EL JUSTO Y EL MAL DE OJO

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La Tzarah (צרע) que a menudo se relaciona con la lepra no está considerada por los comentaristas clásicos de la Torah una enfermedad natural, sino una enfermedad espiritual. Por medio de la guematria vamos a ver que no es exactamente así, sino que es el resultado del Mal de Ojo. Pero, ¿a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de Mal de ojo?

 

 

Los cabalistas sostienen que padecer Mal de Ojo es el resultado del estado de impureza del alma humana. Así, el Mal de Ojo, nos venga de los demás o de nosotros mismos (pensamientos negativos y de autosabotaje) nos afectaría en la medida de nuestra falta de santidad. Por esa razón, a José, que era un Justo, un Tsadik, no le afectaba el Mal de Ojo. En el libro del Génesis (XLIX-22) leemos que Jacob dijo:

בן פרת יוסף, בן פרת עלי-עין

«Un hijo fructífero es José, un hijo encantador a los ojos (Alei Ayin)».

En el tratado de Berajoth (20 a), los Sabios del Talmud nos animan a no leer Alei Ayin, «junto a la fuente» o «a los ojos», como nos proponen algunas traducciones literales, sino Olei Ayin, que se escribe con las mismas letras y significa «por encima del ojo». Con esto nos enseñan que José estaba «por encima» del Mal de Ojo. Por otra parte, Rashi, el comentarista clásico de la Torah, explica que todas las enfermedades dependen del ojo; dicho de otro modo, son formas del Mal de Ojo.

La raíz Tzar (צר) significa “enemigo”. La idea de Tzarah (צרע) que encontramos en la parashah de esta semana, Metzorah, procede de esta raíz. Si acudimos al diccionario, vemos que esta palabra significa “enfermar de lepra”. El termino Tzorah (צרעה) significa “enfermedad de la piel” y está muy próximo al griego Psora, de donde procede “psoriasis”, pero curiosamente esta palabra también significa “avispa”.

El Talmud relaciona la Metzorah con la maledicencia. Sabemos que la palabra es una energía muy poderosa; si es positiva, es capaz de obrar milagros, pero si es negativa, se convierte en una energía negra capaz de hundir a cualquiera. Es la diferencia entre bendecir y maldecir. La palabra, en hebreo Dabar (דבר), se relaciona con un pequeño animal muy concreto: la abeja, en hebreo Dvorah (דבורה). Su producción es la miel, que representa a la incorruptibilidad, pues la miel no se pudre y además se utiliza en afecciones cutáneas.

Cuando calculamos la guematria de Metzorah (מצרע) vemos que es 400, exactamente igual que la de Ayin Ra (עין רע), “Mal de Ojo”. La Metzorah (מצרע) es un resultado del Mal de Ojo.

מ = 40

צ = 90

ר = 200

ע = 70

————–

400

עין = 130

רע = 270

————–

400

 

De algún modo lo contrario de la abeja es la avispa Tzorah (צרעה). Si la abeja representa a la palabra regeneradora, la avispa corresponde a la Mala palabra, a la maldición. Su aguijón, como la maledicencia, es venenoso. Cuando calculamos la guematria de Tzorah (צרעה) descubrimos que es 365. Probablemente por ello su antagonista sea el justo, ya que 365 también es la guematria de Iosef haTzadik (יוסף הצדיק), “José el justo”:

צ = 90

ר = 200

ע = 70

ה = 5

—————–

365

יוסף = 156

הצדיק = 209

——————-

365

 

JULI PERADEJORDI

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LASHON HARA Y MAL DE OJO

 

 

almohada

Dos cuestiones harto polémicas que hallamos en los textos de los sabios son la del Lashon haRa (לשון הרע), literalmente “la mala lengua”, aunque se suele traducir como “maledicencia”, y la del Ayin Ra (עין רע), literalmente “mal ojo”, que no es ninguna afección oftalmológica, sino lo que vulgarmente se conoce como “mal de ojo”, “hechicería” o “brujería”. Aparentemente no hay conexión entre ambos, pero en el fondo se trata de lo mismo.

La maledicencia corresponde, como veremos, al Lashon haRa, “la mala lengua”, y la mala lengua siempre tiene que ver con un animal que, curiosamente, muda de piel y tiene además una mirada hipnótica: la serpiente. ¿No hablamos de “lengua viperina” para referirnos a aquellas personas que hablan mal de los demás?

La serpiente, Najash (נחש) también está relacionada con la brujería, Kishuf (כישף). Por otra parte, el verbo “mudarse” tiene también un doble sentido: podemos mudarnos de ropas pero también podemos mudarnos de paredes, o sea de casa. Existe también una expresión en castellano que relaciona los muros y la mudez: “paredes mudas”. ¿Por qué? Porque precisamente el Lashon haRa (לשון הרע) es el culpable de la enfermedad que padece el Metzorah (מצרע), el leproso, una enfermedad que según la Torah no sólo afecta a la piel, sino también a los vestidos y a las paredes.

La raíz Metzer (מצר) significa “límite”, “frontera”, y la piel es de algún modo nuestra primera frontera con el mundo exterior, las ropas la segunda y las paredes de nuestra casa la tercera.

Cuál es la relación entre el el Metzorah (מצרע), el leproso, y el Ayin Ra (עין רע), el “mal ojo” nos la descubrirá la guematria:

 מ = 40

צ = 90

ר = 200

ע = 70

————

400

 

ע = 70

י = 10

ן = 50

 

ר = 200

ע = 70

————– 

400

 

Nos enseña el Talmud (Baba Metsia 107 b) que visitando un cementerio Rav declaró que el 90% de los que estaban enterrados habían fallecido por culpa del Ayin Ra (עין רע), el mal de ojo. Sorprendente.

Lo primero que se nos ocurre pensar es que fueron víctimas de algún hechizo, pero los sabios, y particularmente Maimónides, nos enseñan todo lo contrario. Eran ellos quienes, consciente o inconscientemente, se hicieron a sí mismos mal de ojo a través de su envidia y de su maledicencia.

Pero hay aún más, cada día está más demostrado que más de un 80% de las enfermedades son psicosomáticas. Haciendo Lashon haRa sobre nosotros mismos, o sea hablando mal de nosotros o enviándole a nuestra mente mensajes negativos sobre nuestra persona estamos practicando sin saberlo una especie de brujería o de Ayin Ra (עין רע), de mal de ojo, que acabará llevándonos a la tumba, incluyéndonos en ese 90%. Como decía un conocido autor de autoayuda, “no podemos darnos el lujo de tener pensamientos negativos”.