ÉSTE ES EL CAMINO DEL REY

La expresión hebrea Ze Derej haMelej (זה דרך המלך), “éste es el camino del rey” nos reserva curiosos secretos que nos

llevan hasta Ar haMoriah (הר המוריה), “el monte Moriah” y hasta la Torah.

 

 

“…viajaremos a lo largo del Camino del Rey,

no desviándonos a la derecha ni a la izquierda”

Números XX-17

 

 

Sabemos que en hebreo “secreto” se dice Sod (סוד) y que la guematria de esta palabra es 70.

 

ס = 60

ו = 6

ד = 4

———-

70

 

La guematria atbash de Sod (סוד) es 188, lo cual no deja de ser sorprendente ya que, como nos enseñan los cabalistas, la palabra Melej (מלך) “rey” aparece exactamente 188 veces en el libro de Ester.

ס = 8

ו = 80

ד = 100

———–

70

 

Por otra parte la guematria de Ze Derej haMelej (זה דרך המלך) es 331.

 

ז = 7

ה = 5

ד = 4

ר = 200

כ = 20

ה = 5

מ = 40

ל = 30

כ = 20

————

331

 

Si calculamos su guematria atbash, vemos que es 443, o sea la guematria de haLujoth (הלחת), “las Tablas”.

 

ז = 7

ה = 5

ד = 4

ר = 200

כ = 20

ה = 5

מ = 40

ל = 30

כ = 20

———-

443

 

ה = 5

ל = 30

ח = 8

ת = 400

———–

443

 

El camino del rey sería, pues, el camino de “las Tablas”, o sea la Torah. Pero veamos qué otras sorpresas nos reserva esta expresión. Si calculamos su guematria Sderti, descubrimos que es 112, o sea la suma de la guematria de IHWH (יהוה) y la de Elohim (אלהים):

 

ז = 7

ה = 5

ד = 4

ר = 20

ך = 23

ה = 5

מ = 13

ל = 12

ך = 23

———–

112

 

ה = 5

ל = 30

ח = 8

ת = 400

———-

112

 

י = 5

ה = 30

ו = 8

ה = 400

———

26

 

א = 5

ל = 30

ה = 8

י = 30

מ = 400

———–

86

 

26 + 86 = 112

 

Si añadimos la guematria de Ze Derej haMelej (זו דרך המלך), 331 a 70, la guematria de Sod (סוד), obtenemos 401, o sea la guematria de la primera y la última letra del alfabeto, Alef y Tav. Así, el camino del rey abarcaría todo lo abarcable entre la Alef y la Tav, o sea de nuevo la Torah pues ésta está escrita con las 22 letras.

Si añadimos 401 a 70, la guematria de Sod (סוד), obtenemos 471, la guematria de Ar haMoriah (הר המוריה), “el monte Moriah”.

Si añadimos la guematria de Ar haMoriah (הר המוריה), 471 a 70, la guematria de Sod (סוד), obtenemos 541, la guematria de Israel (ישראל).

Si añadimos ahora la guematria de Israel (ישראל), 541 a 70, la guematria de Sod (סוד), obtenemos 611, la guematria de Torah (תורה).

Así de nuevo podemos decir que el camino del rey, que pasa por el secreto de Ar haMoriah (הר המוריה) y de Israel (ישראל) es la Torah.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

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NO HAY DERECHO, NO ES JUSTO

 

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NO HAY DERECHO

Solemos decir que “no hay derecho” cuando algo es injusto, como si lo derecho fuera justo y lo izquierdo injusto. Es más,

el adjetivo “derecho” se utiliza como substantivo cuando hablamos de jurisprudencia. ¿Qué hay detrás de este concepto?

 

 

 

“Y quiero que sepa vuestra reverencia

que yo soy un caballero de la Mancha, llamado don Quijote,

y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertosy desfaciendo agravios”.

Quijote (II-19)

 

 

El concepto de “derecho” viene del latín directus; que significa “lo recto”, “lo correcto”, pero lo que actualmente conocemos como “Derecho”, con mayúsculas, era en latín ius, la raíz de iustitia, justicia. Lo contrario de lo derecho es lo torcido, lo tuerto. Lo que está torcido, el que está torcido, no es justo.

¿Quién está torcido? El hombre y el mundo, tras la caída de nuestros primeros padres.

¿Quién nos enderezará? Hay varias opiniones.

Para algunos el Mesías. Para otros, don Quijote. Pero, ¿no se tratará de lo mismo?

La imagen simbólica de la Justicia que conocemos, y que podemos contemplar en la carta del Tarot que encabeza estas reflexiones, procede de la Temis griega, hija de Urano y Gaia, o sea del Cielo y de la Tierra. Era la alegoría del Derecho y de la Justicia. Se la representaba con tres atributos:

La venda que le cubre los ojos

La balanza

la espada.

 

La venda que cubre los ojos de la Justicia se interpreta como que “la Justicia es ciega”, o sea que ha de ser imparcial.

Símbolo de juicio y armonía, la balanza indica que el juez ha de sopesar los argumentos de las partes en litigio y ser imparcial. De hecho, la aguja del centro de la balanza y que se decanta hacia un lado u otro se denomina también “juez”.

La espada, que se encuentra al origen de la expresión “el brazo armado de la justicia”, nos sugiere que además de evaluar y juzgar, el juez ha de ejecutar el “veredicto” (palabra cuya etimología significa decir “verdad dicha”, de verus y dictus).

Con todo, podemos permitirnos una interpretación alternativa que esperamos no choque a nadie.

La venda que cubre los ojos de nuestra imagen no nos está diciendo en ningún momento que la justicia sea ciega: nos está sugiriendo que la verdadera Justicia no ve las cosas con los ojos de este mundo. Por eso muchas cuestiones que desde nuestro punto de vista pueden parecernos injustas, en realidad no lo son, y los sabios nos enseñan que sólo las veremos tal como son cuando venga el Mesías.

Muchas cosas, también, que nos parecen locas o disparatadas, no lo eran para don Quijote.

La balanza se llama en hebreo Moznaim (מאזנים), siendo también éste el nombre del signo zodiacal de Libra, en el mes de Tishre. La relación entre la balanza y la espada, que de alguna manera son lo mismo, nos la descubre Maimónides cuando explica que el primer día del mes de Tishre es Iom Kippur cuando:

“la persona debe verse a sí misma, y al mundo entero, como estando caminando en el filo de una espada, precisa y exquisitamente equilibrada, mitad meritoria y mitad culpable. Si comete un pecado, la inclina hacia el lado negativo. Sin embargo, cumpliendo con un solo precepto, puede alterar el equilibrio de su vida y la de todo el mundo al lado de la bendición y la vida”.

Los dos platillos de la balanza y el juez corresponden a las tres columnas del árbol de la vida: la del Rigor a la izquierda, la de la Misericordia a la derecha y la columna central.

Si nos fijamos en la carta del tarot que encabeza estas reflexiones, veremos que el platillo de la derecha parece pesar un poquito más que el de la izquierda, y que la espada también está ligeramente inclinada hacia la derecha. La Misericordia ha de ser mayor que el Rigor.

