ERRE QUE ERRE

“Erre que erre” ocupa un lugar privilegiado entre las expresiones que denotan reiteración u obcecación. Curiosamente

aparece como una expresión a suprimir en las pragmáticas y los manuales de los censores inquisitoriales. ¿Por qué? ¿Por

qué es tan molesta?

 

La explicación más aceptada es que “Erre que Erre” es una mala traducción del “Ferra que Ferra” catalán, y como catalanismo había que suprimirla. ¿Por qué? Probablemente porque en la época se tradujeron del catalán al castellano muchos libros ocultando o suplantando la identidad de sus verdaderos autores, y cualquier catalanismo alertaría al lector de que le estaban dando gato por liebre. También hay quien lo relaciona con una soez imprecación en árabe que alude a ciertas partes de nuestra madre. Sin embargo, creemos que lo que nos va a aclarar de verdad el tema va a ser una expresión menos conocida, aquella que dice “Estorbarle a uno las erres” y que significa no saber leer ni escribir.

En el siglo XVI cualquiera que supiera leer o escribir (y no fuera un clérigo) era judío o descendiente de judíos. Si la “erre” resulta tan molesta es porque la “erre”, en hebreo Resh (ר), es Rosh (ראש), “cabeza”. “Erre” es pensar con la cabeza, es cuestionar, es opinar, es leer, es escribir, es dialogar, y eso “estorba”. Pero esta letra es particularmente molesta porque es la letra fuerte de dos palabras íntimamente relacionadas: “Israel” (ישראל), donde podemos encontrar las tres letras que componen Rosh (ראש), “cabeza”, y “libro”. Por eso la “erre” y lo que ésta representa estorbaba tanto a los inquisidores.

JULI PERADEJORDI

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