir con su misión individual.

En el caso del alma, la cual viene en su totalidad con la plena conciencia de su misión particular, ahora, envuelta y entreverada en el mundo físico, se dispersa en mil tareas y labores inútiles.

Y en el caso de un pueblo es cuando los miembros del mismo, que deberían mantenerse unidos y con un mismo propósito e identidad, son dispersado y esparcidos, sin que se les permita el derecho elemental de actuar en conjunto.

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El Zohar | Parashat Shemot

Parashat Shemot El Zohar

El Zohar,  en el volumen IX, nos habla del tema del exilio, un asunto extraño y enigmático, pero esencial para comprender el devenir del alma. El descenso de las almas desde los mundos espirituales a nuestro mundo físico tiene una noble finalidad, que es el regreso a la vida verdadera y plena, simbolizada por la Tierra Prometida.

El libro del Éxodo comienza con la siguiente descripción: «Y éstos son los nombres de los Hijos de Israel que vinieron a Egipto; con Iaacov, vino cada hombre con su casa» (Éxodo 1:1). Y antes se comienza alabando a los estudiosos de la Torá, tal como está escrito: «Y los sabios eruditos –maskilim– resplandecerán como el resplandor del Firmamento y quienes hacen el bien con la comunidad resplandecerán como las estrellas por siempre» (Daniel 12:3). Ahora se explica el versículo: «y los sabios eruditos» son los eruditos de la Torá que profundizan y meditan en los misterios de la Sabiduría de la Torá; ellos «resplandecerán», es decir, iluminarán al comienzo de su estudio solamente con una luz y luego mientras profundizan, brillarán gradualmente con un agregado de luz con el resplandor de la Sabiduría de lo Alto.

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Egipto | El exilio del alma

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La sección correspondiente de la Torá denominada Vaiejí comienza con el siguiente versículo: «Iaacov vivió en la tierra de Egipto diecisiete años; y los días de Iaacov, los años de su vida, fueron ciento cuarenta y siete años» (Génesis 28). Dijo Rabí Iosei al respecto: el corazón de Jacob observó en Egipto a través de una especie de profecía que sus hijos se encontrarían en varios exilios en un futuro, desde ahora, es decir, desde el tiempo en el que se encontraba Jacob hasta el tiempo final de la llegada del Mesías.

Y no llegó ni se manifestó la profecía de la sección de Vaiejí sino en Egipto, lo cual resulta sorprendente porque se encuentra fuera de la Tierra de Israel y de todos modos se trata de una profecía muy elevada y de gran importancia. Y no profetizaron jamás ninguna profecía tan elevada como ella y no llegó a ellos, a ninguno de los demás profetas, sino solamente a él, a Jacob y a Moisés. ¿De dónde lo aprendemos? Sobre Moisés está escrito: «Dijo Él: “No podrás ver Mi rostro, pues ningún ser humano puede verme y vivir”» (Éxodo 33:20), es decir, también se alude a un nivel similar de profecía a través de la palabra «vivir», palabra que comparte raíz con vaiejí. Y sobre Jacob está escrito: «Jacob vivió»: «vivió» –vaieji– se refiere a una profecía que desciende del Lente que ilumina, asociado con el grado del Tiferet, y en ambos casos se trata de profecías que provienen del Netzaj y del Hod del aspecto masculino inferior, y no del Maljut, como en el caso del resto de los profetas.

Jacob quiso decir y comunicar las profecías del exilio, las desgracias que les acontecerían a sus hijos en la Tierra de Canaán y en toda tierra en la que finalmente habitaron, exilios que en realidad se encuentran todos incluidos, enraizados y provienen de la tierra de Egipto. Es decir, cabe destacar que cuando normalmente los sabios se refieren a los exilios por los que se vio obligado a atravesar el Pueblo de Israel, mencionan cuatro exilios en particular: el de Babilonia, el de Persia, el de Grecia y el de Roma. Sin embargo, estos cuatro exilios poseen su raíz en el exilio de Egipto, el cual les sirve como de Corona o Keter del flanco del mal y la impureza. Y cuando Jacob quería hacerlo y revelar el futuro se quebrantaba –nishvar– su corazón debido al dolor y la dureza de los sucesos que recaerían sobre su descendencia, tal como está escrito: «Iaacov vio que había provisiones –shever– en Egipto…» (Génesis 42:1), palabra que, si bien de acuerdo al sentido llano se refiere a las provisiones, su raíz idiomática coincide con la de quebrantamiento y contrición.

Y por ello llegó al grado de «Jacob vivió en la tierra de Egipto». Y no estaba feliz pues en esa tierra (212a), la tierra de Egipto, se encontraba concentrado el atado y el nudo impuro de las naciones, es decir, toda la corrupción de los pueblos, todas las cáscaras o klipot. De igual modo se encontraban allí cautivos los zafiros del Trono de Gloria, las chispas espirituales de la Jojmá que descendieron y cayeron en Egipto debido al pecado del Primer Hombre, Adán, y no llegó hasta allí ninguna persona que pudiera purificar a estas chispas de dentro de esa tremenda impureza, no de los entes superiores y no de los entes inferiores, ya que la impureza de Egipto y su klipá eran muy duras y nadie podía con ella sino el grado espiritual de «vida», jai. Y este misterio es al que se alude a través del versículo: «pues ningún ser humano puede verme y vivir».

Cuánto es el misterio supremo que se encuentra encerrado en este versículo, y nosotros, los compañeros, nos sorprendemos ante estos secretos, y especialmente sobre el grado de «vivió» que se menciona junto al nombre Jacob, ya que anteriormente dijimos que se trata de un grado supremo y, entonces, debería haber dicho «vivió» junto al nombre de Israel, ya que, como hemos aprendido, el nombre Israel señala un nivel más elevado que el de Jacob. Y por ello, la lógica indica que debería haber dicho que «vivió Israel». Pero acerca del nombre Israel, ¿de dónde se sabe que señala un nivel muy elevado? Tal como está escrito: «Sagrado es Israel para El Eterno, lo primero…» (Jeremías 2:3) y otra prueba es lo que está escrito también: «Mi hijo primogénito es Israel» (Éxodo 4:22). Del mismo modo, la Torá nos relata que tras la pelea con el ministro espiritual de Esaú, Jacob recibe al vencerlo el nombre Israel.

El Zohar Volumen VIII

Haz clic en la imagen para obtener más información sobre el volumen VIII de El Zohar: http://www.edicionesobelisco.com/libro/905/zohar-el-vol-viii