Pero existe una relación oculta entre la balanza y la espada que sólo descubriremos gracias a la guematria. La espada se llama en hebreo Jereb (חרב). La guematria de Moznaim (מאזנים) es 148, y la de Jereb (חרב) es 210. Cuando sumamos estos dos números obtenemos 358, que es la guematria de Mashiaj (משיח).

 

 

JULI PERADEJORDI

 

LA ENSALADA Y SUS ADEREZOS

Existe la tradición entre la gente educada que para servir una ensalada en la mesa hay que ser por lo menos cuatro.

“El más bueno le pone aceite”, “el más avaro pone el vinagre”, “el más sabio le pone la sal” y “el más loco le da vueltas”.

 

 

 

No creemos que sea ninguna blasfemia decir que la ensalada representa a la Torah y los cuatro en cuestión a sus cuatro sentidos.

Encontramos en la Torah, según la tradición, 613 preceptos. Cuando calculamos la guematria Shemi de Salat (סלט), “ensalada” nos llevamos la sorpresa de que también es 613:

 

ס = 120

ל = 74

ט = 419

———-

613

 

Comer ensalada sería como cumplir con los 613 preceptos, siempre y cuando esa ensalada sea la Torah.

El sentido más grosero de la Torah, el literal o Pshat, estaría representado por el loco, que es aquel personaje que va dando vueltas sin rumbo por la vida, malgastándola: no profundiza, se queda en la superficie de las cosas. Por eso es el que da la vuelta a la ensalada. A pesar de todo ello, no hemos de despreciarlo: si no le diera vueltas nos encontraríamos con hojas de lechuga excesivamente saladas o sin aceite.

Por esta razón (todos somos un poco como este loco) en los Pirke Avot (V-22) se nos recomienda:

“Dale la vuelta, dale la vuelta otra vez, porque todo está en ella”.

El avaro es el que pone el vinagre. Y es que mucho vinagre volvería agria la ensalada. En hebreo vinagre es Jometz (חומץ) de la misma raíz que el Jametz (חמץ) de Pesaj, la levadura, que según los cabalistas representa al Ietzer haRa, la Mala Inclinación.

El tercer sentido lo encontramos en el bondadoso, que es el que pone el aceite porque el aceite representa la bondad, ejemplarizada en Aarón (Salmos CXXXIII-2):

כשמן הטוב, על-הראש-
ירד, על-הזקן זקן-אהרן:
שירד, על-פי מדותיו

“Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras”.

Y el cuarto sentido, el Sod, secreto, es el que corresponde a la sal y al sabio (según algunas versiones al Justo, que al fin y al cabo es sabio). Podemos preguntarnos por qué.

La respuesta es muy sencilla: la sal es el gran conservante natural. Los sabios y el secreto, el Sod, son los que conservan la Torah. Sod, el secreto y la sefirah de Iesod, el fundamento, corresponden al Tzadik, al Justo.

A propósito del Justo podemos leer en el Zohar (I-82 a):

“Y el mundo no se sostiene sino sobre un solo justo, como está escrito: «El justo es el fundamento del mundo» (Proverbios X-25) y sobre él descansa el mundo, y debido a él se sostiene, y sobre él se implanta”.

Y, para concluir, así como en el centro de la Torah, en su interioridad más profunda, se halla el Sod, el secreto, en el centro de la palabra “enSALada” hallamos a la Sal.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

 

NO DEJES PARA MAÑANA…

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En la última semana he sabido del fallecimiento de tres personas muy queridas. Tres golpes, uno detrás del otro, que te

obligan a reflexionar. Cuando ves que la gente se va, automáticamente piensas en qué has venido a hacer a este mundo y

difícilmente hallas una respuesta convincente fuera de la Torah.

 

 

Mañana será oscuro, mañana hará frío,
mañana estaremos muertos, mañana la
resurrección y el juicio. ¿Acaso no veis que
mañana se llama hoy?

Louis Cattiaux

 

La procrastinación no es nada nuevo. Desde el principio de los tiempos el hombre ha pospuesto decisiones, responsabilidades y trabajos por pura pereza, por miedo, incluso por perfeccionismo, dejando “para mañana” lo que perfectamente podía haber hecho hoy. Pero, nos podemos preguntar, ¿por qué hacer hoy lo que podemos hacer mañana? ¿Qué es lo que hemos de hacer hoy y no dejar para mañana? El Quijote (II-5) nos ha regalado una expresión lúcida y contundente que contesta a esta pregunta:

“antes hoy que mañana”.

Traducida al hebreo sería:

לפני היום מאשר מחר

¿Por qué? Para obtener la Shefa (שפע), “abundancia”, “prosperidad”, “influjo espiritual”. ¿Cómo llegamos a esta conclusión? La guematria de Shefa (שפע) es 450. Si sumamos las letras Sofit, finales, de la expresión citada, tenemos:

 

י = 10

מ = 40

ר = 200

ר = 200

———-

450

 

ש = 300

פ = 80

ע = 70

———–

450

 

La primera vez que la palabra Shefa (שפע) aparece en la Torah es en Deuteronomio (XXXIII-19):

 

כי שפע ימים יינקו, ושפני טמוני חול

“…pues con las riquezas Shefa (שפע) del mar y los tesoros ocultos en la arena se nutrirán”.

 

El mar es la Torah y los tesoros ocultos en la arena sus comentarios, las palabras de los sabios conocedores, pero también podemos leer Shefa Iamim (שפע ימים), las “riquezas del mar”, como Shefa Iomim (שפע ימים), la riqueza de los días, la riqueza del hoy. Una de las palabras para decir “riqueza” en hebreo es Hon (הון). Su guematria es 61 como la de HaIom (היום), “hoy”.

 

ה = 5

י = 0

ו = 6

ם = 40

———

61

 

ה = 5

י = 10

נ = 50

———

61

 

Dejar para mañana lo que podemos, lo que en realidad debemos, hacer hoy, es posponer nuestro estudio de la Torah que atrae la Shefa celestial. Ayer ya pasó; mañana quizá nunca llegará, sólo tenemos el hoy, el HaIom (היום) y el hoy es nuestra riqueza.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

EL NUEVE Y LO NUEVO

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Vimos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-N1) que hay una estrecha relación entre el número ocho y el sueño y a

noche. De ocho, del sueño, salimos al nueve, a lo nuevo, el nuevo día, el despertar.

 

Es curiosa la relación entre dos palabras latinas: Novo, “nuevo, y Novum, “nueve”. Veamos qué ocurre con otros idiomas.

La similitud fonética entre “nueve” y “nuevo” no se encuentra sólo en castellano. En catalán son exactamente iguales: “nou” y “nou”, lo que ocurrirá también en el francés: “neuf” y “neuf”.

En alemán “neu” se convertirá en “neun”; en italiano “nuove” en “nove” y en portugués “novo” en “nove”. El inglés “nine” nos dará “new” y el sueco “nio” nos dará “ny”.

Si el ocho correspondíaomo ya vimos, al sueño, a lo antiguo, el nueve corresponde a la renovación del despertar.

