LA HUMILDAD COMO NOMBRE DE DIOS

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La palabra humildad, en hebreo Anavah (ענוה) es de una riqueza simbólica espectacular. Al ser lo opuesto del orgullo, la humildad es una suerte de antídoto del diablo.

 

Nos enseñan los sabios que Moisés era muy humilde, el más humilde de los hombres, y también que fue el hombre que más se acercó a Dios (Éxodo XXIV-2). De esto podemos deducir que el acercamiento a lo sagrado es proporcional a la humildad. Es bien sabido que tanto el orgullo como la soberbia ciegan al hombre. En el libro de los Salmos (CI-5) podemos leer:

 

גבה-עינים, ורחב לבב-אתו, לא אוכל

“al altivo de ojos, y de corazón vanidoso, a éste no puedo sufrir”.

 

La guematria de Gaah Einaim (גבה-עינים), “altivo de ojos”, una manera de referirse al orgulloso es 190:

 

גבה = 10

עינים = 180

————–

190

 

Se trata de la guematria de Ketz (קץ), “final”, “término”. Si nos fijamos, veremos que las dos letras que componen la palabra Ketz (קץ), “final” se dirigen hacia abajo y parecen hundirse en la tierra, en la tumba:

 

קץ

 

La humildad también consiste en mirar hacia abajo. Rabbí Moshé Cordovero, en su Palmera de Devorah explica que:

 

“Esta cualidad incluye todas las cualidades, por ello pertenece Keter, que es el atributo más alto”.

 

 Y, más adelante:

 

“Esta cualidad depende principalmente de la cabeza, por ello el hombre

arrogante mantiene su cabeza altiva mientras que el hombre humilde baja su cabeza”.

 

El Zohar (III-134 b) nos enseña que Ketz (קץ) es el

 

“secreto del reino del Otro Lado, que se denomina: «Ketz de toda carne».

 

El ángel que rige el “otro lado” tiene un nombre: Samael (סמאל), de Simé (סמא), “cegar”. Por eso se le conoce como el ángel cegador. En el libro Pajad David está escrito:

 

“La arrogancia ciega a la persona ante sus propios defectos, haciéndola creer que es perfecta”.

 

Si nos fijamos en cómo se escribe Anavah (ענוה), lo primero que llama la atención es que la tercera y cuarta letra coinciden con las del Tetragrama (יהוה). El valor numérico de esta palabra es 26 y sabemos que Moisés pertenece a la 26ª generación desde Adán. Por otra parte, cuando calculamos la guematria atbash de Anavah (ענוה), vemos que es 186, como la de Makom (מקום), uno de los nombres de Dios.

La guematria raguil de Anavah (ענוה) es 131.

 

ע = 70

נ = 50

ו = 6

ה = 5

———–

131

 

Por esta razón, la humildad es el antídoto del diablo, Samael (סמאל), cuya guematria también es 131:

 

ס = 70

מ = 50

א = 6

ל = 5

———-

131

 

JULI PERADEJORDI

 

LA ESENCIA DE LA TORAH ES LA HUMILDAD

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Los sabios del Talmud (Derej Eretz Zutta, 8) han comparado a la Torah con el agua apoyándose en que, al igual que el preciado líquido, la Torah es humilde. Como el agua, la Torah es dadora y preservadora de la vida, y como el agua y la Torah, la humildad también lo es.

 

 

Los Avot de Rabbí Natan (35:10) equiparan el agua con la vida. Aprendemos del libro de los Salmos (XIX-8) que:

תורת יהוה תמימה, משיבת נפש

“La Torah del Eterno es íntegra, reconforta el alma”.

Si calculamos la guematria de Tmimah (תמימה), “íntegra”, obtenemos 495, un número que se aplica perfectamente a la Torah, que es un don, en hebreo Matanah (מתנה).

