DESPRECIAR ES PARTIR EL CORAZÓN

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Una antiquísima ley de la magia nos enseña que todo aquello que despreciamos nos lo ponemos en contra. Despreciar un

regalo, despreciar a un enemigo, despreciar cualquier cosa puede satisfacer mucho a nuestro ego, pero al final nos pasa

factura. Veamos cómo se plantea esta idea en la Torah.

 

 

El verbo que en hebreo se utiliza para decir “despreciar” es Bizah (בזה) y procede de una raíz que significa “romper”, “devastar”. ¿Qué es lo que despreciamos? En nuestra ignorancia creemos que despreciamos un objeto o a una persona, incluso hay quien desprecia la vida: nos sentimos superiores o por encima de ellos. Sin embargo, no es así. Sin ser conscientes de ello, lo que estamos despreciando es lo más sagrado que hay en los seres y las cosas, lo que tradicionalmente se conoce como “corazón”. No estamos considerando el corazón.

 

Leemos en Proverbios (XI-12):

 

בז-לרעהו חסר-לב

“Al que desprecia a su prójimo le falta corazón”.

 

¿Qué es lo que hace que despreciemos? La Mala Inclinación, lo que en hebreo se conoce como el Ietzer (יצר), inclinación. Cuando calculamos la guematria de Ietzer, descubrimos que es 300:

 

י = 10

צ = 90

ר = 200

————-

300

 

Cuando calculamos la guematria de Jeser Lev (חסר-לב), “le falta corazón”, nos encontramos con que también es 300:

 

חסר = 268

לב = 32

————–

300

 

Curiosamente, la palabra que quiere decir “prójimo” en hebreo, Ra (רע), también quiere decir “amigo”, con lo que podríamos leer el proverbio como “el que desprecia a un amigo no tiene corazón”.

Pero podemos profundizar más: Reehu (רעהו) “su prójimo”, es un anagrama de Roeh (רועה), “pastor”. Así, despreciando a nuestro prójimo estamos despreciando a nuestro verdadero maestro, el maestro interior.

Vimos que la raíz Bizah (בזה) significaba “romper”, “devastar”. Despejar al prójimo es como romperle, partirle el corazón.

Por todo ello, Louis Cattiaux escribía:

 

“No despreciemos nada ni a nadie, pues todo lo que despreciamos ya nada de bueno nos aporta e incluso acaba por volverse contra nosotros”.

 

JULI PERADEJORDI

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LA BELLEZA Y EL MAL DE OJO

moises y hermanos

Si hay algo que despierta la envidia en este mundo, es la belleza. El sabio refrán declara que “la suerte de la fea, la guapa la desea”, de lo que se deduce que las guapas no suelen tener suerte. ¿Por qué? Debido a que están más expuestas al Mal de Ojo, Ayin Ra, o sea a la envidia de las demás mujeres y a las miradas impúdicas de algunos hombres. En la Torah nos encontramos con un claro ejemplo de esto en la mujer kushita.

 

Al principio de la parashah de Emor descubrimos que tanto Miriam, una mujer, como Aarón, un hombre:

ותדבר מרים ואהרן במשה, על-אדות האשה הכשית אשר לקח: כי-אשה כשית, לקח

“maldijeron a Moisés a causa de la mujer etíope con quien se había desposado, pues había desposado una etíope”.

 Según Rashi el texto insiste en la palabra Kushit (כשית), “etíope”:

“con el objeto de que el Mal de Ojo (עין רע) no tenga efecto sobre ella”.

El Midrash Tanjuma (Tzav, 13) nos dice que la mujer kushita era “hermosa de aspecto” y nos descubre que la guematria de Kushit (כושית) es 736 y coincide con la de la expresión Iafat MeRoe (יפת מראה), “hermosa de aspecto”, literalmente “bella para ver”. Una alusión a la vista y, por ende, al ojo.

 

כ = 20

ו = 6

ש = 300

י = 10

ת = 400

————

736

יפת = 490

מראה = 246

————

736

 

JULI PERADEJORDI