Todas estas palabras, muchas de las cuales nos llegan del latín, proceden en realidad del sánscrito nava, “nuevo”. En este idioma “nueve” se dice navam. La etimología nos enseña que de nuevo/nueve derivan palabras como “novedad”, “novato” o incluso “noviembre”.

Otro significado del nava sánscrito es “joven monje”, lo que correspondería en nuestras latitudes al “novicio”, palabra que también deriva de “nuevo”.

En hebreo nueve es Teshah (טשעה) y comienza por la letra Tet (ט) que es, precisamente, la novena del alfabeto. Los cabalistas consideraban a esta letra la “letra de la renovación”. Cuando calculamos la guematria Shemi de Tet (ט), 419, descubrimos que es la misma que la de Makor haJaim (מקור החיים), “la fuente de la vida”.

ט = 9

י = 10

ת = 400

————-

419

 

מקור = 346

החיים = 73

————-

419

La forma de la letra Tet (ט) recuerda a una serpiente enroscada. Este animal, que cada cierto tiempo cambia de piel es el símbolo por excelencia de la renovación y de la medicina.

Lo que produce la regeneración, la verdadera renovación es acceder y beber de la fuente de la vida. Éste era el elixir de los alquimistas.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

EL OCHO Y EL SUEÑO

Desde siempre se han recomendado ocho horas de sueño cada noche, o sea un tercio de la jornada. De hecho existe una

curiosa relación entre este número y la noche, que vamos a ver en diversos idiomas.

 

 

Es curiosa la relación entre dos palabras latinas, Octo, que significa “ocho” y Noctis, que significa “noche”. Veamos qué ocurre en otros idiomas.

La similitud fonética en castellano entre “ocho” y “noche” es obvia, pero no lo es tanto en francés, entre “huit” y “nuit”, en catalán entre “vuit” y “nit” o en portugués entre “oito” y “noite”. También en rumano “opt”, ocho, se convierte en “noapte”, noche. En italiano tenemos “otto” y “notte”, en inglés “eight” y “night”, en alemán “acht” y “nacht”. Lo mismo ocurre con el neerlandés: “acht” y “nacht”. En noruego “atte” y “natt” y en sueco “atta” y “natt”.

Pero la comparación más sorprendente la encontraremos en el Iddish: ocho es Ajt (אַכט) y noche Najt (נאַכט).

¿Cuál es la diferencia más relevante entre el ocho y la noche? La presencia en esta última palabra de la letra Ene (n). ¿Por qué? La clave quizá nos la proporcionen el Iddish y el hebreo por medio de la letra Nun, equivalente a nuestra Ene (n).

La relación entre el ocho y lo oscuro quizá quede clara en hebreo ya que Ajat (אַכט) significa “ágata” y es la octava piedra del pectoral del sacerdote, de nuevo una relación con el ocho, según aprendemos de Éxodo (XXVIII-17 a 20):

“y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de una piedra sárdica, un topacio y un carbunclo; la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista; la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro”.

 

 

Si viviéramos de acuerdo con los ritmos naturales, probablemente nos entraría sueño a eso de las ocho de la noche, y cuando nos dormimos  es como si “cayéramos” dentro del sueño. En hebreo “caer” es Nafal (נפל), palabra que comienza por la letra Nun (נ). Por otra parte, como nos enseña el Alfabeto de Rabbí Akiva (Ediciones Obelisco, Barcelona 2017) a propósito de esta letra:

“¿Por qué la letra nun tiene dos grafías, una curvada sobre sí misma y otra alargada, como si estuviera en pie? Porque con esta letra se creó el alma (neshamá) de toda criatura, y cualquier alma a veces está erguida y a veces curvada sobre sí misma”.

 

Así, la letra Nun representa al alma. Podríamos decir que cuando vamos a dormir entregamos nuestra alma a Dios en forma de letra Nun curvada, y al despertar él nos la devuelve erguida, de ahí que después de ocho horas de sueño reparador nos sintamos renovados. En las Birkot haShajar o Bendiciones de la mañana, se comienza con las palabras “Modé Aní Lefaneja, Melej Jai veKaiam she Ejezarta bi Nishmati beJemlah Rabbah Emunateja”, que en traducción libre sería:

“Te agradezco Rey vivo y establecido que me hayas devuelto mi alma con misericordia, grande es tu certeza”.

Cuando vamos a dormir nuestra alma está cargada de Rigor, pero cuando despertamos al día siguiente Dios lo ha convertido en Jemlah, Misericordia. Hemos dejado el ocho para entrar en el nueve: nos despertamos renovados como nuevos.

La relación entre el nueve y lo nuevo será objeto de un próximo post.

 

JULI PERADEJORDI

 

LA CARNE LA FLECHA

 

Veíamos la semana pasada (https://elzoharesplendor.wordpress.com/2019/07/26/prohibido-comer-carne/) que según el

Talmud estaba prohibido que el inculto comiera carne. Como el tema ha suscitado muchos más comentarios de los que

esperábamos, volveremos a él.

 

Un buen lector y mejor amigo, Hans H., nos escribía a propósito del post de la semana pasada que:

“en vez de ver lo peligroso de la flecha o saeta, existe en ello una promesa o esperanza. Es decir, que sólo comiendo Torah, el inculto podría llegar a tener la Saeta o Flecha con la que fijar aquello que busca y le falta”.

Interpretación brillante e inspirada, que nos anima a seguir profundizando en el tema desde otros puntos de vista.

Hans se apoyaba en que sumando la guematria de Am haAretz (עם הארץ), 406, a la de Basar (בשר), “carne”, 502, obtendremos 908, la guematria de Jetz (חץ), “flecha”, “saeta”.

La asociación entre Jetz (חץ), “flecha”, “saeta”, y Torah (תורה), la podemos encontrar restando 611, la guematria de Torah (תורה), de 908. Obtenemos 297, que es la guematria de Otzar (אוצר), “tesoro”.

Nos centraremos hoy en el Emblema 53 de Alciato (casualmente el número 53 es la guematria Sderti u ordinal de Torah), en el que vemos una flecha que transporta lo que podría ser un trozo de carne. Dirigida discretamente hacia arriba, esta flecha parece estar uniendo el suelo, representado por unos montículos, y el cielo, representado por unas nubes.

Una interesante alusión a la flecha la encontramos en Salmos (CXX-4), que nos dicen:

 

חצי גבור שנונים

“Afiladas saetas de valiente”.

El Zohar (I-143 a) lo comentará así:

 

Y David dijo a través del Espíritu Sagrado: «¿Qué te puede dar, qué te añadirá la lengua engañosa? Es como las afiladas saetas del valiente…» (Salmos CXX-3 y 4).

 

Y más adelante

«Las afiladas saetas del valiente»: se refiere a Esaú,

 

De este modo vemos dos cosas: las flechas corresponden a Esaú, que era cazador, y sabemos que Esaú, “el hombre peludo”, corresponde a su vez al Am haAretz (עם הארץ), el hombre de la tierra por oposición al hombre del cielo, al ignorante por oposición al sabio.  Por otra parte, la flecha se puede comparar con la lengua, que es el órgano que permite leer en voz alta la Torah.

Y, como decía Hans, “sólo comiendo Torah, el inculto podría llegar a tener la Saeta”. Entonces deja de ser un cazurro y se convierte en un rey.