ת = 400

מ = 40

י = 10

מ = 40

ה = 5

———–

495

מ = 40

ת = 400

נ = 50

ה = 5

———–

495

 

Pero cuando tomamos las letras interiores de Tmimah (תמימה), “íntegra”, nos encontramos con Maim (מים),”agua”. La esencia de la integridad de la Torah sería pues, algo que llamamos “agua”. Hemos visto que para los sabios el agua equivale a la humildad, por eso podemos decir que la esencia de la Torah es la humildad.

Apoyándose en Números (XII-3), los Sabios explican que Moisés recibió la Torah porque era “el más humilde de los hombres”. Cuentan los Sabios que cuando Moisés ocultó su rostro ante la zarza ardiente, Dios le dijo: por haber sido muy humilde y haberme honrado ocultando tu rostro, podrás estar en el monte Sinaí durante cuarenta días con sus noches alimentándote del resplandor de la Shekinah.

La guematria de Anav Meod (ענו מאד), “muy humilde” es 171, o sea la misma que la guematria Atbash de Shekinah.

ש = 2

כ = 30

י = 40

נ = 9

ה = 90

————-

171

ע = 70

נ = 50

ו = 6

מ = 40

א = 1

ד = 4

————

171

 

JULI PERADEJORDI

 

 

 

SANTA PACIENCIA

PATIENTIA

El sabio Cervantes definía a la paciencia como “la madre de las ciencias todas”. Esta virtud, aclamada también por el rey Salomón en sus Proverbios, es al parecer lo que le faltó al pueblo de Israel cuando esperaban que Moisés descendiera del monte Sinaí.

“Las ciencias todas” es una bella expresión utilizada por el Príncipe de los Ingenios para referirse a la Torah, compendio de todos los saberes. Leemos en la parashat Beaaloteja (Números XII-3) que “Moisés era sumamente humilde” y Rashi lo comentará diciendo que era “humilde y paciente”. A partir de esto deducimos que hay una correspondencia directa entre la Torah, que le fue entregada a Moisés, y estas dos cualidades.
Algunos comentaristas nos han explicado que el pecado del becerro de oro fue precisamente la falta de paciencia. De hecho Eguel (עגל), que en hebreo quiere decir “becerro”, está relacionado con Agala (עגלא) que significa “rapidez”, “velocidad”. Beagala (בעגלא) significa “rápidamente”, “muy pronto”. El texto bíblico nos enseña que pueblo se impacientó ante la tardanza de Moisés y le dijeron a Aarón:

קום עשה-לנו אלהים
“Levántate, haz para nosotros un dios”.

Esta frase nos delata algo acaso más grave que la mera falta de paciencia: también fue una falta de humildad. Si el principio del relato de la Torah vemos que es Dios el que hace al hombre, aquí se pretende que el hombre haga un dios. El colmo del orgullo.
Es curioso que para hacer la estatua de un becerro de oro le pidieran al hermano de Moisés las joyas de oro para fundirlas y hacer el becerro. Lo primero que le piden son los pendientes, algo muy revelador ya que los pendientes están en los oídos, y el primer pecado del hombre comenzó allí, escuchando las palabras del Satán. Una palabra que en hebreo significa “pendiente”, “zarcillo” es Aguil (עגיל), de la misma raíz que Eguel (עגל).
Los cabalistas relacionarán claramente el pecado del becerro con el primer pecado, el de Adán y Eva:

“Si Adán y Eva hubieran esperado únicamente un par de horas más, hasta el atardecer del viernes por la noche, que era el comienzo del primer Shabbat, se les habría permitido comer del fruto del Árbol del Conocimiento”.

A partir de esta enseñanza podemos afirmar que si el pueblo hubiera esperado un par de horas más, le habrían dado tiempo a Moisés de bajar de la montaña y compartir con ellos la Torah. Porque, como sostiene la sabiduría popular, “la prisa siempre viene del diablo”.

JULI PERADEJORDI