Cuando sumamos la guematria de Am haAretz (עם הארץ), 406, a la de Torah (תורה), 611, obtenemos 1017. Se trata de la guematria de David ben Isai, Melej Israel (דוד בן ישי מלך ישראל), David, hijo de Isai, rey de Israel:

דוד = 14

בן = 52

ישי = 320

מלך = 90

ישראל = 541

————–

1017

JULI PERADEJORDI

 

PROHIBIDO COMER CARNE

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El tratado talmúdico de Pesajim alberga una sorprendente prohibición: “está prohibido que el inculto coma carne”. ¿Qué

quiere decir esto? ¿Acaso los incultos están obligados a ser vegetarianos? ¿Acaso debemos considerar a los vegetarianos

incultos?

 

Cuando el Talmud nos informa de que algo está prohibido, muy a menudo nos está diciendo que se trata de algo que es imposible. Así, deberíamos leer esta prohibición como “es imposible que el inculto coma carne”. ¿Por qué? Ya vimos la semana pasada (https://wp.me/p2Xmky-MK) que en el lenguaje de la cábala cuando se habla de “carne” se está hablando de Torah.

Un inculto es un Am haAretz (עם הארץ) y su guematria es 406:

עם = 110

הארץ = 296

————–

406

 

Para llegar a la guematria de Torah, que es 611, a este número le hemos de añadir 205. Curiosamente se trata del “número-espejo” del 502, la guematria de Basar (בשר), “carne”:

 

ב = 2

ש = 300

ר = 200

——-

502

 

Por otra parte, si volvemos al plano más físico y material podemos decir que si sumamos la guematria de Am haAretz (עם הארץ), 406, a la de Basar (בשר), “carne”, 502, obtendremos 908, la guematria de Jetz (חץ), “flecha”, “saeta”. Ello quiere decir que un ignorante que “consume” Torah sin entenderla se convierte en alguien peligroso como una flecha.

 

JULI PERADEJORDI

 

ABRE TUS OJOS

Emmanuel Kant escribió que “vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros”. Este pensamiento, calcado del

Talmud que cientos de años antes decía “no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos”, está cuestionando

algo tan esencial como nuestra capacidad de ver la realidad al desnudo. ¿Para qué hemos de abrir los ojos?

 

 

En el tratado de Berajoth (55 b), en una página que habla sobre los sueños, Rabbí Samuel ben Najmani decía:

“No vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos”.

 

Podemos preguntarnos por qué no vemos las cosas como son, y la respuesta, una de las respuestas que nos da la Torah es que tenemos los ojos cerrados. Dicho de otro modo: vivimos como en un sueño.

Esta idea puede asociarse a Salmos CXIX-18 que dice:

 

גל-עיני ואביטה- נפלאות, מתורתך

“Abre mis ojos para que pueda contemplar las maravillas de tu Torah”.

Un versículo que podemos relacionar con Proverbios (XX-13).

פקח עיניך שבע-לחם.

“Abre tus ojos y te saciarás de pan”.

¿Por qué? Porque cuando en la Torah se habla de “pan”, se está hablando de Torah, como aprendemos de Zohar (III-271 b):

“Venid, comed mi pan, y bebed del vino que yo he templado” (Proverbios IX-5). El pan es la Torah Escrita, y el vino la Torah Oral”.

 

Leer la Torah con los ojos cerrados, es decir interpretándola a partir de nuestra inteligencia caída, es comparable a tomar un veneno, un Sam Mot (סם מות). Hacerlo con los ojos abiertos es como absorber un elixir de vida, un Sam haJaim (סם החיים).

Cuando calculamos la guematria de Gal Einai (גל-עיני), “abre mis ojos”, vemos que es 173. Si calculamos la de Sam haJaim (סם החיים), descubrimos que es la misma.

 

גל = 33

עיני = 140

—————

173

 

סם = 100

החיים = 73

—————-

173

 

Con los ojos cerrados no podemos contemplar las maravillas de la Torah, tampoco podemos ver las cosas como son. Quizá porque la maravilla más extraordinaria de la Torah es que nos permite ver las cosas como son, no como somos.

 

JULI PERADEJORDI

LA ESPADA FLAMÍGERA

La primera alusión que aparece a una espada en la Torah la encontramos cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso,

y se encuentran ante cierta espada de fuego que da vueltas y que les barra el camino de regreso. Sin embargo,

no hemos de ver la espada únicamente como un obstáculo o un problema porque no nos permite volver a casa,

también es una oportunidad ya que, entre otras cosas, nos está indicando cuál es el camino de vuelta.

 

 

 

Los alquimistas dedicaban la mayor parte de sus afanes a identificar y descubrir qué es la denominada “primera materia”. A partir de ella podían confeccionar una medicina capaz de regenerar al hombre, de extirpar de su sangre el veneno que arrastra desde la caída de Adán. En hebreo, “primera materia” se dice Reshit Jomer (ראשית חומר) y su guematria es 1165. A veces llamaban a esta primera materia Rebis, literalmente “cosa doble”. Para Dom Pernety, Rebis era la fusión del principio masculino y el principio femenino reunidos en el vaso alquímico. También la espada del Génesis es una “cosa doble”, pues según la tradición es una espada de doble filo.

Veamos en Génesis (III-24) cómo empezó todo:

 

ויגרש, את-האדם; וישכן מקדם לגן-עדן את-הכרבים, ואת להט החרב המתהפכת, לשמר, את-דרך עץ החיים

“Y al expulsar al hombre, colocó al este del jardín de Edén los querubines y el filo de la espada flamígera que da vueltas para guardar el camino del árbol de vida”.

 

Si acudimos al Zohar (II-27 b), descubrimos que “Binah es el filo de la espada flamígera” y también que “Maljut es el filo de la espada flamígera”. ¿En qué quedamos? Se trataba, como hemos visto, de una espada de doble filo. Uno corresponde a Binah y otro a Maljut.

Los cabalistas nos enseñan que tanto la sefirah Binah como la sefirah Maljut representan a la Shekinah (שכינה). Ambas corresponden a las dos letras He del Tetragrama, el Nombre. Si calculamos la guematria de Shekinah (שכינה), descubrimos que se trata de la misma que la guematria atbash de Derej Ets haJaiim (דרך עץ החיים), “el camino del árbol de vida”: 385:

 

ש = 300

כ = 20

י = 10

נ = 50

ה = 5

————-

385

 

דרך = 133

עץ = 12

החיים = 240

————–

385

 

Pero hay algo aún más sorprendente, la guematria de haJerev haMithapejet (החרב המתהפכת), “la espada que da vueltas”, es 1165, como la de primera materia, Reshit Jomer (ראשית חומר):

 

ראשית = 911

חומר = 254

——————

1165

 

החרב = 216

המתהפכת = 950

——————–

1165

 

Para Pernety la espada era el fuego de los filósofos, para otros autores el disolvente universal, pero como ya sugería un coleccionista de espadas, Juan Eduardo Cirlot, hay que ver una relación entre sword, espada en inglés y word, palabra en este idioma. El Zohar (III-272 a) nos descubre que:

“Vav, guematria seis, del Tetragrama, es el cuerpo de la espada, y Iod la empuñadura de la espada. Las dos He son los dos filos de la espada. La vaina de la espada es Adonai”.

 

Pero lo cierto es que el Tetragrama es la Palabra…

 

 

 

JULI PERADEJORDI

 

PONERSE EN MANOS DE DIOS

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Existe entre los sabios la idea de que hemos de ir por la vida movidos por la mano de Dios, pero prácticamente nadie sabe

qué pueda ser. Por lo general quien nos mueve es la mano del destino, y así nos va.

 

Considerar que Dios tiene manos es una aberración antropomórfica. Es confundir el símbolo con la cosa y, sobre todo, desconocer que la palabra Iad (יד), “mano” en sentido figurado significa “fuerza”, “poder”. ¿Cuál es la mano de Dios? El poder de Dios.

En el Zohar (III-273 b) aparece una curiosa definición de la mano de Dios. El texto dice:

 

יד יי דא מים דאוריתא

Iad haShem Da Maim deOraita

“La mano de Iod He Vav He es el agua de la Torah”.

 

Si calculamos la guematria de Iad haShem (יד יהוה), la mano del Eterno, vemos que es 40:

 

יד = 14

יהוה = 26

————

40

 

Esto nos permite leer esta frase como 40 es el agua de la Torah. ¿Por qué cuarenta? Sabemos (Génesis VII-4) que en la historia de Noé, la lluvia cayó durante 40 días, lo cual nos sugiere ya una relación entre el número 40 y el agua. Pero 40 es el valor numérico de la letra Mem (מ), que es la inicial de Maim (מים), “aguas”. Según el Talmud, en feto está dentro del vientre de la madre durante 40 semanas antes de “romper aguas”.

Antes de recibir la Torah el pueblo vagó por el desierto durante 40 años. Moisés estuvo 40 días con sus noches en el Sinaí para recibir la Torah. Por otra parte, si multiplicamos entre sí las dos letras que componen la palabra Iad (יד), Iod, 10 y Dalet, 4, de nuevo obtenemos 40.

Los cabalistas nos enseñan que el Satán tiene poder sobre el hombre y puede acusarlo todos los días del año excepto uno, el día de Iom Kippur. Se apoyan en el Talmud (tratado de Nedarim 32 b) que nos explica que la guematria de haSatan (השטן) es 364, o sea 365 menos uno:

 

ה = 5

ש = 300

ט = 9

ן = 50

————

364

 

¿Cómo escapar al poder del Satán? Muy sencillo: poniéndonos en manos de Dios.

Vimos que la guematria de Iad (יד), mano, es 14. La del Nombre de Dios (יהוה) es 26. Cuando multiplicamos 14 por 26 obtenemos exactamente 364. Por eso es el contrario y el antídoto del Satán.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

HACER LA COLADA

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Entre los comentarios que he recibido al post de la semana pasa, Benditos chafarderos (https://wp.me/p2Xmky-Ml),

quisiera destacar uno de Esteve C., que nos regala una sorprendente asociación: el lavandero con el arquetipo del rey.

 

 

El comentario de Esteve dice así:

“En sánscrito Iha Rajakah puede leerse como “aquí hay un lavandero” o “aquí hay un rey” dependiendo de que utilicemos una vocal larga o corta”.

 

¿Qué relación hay entre alguien que lava y alguien que gobierna?

Es el misterio de la bendición, Berajah (ברכה), del que hablábamos en el post anterior. Quien lava es la lluvia y el que hace que llueva es el rey.  El lavandero, que es como un rey de abajo, lava las ropas (en hebreo Begadim (בגדים). El rey hace bajar la bendición que lava las almas. Como nos enseña el Zohar (III-271 b):

 

Melej, rey, es llamado “rey” sólo cuando estos se acercan a él para ser bendecidos”.

 

Cuando nuestros primeros padres pecaron, de alguna manera traicionaron a Dios, traicionaron la confianza que había puesto en ellos. Como estaban desnudos tuvieron que vestirse. En hebreo traicionar es Bagad (בגד) y vestido Begued (בגד). La guematria de Begadim (בגדים) “vestidos” es 59, como la de Niddah (נדה), palabra que podemos traducir tanto como “impureza” como por “expulsar”:

ב = 2

ג = 3

ד = 4

י = 10

ם = 40

———-

59

 

נ = 50

ד = 4

ה = 5

———-

59

 

Por eso, vestidos y bien vestidos, Adán y Eva fueron expulsados del paraíso. Pero sus ropas eran ropas mugrientas que apestaban a pecado y que tenían de ser lavadas para poder asistir a las bodas del rey, y el único jabón capaz de lavarlas es la Berajah (ברכה) del rey, del rey Mesías. Al fin y al cabo la guematria de Mashiaj (משיח), 358 hace que sea el antídoto de la serpiente, Najash (נחש), 358.

Por eso lavar la ropa, Begued (בגד), se dice en catalán “fer la bugada”, hacer la colada.

 

JULI PERADEJORDI

 

LA FRUTA DE LA BENDICIÓN

Si bien hay numerosas discusiones talmúdicas a propósito de cuál fue la fruta del paraíso que causó la caída de nuestros

primeros padres, no hemos sido capaces de encontrar ninguna que identificara cuál es la fruta de la bendición. Y,

ciertamente, no es un tema menor. ¿Se tratará de la misma?

 

 

 

Una falsa, aunque deliciosa, etimología hace derivar la palabra “albaricoque” de Al Barak, en árabe “la bendición”. Por su sabor, por su textura, no parece desencaminado. Pero lo cierto es que “albaricoque” en árabe es Mushmash (مشمش) y concide con el hebreo Mishmesh (משמש), que procede de una raíz, Mishmesh (משמש), que significa “tocar”, “tentar”.

Esta idea de “tocar” ligada a la de “tentación” nos lleva a un pasaje de Génesis (III-3):

אמר אלהים לא תאכלו ממנו, ולא תגעו בו: פן-תמתון

“Dios ha dicho: “No comeréis de él y no lo tocaréis, para que no muráis”.

A partir de aquí aprendemos que lo que introdujo la muerte en el mundo no fue únicamente comer del fruto prohibido sino también tocarlo. Existe una tradición que afirma que aquello que nos hizo caer es lo mismo que nos puede restaurar, por lo cual los sabios del Talmud se enzarzan en complejas discusiones sobre cuál fue el árbol o la fruta que hicieron pecar a Adán y Eva. En ninguna de ellas hablan del albaricoque. En el tratado de Berajoth (40 a), Rabbí Nehemías sostiene que era:

“Una higuera, porque con lo mismo que se perdieron repararon el pecado. Así lo dice lo escrito: “Entonces cosieron hojas de higuera” (Génesis III-21)”.

“Higuera en hebreo es Etz Taanah (עץ תאנה). La raíz Taan (תאן) significa “lamentarse” y Taanah (תאנה), a parte de “higo” también significa “apetito carnal”.

La guematria de Etz Taanah (עץ תאנה) es 616:

עץ = 160

תאנה = 456

—————

616

 

Se trata de la guematria de haTorah (התורה). De esto aprendemos que si lo que nos mató fue la higuera, Etz Taanah (עץ תאנה), guematria 616, lo que nos devolverá la vida será la Torah, haTorah (התורה), guematria 616.:

ה = 5

ת = 400

ו = 6

ר = 200

ה = 5

————

616

 

Pero no sólo hemos de tocarla, también hemos de ser capaces de saborearla.

 

JULI PERADEJORDI

 

PERROS POLÍTICOS

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A nivel simbólico hay muy poca diferencia entre dos cuestiones que normalmente no solemos asociar: política y

pornografía. Ambas están regidas por el Ietzer haRa. El Zohar compara el Ietzer haRa, la Mala Inclinación, con los perros.

Que cada cual extraiga sus conclusiones.

 

 

 

Si bien se define a la política como “el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”, basta con echar un vistazo a las noticias de los diarios para ver que se ha convertido una cosa muy distinta: peleas, mentiras, traiciones, insultos, descalificaciones. Si algo caracteriza a los políticos actuales es la falta de principios, la hipocresía y la corrupción. Estas características se encarnan en un personaje bíblico: Amalek. Amalek es el eterno enemigo de Israel, que se asocia con la verdad (Miqueas VII-20)  hasta tal punto que (Éxodo 17:16):

 

מדר, דר מלחמה ליהוה, בעמלק

“El Eterno tendrá guerra con Amalek de generación en generación”.

 

Curiosamente, la palabra Amaleki significa “perro de caza” y en algunos diccionarios se traduce Amalek como “perro perdiguero”. El Zohar (III-281 b) nos dice, a propósito de este personaje que:

 

“Hay cuatro facetas de Amalek, que son adivinación, encantamiento, iniquidad y perversidad. Las letras Alef Mem de Amal, iniquidad, están presentes en Amalek”.

 

Y muchos de nuestros políticos son terriblemente encantadores y perversos y, sobre todo, actúan como Amalek: por detrás. Estas cuatro facetas de Amalek están en contraposición, según vemos en esta misma página del Zohar con Jacob, Israel, Raquel y Leah, o sea con la esencia de Israel.

Amalek (עמלק) es el Ietzer haRa, la Mala Inclinación, que el Zohar, en la parashah de Pinjas, localiza en el hígado. Así leemos en el Zohar (III-121 b) que Amalek es el hígado o (III-224 b) que es la serpiente. Sabemos que el cansancio está relacionado con el hígado y que Amal (עמל), en hebreo significa “cansancio”. Pero no existe únicamente el cansancio físico, también hay una forma de cansancio mental, de hartazgo, que está relacionado con la duda, ese es al que nos conducen nuestros políticos.

Los cabalistas relacionan a Amalek con la duda, basándose en que la guematria de Amalek (עמלק) es 240 y la de Safek (ספק), “duda” también es 240. Cuando sumamos estos dos números obtenemos 480. ¿Cuál es, pues, el medio para luchar contra Amalek (עמלק) y Safek (ספק)?

 

ע = 70

מ = 40

ל = 30

ק = 100

———-

240

ס = 60

פ = 80

ק = 100

———-

240

 

Apoyándose de nuevo en la guematria, los Sabios nos enseñan que hay un antídoto contra la duda: el estudio, ya que Talmud (תלמוד) tiene también guematria 480.

 

ת = 400

ל = 30

מ = 40

ו = 6

ד = 4

———–

480

 

Por esta razón, como nos enseña el Talmud (Kiddushin 30 a) Dios creó el Ietzer haRa, pero también creó su antídoto, que es la Torah.

 

 

JULI PERADEJORDI

 

FILAR PRIM

Después de pasar unos días de Pesaj comiendo pan sin levadura en recuerdo de la apresurada salida de Egipto, se

imponen unas reflexiones a propósito del Jametz (חמץ), la levadura. En el Zohar (Raia Mehemna) el Jametz (חמץ) se

asocia con la Mala Inclinación.

Sostenía Louis Cattiaux que “Hay dos maneras de salirse de toda cosa, o bien por arriba o bien por abajo. Quien sale del mundo por arriba es santo y salvado. Quien sale por abajo está loco y condenado”.

Que el Jametz (חמץ) es la Mala Inclinación, la idolatría o Samael, lo sabemos por el Zohar (II-182 a). Curiosamente el antagonista de este Jametz (חמץ) lo conforman las mismas letras, escritas en orden inverso: Tzemaj (צמח), palabra que literalmente significa “brote” y que se aplica al Mesías. La guematria de ambas palabras es la misma, 138.

La palabra Jametz (חמץ), “levadura”, “fermento” puede deconstruirse como Jam (חם) Tzadi (צ). Jam (חם) significa “calor”, “caliente” y la letra Tzadi (צ) es la inicial de Tzadik (צדיק), “Justo”. De este modo podríamos decir que el Jametz (חמץ) es lo que “calienta” al justo, que como es sabido corresponde a la sefirah de Iesod, ya que como sabemos por Proverbios (X-25):

וצדיק, יסוד עולם

VeTzadik Iesod Olam”.

“El Justo es el fundamento del mundo”.

Jametz (חמץ), “levadura”, también puede ser deconstruido como Jam Etz (חם עץ), “árbol caliente”. ¿A qué árbol nos estamos refiriendo?

Como escribe el cabalista Ione Szalay:

“Iesod contiene todo el árbol de la vida”.

 

Justo y árbol son lo mismo. Al margen de consideraciones espirituales y cabalísticas, lo cierto es que consumir Jametz (חמץ), levadura, hincha, engorda al que lo come y mucha gente pierde unos cuantos kilos y se deshincha sorprendentemente después de Pesaj. Todo esto puede relacionarse con la vieja idea de que para entrar en el reino de los cielos hay que estar delgado.

En el momento del paso final, del verdadero Pesaj, no podremos llevarnos ni todos los kilos de más, ni tampoco nuestras preciadas pertenencias. En el tratado talmúdico de Baba Mezia (38b), podemos encontrar una discusión entre rabinos a propósito de la transmisión de bienes y pertenencias, donde uno interpela al otro diciéndole:

?דלמא מפומבדיתא את, דמעיילין פילא בקופא דמחטא

¿Acaso eres de Pumbedita, donde un elefante pasa por el ojo de una aguja?

 

Que un elefante pase por el ojo de una aguja es, ciertamente, tan improbable como que un gordo (o un rico, pues simbólicamente es lo mismo), entre en el reino de los cielos. ¿Por qué? A causa del Jametz (חמץ). Los cabalistas (notablemente Moisés Cordovero en su Palmera de Deborah) nos han descrito a la letra He (ה) como las dos posibilidades que le esperan al hombre en el momento del paso difícil. Puede dirigirse hacia abajo, hacia el Gehenom, los infiernos, por una puerta ancha y accesible. O puede encaramarse y escurrirse por la puerta estrecha que se encuentra arriba a la izquierda, y acceder al reino de los cielos. Pero si está muy gordo, si está muy cargado, no logrará ni llegar hasta ella ni mucho menos pasar por ella.

 

La guematria de Jametz (חמץ) es 138, un número estrechamente relacionado con el simbolismo de la puerta. Jaim Moshé Luzzatto habla precisamente de Kalaj Pishkei Jojmah, 138 puertas de la sabiduría.

ח = 8

מ = 40

ץ = 90

———

138

 

Pumbedita (פומבדיתא) era una ciudad caldea a orillas del Éufrates y se decía que su gente era muy sutil en las interpretaciones de la Torah, o sea que dominaban a Torah Oral, la Torah SheBealPeh (תורה שבעל פה), la “Torah en a boca”. Pum (פומ), en arameo, significa “boca”, “orificio”. Por otra parte, la palabra aramea Pili (פילי) significa “puerta”, pero se relaciona con Pil (פיל), en hebreo “elefante”. Señalemos la semejanza de Pil (פיל) con Fil, en francés “hilo”. Así no sería un elefante sino un hilo el que pasa por el ojo de una aguja, en fin, un ingenioso juego de palabras. Esta etimología podría parecer un poco fantasiosa, pero no deja de ser curioso que el más genial de los etimologistas, Isidoro de Sevilla, sostuviera que filum, en latín “hilo” deriva de pilum, en latín “pelo”. Al fin y al cabo, Pe (פ) y Fe (פ) son intercambiables.

En otro tratado talmúdico, Eruvin (119b-120a) podemos leer:

“Los corazones de los primeros sabios eran tan grandes como el pórtico del Templo. Los de los sabios que vinieron después fueron tan grandes como las puertas del Templo. Pero nuestros corazones son tan pequeños como el ojo de aguja”.

 

De este modo los sabios talmúdicos nos están revelando algo tan sorprendente como que la puerta estrecha o el ojo de la aguja no son sino el corazón, y para pasar por él hay que ser sutil como los sabios de Pumbedita, que sabían filar prim, hilar fino.

 

JULI PERADEJORDI

 

ABRIR LA MANO

Nos enseña el Talmud que el hombre llega a este mundo con las manos vacías y que se va de este mundo con las manos

vacías. Sin embargo, hay una sutil diferencia en la que mucha gente no ha reparado: cuando nacemos lo hacemos

ciertamente con las manos vacías, pero cerradas, como si intentáramos retener algo. Cuando morimos lo hacemos con las

manos abiertas.

 

 

Cuando llega a este mundo el bebé suele tener los puños cerrados como si intentara traerse algo del otro mundo. Algunos sabios han aventurado que podría tratarse de la luz, otros de la Torah y otros de un regalo para agradecer a sus padres que lo hayan traído a este mundo. Es difícil saberlo…

Ante tantos libros de autoayuda que nos exhortan a creer en nosotros mismos, el Talmud parece propone nos exactamente lo contrario cuando nos dice:

אל תאמן בעצמך עד יום מותך

“No creas en ti mismo hasta el día en que mueras” (Mishnah, Masejet Avoth 2:4).

 

Vamos a centrarnos en estas dos últimas palabras, “el día en que mueras”, en hebreo Iom Moteja (יום מותך). Si calculamos su guematria, vemos que es 522:

יום = 56

מותך = 466

————–

522

 

Curiosamente este número también es la guematria de Pataj Iad (פתח ידך), “abre la mano”:

פתח = 488

ידך = 34

—————-

522

¿Por qué esta coincidencia? Probablemente porque el día en que abandonemos este mundo tendremos que abrir las manos para dejarlo todo. Entonces, con las manos abierta, sí podremos creer en nosotros mismos.

 

JULI PERADEJORDI

 

LA FUERZA MÁGICA DE LA PALABRA

L'Uomo Albero

“El hombre árbol” de Massimiliano Frezzato (Ediciones Obelisco, 2019)

 

Se dice que a raíz de la caída el hombre fue desposeído de la fuerza de la palabra,

una fuerza mágica que hacía que sus

deseos devinieran realidad. Adán “creaba” cosas con sólo decirlas,

mientras que nosotros hemos de trabajar duro para

conseguir migajas. ¿Por qué?

 

Sostenía Louis Cattiaux que “las palabras dicen la cosa, pero la cosa no es dicha por las palabras”. Tras esta aparente contradicción se encuentra una alusión al misterio de la Palabra, en hebreo Dabar (דבר) y de la cosa, en hebreo también Dabar (דבר). La guematria de esta palabra, 206, coincide con la de Itzum (עצום), “esencia”, “substancia”.

 

ד = 4

ב = 2

ר = 200

———–

206

 

ע = 70

צ = 90

ו = 6

ם = 40

———–

206

 

No deja de ser curioso que 206 sea también la guematria de Vehaiah KeEtz (והיה כעץ), “y será como árbol”, expresión que aparece al principio de los Salmos (I-3) dado que Itzum (עצום), “esencia”, procede precisamente de Etz (עץ), “árbol”.

Nos encontramos en el Talmud (Berajoth 58 a) con la historia de un saduceo que intenta poner a prueba a Rabbí Sheshet, que era ciego. ¿Qué hizo este rabino?:

 

“Lo miró y (el saduceo) se convirtió en un montón de huesos”.

 

Lo primero que sorprende de este texto es que un rabino que es ciego pueda mirar a alguien y además fulminarlo con la mirada. El hecho de que sea ciego sin duda nos está enseñando que la mirada con la que Rabbí Sheshet fulminó al saduceo no era la mirada física, exterior, de los ojos exteriores, sino otro tipo de mirada.

El sabio rabino Jaim Vital, en sus Shaarei Kedushah (cap. IV), nos ha dejado un lúcido comentario a este pasaje del Talmud. Dice así:

 

“Has de saber que debido a que los Tzadikim se aferran a la realidad de Arriba, todo lo que piensan o contemplan sucede, sea bueno o malo. Esto es lo que los sabios querían decir cuando escribieron: “Lo miró y (el saduceo) se convirtió en un montón de huesos”.

 

También de estas palabras podemos extraer una importante conclusión: para aquel que está unido a su raíz, a su esencia, aquel que “se aferra a la realidad de Arriba”, no hay diferencia entre sus deseos y lo que le sucede. Posee el don de la Palabra. Por esta razón a medida que nos vamos acercando a nuestra esencia debemos cuidar más lo que pensamos, lo que deseamos y lo que decimos. ¡Hay más probabilidades de que se cumpla!

 

 

JULI PERADEJORDI

 

BORRAR EL EGOÍSMO

Probablemente toda la Torah esté hablándole del alma al alma de un modo encubierto, a fin de avivar el recuerdo.

Pero hay un libro en el que esto es particularmente evidente: el libro de Jonás.

 

Para situarnos, echemos un vistazo al nombre de Jonás, Ionah (יונה), palabra compuesta por la letras Iod, Vav, Nun y He. Lo sabios ya han señalado que comparte tres letras con el Tetragrama y que su guematria reducida, 17, es la misma.

Si tomamos las tres primeras letras y en vez de la Nun (נ) colocamos la Nun Sofit (ן), obligatoria al final de una palabra, tenemos lo siguiente:

 

יון

 

Gráficamente podemos ver una letra Iod (י) que está cayendo o alargándose. ¿Dónde caerá? En la letra He (ה), cuya guematria es 5 y representa a los cinco sentidos, o sea el cuerpo. La guematria de Iod, Vav, Nun es 10 + 6 + 50 = 66.

Como nos enseña el sabio Gaón de Vilna, en la historia de Jonás este curioso personaje representa al alma, Neshamah, que se encarna en este mundo. El tema central del libro serían las reencarnaciones, Gilgulim, del hebreo Galgal (גלגל), “rueda”, guematria 66:

 

ג = 3

ל = 30

ג = 3

ל = 30

———

66

 

También e Zohar (II-199 a) nos enseña que:

 

“Jonás, que bajó a un barco, Aniah: se refiere al alma de la persona…”.

 

Dios envía a Jonás a Nínive a cumplir una misión, pero éste hace caso omiso al mandato divino. Esta desobediencia presenta una cierta semejanza con el pecado de Adán y Eva, que tampoco obedecieron al mandato de Dios. En vez de hacerle caso a Dios, Jonás se dirige a Iafo (יפו), la actual Jaifa, palabra que significa “hermoso”, “de aspecto agradable”. En ambos casos nos hallamos ante una caída, y ante la aparición del egoísmo, que es la separación de la consciencia del hombre de la consciencia de Dios.

Veamos qué nos dice el libro del Génesis (III-6) a propósito de Eva:

תרא האשה כי טוב העץ למאכל וכי תאוה-הוא לעינים

“Vio la mujer que el árbol era bueno para comer y agradable a la vista”.

 

Aniah (אניה), “barco”, significa también “lloro”, “tristeza”. La guematria de esta palabra es de nuevo 66:

א = 1

נ = 50

י = 10

ה = 5

————

66

 

Pero el plural Aniot (אניות) significa precisamente “egoísmo”. El recuerdo de Amalek, que según la Torah hemos de borrar (Deuteronomio XXV-19), es en hebreo Tzejer Amalek (זכר עמלק). Su guematria es 467:

זכר = 227

עמלק = 240

————–

467

 

La guematria de Aniot (אניות) “egoísmo” también es 467:

 

א = 1

נ = 50

י = 10

ו = 6

ת = 400

————-

467

 

Con esto vemos que borrar el recuerdo de Amalek es la misión para la cual el alma se encarna en este bajo mundo y que se trata de lo mismo que borrar el egoísmo.

 

JULI PERADEJORDI

 

 

LA MESA, EL TEMPLO

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El Talmud nos enseña que “Cuando existía el Templo, el altar expiaba por Israel; ahora es la mesa del hombre la que expía

por él”. ¿Cómo va a sustituir una comida, aunque sea la de Shabbat, a los trabajos de expiación que tenían lugar en el

Templo? ¿Realmente estamos entendiendo de qué se nos está hablando?

 

 

Acudamos al Talmud, en el tratado de Berajoth (55 a):

 

“Comienza con “altar” y termina con “mesa”. Los rabbís Iojanán y Eleazar dijeron los dos: “Cuando existía el Templo, el altar expiaba por Israel; ahora es la mesa del hombre la que expía por él”.

 

Leemos en Ezequiel (XLI-42):

La altura del altar de madera era de tres codos … “

 

y más delante:

“Ésta es la mesa que está delante del Eterno”.

 

Los comentaristas tradicionales asocian el concepto de “la mesa” con la mesa de Shabbat. Sin embargo, a la luz de la guematria, quisiéramos aventurar otra interpretación. Cuando se habla de “la mesa” se está aludiendo a la mesa de Shabbat, ciertamente, pero también a la mesa de estudio, y sería el estudio (acompañado de bendiciones y oración) el que vendría a sustituir a los sacrificios que se hacían en el templo. Un ejemplo bien conocido de esta sustitución lo tenemos en el Pitum haKetoret, la lectura de la sección del incienso. El Zohar (II-218 b), por ejemplo, nos dice que:

 

“… este asunto es un pacto ante el Santo, bendito sea, pues todo el que observa y lee todos los días la composición del incienso, se salva de todo lo malo, y de las brujerías del mundo, de todas las malas afecciones, de los malos pensamientos, del mal juicio y de la mortandad. Y no es dañado durante todo ese día pues el Sitra Ajra, el Otro Lado, no puede ejercer dominio sobre él”.

 

Cuando calculamos la guematria de Pitum haKetoret (פטום הקטורת), obtenemos 855. Si le añadimos 1 por el Kollel, obtenemos 856, la guematria de Beit Mikdash (בית מקדש), templo:

 

פטום = 135

הקטורת = 720

——————–

855

 

בית = 412

מקדש = 444

——————–

856

 

Por otra parte, la guematria de Shuljan (שלחן), “mesa” es 388 como la de Japash (חפש), “buscar”, “investigar”.

 

ש = 300

ל = 30

ח = 8

ן = 50

————–

388

 

ח = 8

פ = 80

ש = 300

—————

388

 

La mesa, pues, no es únicamente el lugar donde se come, es también, y sobre todo, el lugar donde se estudia, donde se busca. Por otra parte, la guematria Shemi o completa de Shuljan (שלחן), “mesa” es 958:

ש = 360

ל = 74

ח = 418

ן = 1060

———–

958

 

Se trata de la guematria de Beit Midrash (בית מדרש), “casa de estudio” y de beSefer haTorah (בספר התורה), “en el libro de la Torah”.

 

בית = 412

מדרש = 544

——————

958

 

בספר = 342

התורה = 616

——————

958

 

JULI PERADEJORDI

AL ENEMIGO NI AGUA

Afirma el dicho popular que “al enemigo ni agua”, pero este modo de actuar, a pesar de estar tomado de Proverbios

(XXV-21) como veremos a continuación, está totalmente en contradicción con las enseñanzas de la Torah.

 

 

Shnajá (שנאך), “tu enemigo”, procede del verbo Shané (שנא), “odiar”, “detestar”, “ser enemigo”. Su guematria es 371 y coincide con la de Shmol (שמול), “izquierda”:

 

ש = 300

נ = 50

א = 1

ך = 20

———–

371

ש = 300

צ = 90

ו = 6

ל = 30

———–

371

 

Leemos en el libro de Proverbios (XXV-21):

ים-רעב שנאך, האכלהו לחם; ואם-צמא, השקהו מים

“Si el tu enemigo tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed,

dale de beber agua”.

 

El enemigo que, como hemos deducido de su guematria, corresponde a la izquierda puede ser visto como un obstáculo, etimológicamente “algo que está delante”, algo que no nos permite avanzar. Para los cabalistas se asocia con el rigor, la ira, y con el nombre de Dios Elohim. El enemigo es, pues, el dios enfadado que está en nuestro interior y que en su prisión padece hambre y sed. El pan, nos explica el Zohar,  es la Torah escrita, y el agua la Torah oral, que viene a esclarecer y ablandar a la Torah escrita. De este modo la Torah se transforma en un Sam Jaim (סם חיים), un elixir de vida.

Cuando calculamos la etimología de Sam Jaim (סם חיים), vemos que es 168, o sea la suma de la guematria de Lejem (לחם), “pan” y Maim (מים), “agua.

 

סם = 100

חיים = 68

————

168

 

לחם = 78

מים = 90

————

168

 

JULI PERADEJORDI